Una herencia envenenada

Cabecera de la manifestación multitudinaria del 27-F de 2010 contra el ATC en Guadalajara. // Foto: www.castillalamancha.es

Cabecera de la manifestación multitudinaria del 27-F de 2010 contra el ATC en Guadalajara. // Foto: http://www.castillalamancha.es

Por Marta Perruca

La vida solo tiene, para mí, un puñado de cosas evidentes, de esas que, de manera innata, sabemos que son así  y no hay más vuelta de hoja. Una de esas evidencias es tan obvia como incuestionable: No vamos a estar aquí para siempre. No hemos llegado a este mundo con un contrato firmado que nos garantice la cantidad de tiempo exacta de la que vamos a poder disfrutar, ni poseemos un libro de instrucciones que nos brinde la solución vital ante los problemas que puedan surgir a lo largo del camino. La única certeza que tenemos es que estamos aquí de paso y que, al menos desde mi punto de vista, tenemos la obligación de dejar aquí lo mejor de nosotros mismos.

Hace algunos años tuve el placer de asistir a una de las conferencias del profesor Ignacio Martínez Mendizábal, miembro del equipo de investigación de Atapuerca, cuyas palabras, por algún motivo, se me quedaron grabadas. Martínez Mendizábal aseguraba haber extraído una importante lección de las profundidades de la Sima de los Huesos: La vida es una carrera de relevos y, en estos momentos, nosotros somos los corredores. Hemos recibido el testigo de nuestros ancestros y llegará el momento en el que tengamos que cederlo a las generaciones venideras.

Para mí, como decía, es evidente y, sin embargo, día tras día nos cruzamos con gente que parece haber entendido las cosas  al revés y se dedican a dilapidar esa herencia que nos legaron nuestros antepasados, cuando al otro lado llegamos completamente desnudos, si acaso, con una única moneda para pagar el peaje de la barca de Caronte.

Después de lo ocurrido en Fukushima (Japón) en marzo de 2011, muchos países se han cuestionado la continuidad de la energía nuclear. Alemania, que parece ser la referencia Europea en casi todo, por ejemplo, ha decidido dar marcha atrás y clausurar, progresivamente, sus 17 centrales nucleares, pero también otros muchos países de todo el mundo han decidido tomar la misma senda.

Sin embargo, aquí en España parece que las cosas se interpretan de manera distinta y mientras hay quienes han comprendido la necesidad de poner fecha de caducidad a la energía atómica, por aquí andan pidiendo que se amplíe la vida útil de las centrales hasta los 60 años. Sinceramente, puede que me sorprendiera en cierta medida que el ministro canario, José Manuel Soria, autorizase prospecciones petrolíferas en las turísticas costas de Fuerteventura y Lanzarote, pero tengo que reconocer que no lo hizo tanto que la secretaria general del PP y presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores Cospedal, salga ahora con esta propuesta, a pesar de los riesgos que entraña, por ejemplo, para Garoña, la central más antigua de Europa,  que fue proyectada para tener un funcionamiento de entre 25 y 30 años, pero ahora se cuestionan, incluso, su reactivación después del cese de su actividad, en 2012. Por la parte que nos toca, Trillo, que fue la última en conectarse en el año 1988,  pertenece a la denominada tercera generación, pero ya ha cumplido los 27 años y el Ministerio de Industria, Energía y Turismo acaba de renovar su permiso de explotación por diez años más, hasta 2024, con el visto bueno del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN).

Digo que no me extraña nada, porque le poníamos falta en aquella manifestación multitudinaria del 27 de febrero de 2010 en Guadalajara, convocada por la Plataforma Anticementerio Nuclear contra la instalación de un Almacén Temporal Centralizado (ATC) en la provincia a la que asistieron representantes de todas las fuerzas políticas y, años más tarde, ya en Fuensalida, respaldaba la ubicación del mismo en Villar de Cañas (Cuenca). También esta región ha estado y está bajo la amenaza del Frácking, otra práctica que ya ha sido prohibida en otros países por sus potenciales riesgos de contaminación y no hay que olvidar que, hace un par de años Ecologistas en Acción sacó a la luz una lista de montes públicos que la Junta pretendía vender al mejor postor, entre los que se encontraban, incluso, espacios protegidos.

En la provincia de Guadalajara asistíamos al cese de la actividad de la central más antigua de España, la José Cabrera de Almonacid de Zorita, que se puso en marcha en el año 1969 y se desconectaba en 2006, para afrontar el excepcional reto de su desmantelamiento con técnicas pioneras a nivel mundial. A lo largo de los trabajos, que ya han superado el ecuador y alcanzaban el 60% en el mes de julio, se han generado 7.847 toneladas de materiales, de las que 1.700 se corresponden con residuos nucleares. De ellos, 748 toneladas se han trasladado a El Cabril (Córdoba), donde se guardan los residuos de baja y media actividad, mientras los de alta actividad se han almacenado en cuatro contenedores para ser guardados en un Almacén Temporal Individualizado, situado en la propia central, que ya ha completado su capacidad.

Y es que, además de las graves consecuencias que podría ocasionar un accidente nuclear como el de Chernobyl o Fukushima, hay que tener en cuenta que la actividad de estos residuos se alarga durante periodos de unos 300 años para los residuos de baja y media actividad y de más de 10.000 para los de alta actividad, como los que se están almacenando en Almonacid o los que se pretenden acumular en Villar de Cañas, próximo a convertirse en el vertedero nuclear de España.

Es cierto que las centrales nucleares emiten muchos menos gases a la atmósfera que aquellas que queman combustible fósil, pero en contrapartida, nos obsequia con el problema de ese importante volumen de residuos que hay que gestionar de manera adecuada. Por otra parte, y en contra de la creencia mayoritaria, su coste es un 30% más caro que el de éstas.

En España, durante años, se ha apostado por impulsar las energías alternativas y renovables, como la eólica y, en menor medida, la solar. Hoy representan un recurso complementario, incapaz de sustituir a esas otras fuentes de energía. Yo estoy convencida de que, con los avances que ha experimentado la ciencia en las últimas décadas, se podría impulsar la investigación en este terreno para buscar alternativas menos nocivas y puede que incluso mucho más baratas. Sin embargo, cuando parece más que evidente que el planeta está respondiendo a los ataques contaminantes del ser humano, cuando en menos de un siglo hemos constatado la capacidad destructiva del hombre y parece demostrarse que el cambio climático viene a ser algo más que una leyenda urbana,  resulta incomprensible que nuestros dirigentes se empeñen en dar un impulso a esas otras fuentes, que no son otra cosa que parches disfrazados de soluciones. Políticas cortoplacistas con un billete en el reverso y una herencia envenenada.

No, no se dan cuenta de que somos meros corredores en una carrera de relevos y que tenemos la obligación de dejar lo mejor de nosotros, para entregar el mejor testigo a las generaciones venideras.

 

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