La reminiscencia del Parador de Molina

La presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores Cospedal, junto al ministro de Industria, energía y Turismo, José Manuel Soria , la presidente provincial, Ana Guarinos y el alcalde de Molina, Jesús Herranz. // Foto: www.castillalamancha.e

La presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores Cospedal, junto al ministro de Industria, energía y Turismo, José Manuel Soria , la presidente provincial, Ana Guarinos y el alcalde de Molina, Jesús Herranz. // Foto: http://www.castillalamancha.e

Por Marta Perruca

Me lo había prometido y, sin embargo, ya iba camino de año y medio desde que mi sobrino volvió de la India y había dejado pasar de largo el verano, el puente de la Inmaculada y la Navidad sin prodigarse por esta tierra que le vio nacer y sin dignarse a venir a ver a su tía preferida. Estaba a punto de apropiarme del dicho “si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma” y escaparme unos días a Málaga, donde vive desde que mi hermana y mi cuñado decidieran ponerse el mundo por montera y marcharse allí a buscarse la vida, cuando yo tenía seis años. Entonces, recibí aquella llamada de teléfono en la que me anunciaba que venía a Molina un par de días con su novia, pero antes, habían decidido pasar por Sigüenza, porque a pesar de estar a tiro de piedra, todavía no había tenido la oportunidad de conocer esta preciosa ciudad medieval. No lo pensé dos veces. Reservé habitación en el mismo hotel y puse rumbo a Sigüenza  para apurar esos pocos días en los que mi sobrino, con el que sólo me llevo tres años y con el comparto una infancia en la que solíamos ser uña y carne, se decidía a cumplir una promesa que ya se advertía lejana.

Sigüenza es una localidad que conozco bien, pero lo cierto es que siempre que he estado allí ha sido por motivos de trabajo y nunca había tenido la oportunidad de pasear por sus calles sin prisa, dejando que el objetivo de la cámara se pierda por los detalles de sus calles, plazas, puertas y fachadas. Decidí adelantarme a mi sobrino, que llegaba a la hora de comer, y aprovechar la mañana para deambular tranquilamente por sus calles y perderme en los juegos de luces de su la catedral, sin ahogarme en el reloj.

Pasear por Sigüenza para una molinesa como yo, no sólo es recorrer sus angostas calles medievales empapadas de historia. En cierto sentido, también es un ejercicio de reminiscencia porque, sin pretenderlo, recuerdo una Molina de Aragón ideal sepultada en el interior de un reloj de arena o quizá perdida en las autopistas de una extraña dimensión paralela.

Y allí estaba yo, paseando por aquellas calles que no son muy distintas a las de mi ciudad pero que, mientras en Sigüenza están salpicadas de pequeños y coquetos comercios tradicionales y establecimientos hosteleros con una clara orientación al turismo, en Molina parece que hasta los fantasmas se esconden detrás de sus puertas cerradas a cal y canto, mientras los comercios y servicios se extienden a lo largo del Paseo de los Adarves, como parte de una concepción menos turística, pero más pragmática para sus vecinos.

Imagen nocturna del Parador de Turismo de Sigüenza. // Foto: M.P.

Imagen nocturna del Parador de Turismo de Sigüenza. // Foto: M.P.

Y es que no hay que olvidar que ambos emplazamientos se disputaron la construcción del Parador Nacional durante los últimos estertores de la década de los 60. La memoria es caprichosa y hay quien dice que el entonces ministro de Información, Propaganda y Turismo, Manuel Fraga, y sus hombres, encontraron mejor predisposición en los gobiernos locales seguntinos y las ruinas de un antiguo castillo prácticamente reducido a escombros durante la Guerra Civil, como más convenientes para tal infraestructura que el Castillo-Alcázar de Molina de Aragón, pero lo cierto es que en aquella época los molineses vieron como aquel tren pasaba de largo, mientras su futuro viajaba dentro hacia una realidad paralela, que a veces recordamos por reminiscencia.

El Parador de Turismo resultó ser un auténtico revulsivo para el sector turístico de Sigüenza y trazó la hoja de ruta para que esta ciudad se convirtiera en el principal destino de la provincia.

El monstruoso incendió de 2005, que arrasó más de 13.000 hectáreas de monte y costó la vida a 11 trabajadores de un retén, nos brindaba la promesa de saldar esa vieja deuda con nuestra historia. Entonces se comenzaron a barajar ubicaciones bajo la premisa de otro Parador-Monumento como el de Sigüenza, una posibilidad que enseguida quedó descartada porque la ubicación y estructura del castillo-alcázar no ofrece las mejores garantías y una obra de esas características no haría otra cosa que desmerecer el legado histórico y la belleza natural de esta fortificación medieval. La inmensa mayoría de los molineses se mostraba de acuerdo en que  una obra de este calibre debería servir para recuperar y conservar alguno de los muchos edificios históricos de esta ciudad, algunos de los cuales, amenazan ruina. Personalmente,  me habría gustado que se construyera en la antigua Casa del Concejo, muy cercana al castillo y adosada a uno de los cintos de la muralla que rodeaba la ciudad, lo que habría sido una buena oportunidad para recuperar una de las antiguas puertas de su trazado medieval, que ya no está en pie, pero nos vendieron la moto de un edificio moderno, de nueva construcción, ya no en el castillo, pero sí con vistas al mismo, en el paraje conocido como las Piedras de Santa Librada. Una imponente infraestructura con 80 habitaciones, spá y piscina cubierta. En Molina de Aragón lo de la piscina cubierta tiene una connotación especial, porque se trata de una instalación que sus habitantes vienen reclamando desde hace décadas y una promesa electoral que todos los partidos políticos contemplan en sus programas electorales desde tiempos históricos, aun a sabiendas de que no la van a cumplir.

La primera piedra de Barreda, antes de las elecciones de 2011. // Foto: www.eldigital.es

La primera piedra de Barreda, antes de las elecciones de 2011. // Foto: http://www.eldigital.es

La historia ya la conocemos bien, porque sin duda ha sido la tomadura de pelo más flagrante que hemos sufrido los molineses. Presentaciones de proyecto, costosas maquetas y parafernalias varias  para llegar a la precampaña con un solemne acto de puesta de primera piedra en el que no faltaron consejeros, el entonces presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda e incluso un secretario de Estado, Joan Mesquida. También llegaron las máquinas a remover la tierra de un Parador hecho de nada, que debería haber estado terminado en 2011.

Ramón Aguirre -que en su etapa de diputado nacional por el PP se erigió como férreo defensor del proyecto, criticando los continuos atrasos de las obras y su utilización electoralista por parte del PSOE– en sus dimes y diretes, ya como presidente de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), llegó a asegurar que las obras se iniciarían en la segunda mitad de 2012 y que estarían terminadas en 2014, porque la SEPI ya contaba con recursos económicos disponibles en sus presupuestos, gracias a la concesión de un crédito  ICO, eso sí, por aquel entonces las 80 habitaciones ya se habían reducido a 60.

Sin comerlo, ni beberlo, el año 2012 llegó a su fin sin atisbo de Parador y entonces resultó que el proyecto, que ya había perdido 20 habitaciones por el camino, estaba sobredimensionado y había que ajustarlo a la realidad de esta comarca. Para justificar los recortes se llegó a  rescatar del baúl de la memoria el fracasado proyecto de la Subalterna, un modelo de negocio que nada tiene que ver con el que plantea la Red de Paradores de Turismo de España, salvo que en este caso la Junta de Comunidades sí que recuperó un antiguo palacio, pero los estándares de calidad que requerían sus tres estrellas y el reducido número de habitaciones, que imposibilitaban hacer un mayor volumen de caja en temporada alta, resultaron ser ruinosos para las empresas que se aventuraron a hacerse cargo de él.

Curiosamente, la promesa del Parador resurge de sus cenizas justo cuando se aproximan nuevas citas electorales y los políticos de ahora regresaban el pasado lunes a hacerse la foto en los terrenos, esta vez con ministro y todo. La presidenta regional, María Dolores Cospedal, en un momento de lucidez, señaló que no venía a poner ninguna primera piedra, porque “hemos tenido ceremonias de primeras piedras y presidentes del Gobierno visitando los terrenos” y “eso sería un insulto para los ciudadanos de Molina”.  A mí me pareció de las pocas cosas sensatas que se pueden decir respecto a la evolución de este proyecto, porque a nadie se le escapa, que tal y como ha denunciado  La Otra Guadalajara en incontables ocasiones,  el nuevo Parador que se presentaba, esta vez con 22 habitaciones,  ha visto reducidos en un 75 por ciento sus prestaciones y servicios, pero su presupuesto no ha disminuido en la misma proporción.

Tampoco me deja de parecer curioso que este movimiento ciudadano que resultaba tan simpático cuando atacaba al Gobierno de Barreda por los incumplimientos en los puntos de su Plan Integral y los retrasos del Parador, ahora resulte subversivo y sospechoso de no sé muy bien qué, cuando hace lo propio con el de Cospedal.

Molina de Aragón perdió su tren cuando los años 60 llegaban a su fin y hubo quien señaló a la localidad como un lugar propicio para levantar un Parador Nacional, pero a lo largo de las décadas que vinieron después se apostó por un modelo de desarrollo basado en el Parque Natural del Alto Tajo, primero, y el Geoparque de la Comarca de Molina-Alto Tajo, después, que han puesto de manifiesto el potencial que tiene esta comarca como destino turístico de naturaleza y el interés que despierta entre la comunidad científica para la celebración de congresos y eventos de diversa índole, con tan sólo un hándicap: sus carencias en cuanto a infraestructuras. Argumentar la “mutilación” del proyecto bajo la excusa de que el antiguo sobrepasaba las necesidades de este territorio demuestra una completa falta de perspectiva, pero también de interés.

El Parador que se construyó en Sigüenza también pudo haberse entendido en su época como una obra sobredimensionada para la realidad de la zona a finales de los 70 y, sin embargo, asentó las bases de un desarrollo turístico inimaginable entonces.

Disfrutábamos de un café bien caliente en la coqueta cafetería del castillo seguntino, que nos supo a gloria, después del chaparrón invernal que nos había caído encima, mientras que discutíamos sobre el modelo de negocio de la Red de Paradores de Turismo de España y el proyecto molinés se coló, inevitablemente, en la conversación. Yo le decía entonces a mi sobrino que la palabra Parador despertaba ya cierto hastío entre los molineses y que llegado este momento y, a pesar de los recortes, sólo deseaba que se construyera, porque mejor era eso que nada. Sin embargo, ahora tengo la sensación de que, de nuevo, estamos metiendo nuestro futuro en el vagón de un tren en el que viajará secuestrado por alguna extraña dimensión, que seguiremos recordando por reminiscencia.

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8 pensamientos en “La reminiscencia del Parador de Molina

  1. Con el tema Parador para los que no somos molineses ni de su comarca, pero no somos ajenos a esa parte de la provincia o de la “otra” provincia, hay ciertos lugares comunes que son casi mesiánicos y que quizás estén sobre-dimensionados; más allá de repetir, reiterar y recontar los devaneos preinaugurativos que forman más parte de un sainete que de algo serio, la clave está en dos puntos: influencia real de la infraestructura sobre la economía de la zona y modelo turístico.

    Llama la atención que brillen por su ausencia en las argumentaciones estudios serios sobre la incidencia primero de un parador, luego sobre que tipo de parador o sobre una implementación de recursos progresiva.

    Que la zona de Molina sufre de unos dramas que nos llevan a sensibilizarnos con su especial promoción y ofrecer alternativas, es algo compartido; pero una vez que hay consenso sobre dinamizar la zona, el qué, cómo y cuándo tiene su aquel.

    Hemos criticado la España de los aeropuertos sin sentido, obras fastuosas que inicialmente nadie objeta pero luego todos aborrecen… una España que ahora no nos podemos permitir.

    Que 80 es mejor número que 22 es obvio, pero también lo eran las cifras del areopuerto de ciudad real o las butacas de muchos auditorios o los kilómetros de las radiales… y muchas veces más no es mejor; pero vamos que me declaro ignorante en la materia, pero tampoco sin datos con fuerza para prejuzgar mala una elección como se está haciendo. Un parador vacio y cerrado por inviable si que sería la puntilla moral a la zona.

    Donde ya no me declaro tan ignorante es en el tema piscina cubierta, ahi la autora trae un sentir popular: algo muy demandado; en este punto yo me pierdo, parece más el parador una carta a los reyes magos que un proyecto serio de dinamización. Primero porque se sobreentiende que sería una infraestructura de la instalación hotelera y no centro mixto (dudo yo que alguien pague 100 euros por alojarse en una instalación que comparta con clases de aquagym o escolares aprendiendo a nadar). En localidades como Azuqueca y Marchamalo las instalaciones no son viables del todo con miles de usuarios… poner una piscina cubierta pública en Molina suena a despilfarro poco operativo de cara a la atracción del turismo e imposible de mantener, por muy chulo que sea.

    Más allá de una reflexión de tarde de verano, Sigüenza y Molina han tenido y tienen realidades distintas, ni el Parador fue la clave de bóveda del desarrollo, ni para Molina será la solución a muchos problemas; la comparación de ambas comarcas sería muy interesante pero con más profundidad y distancia.

    El parador no es un centro social o un servicio de bienestar que lo logras para disfrutar, es un eje de apoyo a un desarrollo local que debe de florecer al margen de él; Molina vive dentro de una partitura de queja, triste y de reivindicación continua; pero una vez armado el parador versión mini, al turista hay que ofrecerle un destino que no gestiona la empresa paradores, hay que vertebrar una identidad turística diferenciada del resto y que se debe macerar desde allí.

    Pero bueno, el Parador ha sido excusa de esa crónica provincial escrita por bandos, por asociaciones, por influencias… una vez hecho, tocará analizar si la declaración de Geoparque y la inversión estatal con el Parador daban cobertura a un plan bien trazado para poner en valor a la responsabilidad de los propios molineses, esa que no se puede meter en ningún tren ni ninguna otra dimensión, esa que no obvió Sigüenza ni se debe nunca esconder debajo de ninguna capa.

    • Totalmente de Acuerdo con Angel.
      Sobre la piscina cubierta he de decir que en Tartanedo, un pueblo a 32 Km. de Molina, hay una que estan pensando en tenerla solo abierta los fines de semana. Tanta afición a la natación no hay.
      Hablando con el concejal de turismo, me dijo que un estudio de quienes tienen experiencia y poseen datos daba como resultado que nunca hubiesen estado llenas las 80 habitaciones. Además, el mantenimiento de los servicios hubiese sido muy caro.
      Con las 22 que habrá ahora y menos servicios lúdicos, el gasto se reduce notablemente.
      Los de la plataforma La Otra Guadalajara le llaman ahora no parador sino casa rural. El día de la visita de la presidenta y el ministro hubo molineses pitándoles. Pan para hoy … dicen. En las redes de su entorno, criticar esas pitadas significa la hoguera.
      El edificio, que se comenta será de estilo sobrio haciendo juego con el entorno en lugar del futurista primitivo, mirará al Castillo.
      En fin, no será la panacea, pero pero si logran que haya visitantes, algo habrá ganado Molina.

    • De lo más lúcido y acertado que he leído sobre el tema el comentario de Ángel. Y es posible que el hecho de no ser de la zona y ver el asunto desde esa perspectiva que da la distancia, haga más fácil separar el grano de la paja. El tema del parador, según lo manejan algunos, me recuerda a la comedia de Paco Martínez Soria “el turismo es un gran invento”. Claro, que aquello era una comedia y ésto es la vida real, aunque algunos no se enteren.

  2. En primer lugar, me gustaría aclarar que nunca he creído que una piscina cubierta en Molina de Aragón pudiera ser rentable. El comentario en este artículo era una mera anécdota, porque me parece curioso que en cada campaña electoral todos los grupos políticos concurran a las elecciones con la mencionada promesa en sus programas electorales a sabiendas de que no la van a cumplir. Respecto a la piscina cubierta del Parador, en Molina se comentaba que se iban a fijar tarifas y abonos especiales para que los vecinos de la comarca pudiera utilizar sus instalaciones, pero vamos, no deja de ser otra anécdota.
    Este artículo no pretende ser más que el fruto de una reflexión que se me vino a la cabeza, cierta mañana, mientras paseaba por las calles de Sigüenza y no creo que me corresponda a mí hacer un análisis riguroso de la rentabilidad de la Red de Paradores de Turismo de España y de sus distintos modelos de hoteles, al menos en este artículo. Creo que ese es precisamente el cometido de nuestros gestores, que deberían haber realizado el estudio económico oportuno antes de lanzar promesas y presentar proyectos.
    No obstante, me parece bastante significativo que la Subalterna, con sus 15 habitaciones, terminara siendo un negocio ruinoso a consecuencia de los requerimientos de sus tres estrellas y el escaso número de habitaciones que terminaron por estrangular las ganancias en temporada alta, y pretendan que un Parador con unos estándares de calidad que, a priori, parecen superiores, con sauna y spá incluidos y sólo 7 habitaciones más, de las cuales algunas son suits, sí lo sea. A lo mejor 80 eran demasiadas, pero con 22, tal y como se comenta por aquí, ni siquiera se aloja a un autobús. También me parece bastante esclarecedor que uno de los establecimientos hosteleros de la comarca que mejor funcionan tenga en torno a 50 habitaciones y unos estándares de calidad un poco más altos que la media.
    Lo que realmente me llama la atención es que, asegurando que había disponibilidad presupuestaria para ejecutar las obras, anunciadas para el segundo semestre de 2012, manifiesten poco después que el proyecto estaba sobredimensionado y no se ajustaba a las necesidades de la zona. A mí no me suena caso alguno en el que el presidente de una comunidad autónoma, al que se le ha concedido un proyecto de unas determinadas dimensiones, salga a la palestra para afirmar que hay que redactar un nuevo proyecto más ajustado, porque el existente es demasiado para su comunidad. Si atendemos a la situación económica tampoco me parece la decisión más acertada, porque los proyectos arquitectónicos son bastante caros.
    Estoy de acuerdo en que el Parador no es la panecea, pero sí que creo que una infraestructura de estas características habría dinamizado el turismo de la ciudad y, de haberse construido en su momento, las calles del casco histórico molinés lucirían ahora muy distintas.
    Por lo demás y, desde mi punto de vista, creo que tanto en esta comarca, como en el resto de la provincia, no pecamos, precisamente, de vanidosos, sino más bien, arrastramos un problema de autoestima. Difícilmente podremos hacer del turismo nuestro motor de desarrollo si no creemos en ello.

    Muchas gracias por vuestro comentario.

    Marta Perruca

    • El tema piscina Marta no lo trata como una mera anécdota, lo define como “connotación especial”, quizás su argumentación se base solo en comentarios parciales como afirma en su respuesta, pero más allá del rigor en la constatación de esa parte del proyecto, muestra como al final el Parador no se perfilaba con los trazos finos de informes y análisis serios al menos en ese tema.

      Creo que abordar el tema de si son mejores 200, 80 22 o 10 habitaciones exigen un análisis, con mayor o menor rigor, máxime cuando el tema lleva dando vuelta tantos años y la clase periodística ya se ha sacado el master en la materia; los gestores han presentado su propuesta técnica y de ella responderán, pero el análisis del ahora es responsabilidad de los periodistas y la sociedad civil.

      En parte en su respuesta lo inicia, aunque de forma muy inicial y sin gran recorrido, aunque debo decir que nunca vi el turismo de paradores de autobuses sino de otro tipo de vehículos, pero soy lego en la materia; además que imagino una ampliación no será imposible se la realidad es tozuda.

      Desde luego que nadie dirá que cuanto antes se hubiera hecho hubiese sido mejor, en eso Marta recurre a algo obvio, pero desde Madrid las cosas se analizan de otra forma, hay mas opciones y si costó con varios gobiernos sería por algo.

      En su respuesta entra en valoraciones políticas que no hizo en el artículo mostrando una crítica ante los gestores autonómicos, creo que el parador no es un proyecto como lo define tipo fondos feder que una cruel gobernante ha rechazado en beneficio de otras zonas, creo que se va a construir una instalación propiedad de una empresa pública, que su viabilidad nos implica a todos no solo a los molineses.

      Creo que todo parte de una filosofía equivocada, nos dan o nos quitan, si entendemos esto como un dinero que consigue tal político para la zona se están confundiendo; será la empesa que lo monta la que valorará si es mejor 22 o 32 o 42 para hacerlo viable, en parte porque no será la comarca sino todos los españoles quienes asumiremos las pérdidas.

      No niego que desde la zona puedan y deban ahora analizar y valorar todos los datos, pero no caer en nos iban a dar más dinero, porque esto no es una simulación de un plan E.

      En una obra de la importancia del Parador que sea recordada su presentación por pitidos cargados de politiqueo de baja altura, por mofas cambiándole el nombre por su dimensión y espíritu de fracaso por no haber recibido los fondos que son merecidos muestran más bien la promoción contraria que necesita la comarca y no entender lo que implica el Parador.

      No tengo argumentos para pensar que un Parador mayor hubiera sido mejor solución, que el que se va a construir no responda a las necesidades reales, que su emplazamiento y estética no sean idoneos y que dentro de muchos años se valoren los cambios decididos, pero quizás este equivocado.

  3. Marta,no pierdo la ocasión de leer tus artículos cuando llegan a mis manos y siempre pienso lo mismo de ellos :están escritos con cariño hacia nuestra tierra y de manera entrañable.Continúa así ,Marta, todos te lo agradeceremos!!!

  4. Otro fiasco para Molina-
    Con un parador de 20 habitaciones el desarrollo turístico no va a tener ningún impulso, Será otro fracaso como La Subalterna. Y Molina cada día con menos habitantes y mas despoblación. Que podemos hacer? ¡ Lamentarnos!!!!

  5. Leo el comentario de Marta y lo veo muy bien planteado y muy cargado de ilusión y buenos deseos para Molina. Su análisis de la situación y proyecto actual parece muy estudiado y factible. Pero, no sé, hay algo de soñador y que falla por algún lado que, en un análisis rápido, no sé explicar.
    Me ha gustado mucho, al leerlo, el escrito de Ángel, muy con los pies en la tierra.
    Molina necesita algo más que un Parador o una autovía como bandera de iniciativa para salir de este estancamiento actual.
    El reto está ahí, atraer población fija con algún tipo de industria de calidad y no únicamente recolectora de subvenciones.

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