Un museo para Manu

Leguineche

Manu Leguineche, en su casa de Brihuega // Foto: EFE

Por Óscar Cuevas

Seguro que alguna vez se han fijado, al viajar en el Metro de Madrid, en esos carteles que recogen un fragmento de una obra literaria, y que nos sirven para entretener la mirada y el espíritu entre parada y parada. Pues bien: según desvelaba ayer el periodista alcarreño Pedro Aguilar en las redes sociales, pronto veremos también entre ellos un pasaje de El club de los faltos de cariño, el último y adorable libro publicado por Manuel Leguineche, que escribió íntegramente en su casa de Brihuega. Es una espléndida noticia.

Hace ahora poco más de un año que el corazón de Leguineche dejó de latir. Con su muerte se nos fue uno de los mejores periodistas españoles del último siglo, un alcarreño de adopción que quiso a Guadalajara como sólo se puede querer a una tierra cuando se descubre en ella tu “lugar en el mundo”. Y en virtud de ese amor, la defendió, la cultivó, y la sembró de amigos por los pueblos de la Alcarria.

Leguineche Felicidad de la Tierra

Manu, en Cañizar, el día en que presentó “La felicidad de la tierra”, en 1999 // Foto: Álvaro Nuño

Manu fue mucho para Guadalajara. Le dio a la tierra su amistad, bonhomia, artículos, reportajes… literatura en suma. Y un libro eterno, La felicidad de la tierra, que quedará para siempre como el mejor canto a un paisaje y un paisanaje que jamás se haya entonado en la Alcarria.

En 2008 la Asociación de la Prensa de Guadalajara entregó a Leguineche su premio de honor // Foto: APG

En 2008 la Asociación de la Prensa de Guadalajara entregó a Leguineche su premio de honor // Foto: APG

Guadalajara también le dio mucho a Manu. Sus gentes, amistad. Y sus instituciones, reconocimiento. En este sentido, podemos sentirnos colectivamente satisfechos. Con este vasco de Arrazua reconvertido en castellano de la Alcarria no nos pasó como, a veces, les sucede a los pueblos con sus hombres insignes: que esperan al deceso para reconocerles los méritos. Con Manu no ocurrió eso. “El jefe de La Tribu”, el gran maestro de periodistas, el hombre bueno, pudo percibir el amor recíproco de una comarca que le otorgó cariño y le dio “Su Peso en Miel”; de una provincia que le nombró Hijo Adoptivo. También el de una profesión, la suya, que en el ámbito local le concedió el premio de honor de nuestra Asociación de la Prensa. Hasta la Diputación Provincial creó un premio internacional de periodismo con su nombre (que la actual presidenta de la Diputación suprimió, pero que dice que va a recuperar, junto a una cátedra universitaria que ya veremos cuándo). Y se le dedicó, todo ello en vida, un formidable ciclo de homenaje, con una web, un vídeo y un libro que coordinó primorosamente el amigo Raúl Conde, seguramente el periodista alcarreño que más y mejor conoció al genio, junto al citado Aguilar y a Pepe García de la Torre.

Puestos a dar testimonio de gratitud en vida, hasta su segundo pueblo de adopción, Brihuega, le dedicó una plaza. La misma donde estaba su hogar. Una vivienda, la “Casa de los Gramáticos”, que es un monumento en sí misma. Por su porte señorial, porque en ella pasó Leguineche 20 productivos años, y porque dicen que también perteneció a Margarita de Pedroso, el amor platónico de Juan Ramón Jiménez. Por eso resulta un tanto triste ver que ahora está cerrada. Tan cerrada, que me consta que los hermanos de Leguineche la han puesto en venta, como también quieren desprenderse de la finca del “Tejar de La Mata”, donde también residió Manu cuando llegó a nosotros, en 1986.

Conde y Leguineche

Leguineche conversa con Raúl Conde durante el vídeo del ciclo “Guadalajara tiene quien le escriba”. Detrás, Aguilar, García de la Torre y Javier Reverte

Decía antes que Guadalajara supo reconocer en vida los méritos de Leguineche, pero no parece mucho pedir que, en su muerte, nuestra provincia quede también para siempre como la guardiana de su legado. Y temo que la venta a un particular de “los Gramáticos” haga que Brihuega y la Alcarria pierdan una ocasión de oro para establecer en ese lugar una casa-museo que se me antoja necesaria para preservar la memoria del maestro, y que daría a Brihuega un aliciente literario, generador de turismo, de riqueza y de dinamismo cultural. La casa-museo que el propio Juan Ramón tiene en Huelva es un perfecto espejo en el que mirarse.

Dicho lo anterior, también sé que la familia del escritor está dispuesta a llegar a acuerdos y a facilitar que este propósito que comento sea una realidad. Incluso tengo entendido que la alcaldesa, Adela de la Torre, ve la idea con buenos ojos. Pero, evidentemente, el precario Ayuntamiento de Brihuega no tiene disponibilidad económica para desarrollar semejante proyecto. Necesitaría unos apoyos que, hasta ahora, no han aparecido.

Casa de los Gramáticos

Vista de la Casa de los Gramáticos // Google Maps

Llegados a este punto, le tocaría a la Junta de Comunidades mover ficha. Quizá también con la ayuda de algún mecenas privado, impulsando una fundación que desarrolle la idea. En otras provincias, y a pesar de la crisis, el Gobierno de Cospedal sí ha sido capaz de preparar un buen año dedicado al Greco, de hacer lo propio con el cuarto centenario de la segunda parte del Quijote, de organizar una macro cumbre sobre el vino manchego, o de construir un Museo del Vino. Y no parece mucho pedir que una parte de esos presupuestos se dedique a un proyecto como la casa-museo de Leguineche.

Se trata de hacer alguna pequeña obra de acondicionamiento, de “museizar” la estancia con paneles interpretativos de una vida y una obra, de recopilar y catalogar un buen fondo bibliográfico y de hemeroteca, de recopilar y proyectar en alguna estancia sus trabajos para televisión… Y sobre todo, de impulsar ciclos culturales y formativos entorno a la figura de Leguineche, el reporterismo y el periodismo de viajes, que tanto y tan bien cultivó. ¿Que por las vicisitudes presupuestarias hay que esperar unos años a que todo sea realidad? Es posible, pero tampoco hay prisa. Sin ir más lejos, Buero Vallejo se murió hace 15 años, y aquí seguimos en la capital, pasando la aguja sin hilo, en un ignominioso olvido que debería removernos.  Con Manu pido, al menos, que en el camino no perdamos la ocasión.

Leguineche

Leguineche, el día que recibió la Medalla al Mérito Constitucional // Álvaro Nuño

La figura humana de Leguineche fue tan grande, y su talla periodística tan gigantesca, que nadie entendería una negativa de tintes sectarios. Quien dejó escritos algunos de los mejores reportajes del periodismo moderno, quien ganó los más prestigiosos premios profesionales (Nacional de Periodismo, Pluma de Oro, Cirilo Rodríguez, Godó, Camba, Ortega y Gasset…) merece el esfuerzo de todos para que su figura se quede para siempre, también físicamente, entre nosotros. Porque pudiera suceder que, si no estamos ágiles, algún político con más perspicacia que los nuestros nos arrebate el sueño, lo instale en Arrazua, y nos gane la partida sin llevar pares ni juego. Habiendo sido Manu tan bueno cazando faroles al mus, no podemos permitírnoslo.

De momento, en el Metro de Madrid parece que lo van entendiendo. Esperemos que en el siguiente trasbordo, la inspiración llegue a Fuensalida. Agarrémonos pues a otro Manu -Chao- para pensar que la próxima estación puede ser la de la esperanza.

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