La enésima oportunidad para Castillejos

Entrada de la finca Castillejos. // Foto: lacronica.net

Entrada de la finca Castillejos. // Foto: lacronica.net

Por Concha Balenzategui

El Ayuntamiento de Guadalajara ha dado a conocer hace unos días un nuevo proyecto para la finca Castillejos, en el que se viene trabajando desde el mes de noviembre. Nos encontramos ante el enésimo intento de aprovechar esta vasta extensión de terreno a orillas del río, que fue donada hace la friolera de treinta años por Emilio Meneses. La gestión de la finca ha sido adjudicada a la empresa Proyecto Labor, una alianza que tiene la doble virtud de fomentar el trabajo de personas con discapacidad, al tiempo de poner en marcha un proyecto dinamizador para estos terrenos. Es deseable toda la suerte en ambas vertientes, con ambas difíciles tareas.

Tres décadas han pasado desde que un archivero taciturno y adinerado decidiera legar la propiedad que había heredado de su madre a la ciudad. Y treinta años no han sido suficientes para hacer cumplir sus deseos, que no eran otros que dar a estas 120 hectáreas usos «de utilidad pública o interés social, relacionados con la naturaleza rústica de los terrenos, y que contribuyan a un mayor conocimiento, enseñanza y defensa de la ecología y de las actividades agropecuarias, así como el esparcimiento y recreo al aire libre de los ciudadanos», según el documento de la cesión.


Hay que ver la mala suerte y la sucesión de despropósitos que ha tenido esta finca. Para empezar porque nuestra ciudad, una de las que cuenta con más metros de zonas verdes por habitante, siempre ha vivido de espaldas a lo que podría ser un auténtico “pulmón verde”, como siempre se dice de Castillejos. Creo que la falta de tradición de usar esta parte de la ribera por parte del vecindario, la desconexión física con el entramado urbano de la ciudad y el desacierto de las ideas que se han puesto en práctica han dado al traste con todo proyecto que se ha emprendido aquí.

En realidad, con todo no. Ahí están las instalaciones de Proyecto Hombre que, también gracias a la generosidad de Meneses, que autorizó su instalación, y al Ayuntamiento, rehabilitó la casa de labranza como centro terapéutico en uno de los extremos. Es una pequeña parte de la parcela, pero una labor muy importante la que allí se inició y continúa hoy. Pero el resto de la ciudadanía, salvo pequeños colectivos y en días puntuales, como los anilladores de aves o los aficionados al aeromodelismo, han ignorado este espacio que a priori tenía infinitas posibilidades.

Haciendo memoria podemos recordar un concurso de ideas convocado por José María Bris, un proyecto que empezó a levantarse en esa época con críticas de la oposición por su exceso de cemento, y que el PSOE dejó de lado cuando gobernó Jesús Alique, lo que supuso que fuera pasto de los vándalos y que se perdieran millones de pesetas de una subvención europea que no pudo cobrarse dado el resultado. También se puede rememorar un ambicioso proyecto presentado al final del mandato socialista con el respaldo de la Junta de Comunidades, en plena campaña electoral de 2007, unas elecciones que no consiguió ganar el PSOE. Llegado Román a la Alcaldía, la Junta de Barreda dijo “si te he visto, no me acuerdo” y de nuevo acabó en agua de borrajas. Román acometió sin el respaldo autonómico la recuperación de Castillejos, en un nuevo proyecto que adjudicó al inefable López Armada, empresario beneficiado con numerosos contratos municipales, que respondió con sus incumplimientos y sus ansias de lucrarse al margen de lo que estipulaba del pliego de condiciones: una fiesta de ultraligeros aquí, un campamento infantil allá… Con López Armada detenido, la finca volvió a quedar a su suerte y se convirtió en un criadero de matojos apta para propagar incendios.

Presentación del nuevo proyecto de Castillejos. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Presentación del nuevo proyecto de Castillejos. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Y así llegamos al año 2014, cuando el Ayuntamiento vuelve a sacar a concurso el mantenimiento y la dinamización de este paraje, que recae en Labor. Ahora, esta empresa, dependiente de la asociación Las Encinas, se propone realizar todo tipo de actividades al aire libre que fomenten su uso, desde tirolinas hasta paintball, pasando por el piragüismo o la escalada. Y es evidente que si no hay una propuesta recreativa y atractiva, a los vecinos no les dará por ir allí. Pero también que si no hay una explotación económica, unos ingresos a cambio de estas actividades, no se podrán llevar a cabo.

La finca cuenta con un importante condicionante. No se puede hacer en ella lo que a uno le venga en gana, porque el bueno de Meneses dejó plasmada su objeción a que fuera urbanizada y su deseo de que se destinara a unos medioambientales, rústicos y educativos. Pero manteniendo el espíritu de la donación, hay mucho margen para los proyectos interesantes en esta finca. Muchos de ellos están contemplados en el pliego o han sido mencionados en la presentación del proyecto que ahora inicia Labor.
Por ejemplo podría hacerse un merendero donde las familias y los grupos de amigos pudieran acudir de pic-nic, como antaño iban a Villaflores, paraje que merece un capítulo aparte, y daría no para un artículo, sino para una tesis doctoral. Podría instalarse un kiosco que sirviera bebidas y bocadillos. Y también un camping abierto durante los meses más benignos, dado que Guadalajara carece de esa infraestructura y no tiene por qué dejar de lado ese tipo de turismo. Podría hacerse, como se ha hecho, un aula de la naturaleza o una granja escuela, donde los escolares de Guadalajara hicieran excursiones del mismo modo que van a Zoo municipal, que atrae a centros del todo el Corredor del Henares. Podría haber también un espacio para campamentos municipales de verano, mucho más amplios y en contacto con la naturaleza que los que se hacen en los centros sociales o los que se convenian con un colegio concertado de la capital. Todo ello con unos precios públicos, insisto, que hagan rentable el mantenimiento del lugar y atractivo el uso vecinal.

Sin duda, el hecho de Proyecto Labor empiece por preguntar a los vecinos, a las puertas del recinto, qué quieren que se haga allí, es un buen comienzo. Quizá debería afinarse aún más en esta llamada a la participación, y meter una encuesta en cada buzón para preguntarnos, y una vez más apelo a los medios que tiene el Ayuntamiento, como el periódico gratuito, la página web y las redes sociales. Las posibilidades son infinitas, repito, pero los desaciertos que han llevado a este desaprovechamiento de 30 años también. Castillejos y la memoria de Meneses bien valen otro intento.

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