Román, el candidato converso

Antonio Román y Dolores  Cospedal en la inauguración del centro social del Cuartel del Henares, el pasado viernes. // Foto: castillalamancha.es

Antonio Román y Dolores Cospedal en la inauguración del centro social del Cuartel del Henares, el pasado viernes. // Foto: castillalamancha.es

Por Concha Balenzategui

“Me han hecho ver que puede ser necesario mi apoyo”. Es la frase pronunciada el viernes por Antonio Román, que confirma que se presentará a la reelección como alcalde de Guadalajara el próximo mes de mayo. En diez palabras, que no llenarían ni medio tuit, se encierran dos grandes axiomas de una declaración que está cargada de sinceridad. Vaya eso por delante.

Primer axioma: Román no quería ser candidato. Se “lo han hecho ver” otros. Y esos otros, según dice, son los vecinos y María Dolores Cospedal, la presidenta del PP regional, que es la que en definitiva elige con su dedo el cartel electoral. En el PP, ya lo saben ustedes, estas cosas funcionan así, por designación, a pesar de que a veces quieran disfrazar los hechos de una supuesta decisión “colegiada” en la que un comité propone y otro aprueba. Pero incluso el protagonista siempre ha hablado de su propia decisión y de la de la dirección del partido.

Román no quería. Le hemos oído hablar durante meses y años de que no le gustaría perpetuarse en el cargo. Siempre manifestó que estaba de paso por la política, que su vocación era la Medicina, y de hecho le ha servido como argumento o justificación para compatibilizarla con el cargo público, aunque sea de modo anecdótico (anecdótico en dedicación, no tanto en ingresos). Llegó a decir que ocho años eran suficientes para un llevar a cabo un proyecto, aunque últimamente ha ido introduciendo el matiz de que bastan “dos o tres” legislaturas, que el límite estaba en doce años.

Si el alcalde ha incumplido o no su palabra al convertirse de nuevo en candidato es un tema secundario. Porque aunque él habló de no volver a presentarse después de ocho años, no lo hizo con firmeza ni de forma repetida. Lo que es sin duda un hecho relevante es que llegue a ser alcalde alguien que en su fuero interno no quería serlo. Román, eso no se puede negar, tiene claras opciones de ser reelegido. Y podríamos encontrarnos con un alcalde que no aspiraba al puesto.

No quería. Es mucho decir que sería alcalde a su pesar, porque no le amarga un dulce como el bastón de mando de su ciudad. Pero por así decirlo, es el candidato converso. El que no quería y tuvo que ser convencido. A mí me gusta más esa expresión que la del “candidato a palos”, que es la que utilizaron profusamente los populares cuando Emiliano García Page, el secretario regional del PSOE, fue elegido candidato autonómico en un proceso de primarias a las que no se presentó rival.

Román, hace unos días, felicitando a un centenario. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Román, hace unos días, felicitando a un centenario. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Ahondando en la postura del doctor Román, se pueden enumerar muchas razones por las que acariciaba hondamente la posibilidad de dejar el Ayuntamiento: por ejemplo, que ya está colmada su ambición en este terreno; o que tiene intención de retomar verdaderamente su profesión, y mejor hacerlo antes de cumplir los 50. O, sencillamente, lo que es muy legítimo, que está cansado. Esto último no lo pongan en su boca, porque es de mi cosecha. Creo que hay mucho de las dos primeras razones, que él ha esgrimido varias veces, pero también bastante de la tercera.

Román lleva en el Ayuntamiento desde 1995: 20 años. 12 de ellos han sido como concejal, con responsabilidades de Gobierno con carteras de poco desgaste o en la oposición. Pero ha sido 8 años alcalde. Y los dos mandatos que ha encabezado no han sido fáciles, pues han coincidido de lleno con la crisis económica. Me da en la nariz que a Román le ha desgastado especialmente este segundo mandato. Sus primeros cuatro años como primer edil, arrebataba el gobierno a la coalición PSOE-IU, y remaba con el viento en contra, con Rodríguez Zapatero en la Moncloa y con Barreda en la Junta de Comunidades. Era difícil capear la situación, pero pudo aprovechar el dinero del Plan E, y también criticar a Toledo como culpable de todos los males que azotaban a Guadalajara.

Sin embargo, este último cuatrienio está siendo más duro por el contexto económico, por las difíciles decisiones que ha tomado, y por el desgaste del PP con el que ha convivido. Y eso cansa.

Hay que decirlo claramente: la Junta de Comunidades no se ha portado con Guadalajara en esta legislatura como se esperaba, o como se podía deducir del peso que tuvo esta provincia en la victoria de Cospedal. Román ha tenido que tragarse unos cuantos sapos desde el primer momento, desde la decisión de paralizar inversiones como el Campus o el Hospital, hasta comulgar con los recortes en Educación o Sanidad. Cospedal ni siquiera se ha prodigado por esta ciudad en su legislatura de presidenta, una actitud que sí está corrigiendo en los últimos meses, cuando viene más asiduamente porque la campaña le obliga a salir de los despachos y bajarse del coche oficial. Si se ha notado falta de sintonía del alcalde con la presidenta, también la ha habido con el partido a nivel nacional. Por ejemplo, el alcalde no ha ocultado su disgusto con la paralización de la reforma del aborto.

Y un último motivo. No es lo mismo marcharse con el bagaje conquistado hasta ahora por Román, con el hito histórico de haber conseguido 16 concejales en el año 2011, que con el resultado que saque el próximo 22 de mayo, en que todos sabemos que no reeditará esa gloria. Si nuestro protagonista dejó la presidencia del PP sacando pecho por las victorias logradas, no tendrá el mismo sabor de boca si se va en época de vacas flacas para el partido de la gaviota.

Antonio Román, en junio de 2012, durante el congreso que le relevó al frente del PP provincial. // Foto: PP

Antonio Román, en junio de 2012, durante el congreso que le relevó al frente del PP provincial. // Foto: PP

Son todos los argumentos para corroborar que, si por Román hubiera sido, hubiera dejado el bastón y hubiera cogido el fonendo con firmeza. Y solo así se entiende el retraso en la proclamación de su candidatura y sus titubeos durante estos meses. Ahora nos lo corrobora: le han tenido que convencer.

Anotemos también que esta es la segunda vez que el alcalde se “sacrifica” porque lo pide el partido. La primera fue cuando encabezó la candidatura a las autonómicas de 2011 por esta provincia, en una idea de Cospedal que a él no le gustaba pero que consintió y participó, y que tuvo su resultado satisfactorio a corto plazo. Satisfactorio, porque los populares lograron sendas victorias con los carteles que llevaban su foto, pero también absolutamente infructuoso, porque el paso de Román por las Cortes Regionales fue nulo: cedió su escaño a los seis meses.

Segundo axioma: El PP necesita a Román. Como el comer. Hilando con lo anterior, hay que recordar que ha sido su único cartel en la provincia en las últimas elecciones municipales, autonómicas y generales, porque es el que mejor sale en la foto. El PP tiene sus datos, entre ellos una encuesta telefónica en la que se preguntaba por otros nombres, como Jaime Carnicero, su delfín, y Ana Guarinos, la presidenta del partido y de la Diputación. No conozco los resultados del sondeo, pero es evidente que ha concluido que el más votado sería él. De otro modo, no le hubieran convencido de que cambiara de opinión cuando su intención era marcharse.

Y ese, que lo necesitan en los momentos adversos, es el principal argumento para convencerlo. Pero no el único. Ahora nos falta saber qué ha pedido él para aceptar. Qué argumentos se han barajado en el tira y afloja mantenido estos meses, desde que el secretario regional del partido, Vicente Tirado, diera por hecho su nombre, y él dijera que no estaba decidido, hasta que ha dado el paso definitivo. Es posible y lógico que haya pedido conformar su equipo de concejales. Es probable también que haya defendido algún puesto más para él o los suyos (aquellos en los que más confía dentro del partido) para puestos de las candidaturas regionales, las próximas generales, la Diputación o las delegaciones de los gobiernos central y regional. Puede ser. Pero lo que interesa de verdad es si ha conseguido arrancar a Cospedal, también candidata a la reelección como presidenta de Castilla-La Mancha, algún compromiso más con esta tierra, algún proyecto ambicioso. Eso espero que haya pesado en la decisión de Román. El compromiso de que si él es alcalde y ella presidenta, en Toledo mirarán con mejores ojos y algunas inversiones golosas a esta ciudad.

El alcalde, en otro momento del acto del viernes, cuando se confirmó su candidatura a la reelección. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

El alcalde y la presidenta de la Junta, en otro momento del acto del viernes, cuando se confirmó su candidatura a la reelección. // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Tras los axiomas, la conclusión. Decía más arriba que las aguas están muy revueltas en la opinión pública, con mucho desgaste de los grandes partidos y con anunciados ascensos de las nuevas formaciones. Ciertamente, la mayoría de las encuestas que conocemos se refieren a las elecciones generales, para las que faltan aún meses, pero poco se sabe de lo que ocurrirá pasado mañana en las alcaldías, entre otras cosas, porque aún no se han clarificado todas las opciones ni todos los candidatos. La reducción de concejales del PP está cantada, pero es complejo determinar si conservaría al menos los 13 que necesita para gobernar con mayoría. Hace unos meses, ni yo ni muchos de ustedes contemplaban la posibilidad de que el PP, con el doctor como candidato, perdiera la Alcaldía, pero hoy por hoy no me atrevería a mojarme.

El alcalde parte con una gran ventaja, y no solo por el colchón del abrumador voto de 2011. Es el candidato más conocido, el que tiene los medios de comunicación públicos y subvencionados de su parte, y el que puede aprovechar los focos por estar en el cargo. Pero tiene una dura tarea por delante. Ha de convencernos de que verdaderamente quiere ser alcalde, de que va a afrontar esta etapa con ilusión y proyectos, de que va a dejarse la piel en el cargo. Después de estos meses no es fácil, no parece creíble.

Y no solo tiene que convencernos de que trabajará con intensidad, sino también de que lo hará durante cuatro años. Es más que constante el rumor de que no completaría su mandato como alcalde y daría una “espantada” para dejar en el sillón a un sucesor. Si Román quiere la confianza de los electores, deberá desmentirlo una y otra vez estas semanas, y con firmeza. Es el peaje de ser el candidato converso.

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