Barreras para Rafa

Una empinada escalera impide a Rafa salir a la calle.//Foto: Ana María Ruiz

Una empinada escalera impide a Rafa salir a la calle.//Foto: Ana María Ruiz

Por Ana María Ruiz

En demasiadas ocasiones, los periodistas pecamos precisamente de lo que criticamos en los políticos: no estamos a pie de calle. Hablamos de las grandes noticias y proyectos, nos fijamos en las cifras llenas de ceros, damos caña a los mandamases de más alto nivel, nos miramos el ombligo repitiendo hasta el aburrimiento lo mal que está nuestro sector, informamos del paro, de la crisis, de los partidos emergentes, de las encuestas, pero olvidamos que la mayoría de los receptores de nuestras informaciones son ciudadanos anónimos, a los que creo que deberíamos dar más cancha. Por eso hoy quiero que el protagonista de mi artículo sea mi vecino Rafa.

Rafa es un hombre mayor, muy mayor. En los años 60 emigró a Alemania en busca de una vida mejor y allí permaneció durante muchos años trabajando duramente para sacar a su familia adelante. Cuando sus hijos crecieron y se independizaron quiso regresar a España, a su país natal, para disfrutar de su vida de jubilado junto a Carmen, su mujer. Dicharachero y activo hasta decir basta, pasaba sus días entre el baile y las partidas de cartas en el Centro de Día de la Rosaleda y las excursiones por toda España al volante de su viejo Mercedes.

Rafa ha tenido mala suerte y los años le han pasado factura. Su salud se ha resentido de tal forma que, a día de hoy, está postrado en una silla de ruedas. Pero quiere seguir saliendo a esa calle que tanto le gusta, a jugar sus partidas con sus amigos y a pasear con Carmen por el barrio. Sin embargo, no puede. Desde hace dos o tres semanas se ve obligado a quedarse recluido en su casa, lo que le ha provocado una enorme tristeza que no ayuda en nada a la recuperación de su delicada salud. El problema: el edificio donde vive no es accesible y unas empinadas escaleras le suponen una barrera infranqueable que no puede salvar porque Carmen también anda con achaques y le es imposible cargar con el peso de la silla. La solución: hacer que el ascensor llegue hasta el garaje, desde donde los dos podría salir cómodamente a disfrutar del aire libre.

La comunidad de propietarios ha decidido llevar a cabo estas obras, que les puedo asegurar son caras, muy caras. Pero muchos vecinos no pueden hacer frente al desembolso de una derrama porque la crisis ha hecho mella en varias familias del portal. La única posibilidad de acometer los trabajos es solicitar una subvención pública, más que justificada por la edad y la situación de invalidez de Rafa y porque además, la Ley de Propiedad Horizontal obliga a las comunidades a eliminar las barreras arquitectónicas.

Sin embargo, la realidad ha dado al traste con este proyecto. En la actualidad no existe en Castilla-La Mancha ninguna ayuda pública para la mejora de la accesibilidad de las viviendas. Sí, así como suena. Ninguna. Según nos informan desde la Delegación de Fomento y desde el servicio de Vivienda se están priorizando las ayudas para ahorro y eficiencia energética a las de accesibilidad. “Estamos esperando que se convoque algún tipo de ayuda, pero con los recortes las sacarán cuando haya dinero para ello o más bien cuando les interese”. Recojo aquí las palabras textuales de un trabajador de Fomento, que añadía que “hasta 2012 estas ayudas podían solicitarse en cualquier momento pero desde ese año no hay nada de nada”.

Y todo ello a pesar de que Castilla-La Mancha cuenta desde 1994 con una Ley de Accesibilidad que fue pionera y ejemplar para el resto del país en materia de eliminación de barreras; de que la Ley de Solidaridad de la que tanto presume Cospedal asegura que “la accesibilidad al entorno físico y social” es uno de los principios rectores para garantizar la igualdad de oportunidades y facilitar la vida a las personas con movilidad reducida, y a pesar de que el Plan de Vivienda 2012-2016 contempla como objetivo fundamental “garantizar el derecho constitucional a una vivienda digna y adecuada….. y a la accesibilidad de los inmuebles para mejorar la calidad de vida de las personas que los habitan”.

No puedo dejar de indignarme cuando escucho a los responsables del Gobierno regional llenarse la boca con discursos grandilocuentes en los que aseguran que las personas con movilidad reducida y los mayores son una de sus prioridades. La realidad es tozuda y se empeña cada día en demostrar que los políticos de turno mienten. Y sus mentiras son las que levantan unas barreras que son incluso más crueles que las físicas: las de la indiferencia y la falta de sensibilidad hacia los colectivos más desfavorecidos.

Tal y como está el panorama, me temo que mi vecino Rafa va a tardar mucho tiempo en volver a salir a la calle de forma autónoma. Sólo espero que para cuando se quieran adoptar medidas no sea demasiado tarde. Porque tiene la mala suerte de vivir en una Comunidad Autónoma en la que los toros parecen merecer más respeto que los dependientes y discapacitados, en la que muchas personas fallecen cada año sin haber recibido la ayuda a la que tenían derecho como beneficiarias de la Ley de la Dependencia y en la que otras muchas se ven obligadas a malvivir por falta de recursos mientras sus representantes políticos se llenan los bolsillos con sus salarios de infarto. ¡¡¡Viva el vino!!!

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