Primavera

Rotonda de Bejanque con los nuevos tulipanes y pensamientos blancos. // Foto: M.P.

Rotonda de Bejanque con los nuevos tulipanes y pensamientos blancos. // Foto: M.P.

Por Marta Perruca Me gusta el olor a primavera y ese momento especial en el que percibo por primera vez, después del invierno, cómo el sol comienza a calentar un poco más y empiezan a florecer los cedros y la genista y el campo se llena de amapolas y otras florecillas silvestres y corre una leve brisa transportando esa suave y cálida fragancia que desprenden. Llegué el martes a Guadalajara y mientras hacía la rotonda de Bejanque, tapizada de tulipanes y pensamientos blancos, pensé “qué bonitos están los parques, jardines y zonas verdes de Guadalajara. Se nota que se acercan elecciones”. Reconozco que fue una valoración injusta y bastante oportunista, porque la verdad es que todos los años la Concejalía de Parques y Jardines siembra la ciudad con miles de flores de temporada y las hemerotecas pueden dar fe de ello. Puede parecer algo frívolo o incluso paradójico, que nuestra ciudad se engalane con 40.000 flores cuando esta crisis –ya lo he dicho otras veces- ha puesto un mendigo en cada esquina o rincón conveniente de la ciudad.

Sin embargo, precisamente por ello, creo que hoy hace más falta que nunca poner un poco de colorido y alegría a nuestra vida cotidiana. Me lo decía el otro día el tendero de la pequeña tienda de ultramarinos de mi barrio, cuando se conocía que el accidente de avión contra los Alpes franceses había sido intencionado y los medios de comunicación fabulaban sobre la depresión que, supuestamente, padecía el joven copiloto y yo no podía entenderlo: “La gente está triste”, afirmaba. “Día tras días camino por la calle y me encuentro con personas tristes y no es para menos”, me dijo. Qué difícil es el día a día cuando lo único que vemos a nuestro alrededor es tristeza; cuando hay tanto por lo que lamentarnos y tan poco que celebrar. Quién sabe, puede que hubiera estado todo el día conteniéndose y simplemente crucé el umbral de su tienda justo en el momento preciso. No sé, quizá este vecino tuviera razón y sea verdad que la crisis ha sacado lo peor de nosotros. Él me comentaba que durante los últimos 14 años ha trabajado desde primera hora de la mañana, hasta casi la medianoche en esa modesta tienda y que ahora la Administración le reclamaban el pago de una cantidad de dinero a la que no podía hacer frente. Aseguraba que ha planteado la posibilidad de abonarla a plazos, pero que le ha sido denegado y ahora se sentía indefenso, porque esa tienda es su único medio de sustento. Si las administraciones, que son las que nos representan, son incapaces de mostrarse comprensivas con la situación generada por esta crisis y están más pendientes de los números de sus cuentas que del hambre y la necesidad de sus ciudadanos ¿qué cabe esperar? Y es que, más allá de la anécdota del tendero de mi barrio y aunque ahora parezca lejano, a mi no se me olvida que en los últimos años hemos sido espectadores de recortes en Sanidad, Educación y Servicios Sociales sin precedentes: Hemos visto cómo se eliminaban ayudas en transporte y comedores escolares, lo que dejaba a cientos de chavales sin la única comida completa de la que disponían al día; cómo se cerraban camas y se sucedían  los casos de fallecimiento en la sala de espera de los hospitales de nuestra región o cómo el derecho a atención sanitaria dejaba de ser universal, incluso veíamos a enfermos de Hepatitis C encerrarse en un hospital madrileño reclamando los nuevos medicamentos para el tratamiento de esta enfermedad. También se recortaba drásticamente la Ley de Dependencia, con el hecho trágico de que muchos de sus demandantes fallecieron sin haber recibido ninguna prestación. Podríamos felicitarnos ahora porque el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha haya decidido estimar el recurso Contencioso-Administrativo interpuesto por la Plataforma en Defensa de la Ley de Dependencia de Castilla-La Mancha contra la Orden de 29 de Julio de 2013, de la Consejería de Sanidad y Asuntos Sociales, que regula el catálogo de servicios y prestaciones económicas de la atención a la dependencia en nuestra región, pero el consejero del ramo, Ignacio Echániz, ya ha anunciado que recurrirá la sentencia, con el consiguiente gasto para el erario público. También contemplamos cómo subían todos los tipos del IVA, incluso el reducido y el concerniente a los productos sanitarios y cómo se incrementaban las facturas del gas y la luz, lo que dejaba a muchas familias sin presupuesto para calefacción. Hace unas semanas no éramos capaces de comprender lo que debió pasar por la cabeza de los desalmados que asaltaron el Banco de Alimentos para cometer tal ignominia, después de que la Gala del Medioambiente, que celebró Ecologistas en Acción a favor de esta organización, vendiera todas las entradas. Mi madre suele relatar algunas anécdotas sobre su infancia durante la Postguerra, cuando todos arrimaban el hombro para superar esos momentos de dificultad. Entonces, cuenta, unos y otros se arañaban los bolsillos cuando a la vecina le faltaban algunos céntimos para comprar leña y compartían lo poco que tenían para llevarse a la boca. En aquellos años, narra, la plancha o la paellera eran enseres que estaban fuera del alcance del presupuesto doméstico, por lo que tenían que turnarse con la casa de su tía para usarlos y, de esta manera, iban solucionando las muchas carencias que había entonces ayudándose los unos a los otros. Supongo que la Guerra Civil sumió en la pobreza a casi todos por igual, por lo que no resultaba difícil meterse en los zapatos del otro. Ahora la realidad tiene tantos puntos de vista como atalayas y desde algunas, las más altas, parece que resulta difícil comprender lo que ocurre en cotas más bajas. Quizá por ello el Ayuntamiento capitalino no acabe de entender que los bomberos de la capital reivindican algo más que una subida de sueldo y que llevan años llamando la atención sobre la carencia de medios y personal. Tal vez  desde su torre consideren justo enviar a la Policía Local para amenazar con un expediente disciplinario a un trabajador que se disponía a dar una rueda de prensa sobre las deficiencias en la red de hidrantes de la ciudad.

Las flores también adornan la rotonda del Quijote. // Foto: M.P.

Las flores también adornan la rotonda del Quijote. // Foto: M.P.

Y emprendí la carrera por algunos de los parques de esta ciudad, mientras los tímidos rayos de sol se escabullían entre las nubes y la suave brisa me devolvía el aroma de las primeras flores de esta primavera. Mientras corría, pensé en la reticente tristeza de la que hablaba el tendero de mi barrio y en la felicidad que me provocaba esa explosión de colores y sensaciones. Y sí, puede parecer frívolo gastar dinero en comprar flores de temporada cuando la cosa anda tan arreada, pero quizá en estos momentos en los que vagamos tristes sea más necesario que nunca, como también podría serlo promover ayudas para el comedor escolar o mantener la sanidad universal y el IVA reducido en los productos básicos o en los medicamentos. Dar facilidades a los autónomos a la hora de cumplir con sus obligaciones o garantizar la prestación de la ayuda a la dependencia a aquellos que más lo necesitan. Pero sin duda alguna, los parques y jardines de Guadalajara lucen preciosos

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