El desierto más grande de Europa

El artículo publicado en la sección de Internacional del Financial Times.

El artículo publicado en la sección de Internacional del Financial Times.

Por Marta Perruca

Estoy convencida de que la inmensa mayoría de los habitantes de esta provincia ignoran por completo la existencia de un pueblo llamado Motos. No es una cuestión para llevarse las manos a la cabeza o rasgarse las vestiduras, porque al fin y al cabo, ¿cuántos pueblos de nuestra provincia o, ampliando fronteras, de la geografía española pasan totalmente desapercibidos? A decir verdad, esta pequeña aldea del Señorío de Molina de Aragón, cercana a la frontera con Teruel, sólo es conocida por un puñado de vecinos de esta comarca y, desde el pasado fin de semana, por los miles de lectores del Financial Times.

No, no estoy bromeando. El periódico financiero británico se ha hecho eco de la situación de esta localidad, que hace una década contaba 10 habitantes y en cuyas calles vacías ahora chillan los fantasmas (Artículo Financial Times en versión PDF). Desde que falleciera el último vecino, hace tres primaveras, Matías López, de 76 años, es la única alma que vaga por sus calles y plazas con su rebaño de 400 ovejas y unos cuantos “perros desaliñados”, tal y como relata el artículo de Tobías Buck.

La noticia también habla de otras localidades, como Checa, de nuevo en nuestra provincia, o la vecina Orihuela del Tremedal, en Teruel, cuya situación no es tan extrema como la de Motos pero, de no tomar cartas en el asunto, su destino puede ser muy parecido.

Lo cierto es que podemos desconocer los topónimos de muchos de nuestros pueblos, pero creo que su realidad nos resulta muy familiar, porque, más allá de aquellos que la padecen a diario, quien más o quien menos, tiene un pueblo al que acude a veranear o en el que  pasa algún que otro fin de semana o puente.

El problema de la despoblación no es una cuestión que pase desapercibida, incluso se podría decir que las administraciones son muy conscientes de ello, aunque a menudo miren hacia otro lado: Al fin y al cabo, estas zonas que sí somos capaces de señalar en el mapa de nuestra provincia, sólo representan un puñado de votos.

De hecho, si nos paramos a pensar, con la crisis, han sido las que han salido peor paradas, porque recortar en las capitales puede suponer un menoscabo en la calidad de la prestación de un servicio, pero hacerlo en los pueblos significa suprimir directamente ese servicio. Lo hemos visto con las escuelas rurales y los centros de profesores, con el intento fallido de eliminar consultorios locales, la supresión del servicio de Obras Públicas en Molina de Aragón, los recortes en Geacam o el despido de un número importante de interinos, que ya no prestan servicio en distintas competencias de la Administración. Esto no es fruto de la casualidad, sino la consecuencia directa de una realidad de la que venimos siendo conscientes desde hace mucho tiempo. En este tipo de zonas de escasa población y localidades dispersas, los servicios resultan muy caros de mantener y cuando han llegado las vacas flacas y ha tocado apretarse el cinturón, la Administración no lo ha dudado ni por un momento, porque los fantasmas no acuden a las urnas.

Imagino que desde la Diputación Provincial o Fuensalida pueden tener meridianamente claro cuáles son los territorios de cada una de las provincias de esta región acosados por la despoblación y las dificultades a las que se enfrentan a la hora de gestionar los diferentes servicios.

Y es cierto lo que me comentaba cierto amigo en la mañana de ayer, cuando le desvelaba sobre qué iba a versar este artículo: Los gobiernos autonómicos o provinciales contemplan el problema en la dimensión que afecta a sus fronteras, pero hasta ahora ningún mandatario se había  percatado de que existe un territorio en el interior de la Península, que dobla en extensión a Bélgica, cuya población no llega a los ocho habitantes por kilómetro cuadrado y que, de no tomar cartas en el asunto, está próximo a convertirse en el desierto poblacional más grande de Europa.

Está claro que el  Financial Times no se ha fijado por casualidad en este desconocido pueblo de nuestra provincia, sino más bien en una situación mucho más grave, que afecta a un extenso territorio, que tal y como afirma el catedrático de Historia de la Universidad de Zaragoza, Francisco Burillo, rivaliza con las regiones árticas de la Laponia en despoblación, pero con un agravante añadido, y es que en estas provincias, la población se concentra en torno a los Fiordos, con lo que es mucho más fácil atender las necesidades de sus habitantes en cuanto a servicios, mientras que este territorio, que denomina la Laponia del Sur o Serranía Celtibérica, se encuentra en un cruce de fronteras de una decena de provincias y cinco gobiernos autonómicos, que comparten la circunstancia de tratarse de poblaciones dispersas con un bajo índice de habitantes.

Sin embargo, desde la perspectiva de los distintos gobiernos, se ha entendido como un problema residual, que solo afectaba a algunas zonas de su territorio, sin valorar que se trata de problemáticas comunes, que podrían requerir de soluciones conjuntas. Cabe recordar que hasta hace dos días estábamos peleándonos en el Señorío de Molina porque ciertos municipios, mucho más cercanos a los servicios hospitalarios de Aragón, pudieran seguir siendo atendidos allí, como se había hecho históricamente, de igual manera que ocurría en las localidades más cercanas a la capital de España, en ausencia de un convenio sanitario con la Comunidad de Madrid.

Hablaba del proyecto Serranía Celtibérica la semana pasada, por lo que no me voy a detener más en ello, pero parece absurdo que cada comunidad apueste por políticas y actuaciones puntuales, de diversa índole, pero con una trayectoria común -en la mayoría de los casos, buscar soluciones a la prestación de servicios y poner en valor, potenciar e impulsar los productos agroalimentarios y la artesanía locales, así como los recursos turísticos de sus núcleos rurales- en lugar de aunar esfuerzos y rentabilizar recursos en la elaboración de una estrategia más ambiciosa, que sirva para todos ellos.

Las zonas rurales de nuestra provincia vienen avisando desde hace mucho tiempo de la llegada del lobo, pero ya no se trata de que determinados núcleos de población de Guadalajara o Castilla-La Mancha estén cada día más cerca de ser morada de los fantasmas, sino de 63.098 kilómetros cuadrados que pueden llegar a convertirse en el desierto poblacional más grande de Europa.

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2 pensamientos en “El desierto más grande de Europa

  1. Desgraciadamente, tiene toda la pinta, que que es todo adrede, y que la zona Centro de España, acabe siendo, lo que se decía cuando yo era pequeño, hace muchoooooo, Que Guadalajara y ciudades de alrededor, iban a ser Cotos privados de caza para ricos Europeos, o de donde sea. y los habitantes, los “esclavos” de sus Cortijo. Ojala me equivoque.

    Por cierto, no sé si tu compañero se merece el premio que le han dado, me imagino que sí, pero tus artículos, nos hacen caer de un guindo a los ciudadanos de Guadalajara, y conocer muchas cosas, de tu tierra que teníamos perdidas, no del todo.

    Gracias, y ojala, esto de El Hexágono, Algún día se convierta en un periódico escrito y se vuelva a poder vivir del periodismo, de una manera normal. Aunque tiene mala pinta.

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