Cementerio nuclear: tarde, mal y nunca

Control bidones residuos radiactivos almacenados. // Foto: Foro Nuclear.

Control bidones residuos radiactivos almacenados. // Foto: Foro Nuclear.

Por Rubén Madrid

El ATC es la triste demostración de esa ‘marca España’ según la cual se pueden hacer las cosas tarde, mal y nunca. El ATC, el almacén para los residuos de alta y media actividad de todas las centrales nucleares de nuestro país, no sólo se pensó tarde y se planificó mal, sino que amenaza con no tener una solución jamás. Acumula ya un terrorífico historial de despropósitos al que estos días se ha sumado un nuevo episodio. Y todo ello a pesar de que están en juego dos cosas con las que precisamente no se juega: un montón de basura nuclear y otro buen montón de fondos públicos.

Cuando en diciembre de 2011 el Consejo de Ministros aprobó que el también llamado cementerio, silo o basurero nuclear iría a parar a los terrenos propuestos por la localidad conquense de Villar de Cañas, se ahuyentó uno de los fantasmas que durante la última década había recorrido La Alcarria: almacenar los residuos nucleares en la misma comarca que en las últimas décadas ha tenido dos centrales nucleares. La noticia, controvertida, protestada por el resto de pueblos candidatos, incluido el alcalde de Yebra, fue recibida por muchos de nosotros con alivio. Pensando que, como poco, había calado el mensaje mil veces repetido de que “Guadalajara ya había sido suficientemente solidaria en materia nuclear”.

El caso, al menos en lo tocante a nuestra provincia, se cerraba. No sólo no tendríamos los residuos de Burgos, Cáceres o Valencia, sino que los nuestros, los de Trillo y Almonacid, serían tarde o temprano enterrados en la provincia de Cuenca. En nuestros periódicos el tema pasaba a las páginas de Región. Las pancartas también corrían a pronunciarse al otro lado de los pantanos. ¿Para siempre?

Infografía sobre el almacén temporal centralizado de residuos nucleares, el ATC.

Infografía sobre el almacén temporal centralizado de residuos nucleares, el ATC.

Cuatro años después, el proceso ha quedado paralizado. La salida de Francisco Gil-Ortega de la Presidencia de Enresa por sus desavenencias con Industria en los plazos para la construcción del ATC (aquel quería adjudicar ya la obra sin esperar a los informes del Consejo de Seguridad Nuclear); y las manifestaciones del Colegio de Geólogos advirtiendo de que las “prisas” podrían provocar “sobrecostes” e “incertidumbres”, vuelven a detener un proyecto al que siempre le costó arrancar, entre otras cosas porque su naturaleza controvertida nunca casó bien con las elecciones. Y nos espera un año de convocatorias electorales que seguramente dejen dormir a esta bestia.

Un proyecto que llega tarde. En julio de 1965 comenzó a operar en Zorita la primera central nuclear española. Este verano se cumplirán cincuenta años. Medio siglo en el que el sector no ha sido capaz de dar respuesta a su mayor desafío: dónde meter sus residuos. Resulta demencial: no hablamos de estiércol o plásticos usados, sino de unos residuos que suponen un riesgo para la salud pública.

La industria nuclear ha tenido hasta ahora soluciones transitorias –como las piscinas de almacenamiento para combustible gastado en las propias centrales o los ATI, los almacenes de carácter individual que se instalaron junto a algunas de ellas–, pero nunca supusieron una solución definitiva. Sólo en este país de proyectos faraónicos sin contenido puede ocurrir que se ponga en marcha un parque de energía nuclear sin que ni las compañías ni el gobierno tengan resuelto -es más, sigan engordando- un problema monumental. En España hay un almacén en la localidad cordobesa de El Cabril para los residuos nucleares de baja actividad (algunos de ellos se generan, por ejemplo, en los hospitales) pero no lo hay para esos otros que, en cambio, suponen un riesgo todavía mayor para nuestra salud y el medio ambiente.

Panorámica de la central José Cabrera de Almonacid, con un ATI. Esta estampa ha desaparecido ya con el desmantelamiento. // Foto: Enresa.

Panorámica de la central José Cabrera de Almonacid, con un ATI. Esta estampa ha desaparecido ya con el desmantelamiento. // Foto: Enresa.

Fue en 2006 cuando el Congreso instó al Gobierno a buscar de una vez por todas un emplazamiento para el almacén nuclear. Tardó un lustro más en hacerlo. Pero apremiaba, porque el cierre de Zorita (y su desmantelamiento) estaban en marcha, algunas piscinas de las nucleares estaban a punto de saturarse y todos sabíamos que a partir del 1 de enero de 2012 el Gobierno español empezaría a pagar 66.000 euros diarios a Francia como penalización por seguir manteniendo allí los residuos de la central tarraconense de Vandellós I, desmantelada tras un incendio en 1988. ¿Qué había hecho España para que pudieran retornar los residuos custodiados temporalmente en La Hague y evitar así la penalización? Nada, durante casi dos décadas.

A España le pilló el toro. La falta de previsión, primero, y después la demora para  ejecutar el proyecto con el que todos parecían por fin de acuerdo (un almacén centralizado mejor que muchos dispersos por el país) comenzó a pasar factura precisamente en plena crisis económica: la suma alcanzaba el chorreo de 24 millones de euros al año, en parte irrecuperables, de modo que la construcción del ATC urgía. En octubre de ese mismo 2012, se revisó el acuerdo con Francia y se puso en cuarentena la fianza. Pero el problema sólo ha quedado aplazado: este acuerdo contempla que los residuos vuelvan de Francia en octubre próximo. Para entonces, por supuesto el ATC no estará, y veremos si se le espera.

Mal: el concurso. El ATC no estará y probablemente no se le espera porque el problema, nos dicen ahora los técnicos, son los terrenos escogidos. No es que las condiciones de la finca del pueblo conquense impidan construir alllí el silo, pero generan algunas dudas, merecen un estudio detenido y podrían obligar a modificar el proyecto.

Los problemas técnicos de hoy derivan de la forma en que el gobierno decidió impulsar el concurso que convocó en plena navidad de 2009. En la tensión entre buscar la mejor solución técnica y el consenso político necesario para superar la resistencia inevitable a un proyecto así primó esta segunda, tal vez porque estaba reciente la paralización de la candidatura del pueblo zamorano de Peque en 2006 por la fuerte protesta social. En cualquier caso, esta vez la opción de Villar de Cañas resultó ganadora ante la sorpresa generalizada, porque no fue la mejor valorada por los técnicos de la comisión interministerial que se encargó de decidir el emplazamiento. La candidatura de Zarra obtuvo la mayor puntuación (374), seguida de Ascó (300) y Yebra (290) y sólo en cuarto lugar quedó la opción conquense (272).

Público a favor y en contra del ATC en el Pleno de Yebra en que aprobó su candidatura, en enero de 2010. // Foto: Alba González.

Público a favor y en contra del ATC en el Pleno de Yebra que aprobó la candidatura, en enero de 2010. // Foto: Alba González.

En Villar de Cañas había, en cambio, consenso. El consenso al que tanto aludía La Moncloa para elegir el emplazamiento consistía, en realidad, en que un municipio de una comunidad autónoma del PP estuviese dispuesto a acoger el cementerio nuclear que había impulsado un gobierno del PSOE. Se trataba de un consenso negativo, que anulaba cualquier opción del “y tú más” y evitaba que ninguno de los dos partidos (¿recuerdan la lógica del bipartidismo?) pudiese echar en cara al otro su respaldo a un cementerio nuclear en un determinado lugar. Pero esto había resultado imposible, porque ningún presidente regional del PP dio un paso al frente. Hasta que llegó Cospedal. La también número dos de Rajoy, que fue forzada en Guadalajara a decir a regañadientes “No al ATC”, sorprendió dando el paso al que ningún colega estaba dispuesto. Y tenía otro candidato alternativo a Yebra, en un pequeño pueblo de la provincia de Cuenca que había aprobrado su candidatura en un pleno sin público, prensa ni altercados. Había consenso aparente.

La decisión de organizar un concurso con trazas de subasta por parte del Gobierno de Zapatero sólo beneficiaba de partida al propio Gobierno central, que se quitaba de en medio la incómoda responsabilidad que le había encomendado el Congreso de determinar una ubicación. En vez de poner a los técnicos del Ministerio y del CSN a trabajar, lanzó una pregunta al aire: ¿En qué rincón del maltrecho medio rural español había un pueblo dispuesto a dar un paso al frente para custodiar la basura nuclear de todo el país a cambio de 700 millones de inversión, 300 puestos de trabajo y un parque empresarial con centro de investigación puntero? No iban a faltar candidatos, dijo la vicepresidenta y portavoz Fernánez de la Vega. Al final fueron ocho.

Se abrió así un periodo de incertidumbres, de miradas de reojo (para que esté en el pueblo de al lado, lo pido yo), de movimientos por parte del grupo de presión de los pueblos nucleares (AMAC) para colocar a uno de los suyos, de justificaciones por parte de los candidatos que se postularan mientras partían sus pueblos en dos –Yebra vivió durante meses en un ambiente propio de una guerra civil– y de casos opuestos, en pueblos como Almonacid, donde más bien tuvieron que justificar lo contrario, no pedirlo. El proceso fue caótico, un error, todo menos un mecanismo cabal para buscar la mejor solución técnica y generar consensos.

…Y nunca. Desde el Gobierno se han cuidado estos días de decir que aunque los informes pendientes del Consejo de Seguridad Nuclear pongan pegas a los terrenos propuestos por el Ayuntamiento de Villar de Cañas, sus conclusiones, aunque resulten negativas, no tienen que suponer necesariamente una paralización del proyecto o su salida de este municipio.

No es por nada, pero a poco que se caiga Villar de Cañas no me extrañaría que sonase Yebre -o Zorita, por extensión- como en el fútbol ‘suena Míchel’ cada vez que hay una vacante en un banquillo.

Pero al margen de la preocupación local por que alguien quiera ver en el ‘fracaso’ de Villar de Cañas una nueva opción para el ATC en Guadalajara, me preocupa y mucho el coste que ya mismo pueda estar ocasionando esta cadena de errores cometidos por los responsables políticos que confluyeron en la designación de Villar de Cañas. Hay, a estas alturas, una decena de preguntas a la espera de respuesta. Y con ellas acabo:

  • ¿Habrá que volver a pagar la penalización a partir de ocutubre de nada menos que 66.000 euros diarios a Francia por seguir sin tener listo un almacén?
  • ¿Cuánto más de los mil millones de euros presupuestados nos puede costar el proyecto modificado por haber escogido una opción que el CSN pueda considerar poco adecuada desde el punto de vista técnico?
  • ¿Podríamos encontrarnos en situación de quedarnos sin ATC y, a la vez, enfrentando la necesidad de compensar a la empresa adjudicataria por no llevarlo a cabo?
  • ¿Qué ocurre con la inversión que ya se está haciendo en el parque empresarial anexo a un ATC que no tiene su futuro garantizado en Villar de Cañas?
  • Concretamente, ¿qué pasará con los contratos ya adjudicados por el expresidente de Enresa para las obras y sobre los que además recaen muy feas sospechas de la Plataforma Anticementerio Nuclear?
  • ¿Qué tiene que decir Cospedal, una de las principales responsables de esta solución política que ahora ponen en entredicho los técnicos, cuando además se sabe que de momento apenas se han beneficiado de ella empresas como Iberbinco, la empresa de la que es presidente su marido López del Hierro y que ya se ha llevado 34 millones de euros en adjudicaciones de obras?
  • ¿Por qué tuvo interés Cospedal en nombrar presidente de Enresa a uno de sus alcaldes (lo fue de Ciudad Real) aunque no tenía formación en materia nuclear? ¿Y por qué tuvo tantas prisas este exalcalde de Cospedal en contratar obras, entre ellas las citadas de Iberbinco, en vez de esperar a los informes del CSN?
  • Si después de mayo gobiernan otros en la Junta, ¿qué sería lo más sensato: hacer de una vez por todas el almacén en Villar de Cañas u olvidarnos para siempre de su emplazamiento en Castilla-La Mancha?
  • Acudiendo a la raíz del asunto: ¿es la paralización actual del proyecto una buena ocasión para replantearse la necesidad incluso de un ATC en España, como se han apresurado a señalar ya ecologistas tan implicados en materia nuclear como Francisco Castejón?
  • ¿Volverán de paso, en plena campaña electoral, las viejas e incumplidas promesas socialistas de un desmantelamiento progresivo del parque nuclear? Y ya puestos, ¿alguien sabe qué demonios opina Podemos sobre el ‘mix energético’?
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6 pensamientos en “Cementerio nuclear: tarde, mal y nunca

  1. Nuevamente un artículo sesgado y tendencioso.
    No te leímos nada cuando la ex consejera socialista de medio ambiente con Barreda, Rosario Arévalo fue fichada por ENUSA (Empresa nacional del Uranio S.A.) después de su paso por la Junta de Castilla la Mancha. Aquí las incompatibilidades no te chirriaron.
    Tampoco te hemos leído nada, ni te vemos preocupado, por la nula formación en materia nuclear que tiene la ex ministra socialista Cristina Narbona cuando ha sido impuesta por el PSOE como consejera del CSN (Consejo de Seguridad Nuclear).
    Tampoco pusiste el grito en el cielo cuando el expresidente socialista Felipe Gonzalez fue fichado en el consejo de administración de Gas Natural.
    No sé si mientes a sabiendas o simplemente es fruto de tu nula capacidad periodística de verificación de datos cuando aseguras que López del Hierro es el presidente de Iberinco.

    • Me producen una carcajada inmensa este tipo de comentarios. Porque su único argumento para decir que el artículo es sesgado y tendencioso consiste en alejarse del contenido del artículo y decir que ve fantasmas, que son cosas de chiquillos. Me acusa de no haberme leído nada sobre unos episodios concretos de puertas giratorias de 2005 o 2010, mucho antes por cierto de que se abriera este blog. Claro, no me habrá leído ni eso ni lo contrario. Y quiere de paso que extraigamos de ahí una prueba irrefutable de mi adhesión al PSOE después de leer un artículo en el que critico precisamente la actuación del gobierno del PSOE con el proceso del ATC. Excelente pirueta, amigo. Da en el clavo: quienes me conocen saben que soy, sobre todo, muy de Felipe González y que por eso no puse el grito en el cielo.
      Sobre López del Hierro me basé en una información que estaba enlazada. Pero hay que decir, en realidad, que ha ascendido de consejero de Iberdrola a consejero ejecutivo de la filial inmobiliaria Iberinco, ampliando su relación con la eléctrica: http://www.elconfidencial.com/empresas/2013-10-07/iberdrola-suma-al-marido-de-cospedal-a-otro-consejo-ahora-a-su-filial-inmobiliaria_37891/ En mi artículo no afirmo nada, pero desde luego informaciones de este tipo alimentan, en vez de disipar, las dudas.

      • Yo creo que en septiembre de 2005, cuando enchufaron a Rosario Arévalo en Enusa, tenías que haberle pedido a Antonio del Abril que te permitiera esa semana no escribir la crónica del fútbol sala, y utilizar la sección de deportes de Guadalajara Dosmil en la que estabas trabajando a tus ¿23? ¿24 años? para hacer una disección del escándalo que supuso su nombramiento. Fue entonces, precisamente entonces, cuando, al no hacerlo, te condenaste para siempre como periodista con nula capacidad de verificación. 😀

  2. Peor todavía, en 2005 andaba haciendo información local al otro lado del Corredor. Qué ocasión perdida para contarle a los alcalaínos lo de la exconsejera de Castilla-La Mancha. En fin, está todo dicho.

  3. JAJAJA, veo que el paciente está peor de lo que pensaba.
    El diagnóstico está más claro, se dedica a copiar y pegar enlaces de artículos de otro lugares y encima los “adapta” a su conveniencia. El paciente reitera que no afirma nada, curioso pues tiene escrito “… cuando además se sabe que de momento apenas se han beneficiado de ella empresas como Iberbinco, la empresa de la que es presidente su marido López del Hierro y que ya se ha llevado 34 millones de euros en adjudicaciones de obras?…”, debe ser que “afirmar” es otra cosa según la RAE.
    No es tan complicado entrar en la página de Iberdrola y buscar la composición de los consejos de administración y ver la información real, en vez de copiar y pegar y escribir de oídas o simplemente “imitar” los argumentarios socialistas. Es lo que tiene el ¿periodismo? creativo.
    Oiga, no hace falta que demostrara en 2005 su disconformidad con que una consejera de medio ambiente socialista pasara a ser consejera de una empresa relacionada con el mundo nuclear, o que en 2012 una ministra socialista sin ningún conocimiento nuclear pase a ser consejera del Consejo de seguridad nuclear, simplemente podía haber aprovechado el juntaletras y juntaenlaces que acaba de escribir para hacerlo, no hubiera pasado nada ya que se ha retrotraído a 1965, 2006, 2019, 2012. Ni Bono, ni Barreda, ni ahora Page se lo reprocharán.

    Tratamiento para el paciente: ………….. siga apostando por el mix energético de Podemos y tome nota de su periodismo creativo.

    En fin, ya hemos dado un poco de vidilla a los cuatro gatos que leemos esto. Nos seguimos viendo por Villar de Cañas.

    • Veo el nivelazo intelectual que se gasta: no entiende la diferencia entre una afirmación y una pregunta, que es un asunto de Primaria, como para entrar a debatir de periodismo, asunto del que presuntuosamente se piensa usted que entiende una barbaridad.
      En realidad, no tiene nada que aportar al debate del ATC ni contrarresta ningún argumento del artículo, que plantea no pocos asuntos abiertos a discusión. Como lo que aquí se dice no encaja con sus prejuicios, se lanza a desacreditar con estúpidas suposiciones que sólo tienen que ver con sus propios traumas socialistas… y a lo que se ve, también, con los de Podemos, una cuestión que, en cambio, a los demás nos importan un bledo.
      En cualquier caso, gracias por leer el blog. Con la suya ya van 204.943 vistas.

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