La razón de la sinrazón

El consejero de Sanidad, José Ignacio Echániz, en un acto electoral en Azuqueca, este fin de semana. // Foto: PP Guadalajara

El consejero de Sanidad, José Ignacio Echániz, en un acto electoral en Azuqueca, este fin de semana. // Foto: PP Guadalajara

Por Concha Balenzategui

Eduardo Galeano, escritor uruguayo que nos dejaba hace unos días, dejó escrito que “el mundo está loco; quizás la solución esté en un congreso internacional de psiquiatras”. He leído que se refería a la guerra, lo que justifica plenamente esta reflexión, pues la guerra es sin duda el más aterrador de los monstruos producidos por el sueño de la razón.

Salvando las distancias, también la frase puede aplicarse a las campañas electorales, periodos que acrecientan esa sensación de que el mundo está desquiciado. La que está a punto de iniciarse de facto en España, y sus aplicaciones local y regional, desbarata las noticias de tal modo que no hay lugar para los grises ni los matices en las lecturas. Si la primera víctima de una guerra es la información, en la batalla electoral la que sufre menoscabo es la objetividad en las visiones de los bandos enfrentados.

En las elecciones, como en el amor y en la guerra, vale todo. Impera la exageración superlativa, que hace que nada pueda ser tan catastrófico como cuando gobiernan los contrarios, ni pueda hacerse mejor que cuando lo hacen los propios. Y así, en los discursos, 2.000 vidas pueden salvarse de un plumazo, por la disposición de una UVI móvil en Azuqueca, que viene a ser como decir que antes morían como moscas por la imprudencia de carecer de ese recurso. “2.000 vidas salvadas”, a la llana y sin rodeos, que está el consejero muy cervantino últimamente, sin discriminar si los usuarios trasladados estaban realmente en peligro de muerte y hubieran pasado a criar malvas sin la ambulancia esencial.

Cospedal, en el reciente acto de presentación de las listas de Guadalajara.

Cospedal, en el reciente acto de presentación de las listas de Guadalajara.

Si en la guerra hay licencia para matar -y la Policía ni “mu”, que decía Gila- en campaña hay licencia para exagerar, para retorcer los hechos hasta el paroxismo. Licencia para mentir. Pero es que uno se sube a un estrado ante un grupo de militantes entregados y pierde el norte de tal manera, que ya no sabe si trabaja para sacarnos del lodo o para “saquearnos” del todo; si se encuentra en las Hurdes o en Andalucía; o si Rajoy y Barreda se aliaron “para arruinar” a esta nuestra región. O si son molinos o gigantes los que aparecen en el horizonte.

Son los trazos de humor de este teatro electoral donde no podemos perder de vista que cada cual interpreta su papel. Se muda de disfraz y de escenario a conveniencia, como si el público fuera nuevo en cada representación. Como los actores que han cambiado de registro, vemos a alcaldes que vuelven a pedir el aplauso del respetable por un partido rival al que les acogía durante décadas, o por un pueblo que les es ajeno, sin el menor pudor. Pero el argumento es tan viejo que ya no nos conmueve. Comprobamos que a las candidaturas que se presentan como aglutinadoras les salen flecos, escisiones y nuevos nombres que alimentan la ceremonia de la confusión. Y uno no sabe si en esta subasta de la sinrazón, el combate contra el rival va a acabar suponiendo, a la postre, el arma de su victoria.

En una primavera tan loca como la de estas elecciones, nuestro loco más universal asoma en cada esquina a lomos de Rocinante, en virtud del Centenario de una segunda parte que nadie duda que es tan buena, si no mejor, que la la primera. Sigamos pues el consejo de Goytisolo: “Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura, tal es la lección del Quijote. Al hacerlo no nos evadimos de la realidad inicua que nos rodea. Asentamos al revés los pies en ella”. Porque es la actualidad pura y dura la que aparece llena de hechos delirantes.

Acto de protesta de los bomberos de Guadalajara. . // Foto: Facebook Bomberos de Guadalajara

Acto de protesta de los bomberos de Guadalajara. . // Foto: Facebook Bomberos de Guadalajara

Ejercicio de percepción: ¿copa o perfiles?

Ejercicio de percepción: ¿copa o perfiles?

Así, los bomberos acuden a un incendio mientras se quema su propio cuartel, como en un mal chiste. “¿Saben cuál es el colmo de un bombero?”, podría ser el inicio de la historia. Pero se prestaría a tantas interpretaciones, estando candente el conflicto laboral de este colectivo, que lo más sensato parece admitir que todo ha sido una mera anécdota, sin buscarle tres pies a la manguera. Como en aquellos ejercicios de percepción visual donde uno no sabe si ve una copa o dos perfiles enfrentados, leemos el día a día de la protesta de los bomberos, sin terminar de discernir si sus protagonistas son héroes o villanos, si bellas damiselas o vulgares campesinas.

En esta realidad “inicua”, florecen más historias absurdas, como la que comienza con una convocatoria a la prensa: “El consejero de Sanidad asistirá a la representación de Don Quijote en el Buero Vallejo”… ¡como si fuera noticia que un político vaya al teatro! Descubrimos que en definitiva, Echániz ha convocado los micrófonos para anunciar que por fin va a hacerse efectivo el convenio sanitario con Madrid. Ya saben, lo mismo que viene prometiendo desde el principio de la legislatura, y que ya prometía su jefa en la anterior campaña electoral. Pero esta vez es verdad de la buena y va en serio, intenta convencernos, porque este mismo martes se aprueba en el Senado. Y tira de metáfora cervantina: “Hoy no combatimos contra molinos, como don Quijote, sino contra las fronteras sanitarias a las que tenemos que dar batalla”. Deshecho el entuerto y con un poco de suerte, aún le da tiempo a hacerse la foto con el primer paciente derivado a Madrid antes de la pegada de carteles.

Condado, Echániz, Román y Nogueroles ante el teatro Buero Vallejo. // Foto: Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha

Condado, Echániz, Román y Nogueroles ante el teatro Buero Vallejo. // Foto: Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha

Pero la foto de los cuatro gobernantes ante la fachada del Buero Vallejo tiene aún más de trampantojo: Dos de los que posan se limitan a ver el vídeo promocional previo al espectáculo, en pie desde el fondo de la sala, y se marchan cinco minutos después de que las gitanas y los toreros empiecen a danzar en las Bodas de Camacho. Solo una, la concejala de Cultura, disfruta hasta el final del espectáculo, vistoso y bien ejecutado. Ellos se lo pierden.

La campaña prosigue, y la sinrazón avanza. Y la batalla no termina en victoria tampoco en Galve de Sorbe, donde la Junta confunde al noble del Castillo con el dueño de la venta, como si le nublara la razón un atracón de novelas de caballería, en lugar de consultar un Registro de Propiedad.

Y podríamos seguir. A pocos kilómetros de aquí, en la ciudad que vio nacer a Cervantes, un escritor que huye de renombres pronuncia un magistral discurso comprometido contra las injusticias de nuestro tiempo, y los comentaristas no ven más allá del color de su corbata y la amenaza que les altera el pulso: El galardonado hace campaña perroflauta.

Lo dicho: Quizás la solución esté en un congreso de psiquiatras. Y es que la razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura.

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