Perdiendo fuelle

Ayuntamiento de Galápagos, que ha censado a 130 vecinos nuevos en el último año. // Foto: Ayuntamiento de Galápagos

Ayuntamiento de Galápagos, que ha censado a 130 vecinos nuevos en el último año. // Foto: Ayuntamiento de Galápagos

Por Concha Balenzategui

Dice el Instituto Nacional de Estadística que la provincia de Guadalajara ha perdido población otra vez. Se acaban de hacer oficiales los datos correspondientes al Padrón del 1 de enero de 2014, después de la correspondiente revisión, y el resultado es que restamos 2.297 habitantes. En un contexto nacional en el que cientos de extranjeros han retornado a sus países de origen por falta de oportunidades y cientos de españoles buscan fortuna en otros lugares, no es extraño que Guadalajara siga la tónica general de descenso desde 2012. Y es una mala noticia, como expuse cuando estos datos eran solo provisionales.

La crisis poblacional va por barrios, o más concretamente, por municipios, y estos datos tienen un comportamiento desigual. Muestran su dureza especialmente en la capital, con 784 vecinos menos, pero además arroja bajadas sangrantes en muchos pueblos. Leer consecutivamente la variación por municipios es asomarse a un goteo que acentúa la agónica situación de los más pequeños, y que solo da pequeños respiros.

Hay localidades importantes, antes cabeceras de comarca o de los antiguos partidos judiciales, que sufren un brusco descenso. Creo que tiene que notarse de forma muy sensible, por ejemplo, los 80 habitantes que pierde Brihuega, los 51 menos que viven en Jadraque, los 101 que baja Sacedón, los 127 de Torija o los 60 en Sigüenza, por poner algunos casos. Pueblos que en otro tiempo crecieron alimentados por el dinero nuclear están perdiendo población a espuertas, como Albalate de Zorita, con 83 personas menos, o Cifuentes, que baja en 91.

Son contados los municipios de más de 1.000 habitantes (que en una provincia como Guadalajara pueden considerarse de cierta entidad) que aumentan población. Todos ellos están relativamente cerca de la capital y el polo de desarrollo del Corredor, con una honrosa excepción: Molina de Aragón, que ha ganado 58 habitantes.

Es curioso que haya municipios que mantengan ciertos niveles de crecimiento, aunque muy alejado del vigor de otros tiempos, y sin embargo muchos otros en el eje afortunado de la provincia sigan perdiendo. La capital, Azuqueca de Henares o Villanueva de la Torre tienen saldos negativos, mientras Cabanillas, Alovera, Marchamalo, Yunquera de Henares o Chiloeches aumentan población. La sorpresa es la de Galápagos, que sumando 130 vecinos, se convierte en el campeón absoluto de crecimiento de población, por encima de Yebes, con 92 nuevos vecinos.

Cada caso tiene su explicación, y en el fondo siempre hay empresas que cierran, hipotecas imposibles suscritas en tiempos recientes o promociones que el banco vende a mitad de su precio original, o una marcada presencia de inmigrantes que ha hecho las maletas. Y también hay, claro está, campañas de empadronamiento con mayor o menor éxito por parte de ayuntamientos que hartos están de denunciar el desfase que se produce entre los habitantes reales, muchos recientes, y los que reflejan los números.

Parece un tanto vacío escudriñar en datos que tienen ya un año de antigüedad. Dentro de poco, a finales de abril, se publicarán los datos provisionales de lo ocurrido en 2014 que nos confirmarán si la pretendida recuperación económica se deja notar en el cómputo de población, o si la tendencia a la baja se acentúa, que parece lo más probable. Aflorarán entonces también movimientos más bruscos alimentados por la proximidad de las elecciones. Porque precisamente hace unas semanas se han producido esos bailes censales que tienen por objeto obtener el derecho a voto, que se adquiere con una antigüedad de seis meses en el padrón. Hay alcaldes o futuros candidatos que lo tienen muy en cuenta y han hecho un recordatorio a los vecinos de la fecha en que deben hacer oficial su domicilio. Como siempre, se darán los cambios legítimos, los que van a regularizar de una vez por todas una situación de facto aprovechando esta circunstancias. Pero otros encierran un movimiento periódico que les lleva a inscribirse en su pueblo de origen para tener poder de decisión en las urnas de un lugar donde no residen, y borrarse al cabo de unos meses para recuperar las ventajas (médico, colegios, aparcamiento) que necesitan en su domicilio.

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2 pensamientos en “Perdiendo fuelle

  1. Llegarán antes de las elecciones los empadronamientos de última hora, aquellos alcaldes que vean en riesgo sus mayorías, empadronarán a los votantes necesarios para permanecer en el cargo, ya ocurrió descaradamente en las elecciones pasadas, la oposición o los perjudicados, denunciaron en los tribunales y no paso NADA…………pues eso.

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