Andalucía, desde Castilla-La Mancha

Susana Díaz, victoriosa en Andalucía. // Foto: diariosur.es

Susana Díaz, victoriosa en Andalucía. // Foto: diariosur.es

Por Concha Balenzategui

Librado ya el primero de los embates en las urnas de este 2015 saturado de convocatorias electorales, todos los analistas hacen sus conjeturas sobre si las tendencias marcadas el pasado domingo en Andalucía van a seguirse en el resto de España. Los resultados tienen varias lecturas, pero algunas están fuera de discusión. La primera es que Susana Díaz se ha impuesto con claridad al resto de las fuerzas políticas, manteniendo el mismo número de escaños en condiciones adversas, concretadas en el ascenso de las nuevas formaciones y los casos de corrupción en los que se han visto envueltos sus antecesores en el Gobierno y sus compañeros de lista. En su favor han jugado su posición de partida desde la Presidencia de la Junta andaluza, la estrategia de adelantar las elecciones y una campaña en la que ha tratado de centrarse en “los andaluces”, reduciendo las siglas socialistas y la presencia de líderes nacionales a lo mínimo imprescindible.

El PP se ha desplomado por causas muy similares, pero a la inversa: la convocatoria le ha pillado con el paso cambiado después de haber tardado un infinidad en elegir a un candidato que todavía no había vestido de líder, y equivocó la campaña. La presencia constante de Rajoy y el desembarco de ministros no ha ayudado en absoluto a Juanma Moreno, pues este ha sufrido en sus carnes el voto de castigo de unos electores que no perciben como cierta la recuperación económica que han llegado a venderles desde Madrid. Además, al PP le ha salido un boquete en la línea de flotación llamado Ciudadanos, un partido que suena a nuevo y que parece recoger, además de los votantes de centro-derecha moderado, aquellos que están más decepcionados con el PP.

Es curioso que este partido, junto a Podemos, dos formaciones que no existían hace solo dos años en este escenario, hayan conseguido concitar, apenas sin medios, el voto de uno de cada cuatro electores andaluces. El ascenso de Podemos, de 0 a 15 en pocos meses, como la aceleración de los coches, es impresionante, un importante ascenso respecto a los resultados de esta formación en las Elecciones Europeas en Andalucía, por mucho que las expectativas, basadas en las encuestas, fueran aún más altas. Por otro lado, se ha hundido Izquierda Unida, una coalición que ha pagado al tiempo los platos rotos por pactar con el PSOE y por romper con este partido. Su descontento, sus descontentos, como decimos, los ha absorbido Podemos, que también ha bebido de los nuevos votantes, pero no del PSOE.

El fin anunciado del bipartidismo no lo es tanto si pensamos que entre PSOE y PP conservan aún el 75 por ciento de los escaños, pero sí es francamente notorio que estamos en un escenario muy distinto, puesto que solo conservan el 60 por ciento de los votos, y en 2012 sumaron más del 80 por ciento. Es innegable los grandes partidos que han planteado estas elecciones como una batalla entre dos, pero el resultado no les ha dado totalmente la razón, porque van ganando adeptos los otros partidos, los que plantean la pugna entre lo viejo y lo nuevo.

Hechas estas consideraciones, que con algunos acentos y adjetivos más habrán podido escuchar y leer desde el domingo por la noche, volvamos con el planteamiento inicial: ¿Qué pasará en el resto del territorio? O más concretamente, ¿hasta qué punto es extrapolable el resultado de las Elecciones Andaluzas a Castilla-La Mancha? La pregunta se la han hecho este lunes los periodistas a algunos dirigentes políticos autonómicos, y en resumidas cuentas, cada uno arrima el ascua a su sardina. Básicamente el PP considera que nada es comparable a lo que sucede por debajo de Despeñaperros, mientras el PSOE cree que estamos ante el inicio de la reconquista socialista. Me ha sorprendido desagradablemente escuchar que el representante autonómico de Podemos ha preferido no hacer valoraciones, lo que es perder una ocasión para hacer valer sus argumentos y análisis, si quiere parciales. El silencio es la peor de las opciones. Salvo que no tengas nada que decir, claro; lo cual es todavía más triste.

Andalucía y Castilla-La Mancha tienen bastantes similitudes y también sus particularidades, que pesarán en esta comparativa. Diferencias evidentes como que toda la población de nuestra comunidad casi cabría en la provincia de Sevilla, por ejemplo. Andalucía y Castilla-La Mancha han tenido gobiernos de signo socialista desde los inicios de la Democracia hasta la última convocatoria electoral, cuando ganó el PP en ambos territorios: en Andalucía obtuvo más votos (aunque el PSOE siguió gobernando con el pacto con IU) y en Castilla-La Mancha, esta sí, con mayoría absoluta. Pero es indudable que Andalucía tiene un electorado mucho más decantado hacia la izquierda que nuestra autonomía, si nos atenemos a los resultados que se cosechan históricamente allí en las Elecciones Generales, Municipales y Europeas, con unos márgenes que para sí los quisieran los socialistas castellano-manchegos.

Es otra similitud que aquí, como en Andalucía, las elecciones se plantean por los dos grandes como una pugna bipartidista. El PP pretende mantenerse en el Gobierno y el PSOE echar a Cospedal, así, a secas. El PP está aludiendo constantemente a las posibilidades de que una tercera fuerza entre en las Cortes, pero solo como parte su estrategia contra el PSOE: trata de desacreditar a García Page repitiendo que pactará con la “ultraizquierda” de Podemos, y además anima a su electorado más desapegado a no quedarse en casa para evitar lo mismo, que lleguen los “radicales” de la coleta a sentarse en Gilitos. De Ciudadanos el PP no habla tanto, pero quizá le convendría mirar por dónde han perdido sus compañeros andaluces los votos.

El PSOE, sin embargo, no debería dormirse en los laureles mirando al Sur. Debe empezar a ver que Podemos no solo conlleva el riesgo de dividir el voto contra Cospedal, lo que tiene un mayor efecto con la nueva Ley Electoral. Debe aprender que no es un voto contra la derecha que el PSOE no ha sabido captar, sino en muchas ocasiones, también un voto contra el propio PSOE.

Dolores Cospedal y Mariano Rajoy. // Foto: eldiario.es

Dolores Cospedal y Mariano Rajoy. // Foto: eldiario.es

Aún hay un aspecto más que comparten Andalucía y Castilla-La Mancha en esta ocasión, y es la presión de los resultados, aunque sus respectivos pesos en habitantes en el conjunto del Estado no sean comparables. La candidatura de la número 2 del PP nacional en un territorio que se ha establecido como laboratorio de las políticas populares, como la adalid de los ajustes (o de la lucha contra el déficit, si lo prefieren) hacen que el resultado en Castilla-La Mancha tenga para Rajoy un significado especial.

Sin embargo, hay una diferencia de peso. Si en Andalucía el PSOE partía de la posición favorable, eligiendo la fecha y gozando de los focos que da el poder, esa posición la ostenta en Castilla-La Mancha el PP, que es la que hace llegar su mensaje a través de todos los micrófonos y la que, si no escoge fecha, sí ha elegido las reglas del juego, cambiando la Ley Electoral, imponiendo unilateralmente las condiciones electorales más ventajosas. Con estas nuevas reglas de Cospedal, por ejemplo, resultados como los obtenidos por Susana Díaz en Andalucía, se traducirían probablemente en una mayoría absoluta en Castilla-La Mancha. La reforma electoral jugará de forma enormemente decisoria en estas elecciones, claro está, pero siempre que se produzcan evoluciones de voto más o menos previsibles respecto a los resultados anteriores. Ojo ahí, si hay una fuerte marejada, como la sangría de votos experimentada por el PP en Andalucía, no habrá dique ni “pucherazo” que lo frene.

A pesar de que los porcentajes de este domingo no se pueden exportar a Castilla-La Mancha, sí creo que los resultados marcan unas tendencias que se repetirán en nuestra comunidad el próximo 24 de mayo. Habrá desgaste del PP, aunque posiblemente no sea un batacazo semejante. Y ascenderán los partidos emergentes. A pesar de las limitaciones que la Ley electoral infringe a los partidos minoritarios, aún tienen opciones de entrar en el Parlamento tanto Podemos como Ciudadanos, que podría jugar el papel del centro derecha de los momentos más dulces del CDS, un papel que parecía escrito para UPyD, que parece, siguiendo la tendencia andaluza, que ha iniciado su declive. Sin embargo, en nuestra Castilla-La Mancha, a diferencia de en Andalucía, al PSOE no le vale con salvar los muebles y reeditar los votos de 2011. O consigue echar a Cospedal, como es su objetivo confeso, o se sumirá en la debacle.

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