Las heridas abiertas

Ascensión Mendieta, retratada por Uly Martín para un reportaje publicado por El País en diciembre de 2013, a la vuelta de su viaje a Buenos Aires.

Ascensión Mendieta, retratada por Uly Martín para un reportaje publicado por El País en diciembre de 2013, tras regresar de su viaje a Buenos Aires.

Por Rubén Madrid

Ascensión Mendieta tiene casi 90 años y lleva 76 con la herida abierta. Es la hija de un sindicalista fusilado el 16 de noviembre de 1939, cuyos restos yacen en una fosa común del Cementerio de Guadalajara. La anciana se pegó hace dos años un viaje de 10.000 kilómetros hasta Argentina para prestar declaración ante una juez que investiga crímenes del franquismo y que, tras escucharla, pidió la exhumación del cadáver. Así que Ascensión Mendieta estaba ya muy cerca de rescatar por fin los huesos de su padre para ponerlos a descansar junto a los de su madre. A esto, y no a otra cosa, es a lo que algunos llaman reabrir heridas.

El padre de Ascensión Mendieta, un carnicero de Sacedón muy activo políticamente, fue asesinado después de ser condenado a muerte en un simulacro de juicio celebrado el 11 de septiembre de aquel año. Timoteo Mendieta Alcalá era concejal socialista y presidente de la UGT de su pueblo, dos cargos que en la ‘lógica’ judicial de quienes impusieron su victoria estaban tipificados como delito de rebelión. Una vez fusilado, fue uno de los primeros en caer en una de las fosas comunes del camposanto arriacense, donde fueron arrojados otros más de 200 traidores a la patria hasta el año 1944. En los años de la ‘paz’.

Pero en sus entrevistas y declaraciones públicas, Ascensión Mendieta no habla de venganza, ni siquiera de justicia, aunque sería perfectamente comprensible que pretendiese obtener una condena contra el autor del crimen que le costó la vida a su padre cuando ella apenas tenía 13 años. Sus palabras no exhalan odio ni rencor, sino la súplica de recuperar los restos de su padre, un sencillo gesto de reparación, seguramente la más elemental reconciliación con el verdadero significado de la sana y cristiana costumbre de permitir que nuestros muertos descansen en paz.

Viñeta de Eneko en '20 Minutos'.

Viñeta de Eneko en ’20 Minutos’.

Y decimos que ha estado a punto de lograrlo gracias a una asociación, CeAQUA, y a una jueza argentina, María Servini, que está instruyendo la única causa en el mundo que intenta sentar en el banquillo a los responsables de los crímenes contra el franquismo. La magistrada bonaerense, que lleva investigando desde 2011, emitió en 2013 un auto desde el Juzgado Federal número 1 con la imputación de una veintena de autoridades franquistas que a día de hoy deberían estar arrestadas, pero España se ha amparado en la Ley de Amnistía de 1977 para no hacerlo. Porque las autoridades españolas no sólo eluden la persecución de los crímenes contra los derechos humanos cometidos en su propio territorio (con excepciones como la del juez Garzón), sino que frena y obstaculiza el trabajo que hace esta jueza desde Argentina. Ha vuelto a pasar a propósito del caso de Ascensión Mendieta.

Dónde están los restos. El digital eldiario.es publicaba ayer que la jueza María Lourdes Platero ha denegado el derecho de esta anciana a recuperar los huesos de su padre porque, dice, “no se sabe dónde está la fosa”. Si su colega argentina decía que se podía proceder a la exhumación precisamente porque estaba sobradamente documentada la situación de los restos en “el patio 4º fosa 2”, junto a otros 21 fusilados, la jueza de Guadalajara tiene en cambio la impresión de que a lo mejor si los buscan no los encuentran. Resulta bastante extraño, porque no sólo existe un documento de 1939 que sitúa allí los restos del sindicalista represaliado, sino que hay también un informe de junio del Ayuntamiento, enviado al propio Juzgado de Instrucción número 1 de Guadalajara, en el que se ofrecen más detalles sobre los nombres y las disposiciones exactas de los allí enterrados.

Gráfico del Foro por la Memoria de Guadalajara con los fusilados en el cementerio, por años.

Gráfico del Foro por la Memoria de Guadalajara con los fusilados en el cementerio, por años.

La jueza Platero se podría quemar si siguiese las instrucciones de ‘caliente y frío’ para encontrar los restos de Timoteo, pero el 20 de octubre estampó su justa firma en un escrito que deniega la exhumación porque considera que la disposición real de los restos “puede no coincidir con la información obrante en los archivos”. Asunto zanjado, mal que pese la expresión.

A sus 89 años, nuestra querida viejecita albergaba la esperanza de culminar su petición, no como su hermana fallecida hace tres años y con quien había recorrido gran parte de este periplo. Es un juez, no un político impertinente como Rafael Hernando, y de su ciudad, no de ningún país al otro lado del charco, quien le pone la última zancadilla al final del camino, justo cuando ya acariacaba los huesos de su padre.

Hartos de memoria histórica. A lo mejor a la juez Platero le pasa como a tantos españoles que, ante estos casos, vuelven a pensar que la vida sigue igual sin necesidad de remover estos asuntos, que basta ya de justicias minúsculas y de rumores lejanos. Y es verdad que hay cierto hartazgo en este debate público sobre la mal llamada memoria histórica, que en realidad es otra cosa: rescatar la verdad y hacer justicia sobre lo sucedido con los crímenes del franquismo.

Les confieso que yo también estoy harto del asunto de la memoria histórica. Estoy harto de tener que seguir revindicando en pleno siglo XXI justicia para las víctimas, descanso digno para los fusilados, homenajes para no confundir que la República era el sistema que permitía la discusión y el voto incluso de los más cafres y que el golpe de estado fue la apuesta de algunos de estos cafres por resolver los problemas del momento, que no eran pocos, con el viejo recurso a la mano de hierro.

Homenaje a Severiano Clemente González y otras víctimas del franquismo en un acto en una fosa de La Toba, el domingo 7 de agosto de 2011. // Foto: Foro por la Memoria de Guadalajara.

Homenaje a Severiano Clemente González y otras víctimas del franquismo en un acto en una fosa de La Toba, el domingo 7 de agosto de 2011. // Foto: Foro por la Memoria de Guadalajara.

Confieso que también yo estoy harto del debate de la memoria histórica si sigue pasando por tener que soportar la perversión de los hechos que impone la perspectiva de un cainismo inevitable entre dos bandos con idénticos enconamientos y responsabilidades, obviando la verdadera dimensión de los hechos: el franquismo desató una campaña planificada para perseguir, purgar, marginar y asesinar –la eliminación era el objetivo– a sus adversarios políticos durante y después de la guerra. El Foro por la Memoria de Guadalajara ha detallado en un libro más de 6.000 casos de represión contrastados con nombres y apellidos en la provincia. En su documentación figuran 1.262 asesinatos. También tienen detallada toda la información sobre los 822 fusilados en el Cementerio, entre ellos Timoteo Mendieta Alcalá.

Confieso que a estas alturas deberíamos estar a otras cosas, y no a seguir tirándonos los muertos a la cara. Porque es cierto que los hubo de los dos bandos. Pero es que la violencia del bando que más mató, incluso después de la guerra, ha quedado impune.

A estas alturas, en realidad, deberíamos estar construyendo memoriales y seguimos en las trincheras. Pero seguimos en las trincheras precisamente porque no queremos construir memoriales. “Cuando llegué a Argentina y me senté en el juzgado fue como si se abrieran unas puertas en mi vida”, relató hace dos años Ascensión Mendieta: “Era la primera vez que alguien realmente me escuchaba”. La primera vez. ¡Qué bochorno de país este en el que la hija de un asesinado no ha podido hablar del asunto ante un juez! Nuestro olvido es un gesto de desprecio, como si cada uno de nosotros hubiésemos echado otra paletada de tierra sobre el cadáver de su padre.

La justicia. La vida sigue es un buen consejo ante una desgracia, una muerte repentina o inevitable. Pero la vida no puede seguir igual ante un asesinato. Probablemente la víctima necesite incluso perdonar. Posiblemente el asesino necesite también el perdón, como sabrán quienes hayan leído hasta el final ‘El holocausto español’ de Paul Preston, que aborda la violencia de aquella época en España. Inevitablemente todos necesitamos el castigo del criminal. Seguramente queramos legar a quienes vengan después la lección correcta y no el mensaje de que todo da igual. Y querremos mirar a los ojos a la justicia y ver que es ciega, que no depende del momento o del lugar, que hay normas que no pueden someterse a ninguna fórmula de relativismo porque esas reglas sagradas son precisamente las que apuntalan los cimientos de una sociedad fuerte.

Museo de la Paz en Gernika. // Foto: Ayto. de Gernika.

Museo de la Paz en Gernika. // Foto: Ayto. de Gernika.

Pero aquí hemos hecho como si la vida siguiera igual para todos. Y lo seguimos haciendo. El actual alcalde de Guadalajara negó a las familias de los fusilados en el cementerio un monumento para el que tenían ya incluso financiación. Este Ayuntamiento sigue manteniendo los nombres franquistas en el callejero, contra el dictado de la Ley de Memoria Histórica. Esta ciudad apenas tiene historiadores e intelectuales dispuestos a hablar de los sucesos de los años treinta y cuarenta, aun cuando se multiplican los ciclos sobre nobles renacentistas para mayor gloria de un pasado del que cada vez quedan más ruinas. Miramos atrás, celebramos 550 años de la fundación de la ciudad, los nueve siglos de Alvar Fáñez, pero la guerra, mejor, no la tocamos. Ya lo apuntamos hace algunos meses: se han cumplido 75 años del final de la contienda sin una reflexión a la altura y, lo que es peor, sin que parezca que a nadie le preocupe que estemos tal vez ante la última opción de dar voz a los testigos de nuestra guerra y de que entre todos recompongamos la justicia por aquellos hechos ante los ojos de quienes además tuvieron el infortunio de vivirlos. Pero esto de la guerra no son cosas para andar echándonos fotos. La democracia la trajo Suárez, y Suárez ya tiene busto y parque.

La vida sigue igual, que cantaba Julio Iglesias. Pero cualquiera que haya estado en Belchite o en Gernika descubre la madurez con que allí mantienen vivo el recuerdo de los horrores de la guerra ofreciendo al mundo dos modelos de madurez democrática, de construcción de discursos en favor de la paz. Es un buen ejemplo a seguir. Ahí tienen tarea otros ayuntamientos con mejores sensibilidades e inquietudes como el de Yebes, que quiere poner en valor su búnker de la Guerra Civil en Alcohete, instalando de paso un centro de interpretación.

Es posible abrirse en canal para hacerse una verdadera operación de memoria histórica, pero nadie dijo que esto se haga sin dolor. La juez Platero lo debería saber: lo malo de tener a nuestros muertos en fosas comunes, en vez de instalarlos en lustrosos panteones familiares, es que hay que excavar para encontrar los cadáveres con sus calaveras reventadas por un tiro. Todos lo deberíamos recordar: lo malo que tienen los crímenes sin justicia es que su sombra se alarga más allá de las tinieblas de la dictadura. Lo saben los doctores: lo malo que tienen las heridas mal curadas es que, si no se abren, la inmundicia corroe por dentro. La mugre infecta sigue ahí, aunque no se vea.

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16 pensamientos en “Las heridas abiertas

    • La respuesta es sencilla. Ninguno. El Gobierno de la República no fusiló a nadie, entre otras cosas porque la pena de muerte fue abolida en España por el Gobierno de la República en 1932. Otra cosa es hablar de las venganzas, asesinatos o represalias que se dieron en tiempos de guerra por uno y otro bando. Pero muertes apadrinadas y avaladas por el Estado, durante la democracia republicana no hubo ninguna.

      • Respuesta tan sencilla como falsa. La pena de muerte se recupero durante la República en el 34. La masacre católica que hubo durante los 5 años de República sí fue consentida y amparada por el Estado.
        No hablamos de asesinatos o represalias en tiempos de guerra, que también los hubo y por miles en el bando republicano firmando sentencias de muerte como churros ¿Recuerda usted la masacre de la cárcel de Guadalajara a manos de los republicanos?. Hablamos, por poner un ejemplo, del artículo 26 de su constitución republicana en la que se disponía “la disolución de las órdenes religiosas que, por sus actividades, constituyan un peligro para la seguridad del Estado”. Este fue el paraguas bajo el que la República alentó la quema de instituciones religiosas y la persecución de sus integrantes durante esos años “blancos” de República. Pero claro, no era el Estado, eran “los pobres chicos de la gasolina”, unos incontrolados que, casualidades de la vida, mataban con total impunidad a católicos y derechistas a mansalva y nunca les pillaban.
        A alguno la memoria se le acaba cuando se le recuerda la persecución continua que sufrían en los pueblos de nuestra provincia todo aquel que no era de izquierdas o que siéndolo osaba ir a rezar a una iglesia; por que en el fondo piensan que se lo merecían.

      • Desde el foro por la Memoria de Guadalajara: La respuesta que se ha hecho es en cierto modo incorrecta, y la pregunta capciosa. La mejor imagen que resume el espíritu de la República Española es la madre de Fermín Galán, acompañada de su hijo Francisco Galán, oficial del ejército, vestida de luto y con mantilla, visitando al Presidente de la República para pedir el indulto para el general Sanjurjo. Fue indultado, y luego junto a él, la CEDA indultó a los más de 2000 golpistas de 1932 que darían el golpe asesino en 1936. La acción legal de la República contra golpistas —Primo de Rivera, Fanjul. Goded, etc— no fue represión, sino ejercicio de justicia. Las acciones ilegales, como por ejemplo, los excesos en la represión de Asturias en 1934, o las cometidas en la retaguardia republicana, fueron eso: acciones ilegales. La Fiscalía general de la República ordenó al Tribunal Popular de Guadalajara la investigación de los crímenes que se hubieran cometido. Mezclar ejercicio de justicia con acciones ilegales reconocidas como tales y perseguidas es habitual en la propaganda franquista, el caso es justificar el golpe, la guerra y las matanzas y para ello no se duda en culpar a la república.

  1. Parece ser que los golpistas daban caramelos en los pueblos y en la ciudad cuando se sublevaron y desde el cielo la Legión Condór arrojo sobre la ciudad de Guadalajara cientos de bombas incendiarias que iluminaron el Palacio del Infantado y a la gente y a los niños les caia confeti y chocolatinas y después de la Guerra como la intención era restablecer la democracia, lo que ocurre es que se fue dejando por desidia, hasta que el “comandantin” , tan piadoso él dijo ya vale de paseos a los cementerios y de construir presas y darles medallas, pagas y estancos a los republicanos por “auxiliar a la rebelión” ¡Que tiene cojones¡¡

  2. Eso si, cuando a la República le dio la manía de instruir a los analfabetos y construir escuelas Y Universidades pues algunos “hombres de negro” se molestaron porque ese negocio ya lo llevaban ellos desde la máxima pobreza de siglos que manejaban estamentalmente desde los 23 conventos de la ciudad de Guadalajara que solo tenían cuatro gallinas y alguna polla. Por eso el Cardenal Segura y sus acólitos de dedicaban a rezar por la República, eso si, maliciándose que terminaran por hacer aquello que hicieron en Francia para construir el Estado Moderno. Pasado el tiempo algunos republicanos españoles como aquellos que liberaron Paris con el blindado “Guadalajara” les ayudaron a luchar contra Hitler y Mussolini que ya sabemos a que dedicaban el tiempo libre. Exactamente lo mismo que Franco : ¡¡A RESTABLECER LA DEMOCRACIA.¡¡

  3. Qué peculiar interpretación de la historia nos da “Máximo Daniel”, quien nos insiste en que la República amparó también asesinatos de estado, y con ello parece querer justificar que Teodoro Mendieta y sus compañeros lo que tienen que hacer es seguir en el olvido, revueltos sus restos, para que ¿se jodan?.

    Lo que se olvida de decirnos Máximo Daniel es que, efectivamente, el Gobierno de la República que restableció la pena de muerte en 1934… ERA EL GOBIERNO DE LA DERECHISTA CEDA, que no se dedicó a perseguir a ningún cura, y que lo que hizo fue lo contrario, perseguir con severidad y dureza a los revolucionarios de Asturias. Recuerde usted que la izquierda regresa al Gobierno en febrero de 1936, elecciones mediante, y que en julio estalla la Guerra tras el fracaso de un golpe de estado contra el legítimo gobierno del Frente Popular. Eso son hechos incuestionables.

    Y no, ni es comparable la represión política ejercida en uno y otro bando, porque las cifras evidencian que la de unos fue infinitamente superior a la de otros, ni es lícito comparar episodios aislados de violencia perpetrados por individuos a título personal, que un exterminio legalizado, amparado y establecido desde el Estado, por el régimen de los vencedores. Sólo en Guadalajara capital fueron 800 los fusilados en el Cementerio y enterrados en fosas comunes, CON LA GUERRA YA TERMINADA. Hablamos de casi el triple de fusilados que las víctimas de los milicianos en la Cárcel del 6 de julio de 1936, un lamentable episodio de venganza que acaeció, como nos recuerda Polibio, tras un cruel bombardeo fascista a la ciudad. Oiga, que hubo más de 5.000 represaliados en la provincia de Guadalajara entre el 39 y el 45, oiga. Que hablamos de un 5% de la población.

    Pero en cualquier caso, el objeto del artículo de Rubén era destacar la ignominia que se comete con las víctimas del franquismo y sus familiares. Los asesinados por las milicias republicanas hace décadas que tienen un ostensible y marmóreo homenaje en la puerta del cementerio, porque sus restos fueron recuperados, homenajeados y reconocidos, y sus nombres figuran en todas partes. Mientras, los 800 republicanos enterrados en las fosas comunes del cementerio no tienen ni un monumento con su nombre, porque el alcalde Román lo impidió, a pesar de que sus impulsores contaban hasta con la financiación necesaria para hacerlo, y que al Ayuntamiento no le iba a costar un euro.

    De eso es de lo que trataba el artículo. Pero resulta agotador tener que defender lo obvio a estas alturas. Agotador.

    • Podéis rescribir el cuento como os de la gana, y repetir las mentiras todas las veces que querais; Polibio ya escribió la historia universal y quiere volver a escribirla. Los golpistas de Asturias ahora son “revolucionarios” y como a los póbrecitos les dió por matar curas y quemar conventos e iglesias pues había que dejarlos en paz, lo mismo que los que ponían bombas o aniquilaban escuelas y bibliotecas religiosas en aras del amor a la cultura republicana.
      Nadie dice que los que buscan a sus muertos para honrarlos se jodan y dejen de hacerlo, pero a los que les intentaron violar sus derechos fundamentales y lo que no eran sus derechos fundamentales amparados por la bella República, les toca las narices que se criminalice con mentiras lo que hicieron en defensa propia. Por que, no fue más que eso defenderse de los que querían abusar de ellos, y mira por donde pudieron con los matones.
      Y aquí dejo este guerracivilismo que tanto os gusta sacar a relucir cuando las urnas no os dan lo que creeis que es legítimamente vuestro “por narices” como en el 36.

      • “Nadie dice que los que buscan a sus muertos para honrarlos se jodan y dejen de hacerlo”. Pues de eso precisamente, y no de otra cosa, va el artículo. Y por eso su propio comentario (“Podrías añadir al gráfico de fusilados los ocurridos en los años 1931 a 1936 durante la República”) no tiene ningún sentido más allá de provocar un debate inevitable, porque ante algunas provocaciones no se puede dar la callada por respuesta y afortunadamente ha quedado debidamente explicado.
        Me alegra de que, frente a lo que pueda parecer, esté de acuerdo en que nadie debe impedir a las familias de los fusilados que sigan buscando a sus muertos para honrarlos. Compartimos, pues, la crítica a la jueza de Guadalajara a propósito del caso de Ascensión Mendieta.
        Rubén Madrid.

  4. “¡ Tarancón al paredón ¡ ” pero esos no eran los “rojos” ¿No..? y Juan XXIII y Pablo VI , sin venir a España. No eran muy “amigos” , sobre todo Montini, del de “la mano incorrupta”. La otra era la de firmar…no paraba. (Que Dios le tenga donde se merezca. Como sea verdad lo de Pedro Botero..)

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