La contrarreforma de los autobuses

El alcalde presenta las nuevas líneas de autobuses. // Foto: Guadaqué

El alcalde presenta las nuevas líneas de autobuses. // Foto: Guadaqué

Por Concha Balenzategui

Fumata blanca. Ya tenemos nuevo mapa de recorridos y paradas de los autobuses urbanos de la capital. Ya han sido presentados los cambios en rueda de prensa, ya se han publicado los nuevos planos en los diarios digitales, y a mediados de febrero, en una fecha aún por anunciar, se aplicarán los nuevos trayectos. Dice el refrán que “a la tercera, la vencida”. Y esta es la tercera reforma de las líneas de autobuses desde que gobierna Antonio Román. El alcalde ya modificó las líneas en su primer mandato, siendo concejala del ramo María José Agudo, en un cambio que principalmente venía a conectar los nuevos desarrollos de la ciudad, pero que al poco tiempo era reconocido como insuficiente por el propio Equipo de Gobierno.

La segunda reforma llegó a mediados del segundo mandato, después de meses de estudio por parte de los técnicos municipales, la consultora de movilidad y el partido en el gobierno. La intención era rebajar el número de kilómetros y reducir la factura que a las arcas municipales le suponía este servicio, puesto que el Ayuntamiento pagaba un 70 por ciento del coste y solo el 30 por ciento se sufragaba con los billetes.

La tercera modificación, la que se anuncia ahora, es por tanto la contrarreforma, como consecuencia del fracaso de la segunda. Desde el 1 de abril de 2013 en que se implantó, la modificación anterior fue recibida con grandes quejas, tanto por la falta de información como por la supresión de paradas y recorridos. Y desde el primer minuto el Equipo de Gobierno se comprometió a resolver el desaguisado: estudiar todas las reclamaciones, analizar su coste, sopesar cuánto de beneficio colectivo y cuánto de interés particular suponían las rectificaciones, y dibujar un nuevo recorrido.

Desde entonces han pasado 22 meses, alrededor de 6.000 quejas, varias manifestaciones, y sucesivos anuncios de que esta reforma iba a llegar. Se hace excesivamente largo para un cambio que el Equipo de Gobierno estaba decidido a acometer, a pesar de que sabíamos que no era ni mucho menos fácil, porque el pliego de condiciones de la nueva contrata dejaba poco margen de maniobra. Es evidente que el descontento no ha cesado, y que el número de usuarios ha descendido respecto a la anterior recorrido, si bien está creciendo en los últimos meses.

Al final, aquí está, para que los usuarios decidan si se ha resuelto el problema: Si por fin el Ayuntamiento ha dado con la tecla que no ha conseguido pulsar en las dos reformas anteriores. No son buenos tiempos, con la campaña ya a la vista, para presentar reformas que pueden tener un plus de crítica, estando ya metidos en harina preelectoral. Pero el PP tampoco podía presentar este tremendo lunar en su balance de mandato, y dejar ese flanco abierto a la oposición.

Manifestación pidiendo el cambio de las líneas de autobuses, el pasado abril. // Foto: Europa Press

Manifestación pidiendo el cambio de las líneas de autobuses, el pasado abril. // Foto: Europa Press

A primera vista, los recorridos aumentan en kilómetros, recuperan los bucles que alejaban las paradas de algunos barrios, e incorporan nueve nuevas. Dice el alcalde que el 90 por ciento de las reclamaciones tienen su respuesta en este mapa, y si es así, merecerán la pena los 70.000 euros en que se encarece el servicio cada año, en virtud del aumento de kilómetros. De momento no se han escuchado críticas, supongo que porque hay que dar tiempo también a que se estudien el mapa a los vecinos y a la oposición, que según Román, ni siquiera ha hecho propuestas: solo críticas.

Como muchos, yo me he estudiado lo que respecta a mi barrio y a mis movimientos, y reconozco que la nueva situación me deja mejor comunicada con los lugares donde necesito ir. Pero saber si al 90 por ciento de los usuarios les ocurre otro tanto es difícil. Y además de los recorridos, está la cuestión de las frecuencias, porque de nada sirve una línea pintada en un mapa si luego el autobús no pasa tantas veces como para que se convierta en un medio cómodo, bien recibido por el que lo necesita, o una alternativa al coche.

Lo que me da en la nariz es que el Ayuntamiento y la empresa concesionaria, Alsa, no van a tropezar esta vez en la misma piedra que originó el malestar inicial de la anterior reforma. Me refiero a la falta de información, a la confusión inicial. Recordemos que los cambios se aplicaron de forma repentina, a la vuelta de las vacaciones de Semana Santa, sin la publicidad necesaria. Incluso tuvo que poner unos empleados a informar en las principales paradas. Ahora, han empezado anunciando los cambios con antelación, y espero que utilicen los medios que tienen a su alcance – la página web municipal y el periódico 30 días– para difundir los mapas. Bien hubiera preferido yo que en lugar del folleto “Presume de ciudad” que ha llegado a mi buzón esta semana, pagado por todos, me hubieran dejado un plano de los nuevos autobuses. Pero estoy segura de que dentro de poco, antes de que empiecen los nuevos recorridos, esta vez sí, me llegará. Porque probablemente en esa partida de 40.000 euros destinados a la puesta en marcha de la reforma esté contemplada la información a los vecinos.

Quedan algunas dudas, como qué pasa con el plan de movilidad, que según hemos sabido esta semana, está listo desde el año 2010, pero no ha sido sometido a información pública ni ha sido aprobado oficialmente, por lo que además hemos perdido una cuantiosa subvención del Gobierno central. Quedan por mejorar algunas cuestiones, como las pantallas y otros medios de información que hoy por hoy resultan bastante deficientes.

Pero la prometida contrarreforma ya está aquí. Algo intermedio entre lo que había y lo que hubo. Un cambio que ha costado lo suyo y que ha causado muchos, demasiados meses de molestias a muchos usuarios en un tema tan importante como es la movilidad. Una rectificación, aunque es muy cuestionable que sea en tiempo y forma, es bienvenida. Y lleva implícito un reconocimiento de que las cosas, por mucho trabajo y horas de estudio que hubiera detrás, no se hicieron bien.

Esperemos que esta gestión traiga ahora algunas lecciones. Y la primera es que no se puede dar satisfacción a todo el mundo, pero tampoco trazar líneas en un mapa sin contar con la opinión de los afectados, por muchos técnicos con conocimiento que haya volcados en el asunto. La segunda lección es que no se deben “hipotecar” servicios tan fundamentales en manos de las contratas, quedándose después atados de pies y manos para maniobrar en un sentido o en otro.

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