Cómo hacemos ciudad

Vista del centro comercial Ferial Plaza, desde la pasarela sobre la A-2. // Foto: R.M.

Vista del centro comercial Ferial Plaza, desde la pasarela sobre la A-2. // Foto: R.M.

Por Rubén Madrid

Guadalajara es una ciudad posmoderna. Y deberíamos gritarlo alto, para que nos oigan en Madrid.

En parte, que seamos una ciudad posmoderna es posible porque tenemos El Corte Inglés. Pero también porque hemos remodelado la Plaza de Dávalos. Y porque vamos a tener la Ciudad del Fútbol que ha presentado esta semana el alcalde. Y por mucho más que no me resisto a contarles.

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman.

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman.

Estos días me he topado con una lectura reveladora que me ha hecho empezar a mirar la ciudad con otros ojos. Es ahí donde he descubierto, quién lo diría, que Guadalajara es una ciudad posmoderna. En uno de sus libros, el sociólogo Zygmunt Bauman aplica al urbanismo su popular teoría de la ‘modernidad líquida’, con la que analiza las formas y relaciones sociales livianas e instantáneas características de nuestros días. No me extenderé en explicaciones (recomendamos la lectura porque su teoría es muy sugerente y su estilo muy ameno). Lo que aquí nos interesa son las cuatro categorías principales de espacios públicos que, siguiendo a este pensador, podemos encontrar en estas sociedades de la modernidad más avanzada.

En primer lugar, hay un tipo de espacio público que es, en realidad, un “lugar inhóspito” en el que “todo lo que está a la vista inspira respeto pero desalienta a la permanencia”, en el que los edificios están únicamente “para ser mirados, no para entrar en ellos”. Y detalla Bauman: “nada mitiga ni interrumpe el vacío uniforme y monótono de la plaza”.

Resulta imposible no pensar en Dávalos, en Santa María o en el Jardinillo, con sus baños de cemento que han arrasado con todo como en una estampa tomada de las ruinas de Pompeya. Y uno piensa también en la Plaza Mayor, que debería ser expresión de un interés por el ‘ajuntamiento’ de vecinos. Y leemos al sociólogo polaco, pero parece que estemos leyendo en realidad una guía fidedigna de nuestra ciudad: “No hay bancos donde sentarse, ni árboles cuya sombra ofrezca refugio del sol y permita refrescarse”.

Así son, pues, algunos espacios públicos de esta ultramodernidad: sosos, nada acogedores. La misma idea la transmitía el domingo un guía turístico profesional, Manuel Granado, al detener la muy reivindicativa Ruta de las Eras precisamente en la recién remodelada Plaza de Dávalos: “Son plazas sin alma, que no invitan a la estancia”. Meros lugares de paso. El concejal Jaime Carnicero, quién lo diría, es también un posmoderno.

El guía turístico Manuel Granado en la Plaza de Dávalos, durante la III Ruta de las Eras con Amigos del Moderno. // Foto: R.M.

El guía turístico Manuel Granado en la Plaza de Dávalos, durante la III Ruta de las Eras organizada con Amigos del Moderno. // Foto: R.M.

Pero hay más. Zygmunt Bauman -no es un señor cualquiera: ganó el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales en 2010- habla de una segunda tipología de lugar público habitual en la época en que vivimos. “La segunda categoría de espacio público pero no civil está destinada a prestar servicios a los consumidores o, más bien, a convertir al residente de la ciudad en consumidor”. Son los enormes centros comerciales, templos del consumo que los llama otro sociólogo, George Ritzer. Allí “el consumo es un pasatiempo absoluto e irremediablemente ‘individual’, una cadena de sensaciones que sólo puede ser experimentada –vivida– subjetivamente”. El tipo de relación social que se experimenta también encaja con nuestros tiempos líquidos porque necesariamente los encuentros “deben ser breves y superficiales”.

¿Por qué nos gustan tanto? Dice Bauman que además de sus excepcionales prestaciones para la práctica del consumismo, ofrecen lo que ningún otro lugar fuera de sus murallas consigue: “un equilibrio casi perfecto entre libertad y seguridad”. Allí dentro somos endiabladamente libres escogiendo entre productos, marcas y diseños, lo que conecta perfectamente con nuestra manera de vivir a la última. Y nos sentimos dichosamente seguros, porque quienes nos incomodan o amenazan (los otros, siempre) quedan fuera. El centro comercial es “una isla de orden” donde no hay mendigos, como en la Calle Mayor, ni rateros, yonquis o inmigrantes, como puede ocurrir en cualquier calle, en ‘la calle’.

Hay otros dos típicos lugares de los que habla el ensayista: los no-lugares y los espacios vacíos de sentido. Estos últimos son los que evitamos en los paseos, barrios marginales o zonas del callejero de nuestra propia ciudad donde nos sentiríamos perdidos o inseguros. Por allí es mejor no pasar, dar un rodeo. Lo pueden ser por chungos (no daré nombres, pero los tenemos) o porque son meros barrios residenciales que no conocemos. Mientras, los no-lugares tampoco tienen carácter, en este caso son “un espacio despejado de las expresiones simbólicas de la identidad” que se puede identificar con aeropuertos, hoteles o autopistas… Ocupan cada vez más metros cuadrados en nuestras urbes, y, salvando las distancias, también en Guadalajara van en aumento, aunque afortunadamente nos hemos librado de aeropuerto. Tenemos, me lo apunta el colega Álvaro Nuño, un gran no-lugar en la estación del AVE. Pero si hubiera unos no-lugares despojados de significado por excelencia en la ciudad esos serían los más de ochenta solares vacíos del centro en el casco antiguo. Los palacetes caídos, las casas de arquitectura tradicional que tanto nos representaban y ya no están, son una suerte de no-lugares. El Cine Imperio es ya un no-lugar.

El arte del urbanismo. Más allá de las coincidencias en las descripciones, que en algunos casos son asombrosas, la reflexión de fondo parece interesante: ¿qué ciudad estamos construyendo? En nuestro plano municipal, ¿ganan terreno los espacios en los que llevamos a cabo tareas tan individualistas como el consumo o esos otros que rechazamos en nuestros itinerarios por considerarlos inseguros? ¿Pasamos más tiempo en las plazas desde que las han remodelado? ¿Hacen más comunidad el centro comercial y el centro acuático, que además están orientados al beneficio privado, o el Tenorio Mendocino y el Maratón de Cuentos, que tienen una finalidad no lucrativa? ¿Qué tipo de ocio estamos generando con el despliegue de grandes infraestructuras en los nuevos desarrollos?

El alcalde ha presentado un proyecto de Ciudad del Fútbol y ha anunciado las obras de la primera fase. Aquí, una infografía.

El alcalde ha presentado un proyecto de Ciudad del Fútbol y ha anunciado las obras de la primera fase. Aquí, una infografía.

Cuando nos quejamos de que el centro se muere, estamos aludiendo en realidad a estas tensiones. Valga un ejemplo: los niños ya no juegan a la pelota en las plazas, como antes, pero lo podrán hacer en la ‘ciudad del fútbol’, donde estarán más guapos, una vez uniformados; más controlados, con sus fichas de federados; y más seguros en los márgenes de unos recintos con derecho de admisión.

Cuando un centro comercial lleva el nombre de plaza, y de las plazas ya no queda más que el nombre, también se está creando un entorno que propicia un tipo de relaciones sociales, en vez de otras. Hacer política cultural pensando en el Buero Vallejo como principal eje de la programación, obviando que no hay en la ciudad ni biblioteca municipal ni casa de la cultura, supone enviar un mensaje rotundo de que nos conformamos con infraestructuras donde se consume cultura, pero donde no se hace. Cuando se intenta cerrar las puertas del palacio del Infantado, que en Guadalajara es más que un museo para turistas porque es escenario de eventos y vivencias populares, también se está optando entre modelos. Como también hay algo más que un debate presupuestario en la conveniencia de que el Ayuntamiento ceda una parcela de terreno público para impulsar un negocio privado como el Centro Acuático, que no da respuesta a ninguna necesidad  acuciante en la ciudad y que reorienta el ocio deportivo también hacia los modelos de corte consumista. Y así siempre, porque ninguna decisión está libre de consecuencias buscadas o imprevistas.

Así que claro que todos hacemos ciudad, como dice el eslogan de la campaña publicitaria del equipo de Gobierno, pero lo verdaderamente importante es cómo hacemos ciudad.

El urbanismo ha sido pensado en nuestro país como una palanca para impulsar los negocios cuando en realidad debió de ser un arte, poco menos que el arte de reordenar los espacios públicos para ponerlos al servicio de la comunidad. El urbanismo de esta ciudad merecería más voces, más consultas y reflexiones más profundas que no se dan porque al final el despliegue de infraestructuras y las remodelaciones de las plazas y calles responden más a los tiempos que marcan las legislaturas y a los vaivenes de los debates municipales o periodísticos, tomados siempre por la urgencia y calculados casi siempre por el peso de las urnas. Los planes generales de ordenación urbana, que son una buena herramienta para esta visión global, no sólo tienen sentido cuando apremian las constructoras.

Habrá quien alegue que nada impide convertir estos modelos de urbanismo tan modernos en espacios al servicio de la convivencia. Y puede ser cierto: tanto como que nada impide comerse una sopa con tenedor, aunque seguramente no sea la opción que mejor convenga. En realidad, la privatización de los espacios donde pasamos nuestro tiempo libre y la reconversión de los puntos de encuentro tradicionales en escenarios peor preparados para la convivencia no contribuyen a fortalecer el concepto de ciudadana, que algunos consideramos fundamental para la vida en común. Eso sí, nadie nos podrá acusar de quedarnos atrás: podemos decir que en Guadalajara corremos en la dirección que marcan los tiempos, que somos tan posmodernos como el que más. Podemos presumir de ciudad, aunque cada vez sea menos nuestra.

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16 pensamientos en “Cómo hacemos ciudad

    • Ruben, a mi el centro acuático si me ha dado repuesta a mis necesidades. Padezco artrosis y no habia en la ciudad lugar en donde apaciguar mis dolores de espalda. Ahora por un precio modico, 60 euros toda mi familia, somos cuatro, alivio mis dolores de espalda con el Jacuzzi y la sauna de vapor. Por lo tantro a mi en este tema si me han dado respuesta y no antes que tenia que desplazarme a Madrid.

      • quisiera saber donde está el centro acuatico, yo padezco de la columna y en invierno no se donde ir. Gracias. Beatriz Moreno

  1. Un aplauso, porque el análisis tiene muchas visiones certeras. Otras no tanto. Pero creo que aciertas de pleno en el tema de cómo la Cultura en esta ciudad se da “masticada” desde la gerencia política (El auditorio es un ejemplo de ello). En fin, que te felicito por esta reviisón, aunque apresurada, muy honda y meditada. Sigo todo lo que escribes porque merece ser leido y meditado.

  2. Olé olé Rubén, felicidades nuevamente. Las referencias al centro comercial son cristalinas, si el centro de la ciudad estaba pereciendo desde que existe tal espacio consumista ha sido la puntilla para la ciudad… una lástima, lo que a mí me parece más paleto que llevar boina pero…

  3. Es una ciudad fría sin encanto ,añoro las placitas: Dávalos, Santa Maria, San Esteban , Ell jardinillo incluso la plaza Mayor llena de niños , abuelos, sombra sonido pájaros ,incluso la plaza de los caídos, San Gil etc etc ni una estatua a pie de calle que nos diga algo tan solo mirarla , me da pena mi ciudad es fría sin alma sin espacios para charlar sin tener que Consumir. Mucha pena, con tanto arreglo le han quitado alma y vida a la ciudad

  4. Muy acertada descripción de Guadalajara Rubén, la ciudad de la que “presumen” se está convirtiendo en un mausoleo de granito, sin vida. Será por eso que, a falta de personas en las calles y las plazas, pretendan llenarlas de estatuas.

  5. Pingback: La prensa del régimen en Guadalajara | Podemos – Cabanillas del Campo

  6. Gracias por todos los comentarios. Veo además gente conocida con la cabeza muy bien amueblada, así que me alegra que haya servido para impulsar un poco de reflexión, que es lo que lo pretendo cada miércoles al dar mi punto de vista. Perdonad las veces que estemos menos inspirados. Lo dicho, gracias y abrazos.

  7. Pingback: Un huerto en la Calle Mayor |

  8. Pingback: Cómo hacemos ciudad | La hemeroteca de Rubén Madrid

  9. Que sea post moderna o no, no depende de sus plazas o instalaciones, depende de sus valores e interes por la población, cosa que no se representa con los skaters, rollers etc. que por desarrollarse en estas disciplinas se les tratan con villanos. VIVA HERCESA

  10. Pingback: Lo que he aprendido con Bauman | Manuscritos a máquina

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