Disfraces de Precampaña

La consejera de Fomento, Marta García, durante su visita a la EDAR de Atieza. // Foto: www.gudaque.com

La consejera de Fomento, Marta García, durante su visita a la EDAR de Atieza. // Foto: http://www.gudaque.com

Por Marta Perruca

Tengo la sensación de que nuestros políticos lo estaban deseando. Llevan toda la legislatura apretándose el cinturón, llenándose la boca de números sólo para hablar de ahorro, austeridad y reducción del déficit y, si tocaba, de los datos de la EPA. Estoy convencida de que estaban esperando como agua de mayo esta recta final para soltarse la melena y salir como lobo en celo a cortar cintas inaugurales y a anunciar proyectos y obras millonarias a “tutiplén”.

Claro que no está la cosa para tirar cohetes, pero estoy segura de que han estado ahorrando como hormiguitas, durante todo este tiempo, para terminar rompiendo la hucha ahora, cuando les resulta más conveniente. En esta semana y en tan sólo dos días hemos tenido a una consejera anunciando nuevas depuradoras para los pueblos de nuestra provincia por valor de 7 millones de euros; al Ayuntamiento de Cabanillas del Campo haciendo lo propio sobre un centro acuático a todo tren, cuyo presupuesto superará los 3 millones de euros; al Ayuntamiento capitalino, que quiere convertir Guadalajara en una smart-city con una dotación que se acerca al millón de euros, eso sí, procedentes de fondos europeos, aunque el Consistorio tendrá que apoquinar con un 30 por ciento y es justo ahora cuando se aprueban los Planes Provinciales de Diputación que se llevan otros 3 millones de euros, por no hablar del mastodonte de la Ciudad del Transporte –ya nos habíamos olvidado de ella- que ahora, oportunamente, parece que comienza a andar.

A mí no se me escapa que éstas son cifras y proyectos más propios de otros tiempos en los que nos dedicamos a tirar la casa por la ventana como si no hubiera un mañana. Y es que pareciera que, una vez pasada la barrera del siglo XXI y después de vernos atrapados por la moneda única, estampar presupuestos de algunos miles de euros, como que sabía a poco. A menudo pienso que se nos olvidan las matemáticas y que tenemos que acordarnos de contar en pesetas para darnos cuenta de que 7 millones de euros equivalen a 1.162 millones de los de antes y 3 millones a 498 millones, y si los 992.852,69 euros de la smart-city de Guadalajara nos parecían las migajas de un proyecto que tiene un presupuesto general de 13 millones para varias ciudades, quizá nos cambie la cara al constatar que se trata de casi 165 millones de esas pesetas que dejaron de tintinear en nuestros bolsillos.

Claro, que los tiempos han cambiado y ahora sólo podemos vivir de la nostalgia de esos otros que ahora se divisan lejanos, en los que las administraciones tenían el gastar, por no decir derrochar, como imperativo categórico, porque las nuevas reglas que se habían impuesto en la economía  –decían los expertos- desechaban la posibilidad de una nueva crisis (menuda gilipollez, con perdón).

La prensa se me presentaba esta semana como una reminiscencia de los titulares que eran habituales entonces y  tengo que admitir que me ha sorprendido –quizá porque a veces soy así de impresionable-. Claro que, después de hacer la cuenta de la vieja, fui consciente de que, sin comerlo ni beberlo, nos hemos plantado en el mes de febrero, lo que quiere decir que nuestros políticos, tal y como establece la Ley de Régimen Electoral General, apenas tienen algo más de un mes para inaugurar sus obras y vender a bombo y platillo sus logros y proyectos.

Pero todos sabemos que ya no es lo que era. Las noticias siguen buscando la cifra y clamando las grandes inversiones y proyectos, pero hay que tener en cuenta que los 7 millones irán destinados a construir no una, sino ocho depuradoras en Atienza, Trijueque, Alcolea del Pinar, Espinosa de Henares, Jadraque, Mandayona, Anguita y Maranchón; que tal y como asegura el alcalde de Cabanillas del Campo, Jaime Celada, no saldrá ni un céntimo de euro del Ayuntamiento para la construcción del centro acuático, para lo que se pretende utilizar la fórmula de gestión público-privada empleada con éxito por el Consistorio guadalajareño para el mismo fin ( otra cosa será que existan empresas interesadas en concurrir al concurso); que los Planes Provinciales son todo un clásico en el  programa de inversiones de la Diputación y que el  proyecto de smart-city de Guadalajara viene financiado en un 70 por ciento por los fondos FEDER. Y si hablamos de la Ciudad del Transporte, se ha desbloqueado el último trámite para que empiecen a ejecutarse las obras, pero llevamos hablando de esta iniciativa desde hace ni se sabe y no me atrevería a poner la mano en el fuego porque llegue a materializarse.

Sí, yo también me he quedado patidifusa con eso de la smart-city. Menuda manía esta de emplear términos anglosajones para generar todo tipo de novismos. Parece como que queda más moderno y más chic, pero me parece una soberana estupidez. Es lo mismo que decir “ciudad inteligente” y así nos enteramos todos. Bueno, para ser sincera, a mí todo esto me sigue sonando a chino, porque a ver quién me sabe explicar qué es un “aparcamiento inteligente”, una “plataforma inteligente transversal” o una “lanzadera de aplicaciones”, que a veces parece que se habla para que nadie se entere ni del No-Do y que así parezca como algo sumamente sofisticado: alta tecnología para embarcarnos en la ciudad del siglo XXI. No digo que esta iniciativa no vaya a traer mejoras a la ciudad, pero me temo que al final esa Guadalajara del nuevo siglo se llenará de pantallas y sistemas informáticos, mientras en cada esquina seguiremos teniendo a nuestro mendigo de turno y a los rastreadores de contenedores en busca de comida, mientras se acrecientan las necesidades del Banco de Alimentos y se engrosan las colas en los comedores sociales.

“¡Ojalá vivas tiempos interesantes!” es una cita que se le suele atribuir a Confucio y que más que el deseo de una vida plena supone una maldición encubierta. Por suerte o por desgracia, nos ha tocado vivir tiempos interesantes y excepcionales y, de alguna manera, ahora nos afanamos en buscar un salvavidas, unas siglas en una papeleta con las que nos sintamos identificados,  una vez se han caído las máscaras y nos hemos encontrado con una faz mucho más desagradable de la que esperábamos. A tres meses vista de las elecciones, esa realidad se torna confusa y trepidante y vuelve a rescatar del viejo arcón el disfraz más propicio para la ocasión. Pero inevitablemente, llegará el final de esta carrera el 24 de mayo, cuando volvamos a acudir a las urnas, quién sabe si como los jueces que tienen el papel de elegir el mejor disfraz de Carnaval.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s