De Franco al aquelarre

Retirada de la estatua de Franco, con una grúa, hace diez años. // Foto: Efe.

Retirada de la estatua de Franco, con una grúa, hace diez años. // Foto: Efe.

Por Rubén Madrid

Franco murió hace cuarenta años, pero de Guadalajara no se fue hasta hace sólo diez. El lunes se cumplió el décimo aniversario de aquella decisión controvertida del entonces alcalde Jesús Alique, que se adelantó por unos meses a la Ley de Memoria Histórica del gobierno de Zapatero y decidió bajar del pedestal al dictador, objeto a menudo de un vandalismo de baja intensidad.

En el amanecer del 24 de marzo no apareció el rostro de la efigie pintado de colores ni la cabeza cubierta por un cubo de basura, como era frecuente. Aquella mañana la estatua de Franco ya sólo estaba en los periódicos, que daban cuenta de que había sido apeada en plena noche, en una decisión que tampoco esperó al veredicto de una comisión de expertos, como se había anunciado. Y con la desaparición de Franco de su lugar frente a dos colegios le llegó también su hora al pomposo monumento a José Antonio Primo de Rivera en la Concordia: su presencia allí no sólo manchaba el nombre del propio parque (concordia, nada menos) sino que resultaba aberrante en un espacio para juegos infantiles.

Ha cambiado la ciudad en estos diez años, y quisiera pensar que incluso a mejor a pesar de los pesares de esta crisis, pero siguen quedando residuos falangistas en los nombres del callejero, en los homenajes pendientes de siempre, en algunos tuits de elementos del partido en el gobierno y, por citar sólo algunos ejemplos, en los tics que algunos editores de temporada nos cuelan cada semana en el buzón.

La crisis que estamos padeciendo habría resultado un buen caldo de cultivo para los nostálgicos de la efigie y de otras momias, pero lo cierto es que la reacción a la catástrofe social está resultando bastante mesurada, incluso dócil. Hemos visto cómo en Andalucía la extrema derecha no rasca votos ni cuando el PP se pega un batacazo tremendo: Vox ha obtenido menos representación que el Partido Animalista, y de las falanges (auténticas o no) seguimos sin tener noticias. En las Europeas se estrenó la alternativa al PP por la derecha sin éxito y las encuestas no marcan tendencia a su favor.

Reacción democrática. Siempre hay algún iluminado que tira del recurso a la mano de hierro y nos quedan muy cerca experiencias como la de España 2000 con representación en Alcalá, pero lo cierto es que la mejor noticia en estos últimos diez años sin Franco en nuestras calles es que, a pesar de la gravedad de la crisis, la contestación ante los desmanes del sistema está siendo profundamente democrática.

En vez de reaccionar contra la democracia, quienes más protestan lo hacen para profundizar en ella. No somos las gentes las que nos hemos vuelto contra el sistema, tal vez porque ha quedado en evidencia que el sistema sí ya se ha vuelto contra las gentes. En vez de tirar los valores por la borda, los partidos de nueva formación los reivindican a toda costa. Emergen los Podemos por la izquierda (perdón, por abajo), Ciudadanos por la derecha (disculpen, por el centro) y confluyen, a veces a duras penas, los Ganemos para las municipales. Y, en cambio, no hay asomo –crucemos los dedos– del recurso fácil a la derechona autoritaria, que tan bien pesca en río revuelto: quizá es así porque sigue absorbida en el PP, pero tampoco es la peor de las opciones.

Un tobogán ocupa el espacio en el que estaba el monumento a José Antonio hasta hace diez años. // Foto: R.M.

Un tobogán ocupa el espacio en el que estaba el monumento a José Antonio hasta hace diez años. // Foto: R.M.

Resulta una obviedad de Perogrullo que una crisis de las características de la que seguimos padeciendo provoque una respuesta social y política a la altura de los hechos. Que a diferencia de lo que vemos en Francia, Alemania, Dinamarca o incluso en Grecia –con Syriza, sí, pero también con Amanecer Dorado– la reacción pase por reivindicar “democracia real” y por sacar a la gente a las plazas a debatir, en vez de ponerla a formar comandos para perseguir ‘machupinos’ con un mazo, es todo un éxito de madurez democrática.

El ejemplo de Ganemos, de cuyos albores hablamos en verano, resulta sintomático. Hasta el día de hoy, si nada se tuerce, Izquierda Unida y Equo han impulsado un proceso de convergencia al que se han sumado con mayor o menor entusiasmo alcarreños de Podemos y de la extinta plataforma Más de un Ciudadano, además de activistas del ecologismo y otros movimientos sociales, incluido el Comité de Parados.

Seguramente la respuesta por parte de independientes ha sido algo escasa: en la lista resultante son más quienes ya tienen experiencia previa en elecciones o activismo en partidos que quienes desembarcan como ‘nuevos ciudadanos’. La cifra de votantes en las primarias también podría haber sido más elevada, movilizando a más simpatizantes no adscritos previamente a unas siglas. Pero lo cierto es que la oferta de democracia que, con sólo unos meses de vida, se ha hecho desde esta formación a la ciudadanía no podía ser más abierta y, de hecho, no tiene precedentes en Guadalajara.

Ganemos Guadalajara ha celebrado más de media docena de asambleas abiertas a cualquier alcarreño que haya querido participar. En una de ellas se aprobó un amplísimo Código Ético que limita salarios, compatibilidades y puertas giratorias. Han abierto la participación en sus decisiones a cuantos quisieron ir a las asambleas, tumbando por ejemplo la propuesta de elección de candidatos precocinada en una de las comisiones. Han celebrado unas primarias en las que han alcanzado la misma participación que el PSOE y en la que cualquier guadalajareño ha podido elegir no sólo al número uno de la lista, sino al resto de la candidatura, en una decisión de nuevo sin precedentes. Y ofrecen todavía hoy la posibilidad de proponer ‘on line’ iniciativas para incluir en el programa electoral, en lo que llaman programa colaborativo, donde cualquiera puede formular una propuesta dentro de uno de los ejes y votar y debatir la de otros ciudadanos.

Esta es la reacción de esta parte de la izquierda en Guadalajara a un panorama de crisis económica, social e institucional: más democracia. Una exigencia que se hace eco de la demanda que brotó hace cuatro años, un 15 de mayo en que Sol también amaneció en nuestra plaza Mayor, y que ha arrastrado en su tirón democrático al PSOE, que incorpora asambleas abiertas, comienza a tomarse más en serio el código ético y ha hecho una apuesta decidida por las primarias.

Se puede, por supuesto, disentir, apostar por la derecha, mostrarse satisfecho con el modelo privatizador de servicios y con la gestión local del PP. Cada cual deberá ahora poner sobre la mesa sus argumentos. De eso debería de tratarse: de hacer debates en televisiones, confrontar modelos, proponer iniciativas.

El aquelarre. El problema radica en que existe un ánimo particular de crear una opinión pública en contra de las candidaturas de izquierdas (y meto aquí también al PSOE) en el que asoma el fantasma del caudillo, a quien Dios guarde por muchos años en algún almacén sin luz. Y aquí entra en juego una prensa subvencionada por los equipos de gobierno del PP que ve amenazado el abastecimiento indiscriminado de publicidad institucional con criterios partidistas.

Cuando alguien es capaz de engendrar en sus entrañas una criatura como La Otra Calle tiene un instinto especial para poner a parir. Desde las páginas de este panfleto del grupo Guadanews-Guadapress que subvencionan con dinero de todos los dirigentes del PP de Guadalajara con cargos públicos, hacen de la difamación su modo de operar continuo. La Otra Calle es la vuelta de tuerca a la propaganda que ya escupían sus dos precedentes más inmediatos, el municipal ‘Guadalajara 30 días’ y el socialista ‘La Calle’. En su último número han lanzado mensajes tan temerarios a sus pacientes lectores, si los hubiera, como que algunos integrantes de movimientos sociales que se animan ahora a participar en política lo hacen persiguiendo intereses particulares y trazados de antemano, y que sólo por eso dieron la batalla en la calle por causas que -¡cómo nos engañaron!- no tenían nada de románticas ni altruistas.

Ciertos observadores (se mueven por el instinto animal, a falta de la humana intuición) quieren jugar a trileros con el huevo y la gallina, pero no cuela. Si hay integrantes de Stop Desahucios o de la Asociación de Amigos del Moderno en Ganemos no es porque quisieran hacer carrera política, sino porque había desahucios y un teatro cerrado y alguien se ha ocupado de estos asuntos públicos. Este tipo de movimientos por el interés general son tremendamente difíciles de explicar a los gorrones. El salto a la candidatura lo dan ahora, probablemente escandalizados porque quienes deberían defender lo de todos tengan tan poco espíritu, voluntad o interés en hacerlo.

Recuento de sufragios en las primarias de Ganemos. // Foto: Ganemos Guadalajara.

Recuento de sufragios en las primarias de Ganemos. // Foto: Ganemos Guadalajara.

Pero más allá de los intelectuales de panfleto, preocupa que la inmundicia contagie el buen criterio de otros para sumarse a las teorías del caos y las campañas del miedo. “El comunista José Morales, candidato a la Alcaldía de Guadalajara por Ganemos”, titulaba ayer GuadalajaraDiario, entre el prejuicio y el gracejo de poner un acento agudo donde todo es mucho más llano. No digo que Morales no sea comunista, entre otras muchas cosas, y seguramente rojo, por lo que bien podría haberse tiulado que “el rojo de Morales será candidato de Ganemos”, esa misma formación que, por cierto, este digital viene definiendo como “izquierda radical” y que en su día adelantó -cuando todavía nadie lo sabía- que “en realidad” iba a ser Podemos y que no iba a contar con Izquierda Unida.

Nuestros medios, tan necesitados de gasolina institucional, podrán dejarse seducir o no por las apuestas del programa en lo verde, en la remunicipalización de los servicios, en la recuperación de espacios públicos y en los procesos de participación ciudadana para la toma de decisiones del concejo, y podrán tener más o menos simpatías por los perfiles de los candidatos, pero no por ello estos van a ser ni más estalinistas ni más boliviarianos. Seguramente hay mucho observador intrépido que sólo conoció el 15M por la tele, pero la nueva política no deriva del PCUS soviético sino de estos otros experimentos recientes que iban a ser flor de un día y cuya apuesta por la horizontalidad sería tremendamente inoperativa. Veremos después de mayo cuántos tienen que hacer la pirueta para cambar el sentido de su genuflexión.

Con todas sus debilidades, que son muchas, en Guadalajara la candidatura de Ganemos tiene precisamente una de sus fortalezas en su capacidad para haber integrado en política a gentes de los movimientos sociales que ya defendían en la calle lo mismo que ahora quieren trasladar a las instituciones. Son esas personas de Guadalajara por las que a algunos nos gusta presumir: han luchado contra el fracking o contra el cierre de un teatro y se han interpuesto entre la autoridad al servicio de intereses privados y las familias amenazadas de desahucio. Y es cierto que alguno quizá se sobrepasó en sus tiempos mozos y le puso un cubo de basura en la cabeza a la estatua de Franco.

De modo que llamémoslos comunistas, bolcheviques, izquierdistas radicales, boliviarianos, partisanos, maquis de ciudad o integrantes de la conspiración judeomasónica… pongámosles la etiqueta que queramos, pero son quienes hoy en día han hecho la apuesta más ambiciosa por practicar más y mejor democracia en esta ciudad. Tienen cuernos y cencerros, como las botargas, que el franquismo quiso extinguir porque comprometían la práctica de “la buena fe”. A mí estos antisistema no me dan miedo. Con demonios así, yo me apunto al aquelarre.

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