Y hablando de nieve…

 

Pasado Anquela del Ducado, los centímetros de nieve se reducía a una leve capa de talco. // Foto: M.P.

Pasado Anquela del Ducado, los centímetros de nieve se reducía a una leve capa de talco. // Foto: M.P.

Por Marta Perruca

“Si aquí está nevando así, en Molina debe de estar cayendo la mundial”, me dije a mí misma mientras veía las calles de Guadalajara cubrirse de nieve al otro lado del cristal de la ventana. Tenía la esperanza de que las carreteras amanecieran atascadas  y dar esquinazo a otro pesado lunes con la excusa, pero no fue así. A Molina de Aragón se lo conoce como el pueblo más frío de España, pero fue pasar Anquela del Ducado y los centímetros de  nieve se convirtieron en un tímido manto de talco, que apenas dejaba constancia de algún copo fugaz.

Supongo que sentí la misma frustración que los escolares de los pueblos de esta comarca al comprobar que más de 200 alumnos de la provincia se quedaban sin clase, mientras ellos tuvieron que acudir religiosamente a los centros educativos de Molina.

Este verano, e incluso en meses postreros, me sorprendía un tipo de turismo que no se nos había ocurrido explorar. Sí, aquí estamos exprimiendo el turismo geológico y científico, a través del Geoparque, el de naturaleza, mediante el Parque Natural del Alto Tajo, el arqueológico, a partir de nuestros muchos yacimientos celtibéricos, el de monumentos y castillos, e incluso pensamos que podría ser buena idea apuntar hacia las estrellas para captar a los amantes de las astronomía, pero el frío siempre ha sido ese factor negativo que hace que nuestros visitantes cancelen sus reservas cuando el parte meteorológico nos brinda la mínima.

Sin embargo, este verano, incluso después, al otro lado de la recepción del Museo de Molina me he encontrado con un buen puñado de turistas que afirmaban haber elegido su destino escribiendo en el buscador: “los pueblos más fríos de España”. Tan increíble como cierto.

El tiempo en el pueblo más frío de España. (Reportaje de Antena 3)

No obstante, aquí andábamos decepcionados porque el resto de la provincia había podido disfrutar de su cota de nieve, mientras nosotros nos teníamos que conformar con las migajas.

Existen fenómenos meteorológicos que nos producen cierto hastío, como las mañanas oscuras de lluvia, las bajas temperaturas, o los 40 grados del termómetro en pleno mes de agosto. Pero la nieve, a pesar de sus inconvenientes, de las dificultades que puede ocasionar en nuestras carreteras, del frío y de los riesgos de transitar por esas resbaladizas aceras, se asume con cierta simpatía. Quizá porque todavía contemplamos este fenómeno a través del cristal de la magia de cuando éramos niños y nos pertrechábamos con el abrigo de invierno y la bufanda y los guantes, para echar guerras de bolas de nieve o dar forma a un enorme muñeco. Y es que los adultos, y los que nos negamos a serlo a pesar de haber pasado de los treinta, también necesitamos una dosis de magia en nuestras vidas, una excusa para soñar, ilusionarnos y creer en imposibles, que nos permita, aunque solo sea por unos instantes, huir de la rutina.

Un momento de la presentación del 8º Festival Por Arte de Magia. // Foto: www.20minutos.es Europa Press

Un momento de la presentación del 8º Festival Por Arte de Magia. // Foto: http://www.20minutos.es Europa Press

Con la llegada del mes de febrero, quizá encontremos ese aliciente en Guadalajara con el “VIII Festival Por Arte de Magia”, que dará cita a magos e ilusionistas de todo el mundo y con el que el Ayuntamiento quiere convertir a la ciudad en la capital mundial de la Magia. Una semana intensa de espectáculos –del 2 al 7 de febrero- que se colarán en los colegios y en el Teatro Auditorio Buero Vallejo para burlar a nuestros sentidos con los trucos clásicos y las ilusiones más novedosas.

Dicen que los magos suelen tener un nutrido repertorio de trucos espectaculares y un único número en el que no existe trampa ni cartón, que se cuidan muy bien de camuflar entre el resto para que el espectador no pueda adivinar de cuál se trata.

Ahora que se aproximan citas electorales, el escenario de precampaña que inevitablemente nos asola se me antoja como un gran espectáculo de magia, en el que los ciudadanos tenemos que tratar de discernir, entre la infinidad de trucos y engaños que nos presentan los candidatos, ese único número real o, en su defecto, la ilusión más convincente.

Así, hemos visto a nuestros ilusionistas en pleno apogeo, intentando maquillar la realidad con argucias como tratar de sacar a personas de las lista de demandantes de empleo a través de un contrato público con una empresa que decide, mediante encuesta telefónica, quién tiene derecho a figurar en la estadística, tal y como relataba nuestra compañera, Ana María Ruiz, hace algunas semanas,  o a golpe de varita mágica sobre una chistera, con políticas sociales como el Plan de Apoyo a la Maternidad del Consistorio capitalino o la medida en este sentido que ha aprobado el Gobierno de Castilla-La Mancha, mientras que se han eliminado trabajadoras sociales de los Centros de la Mujer de toda la provincia y en materia de igualdad todavía queda un largo camino por recorrer;  o la Nueva Ley de Discapacidad, que llega después de haber recortado considerablemente la partida dedicada a programas dirigidos a ayudar a este colectivo y reducido el personal que se hacía cargo de los recursos que les amparan, por no hablar de la Ley de Dependencia. Se trata de minúsculas concesiones, si tenemos en cuenta que la Sanidad y la Educación cuentan con más de 1.500 trabajadores menos en la provincia y se ha metido la tijera a los servicios sociales más básicos.

También es momento de sacarse de la manga algún que otro proyecto, como el tan disputado Parador, que ya está en el Ayuntamiento de Molina, pero ahora habrá que ver si realmente se inician  y se concluyen las obras o se trata de otra ilusión; el nuevo centro acuático de Guadalajara, que ahí está, con sus bondades y defectos, pero que llega en una fecha muy propicia o el céntrico Parque Adolfo Suárez, en los terrenos del antiguo auditorio del Ferial, que también se ha guardado en la recámara para esta recta final.

Veremos cómo se arreglan las maltrechas calles y plazas de muchos municipios o, de repente, aparece liquidez para obras, reformas y medidas de todo tipo para las que antes el grifo estaba cerrado.

El alcalde de Azuqueca, Pablo Bellido, hizo entrega de la demanda colectiva en los juzgados de Guadalajara. // Foto: www.eldiario.es

El alcalde de Azuqueca, Pablo Bellido, hizo entrega de la demanda colectiva en los juzgados de Guadalajara. // Foto: http://www.eldiario.es

Existen otro tipo de golpes de efecto, como los que contemplamos en Azuqueca, donde el equipo de Gobierno se ha embarcado en el propósito de respaldar a colectivos afectados por las injusticias que han despertado el malestar ciudadano contra el Gobierno central, y así presentaron una demanda colectiva en representación de 179 familias afectadas por la cláusula del suelo en sus contratos hipotecarios y se han reunido con enfermos de Hepatitis C para prestarles su apoyo. Bienvenidas sean estas medidas, aunque no puedo evitar percibirlas como oportunistas.

Al otro lado, los que no están en el Gobierno pero pretenden acceder a él, también dibujan sus propias ilusiones, y ahí queda la pericia del ciudadano para adivinar cuáles son meros trucos de magia o números sin trampa, cuáles son medidas populistas o promesas razonables y realizables.

Es cierto que los periodos de precampaña, además de espectáculo de mago de circo, tienen algo de foro público y espacio para la reflexión política, por lo que también aparecen propuestas que prometen un cambio, ya sea con mayor transparencia, como la comisión dirigida por la oposición, que ha prometido Daniel Jiménez, el candidato del PSOE a la Alcaldía de Guadalajara, para vigilar los contratos públicos  o, con recortes a los tan criticados privilegios de la clase política, como el límite de salario y la imposibilidad de compatibilizar cargos de Ganemos. Desde mi punto de vista, la seriedad de sus propuestas será lo que marque la diferencia entre un programa electoral creíble o simples artificios de mago de circo.

Al otro lado de la ventana, contemplaba con cierto gusto cómo la nieve se precipitaba sobre la ciudad, consciente de que los adultos también necesitamos de nuestra dosis de magia. Soñaba, como imagino que los harían muchos otros, con  que las carreteras estuvieran cortadas por la nieve, para lograr escapar de la rutina de otro lunes. Pero la nieve es efímera y, al despertar, apenas algunos rincones blancos daban testimonio del espectáculo de la noche anterior. Es lo que pasa también con las ilusiones que crean los magos: Una vez ejecutan su último número, los espectadores deben de abandonar sus butacas para volver a la realidad.

* Curiosamente, he terminado de dar forma a este artículo y se ha puesto a nevar.

Un momento de la nevada de ayer en Molina de Aragón. // Foto: M.P.

Un momento de la nevada de ayer en Molina de Aragón. // Foto: M.P.

 

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