Mil maneras de dinamitar el centro

El alcalde Román muestra el proyecto del Cívico al exalcalde Bris, también del PP. // Foto: Jesús Ropero / Ayuntamiento de Guadalajara.

El alcalde Román muestra el proyecto del Cívico al exalcalde Bris, también del PP. // Foto: Jesús Ropero / Ayuntamiento de Guadalajara.

Por Rubén Madrid

Alguna vez se habrán visto ustedes en la tesitura de tener que organizar una fiesta a toda prisa. Habrán salido corriendo hacia unos chinos o hasta la tienda de una gasolinera en busca de hielos y bebidas, unas banderitas, unas servilletas de papel y quién sabe si algún matasuegras para darle color a la improvisada sala de fiestas. Lo mismo también se ha animado con unos abanicos de flamenca. Pero sin ponerse exquisitos: cualquier cosa con tal de salir del paso.

El tuit que

El tuit que “dinamitaba la economía”, uno de los lapsus más divertidos de la cuenta del Ayuntamiento

Eso parece haberle ocurrido al equipo de Román. Después de legislatura y media haciendo oídos sordos al clamor sobre la ausencia de vida en el centro, intentando justificar que el plan de aceras bastaba como único plan para el casco antiguo, de un tiempo a esta parte le han entrado las prisas por dar ambiente, por dinamizarlo –que no dinamitarlo, como hace poco en un divertido lapsus de la cuenta de Twitter del Ayuntamiento–. Y ahora, en campaña electoral, más que nunca todo vale en este empeño, incluso abandonarse a la cultura de bazar, a las celebraciones con baratijas, al ocio de pandereta.

Ocurre así que el mismo ayuntamiento que justificó que la Junta cerrase el Teatro Moderno y restringiese el acceso al Infantado, el mismo ayuntamiento que sustituyó el magnífico festival de títeres y teatro de calle Titiriguada por un sucedáneo de guiñoles, globoflexia e hinchables, el mismo ayuntamiento que ha sido incapaz de sacar un plan estratégico para el casco, se presenta a las puertas de los colegios electorales con el resurgimiento del centro como bandera.

Lo que Román está llamando “compromiso para revitalizar el centro” se nos aparece ahora como una voluntad inquebrantable. No sólo marca su agenda como candidato a la reelección, ya que le obligó el sábado a pasar la tarde escuchando sevillanas en un chiringuito de Miguel Fluiters, sino que ha condicionado hasta tal punto el emplazamiento de las dos ferias de primavera que ha acabado con su suspensión. Ya saben: no habrá feria del libro, pero tampoco de artesanía, ambas por los mismos motivos: sus comerciantes solicitaban regresar al parque de La Concordia.

Estampa folclórica con sabor andaluz, el sábado pasado en Guadalajara. // Foto: R.M.

Estampa folclórica con sabor andaluz, el sábado pasado en Guadalajara. // Foto: R.M.

Dice el alcalde que tiene el “compromiso” adquirido “con los comerciantes de la zona” y que contempla “la realización de diferentes actividades a lo largo del año en el centro”. Y ese, que es un objetivo muy loable, justifica contravenir la lógica de una feria sectorial, que aconseja ubicar este evento en el lugar donde mejor se ponga en contacto a quienes compran con quienes venden, y no en otro lugar que beneficie a un tercero, en este caso a los cuatro hosteleros contados que los sábados por la tarde abren sus puertas en la Calle Mayor Baja.

Lo del libro ya lo explicó muy bien la semana pasada Concha Balenzategui. Y el grueso del argumentario es válido para la suspensión de la Feria de Artesanía. Aunque aquí parece haber una inquina especial: el desencuentro entre las partes venía arrastrado de otras ediciones por el diseño de la carpa en el Jardinillo, donde no querían estar los comerciantes, y el Ayuntamiento ya les hizo dos feos consecutivos en las dos últimas Navidades al inaugurar el mercadillo de baratijas, espumillón y artículos de broma y dejar plantados en el Jardinillo a los artesanos. La comparación viene a ser como si se inaugurase una semana de la gastronomía en la carpa de comida rápida en vez de hacerlo en el pabellón de los gourmets. El gesto es también similar al que la semana pasada llevaban a cabo Román y Guarinos al celebrar el Día del Libro únicamente en un colegio privado de la ciudad y no con los libreros ni en el fabuloso acto central de la Biblioteca Pública de Guadalajara.

El denominado “compromiso con los hosteleros del centro” es tan vigoroso ahora que el equipo de Gobierno no se baja de la burra y, de paso, se sube en calesa. El ejecutivo local que quiere revitalizar el centro entiende que la ausencia de ferias en la Concordia no resta en el objetivo de la revitalización del centro. Y argumenta –lo hizo Jaime Carnicero en un corte de voz enviado a los medios de comunicación la semana pasada– que los vecinos de la ciudad tenemos el lujazo de contar con una Feria de Abril organizada por los comerciantes de Miguel Fluiters, que nos permitía subir en carros tirados por caballos y echarnos unos bailecitos por bulerías. ¿Quién quiere libros?

Y no sólo eso. El equipo municipal que se marca como prioridad la recuperación del casco aprovecha la misma semana en la que se caen las dos ferias de primavera para presentar un proyecto que volcará la última regurgitación de cemento sobre la Plaza del Concejo y que incluye su particular solución final para el horrible Edificio Negro del Cívico, que más allá del rechazo estético, sorprende por el contenido todavía más que por el continente: una zona baja con bolera, auditorio-discoteca y espacios para varios negocios de restauración. Y en la azotea, una terraza para los vecinos. De las asociaciones que hoy sobreviven dentro, ni palabra: ese detalle todavía se tiene que estudiar.

Palos de ciego. Hay otras formas de hacer las cosas y alguna de ellas incluso asoma en este festival de palos de ciego. El Museo Francisco Sobrino ha abierto un camino en el que sería oportuno profundizar. La recuperación de cualquiera (¿podrían ser los tres?) de los festivales de teatro sacrificados en el último lustro dinamizaría también el centro con cierto amor al arte, tal vez el que no tiene el sarao de moros y cristianos que se montó el año pasado a propósito del IX Centenario de Alvar Fáñez. En el programa de Ferias y Fiestas hay una sobredosis de programación cultural que bien podría desvincularse de la semana grande y dosificarse en otros fines de semana del calendario arriacense: eventos como Guadalajara Mágica, el concurso de Estatuas Humanas o el certamen de pintura rápida tienen entidad suficiente para arrastrar a los paseantes de Santo Domingo hasta el Infantado sin necesidad de que tiren de ellos una cuadra de pura raza española.

La Feria de Artesanía de primavera ha pasado de una inauguración con posado de ocho políticos a su supresión. // Foto: E.C. / Cultura EnGuada.

La Feria de Artesanía de primavera ha pasado de una inauguración con posado de ocho políticos a su supresión. // Foto: E.C. / Cultura EnGuada.

Y puestos a replantearse errores, tal vez dinamizaría mucho más el regreso del Cineclub Alcarreño al Moderno –con 200 espectadores semanales– que la ridícula competencia impulsada por el Patronato y que a duras penas supera el medio centenar de butacas en alguna de sus proyecciones. Para la película de esta tarde había compradas ya anoche la friolera de doce entradas.

El Ayuntamiento subestima la cultura de base, y hace mal. Al margen de la semana de la Feria, de algún efecto secundario de los eventos deportivos o de los beneficios discutibles de otra Ruta de la Tapa, las dos bombonas de oxígeno más potentes que han mantenido el hilo de vida durante el resto del año en el casco antiguo han sido la celebración del Tenorio Mendocino en otoño y, sobre todo, del Maratón de Cuentos en verano. Una doble función teatral y un fin de semana ininterrumpido de cuentacuentos y decenas de actividades paralelas ideados y desarrollados íntegramente por vecinos de Guadalajara.

El alcalde, relatando su cuento inaugural de la pasada edición del Maratón de Cuentos. // Foto: R.M.

El alcalde, relatando su cuento inaugural de la pasada edición del Maratón de Cuentos. // Foto: R.M.

Hacen falta el amor por la cultura que tuvieron quienes hace 25 años pusieron en marcha esta representación del Tenorio Mendocino o la que tuvo como alcaldesa Blanca Calvo, que puso en marcha en su único año al frente del Consistorio el primer Maratón de Cuentos y la Feria del Libro, ambas citas –entonces sí– en la Plaza Mayor, aunque luego han buscado reacomodos más apropiados. Son esta imaginación (que no despunta al celebrar una Feria de Abril en el centro de Castilla), esta cultura auténtica (que tantas veces empieza por los libros) y esta participación ciudadana (que al fin se ha logrado con los comerciantes, pero que se niega a las asociaciones desalojadas del Ateneo Municipal o del centro cívico a cambio de una bolera) los mejores mimbres para construir una revitalización potente y duradera del centro.

Hacen falta más imaginación y menos autocomplacencia. El ruido de las panderetas no tapa el horror al vacío que descubrimos en los solares del centro, como la Feria de Abril celebrada por los comerciantes no esconde el desagrado generalizado porque el Ayuntamiento haya dejado de apoyar las ferias de libreros y artesanos. Cabe esperar una planificación más audaz y otro talante diferente a este despotismo ilustrado que nos ofrece todo para el pueblo, pero sin el pueblo.

Pero se ve que ahora con estas prisas por preparar la fiesta de mayo, el Ayuntamiento apenas tiene capacidad para lanzar una subasta: que los comerciantes quieren Feria de Abril, pues sevillanas y castañuelas; que proponen una bolera, a poder ser con discoteca. Y si otros vienen con el Aberri Eguna, cabe esperar que habrá ikurriñas colgadas de las farolas y un tronkolari en cada esquina. Ni que decir tiene que si a algún empresario levantino le da por dinamitar el centro, se le brindarán unas fallas: el empresario que ponga los explosivos; la reina ya la aporta el Patronato, en un gesto más de colaboración público-privada.

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2 pensamientos en “Mil maneras de dinamitar el centro

  1. Es vergonzoso lo de este Ayuntamiento y su equipo de gobierno por no llamarles secuaces porque es así como se comportan con todo aquel que no les baila el agua.
    Lo más doloroso es que se han presentado propuestas mucho mejores para dinamizar el centro, pero parece ser que no entran en la ideología de estos señores. Que a lo único que se dedican es por ejemplo ahora en verano a cerrar tódas las terrazas del centro a la una de la mañana mandando patrullas de policía para multar a quien no lo haga, eso sí, si quieres tomarte algo en una terraza en Guadalajara más tarde de la una es muy fácil, lo único que tienes que hacer es ir a cualquier terraza que no esté en el centro.
    Luego está lo del Centro Cívico, el Museo, en fin una vergüenza…

  2. Mira que lo tiene fácil el Ayuntamiento para, al menos, intentar revitalizar el centro. Esta Guadalajara a la que tanto se critica muchas veces y a la que se le tacha de tener poco que ofrecer resulta que cuenta con varios eventos nacionales de reconocido prestigio. Dos de ellos, los que ya habéis mencionado: Tenorio Mendocino y Maratón de Cuentos. Además de eso, La Scooter Run, mayor concentración de Vespa y Lambretta de España y el Triatlón de Guadalajara, el más antiguo del país. Son 4 eventos ya consolidados y el Ayuntamiento sólo tendría que promocionarlos a nivel regional y nacional y comprometerse a que alguna de sus fases se desarrollara en el centro de la ciudad. Menos folletos de “Presume de ciudad” y más folletos que pongan a Guadalajara en el mapa.

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