Menores acosadas

Los hechos tuvieron lugar en el IES Luis de Lucena de la capital.//Foto: foroactivo.com

Los hechos tuvieron lugar en el IES Luis de Lucena de la capital.//Foto: foroactivo.com

Por Ana María Ruiz

La Policía Nacional detuvo la pasada semana en Guadalajara a un joven de 19 años por once presuntos delitos de abusos sexuales cometidos contra otras tantas niñas de entre 12 y 13 años que acudían a estudiar a su mismo instituto: el Luis de Lucena, ubicado en el barrio de La Estación de la capital. Valiéndose de su edad, este individuo aprovechaba presuntamente los recreos para practicar tocamientos de carácter sexual a las menores en contra de su voluntad. Tras asistir a una de las charlas que impartieron varios agentes del CNP dentro del Plan Director para la Convivencia y Seguridad en los Centros Educativos, las víctimas decidieron poner los hechos en conocimiento de la directora del centro, quien los trasladó la Policía. Las investigaciones que han culminado con la detención comenzaron el pasado mes de febrero, constatándose además que el joven tenía antecedentes por hechos similares.

Soy madre de una preadolescente de 12 años que este curso ha comenzado su etapa de Secundaria en el instituto y les puedo jurar que se me revuelve el estómago con tan sólo pensar que un malnacido le pueda poner la mano encima a mi hija. No quiero reproducir lo que se me pasa por la cabeza y lo que yo le haría a este “presunto” si me dejasen cinco minutos con él a solas porque probablemente la detenida sería yo.

Pero lo que más me hierve la sangre es pensar que las autoridades de esta provincia no han hecho todo lo posible por evitar la agresión sexual a las once menores del Luis de Lucena, que por otra parte han demostrado una gran valentía frente al cobarde que abusó de ellas. Y es que me pregunto cómo es posible que se haya permitido convivir al acosador con sus potenciales víctimas. Es como meter a un lobo en un corral de indefensas ovejas. Acechando para buscar el momento perfecto en el que atacar. Si este individuo tenía antecedentes por hechos similares, ¿por qué no era objeto de una estrecha vigilancia por parte de la Policía? ¿por qué no se tomaron medidas preventivas por parte del centro educativo?¿cuánto tiempo estuvo este enfermo sexual acosando y abusando? ¿ha habido más víctimas? ¿pueden los padres de éste y de otros centros educativos de la capital y la provincia estar tranquilos? ¿qué medidas se han adoptado o se va a adoptar para evitar casos parecidos?

Imagen de una de las charlas que imparte la Policía Nacional en los centros educativos.//Foto: Policía Nacional

Imagen de una de las charlas que imparte la Policía Nacional en los centros educativos.//Foto: Policía Nacional

Lamentablemente, todas estas preguntas se han quedado sin respuesta. Éste suceso, que ha vuelto a colocar a Guadalajara en las páginas de los diarios nacionales, parece haber sido un mal sueño de un día para nuestras autoridades, para los encargados de velar por nuestra seguridad. Ante un hecho que crea tanta alarma, lo lógico hubiese sido que el subdelegado del Gobierno, Juan Pablo Sánchez, hubiese comparecido ante los medios de comunicación para trasladar tranquilidad a la opinión pública y, sobre todo, apoyar a las víctimas y recordar la importancia de denunciar cualquier abuso, especialmente en el ámbito escolar. Lejos de ello, la Subdelegación del Gobierno ha decidido que lo mejor era despachar el asunto con una nota de prensa. Así el señor Juan Pablo ha evitado que los periodistas realizaran preguntas incómodas respecto a temas que afectan a la seguridad ciudadana como el incremento de sustracciones de material en el ámbito rural, el aumento de los robos con fuerza en domicilios y los delitos relacionados con daños o el hecho de que Guadalajara sea la segunda provincia de la región con la tasa de criminalidad más alta, sólo después de Toledo. Y, tal vez, a don Juan Pablo no le conviene que se le alborote el gallinero a las puertas de las elecciones.

“Aquí no pasa nada”. En temas de seguridad ha sido norma habitual en Guadalajara, con gobiernos de todos los signos políticos, silenciar aquellos sucesos que puedan trasladar sensación de inseguridad. Los máximos responsables políticos de la Policía Nacional y la Guardia Civil tienen la mala costumbre de informar básicamente de los logros policiales, de las investigaciones resueltas, de los delitos esclarecidos, de las detenciones, pero les gusta poco que determinadas cuestiones salgan a la luz. No les interesa que sus administrados crean que habitan en una provincia insegura. Se olvidan estos señores y señoras que la desinformación lo que genera es, precisamente, más sensación de inseguridad. Porque ante una información inexistente o una información sesgada entra en juego lo que yo llamo el “patio de vecinas” en el que cada uno interpreta los hechos a su manera, a cuál más adornada, dando como resultado una imagen totalmente distorsionada de la realidad.

En el caso concreto de las menores agredidas en la capital, han llegado a mis oídos versiones para todos los gustos. Se empezó por silenciar el nombre del instituto donde ocurrieron los hechos. Alegarán los responsables de la Subdelegación que ha sido para preservar la intimidad de las niñas. Les puedo asegurar que desde el minuto cero, en los círculos de estudiantes, padres, madres y resto de la comunidad educativa, el nombre del centro corría como la pólvora. También he llegado a escuchar que el acosador “seguramente sería extranjero” (con las connotaciones racistas que conlleva), que las niñas “han sido unas exageradas” o que “no ha sido para tanto” (este último comentario me sorprendió especialmente porque salió de la boca de una de sus compañeras del instituto) y así hasta cinco versiones distintas en las que las víctimas se han convertido casi en culpables. Esto se hubiera evitado con una comparecencia seria, con información rigurosa y tranquilizadora.

Juan Pablo Sánchez, subdelegado del Gobierno en Guadalajara.//Foto:elheraldodelhenares.es

Juan Pablo Sánchez, subdelegado del Gobierno en Guadalajara.//Foto:elheraldodelhenares.es

Guadalajara no es una provincia insegura. A pesar de la cercanía a Madrid y del aumento de los robos debido a la crisis, se mantiene bastante por debajo de la media nacional en tasa de criminalidad (35% frente al 46,1% del resto del país). Según los datos del Ministerio del Interior, en 2014 se produjo un ligero descenso en el número de delitos, con 9.382 frente a los 9.538 de 2013. Además, contamos con unas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que, a pesar de los recortes y la falta de medios, desarrollan su trabajo con una gran profesionalidad y eficacia.

Lamentablemente, la delincuencia ha existido y existirá siempre y los delitos y faltas van a seguir cometiéndose porque la sociedad perfecta es una utopía más propia de los tiempos clásicos. Es algo inherente a las sociedades de todos los tiempos. Lo que no es de recibo es que traten de hacernos creer que vivimos en una provincia y una ciudad idílicas. Señores políticos, mantengan informados a los ciudadanos. No es cuestión de crear alarma ante tal o cual suceso escabroso. Se trata de no vender una falsa imagen de “aquí no pasa nada” que ni ustedes mismos se creen.

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