Un debate a dos vías

Estación de Sigüenza desde las vías. // Foto: Panoramio

Estación de Sigüenza desde las vías. // Foto: Panoramio

Por Concha Balenzategui

Hace una semana dejó de circular el Estrella Costa Brava, el último expreso nocturno que circulaba entre Madrid y Barcelona, y que tenía parada en las estaciones de Guadalajara y Sigüenza. Era -lo han oído estos días- la última opción del día de llegar a la Ciudad del Doncel en transporte público, pues ya no queda otro tren más allá del que sale a las 19:35 horas de Chamartín, por vía Civis, y que para en Guadalajara hacia las 20:25 h. Para nuestra capital era sobre todo la conexión con Barcelona alternativa a la “alta velocidad”. Es decir, a precios asequibles. Cuentan los que han llorado esta pérdida que este fue en su día el tren preferido por los militares, por los vendimiadores que se dirigían a Francia, por las familias numerosas y por los estudiantes. Pero ya no hay servicio militar, las familias cada vez optan más por el hijo único, y lo de ir a Francia dejó de ser posible hace años, cuando se decidió finalizar el viaje de este tren en Barcelona. Estudiar tampoco tiene buena prensa en estos tiempos, cuando hasta la OCDE se alarma por el porcentaje de “ni-nis” que acumulamos en España, lo cual aquí no extraña tanto, vistas las oportunidades de nuestros recién licenciados.

Así que el expreso nocturno era un tren claramente pasado de moda. Nada que ver con “las vías de prosperidad”, que decía Mariano Rajoy refiriéndose al AVE, o “el ferrocarril del siglo XXI”, como lo llama Ana Pastor. El Ministerio de Fomento no se suele prodigar en información en este tipo de supresiones, pero ha explicado que el Estrella Costa Brava tenía una ocupación “no muy alta”, que luego hemos sabido que era de un 54 por ciento. Y ha anunciado, eso sí, que la eliminación vendrá acompañada por descuentos en las primeras y últimas circulaciones de la Alta Velocidad entre Madrid y Barcelona. Esta “compensación”, como ha recordado el senador socialista Jesús Alique, servirá (y ya veremos) para Guadalajara o para Zaragoza, pero no para Sigüenza, que no tiene AVE. En cualquier caso, parece una decisión que desviste a un santo, el viejo expreso, para vestir a otro, el AVE, que está estos días en el epicentro del debate en virtud de la propuesta de Ciudadanos de frenar su expansión. Hablamos después de eso.

Estación de ferrocarril de Sigüenza. // Foto: Manuel Delgado

Estación de ferrocarril de Sigüenza. // Foto: Manuel Delgado

No sabemos cuántos viajeros seguntinos usaban el Estrella Madrid-Barcelona para regresar a su casa después de gestiones en Guadalajara o Madrid. Probablemente eran más los guadalajareños que lo utilizaban desde la capital para ir a Barcelona a precios baratos. En realidad es solo un tren, y un poco a deshoras, pero supone una puya más en la carcoma del vínculo que Sigüenza tenía con el ferrocarril. La ciudad mitrada pierde una de las seis circulaciones diarias que llegaban desde el centro a su bella estación, y se queda solo con cinco en cada sentido. Duele pensar que Sigüenza cuenta ahora con la mitad de trenes de los que tenía hace tan solo dos años, cuando en verano de 2013 Fomento decidió cargarse de un plumazo un montón de circulaciones consideradas deficitarias.

Hay que tener claro, no obstante, que el verdadero rejonazo que recibió el tren del Henares, que también paraba en Jadraque, Humanes, Baides o Yunquera, entre otros pueblos, fue el que sufrió con la llegada del AVE, cuyo recorrido quedaba lejos de la vía de alta velocidad. Antes de aquello paraban en Sigüenza nada menos que 26 circulaciones cada día. Es indudable que los tiempos han cambiado. Gozamos de más vehículos y mejores carreteras, mientras el tren convencional pierde frecuencias. Y en este bucle de pescadilla que se muerde la cola -a menos viajeros, menos trenes, y a menos trenes, menos pasajeros- el ferrocarril del Henares tiene todas las de perder. Pero el lamento debe ir siempre matizado por un sentido de la responsabilidad social, y precedido de un análisis mucho más pormenorizado de las cifras de viajeros, los costes del servicio y la pertinencia de determinados horarios. Un análisis en el que necesariamente tiene que entrar en juego el interés social y no solo económico del mantenimiento de determinadas líneas, como la que nos ocupa.

Lo digo a la luz del gran debate abierto estos días sobre la Alta Velocidad. Ya conocen el grueso de los datos puestos de manifiesto en el informe de Fedea, la Fundación de Estudios de Economía Aplicada. España es el segundo país en extensión de su red de Alta Velocidad, solo superada por China. Tenemos 54 kilómetros de vía rápida por cada millón de habitantes, pero solo 11.800 pasajeros por cada kilómetro de vía, muy lejos de los 61.400 de Francia. “¿Hemos vivido una burbuja de AVE?”, se plantean algunos, a sabiendas de que hay ocho ciudades más a la espera de estrenar sus estaciones en próximos meses.

Hay muchos argumentos esgrimidos estos días a favor del mantenimiento de la extensión del AVE. Se habla del aumento de viajeros en favor de otros medios de transporte, y unido a las reducciones del precio del billete. Se exponen los beneficios que supone para una ciudad contar con una estación de este tipo, y a la vista están los empujones urbanísticos que experimentaron algunas. Incluso se menciona que la experiencia española con el AVE se ha convertido en una excelente carta de presentación de nuestras empresas constructoras, que les ha permitido obtener jugosos contratos en la construcción de grandes infraestructuras en el extranjero. No deja de ser curioso que en el caso de la alta velocidad, además de la rentabilidad inmediata de inversiones y viajeros, se tenga en cuenta esa otra rentabilidad, la cuestión social que parece olvidada en el caso del ferrocarril convencional.

Estación del AVE en Yebes.

Estación del AVE en Yebes.

Si miramos a nuestra provincia, sin embargo, habrá que reconocer, once años después de la inauguración de la línea con parada en Guadalajara, que el AVE no vino con un pan debajo del brazo. Nada que ver con la revolución que supuso para Ciudad Real, o años después para Toledo. Aquí, la falta de lanzaderas provocó que los delirios de grandeza se apagaran pronto, al tiempo que estallaba la burbuja inmobiliaria. Avelandia es un buen ejemplo de ese sueño truncado, reducido a la cuarta parte de lo que se diseñó. A cambio tenemos Valdeluz, una ciudad más pequeña y afortunadamente viva, pero solo tras haberse reconducido y reconvertido en una urbe que poco tiene que ver ya con la presencia del veloz tren. Por contra, a costa de ese progreso prometido y nunca saboreado, se sacrificó hasta su actual agonía la vía del Henares.

El futuro de la alta velocidad en nuestro país ya ha levantado una buena polvareda estos días. Quizá no sea este el momento, un año “archielectoral” en que cualquier propuesta puede ser aplaudida o rechazada solo por venir de los nuestros o de los de enfrente. Un tiempo en que no hemos sacado los pies de la crisis mientras miramos – escépticos o esperanzados- qué dimensiones tiene la anunciada recuperación. Pero si de verdad se abre ese melón, yo propongo que en el mismo debate se analice la pervivencia del tren convencional, que puede ser alternativo, complementario o incluso prioritario, según los casos. Que se pongan sobre la mesa recorridos, viajeros, horarios y sobre todo precios de unos y otros trenes. Y también esos otros beneficios sociales difíciles de cuantificar.

Un debate sosegado, para que unos no descarrilen ni otros entren directamente en la vía muerta.

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Un pensamiento en “Un debate a dos vías

  1. Pues para un alcarreño como yo me ha venido muy bien el AVE y regular que quitaran trenes a Sigüenza. Con la llegada de la alta velocidad ir a Barcelona , Zaragoza , Cordoba , Sevilla ,Málaga e Incluso Francia se ha reducido el tiempo bastante respecto a hacer transbordos en Madrid pero ha incrementado el precio, pero hasta cierto punto creo que no es tan caro. Por ejemplo , Un billete a Sevilla Ida y vuelta desde Guadalajara-Yebes con antelación y el descuento que proporciona Renfe me ha llegado a costar unos 75€ ida y vuelta en un tiempo de 3h. si lo comparamos con coche saldría por el mismo dinero en gasolina y el tiempo seria el doble y por otro lado el ir a Barcelona prácticamente por ese precio en torno a 85€ en tiempo mas o menos 3h , en coche hubiera tardado algo menos que el doble y en gasolina lo mismo mas peaje, creo que aquí salimos ganando todos respecto al tren estrella costa brava , Pero a Siguenza relativamente a medias . el precio en un regional express , regional no es barato vale 8,05€ Guadalajara – Sigüenza , 16,10€ ida y vuelta en un tiempo similar al coche 45min / 1h ( dependiendo del tren) si ponemos el inconveniente del maravilloso servicio de autobuses de guadalajara el ir a Siguenza desde la plaza de santo domingo puede llegar a 1h45min , mientras en tu coche tardas 45min creo que no es nada competitivo ( y su capacidad no era muy alta ) y lo del tren estrella igual era el mas caro hacia Siguenza 10€ el viaje y desde Madrid 18€ horario nocturno y tiempo prácticamente el mismo que en coche , creo que no era nada de nada competitivo cuando tienes un ave que en menos de 3 horas estas en la ciudad condal o en 55min en la capital Aragonesa. Por lo tanto para unas cosas bien y otras no tanto

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