¿Dónde están los sindicatos?

Apenas medio centenar de personas se concentraron contra la siniestralidad laboral el martes.//Foto: Guadaqué

Apenas medio centenar de personas se concentraron contra la siniestralidad laboral el martes.//Foto: Guadaqué

Por Ana María Ruiz

El parque de Concordia se convirtió ayer viernes en el escenario escogido por CC.OO. y UGT para conmemorar el 1º de Mayo, una cita anual en la que los sindicatos mayoritarios unen fuerzas para escenificar la necesidad de la lucha obrera organizada en defensa de los derechos de los trabajadores. La jornada, que en sus inicios allá por el año 1901 tuvo un carácter fuertemente reivindicativo en Guadalajara, ha ido perdiendo fuelle con el paso de los años para convertirse en una reunión de dinosaurios, delegados, afiliados a los que se “aconseja” participar para hacer bulto y cuatro despistados que pasan por allí. Porque el 1º de Mayo, 125 años después, ha perdido fuelle. Igual que los sindicatos.

Recuerdo que a finales de los 90 y los primeros años del nuevo milenio yo era la encargada de cubrir la información sindical en NOTICIAS DE GUADALAJARA. La incesante actividad en todos los sectores de la economía de la provincia y la gran industrialización de la zona del Corredor del Henares, con numerosas multinacionales dando trabajo a cientos de guadalajareños, hacía que todas las semanas se incluyese una página que llamábamos de “Laboral”. Día sí y día también los representantes de los trabajadores convocaban rueda de prensa o emitían comunicados para informar sobre su actividad, así como para denunciar todos aquellos abusos que no estaban dispuestos a tolerar en las numerosas empresas que poblaban los polígonos industriales. Recuerdo a aguerridos líderes de CC.OO. y UGT, algunos de ellos todavía en activo, en cuyas comparecencias alentaban a los trabajadores a no dejarse pisotear por los empresarios, a defender sus derechos, a denunciar los abusos y a reclamar mejoras en sus puestos de trabajo. Para ello, no dudaban en adoptar medidas de presión, llegando a convertir a Guadalajara en una de las provincias de la región con mayor coflictividad laboral, según los datos que por aquel entonces se ofrecían semestralmente desde la Consejería de Trabajo.

El enorme poder de movilización y presión que ejercían entonces los sindicatos calaba entre la ciudadanía, que apoyaba las manifestaciones en defensa de los empleados de tal o cual empresa cuando iniciaban movilizaciones. Guadalajara salió masivamente a la calle para apoyar a los trabajadores y trabajadoras de Lovable, Magneti Marelli, Vicasa, Carrier, Avicu, Progalsa, y un largo etcétera de empresas.

Más de 15.000 personas se manifestaron por las calles de Guadalajara en defensa de los trabajadores de Carrier.//Foto: Archivo

Más de 15.000 personas se manifestaron por las calles de Guadalajara en defensa de los trabajadores de Carrier.//Foto: Archivo

El prestigio y la influencia que adquirieron los sindicatos, tanto los mayoritarios como los llamados minoritarios, llevaron al sindicalismo guadalajareño a alcanzar unas cuotas de afiliación históricas y la presencia de sus líderes en las listas de determinados partidos políticos era casi obligada, ya que daba empaque a las candidaturas. Sin embargo, ese mismo poder que habían logrado se convirtió en el comienzo de su fin. Empezaron las luchas internas por hacerse con las cúpulas de las ejecutivas y alcanzar la representación en los comités de las grandes empresas. Los líderes provinciales, aquellos que en otro tiempo fueron “compañeros del Metal”, pasaron a darse codazos para ocupar los primeros puestos al frente de las pancartas, se instaló el personalismo y las luchas intestinas fueron realmente salvajes. En todos los sectores y en todos los sindicatos. Los trabajadores pasaron a un segundo plano frente a los intereses personales, por lo que las directivas comenzaron a estar cada vez más alejadas de los militantes de base y de sus afiliados. La desunión interna se tradujo en un enfrentamiento encarnizado dentro de los propios sindicatos, por no hablar de las desavenencias continuas con el sindicato “rival”. Muchas negociaciones colectivas se vieron afectadas por estas peleas de gallos. Las cabezas visibles de los movimientos sindicales se convirtieron en pequeño-burgueses. Nunca olvidaré a un destacado líder de UGT ofreciendo una rueda de prensa en defensa de la Enseñanza pública, que inmediatamente después iba a recoger a su hijo a un prestigioso colegio privado de la ciudad; ni a ese otro dirigente de CC.OO. que después de luchar a muerte contra la implantación de empresas de trabajo temporal en la provincia pasó a dirigir una de ellas cuando se vio obligado a salir del sindicato; ni a esos delegados de Carrier que, al ver el cierre de la planta a la vuelta de la esquina, negociaron su propia indemnización millonaria y dejaron en la estacada a sus compañeros.

Las luchas internas acabaron con la conciencia de clase en Guadalajara. Comenzó entonces un proceso de abandono de la confianza por parte de los trabajadores que se tradujo en un descenso brutal de la afiliación y, por tanto, de unas de las fuentes de financiación más importantes de los sindicatos, que comenzaron a sustentarse básicamente con las subvenciones estatales. Esto les obligó a plegarse a los intereses del Gobierno de turno en demasiadas ocasiones, lo que repercutió entre sus filas, llegando a un proceso de decadencia en el que la militancia pasaba casi exclusivamente por el interés de determinadas personas de pertenecer a un sindicato para disfrutar de una liberación, de las llamadas “horas sindicales” o bien únicamente para tener acceso a una asistencia jurídica gratuita o a cursos de formación.

Y llegó la crisis. Y llegó la crisis. Y a los sindicatos les pilló con el pie totalmente cambiado y en sus horas más bajas. Y el PP aprobó la Reforma Laboral, el mayor ataque contra los derechos de los trabajadores en la historia de la Democracia en España. Y precisamente cuando deberían haberse convertido en el azote del Gobierno y de los empresarios, los sindicatos no están, ni se les espera. Porque se han ganado a pulso su desprestigio y tenían la batalla perdida antes de que empezara. Y de esto eran muy conscientes quienes redactaron un texto que fomenta los abusos empresariales, aumenta las jornadas, recorta los salarios, abarata el despido, acaba con el sector público y tira por tierra años de conquistas laborales, sin que el movimiento sindical pueda hacer absolutamente nada. Porque se ha convertido prácticamente en un cadáver al que sólo le falta darle la puntilla.

¿Alguien de ustedes sabe cómo se llama el secretario provincial de CC.OO? ¿Saben el nombre de la mujer que desde hace unos meses dirige UGT? ¿Conocen a los representantes sindicales en el vapuleado sector público? ¿Están al tanto de quiénes son los delegados de sus empresas? Si no han sido capaces de contestar al menos a tres preguntas, me estarán dando la razón sobre la práctica desaparición de los sindicatos de la vida pública en Guadalajara.

En sus manos está recuperar la fuerza que tuvieron antaño. Volver a creerse eso de que son organizaciones dedicadas a defender los derechos de los trabajadores a los que representan, dejarse de luchas internas por el poder y ser capaces de aglutinar corrientes. Una vez que hayan tomado sus propias riendas estarán en condiciones de recuperar la beligerancia perdida a lo largo de los últimos años. Sólo espero que no sea demasiado tarde.

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Un pensamiento en “¿Dónde están los sindicatos?

  1. Yo creo que hoy escribes, con muchos prejuicios, pero bueno no siempre se puede estar acertada. Un saludo y seguiremos leyendo con mucha placer El Hexagono.
    Yo creo que no todo es culpa de los sindicatos, gran parte es que nos han domado, y desgraciadamente nos hemos dejado.

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