Fitur y el imperdonable error del camarero

Los Reyes de España visitaron el stand de Castilla-La Mancha, en Fitur, en el que está incluido Guadalajara. // Foto: lacronica.net

Los Reyes de España visitaron el stand de Castilla-La Mancha, en Fitur, en el que está incluido Guadalajara. // Foto: lacronica.net

Por Marta Perruca

“Más vale regalarte un traje que invitarte a comer” -suele decirme cierto amigo-. Debo admitir que tengo un estómago agradecido y que me gusta disfrutar de esos pequeños grandes placeres con los que, de vez en cuando, nos obsequia la vida como sentarse delante de una buena mesa a comer. Para mí, casi tan importante como el destino turístico es su gastronomía que incluso, a veces, se convierte en un placer en sí misma si, sencillamente, un día me levanto de la cama y me digo a mi misma “hoy me apetece comer fuera”.

Lo único que no me gusta de esos momentos gastronómicos es cuando el camarero se acerca a traer la carta y no acierto a decidir entre tanto plato, ración, entrante, etc. Entonces, si estoy allí porque alguien ha tenido a bien invitarme a comer a algún restaurante que conocía de antemano me giro y le pregunto: “¿Qué se come aquí?”. En su defecto, espero a que regrese el camarero y la pregunta cambia un poco: “¿Qué me recomienda?”. Aunque no siempre, la mayoría de las veces la respuesta suele ser entre ambigua y decepcionante a partes iguales: El otro comensal suele decirme que lo que quiera o lo que más me guste y el camarero,  algo así como: “Depende de lo que le apetezca. Aquí todo está bueno”. Lo de mi amigo o amiga puedo entenderlo, pero lo del camarero, al menos desde mi punto de vista, no tiene perdón de Dios, porque de partida acaba de demostrar que no sabe vender su producto y, en última instancia,  ha dejado pasar la oportunidad de dar salida a esos platos que sabe a ciencia cierta que se convertirán en sobras al cabo del día, por no decir que como cliente me deja abandonada a mi suerte ante tan complicado dilema.

Creo que algo parecido es lo que ocurre con el turismo de esta provincia. Contamos con recursos turísticos en cantidad y calidad y, además, muy variados: Tenemos importantes monumentos, tanto de arquitectura civil como religiosa, museos, obras de arte, así como un patrimonio natural y geológico excepcional; gozamos de numerosos yacimientos arqueológicos de un gran interés; somos una provincia con unas  tradiciones y un folklore de raigambre y, además, poseemos una apetitosa gastronomía. Se podría decir que lo tenemos todo, pero como ese perfil bastante abundante de camarero poco avispado, no sabemos venderlo.

Una vez más, la provincia de Guadalajara vuelve a acudir a la Feria Internacional del Turismo (FITUR) dentro del stand de Castilla-La Mancha. La Diputación Provincial ha previsto varios actos para el Día de Guadalajara, que se celebrará el domingo y en el que estarán presentes Sigüenza con el Tren Medieval, la Semana Santa o la Exposición de Tapices Flamencos; Pastrana con el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa o el Festival Ducal; Hita con su Festival Medieval; Atienza con la Caballada y la Posada del Cordón y el Señorío de Molina con el Geoparque y la presentación de los time lapses de Miguel Ángel Langa sobre el Castillo de Molina y el Barranco de la Hoz. También habrá degustación de productos con denominación de origen, migas de Jadraque y jamón. No pretendo desmerecer este programa de actos, tan bueno como cualquiera, pero sin necesidad de haber estado todavía en el escaparate más importante del turismo de nuestro país, me atrevería a decir que, de nuevo, la provincia de Guadalajara asiste a esta cita sin un mensaje claro.

Y es que a los turistas, igual que a los clientes que se sientan a la mesa de un restaurante, hay que dárselo todo hecho.

La tónica más habitual en esta provincia, cuando llega ese día en que el plan pinta comer fuera, es que el camarero opte por asegurar que todo está bueno y tenga que marcharse sin tomar nota, mientras a mí me toca volver a hundir los ojos en la carta con cierto hastío, para terminar pidiendo a ciegas. Sin embargo, un día cualquiera, la respuesta a la pregunta del millón me sorprendió muy gratamente: El camarero se dispuso a enumerar una serie de sugerencias y después de escuchar nuestros comentarios, se lanzó a decir: ¿Y qué os parece si empezamos con un salmorejo de la casa, luego os saco unos entrantes variados y terminamos con una carne a la no se qué y tal pescado? En tres minutos había solucionado todas las comandas; probablemente nos vendió lo que más le convenía y, sinceramente, no podría decir a cuánto ascendió la cuenta porque lo único que recuerdo es que nos fuimos encantados.

En esta provincia tenemos un increíble potencial turístico, pero no sabemos sacarle partido. Agobiamos a los turistas con miles de instantáneas, folletos con rutas de toda índole, tradiciones etc., pero llegado el momento de la verdad nos asusta sugerirles el menú.

Desde mi punto de vista, creo que el error de base siempre ha estado en que se ha tratado de promocionar un territorio sin llevar a cabo un análisis previo y sin tener en cuenta qué objetivos se pretendían conseguir. En este sentido, se entiende que no sirve de nada tener una cantidad ingente de rutas si en el entorno no existe ningún establecimiento que dé alojamiento y comidas a los visitantes, porque es obvio que nadie se beneficiará de ello si lo que vendemos es un turismo de mochila y tartera. También es inútil atesorar un valioso patrimonio si carecemos de puntos de información que sepan dirigir el flujo de turistas o si existe descoordinación entre el sector hostelero porque, llegado el momento, no tendrán las herramientas necesarias para recomendar un recurso que no conocen. De la misma manera, podemos estar convencidos de que tenemos un gran potencial turístico, pero nadie vendrá a visitarnos si no lo damos a conocer y digo esto porque todos sabemos que en esta provincia se han invertido infinidad de recursos en promocionar nuestro turismo,  pero siempre con cierto complejo, como si las grandes campañas de carácter nacional e internacional estuvieran reservadas solo a destinos de sol y playa. De poco sirve dar a conocer nuestro territorio de puertas para adentro si el público que nos interesa está más allá de nuestras fronteras ¿no?

Algo o mucho está fallando cuando Guadalajara sigue siendo esa gran desconocida, cuando en pleno siglo XXI y embutidos en la era de la globalización,  todavía no hemos descubierto la fórmula para transmitirle al mundo ese pegadizo estribillo de aquel spot publicitario: “Guadalajara, no solo está en Jalisco”.

No me cabe duda de que tenemos una carta excelente, por  quizá va siendo hora de admitir que lo que nos falla es el camarero.

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