Lo que el viento se llevó

Esther Cabezas

La periodista Esther Cabezas // Foto: Conrado Berlinches

Por Esther Cabezas de Vicente *

Cada vez que tengo un poco de tiempo libre y mis obligaciones familiares me lo permiten me gusta darme un paseo. Ese tiempo robado a los quehaceres diarios deambulando sin llegar a ningún lugar concreto y sin reloj de por medio es una válvula de escape que me conecta las pilas. Hacía mucho tiempo que no paseaba por el centro de Guadalajara, y hace unos días decidí recorrer una de las partes que para mí tiene más encanto de la capital: la Calle Mayor.

Escenario de rodajes cinematográficos, de videoclips de cantantes de moda o recorrido de novela, gracias al paseo por sus aceras que inmortalizó Cela en su “Viaje a la Alcarria”, las calles Mayor y Miguel Fluiters siempre han sido para mí la esencia de la capital alcarreña. Ese recuerdo de la vieja Guadalajara que intenta adaptarse a los nuevos tiempos, pero que todavía guarda su sabor de antaño.

Calle Mayor

Vista de la calle Mayor desde la Plaza Mayor / Foto: Conrado Berlinches

La historia de la calle Mayor también ha sido la de esos establecimientos de toda la vida que “siempre” han estado ahí. Pues bien, tanto hacía que no paseaba por esta zona, que en mi último recorrido llegué a la triste conclusión de que cada vez queda menos de esa “Guadalajara eterna”. Establecimientos comerciales “de toda la vida” han cerrado sus puertas, como los Textiles Aguilar, un negocio casi centenario que ha mantenido sus puertas abiertas gracias al trabajo de tres generaciones de la familia y que ha echado el cierre definitivamente. O como la pastelería Campoamor, que cerró sus puertas hace ya varios años. También ha dicho adiós a sus clientes la única sombrerería que existía en Guadalajara, la de María Diez.

Pero no sólo la calle Mayor y Miguel Fluiters han visto cómo en los últimos años se cerraban al público establecimientos emblemáticos, sino que en toda la zona céntrica de Guadalajara está sucediendo lo mismo. En la vecina calle Bardales, Casa Víctor o Marián cerraron sus puertas. Lo mismo ha sucedido con los bares “El Buho rojo”, “El Doncel” o “El Ocejón”.

Textiles Aguilar

El cierre de la camisería Aguilar supuso el adiós a una tienda histórica // Foto: Conrado Berlinches

Desconozco si la crisis se ha llevado por delante a estos negocios, si la competencia del gran centro comercial los ha barrido, o si simplemente sus propietarios se han jubilado. Pero cuando paseo por el centro de la capital y veo esos escaparates vacíos o quizás, en el mejor de los casos, cubiertos con papel, pienso que algo se está perdiendo, algo que era un poquito de todos.

A este triste panorama de escaparates vacíos y cierres de persiana bajados se une el nuevo aspecto que lucen algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad tras las sucesivas reformas. Una nueva imagen, casi idéntica en todos los casos, donde los bancos para sentarse y las pequeñas zonas ajardinadas de antaño son sustituidas por una extensa superficie lisa de granito, muy moderna, sí, pero sin ninguna personalidad ni encanto. Es el caso de las reformas de las plazas de la Diputación, del Jardinillo o de Dávalos, e incluso, de la Plaza Mayor.

Vista panorámica de Dávalos desde la esquina con la biblioteca. // Foto: R.M.

Vista panorámica de Dávalos desde la esquina con la biblioteca. // Foto: R.M.

Dice aquella famosa frase “renovarse o morir”, pero en el caso de Guadalajara creo que lo mejor sería conservar y en todo caso recuperar el encanto y el sabor de lo antiguo y adaptarlo a los nuevos tiempos. Llevaba tiempo sin pasear por el centro de la capital, y cuando lo he hecho, he comprobado cómo es el nuevo aspecto del casco histórico de Guadalajara. De repente he pensado que habían pasado muchos años desde mi última visita al centro, y que un gran huracán había pasado por sus calles destrozando por donde pasaba. Tiendas cerradas, edificios apuntalados que terminarán cayéndose antes de ser restaurados y plazas modernas pero sin encanto. Guadalajara no puede caminar hacia la modernidad diciendo adiós a su esencia y sabor de antaño. No debemos echar a perder ese encanto de lo antiguo, el sabor de los negocios “de siempre”, ese placer que daba sentarse en una de las plazas del centro para ver pasar a los transeúntes.

De repente recorro andando “la vieja Guadalajara”, y me doy cuenta de que no la reconozco. Y lo peor de todo: no sé hacia dónde se encamina.

*Esther Cabezas es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y diplomada en Derecho por la misma universidad. Como periodista ha ejercido su profesión en prensa, radio y televisión. Ha trabajado en los diarios “La Tribuna” y “El Día”, y también en el ente público “RadioTelevisión Castilla-La Mancha” y “Popular Televisión Castilla-La Mancha”. Posee un premio de Periodismo concedido por la Asociación de la Prensa de Guadalajara por un reportaje emitido en el programa “Castilla-La Mancha en vivo”, del que fue reportera.

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3 pensamientos en “Lo que el viento se llevó

  1. ¿Reinventar o morir? En este caso es “reinventar y morir”. Este sabor a “tristeza” que emana el reportaje de Esther, tan inspirado e ilustrativo, me hace reflexionar sobre ¿quién ama a Guadalajara? Claro que quién la “viste” no la quiere. Y las fotos de Conrado lo desvelan con mucha fuerza. ¡Felicidades a los dos!

  2. Una atrocidad tras otra, se están cargando todo, es muy triste. Señores gestores pasarán a la historia como verdadores destructores de la ciudad, pueden estar orgullosos de ello. A nivel urbanístico y, lo que es peor, a nivel humano y social. El centro es un desierto desolado entre viejos y nuevos solares por derribo y hormigón recién puesto. Especuladores felicidades!

  3. Como comerciante que soy de la zona centro ya les he dicho mil veces a todos los politicos que no pueden dejar esta parte de la ciudad sin servicios. Nos quitaron los taxis, correos, la plaza de Davalos y sus aparcamientos, el autobus urbano linea 2 que era la columna vertebral de Guadalajara y lo peor de todo hacer la calle ingeniero Mariño de un solo sentido y encima hacia abajo cuando el sentido natural es hacia arriba. Ya no articula esta parte de la ciudad. Con lo cual el autobus linea 2 que venia del barrio de los Manantiales, Estación, Miguel Fluiters, Ingeniero Mariño, Boixarau Rivera, Amparo, Las Cumbres, Hospital, lo quitaron del centro. Habia mucha gente de bajaba la Calle Mayor y luego cogia el autobus 2 para subir o desde Manantiales subian al centro. Cada vez es más difícil venir a esta parte de la ciudad. Que facil es Subir al Corte Ingles, con su parking interior y exterior con todos los caminos que te llevan hacia el como Cuesta del Matadero, Calle Cifuentes, Nacional 2. Para que luego nos digan que queremos ir en coche hasta la puerta de las tiendas. La verdad es que más vale una imagen que mil palabras.

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