Insidias en la caja tonta

Juan Pablo Sánchez, en el programa "El Cascabel" de 13 TV, la pasada semana.

Juan Pablo Sánchez, en el programa “El Cascabel” de 13 TV, la pasada semana.

Por Concha Balenzategui

Dicen las encuestas que la media española está en casi cuatro horas de consumo de televisión al día, por lo que debe haber alguno que se traga más de ocho horas para compensar las que yo no enchufo el aparato. Lo digo por admitir de antemano mi poca sintonía con el medio del que escribo hoy, y al que no es baladí que se atribuya tanto poder. Siguiendo con la estadística, resulta que los castellano-manchegos son los que más televisión ven en España, hasta contabilizar 4 horas y 13 minutos de media cada día. Me pregunto de dónde sacan esas cuatro horas libres, y por qué anteponen el televisor a otros entretenimientos como la lectura, el deporte o incluso las relaciones sociales y familiares. Pero haga cada uno con su tiempo lo que le parezca.

Lo que habremos de convenir, si damos validez a la estadística que tanto me cuesta creer, es que no es precisamente la televisión autonómica la que invita a los castellano-manchegos a este consumo desmedido. Porque la Televisión de Castilla-La Mancha, no engancha, como dicen los anuncios, sino más bien lo contrario: Es la cadena autonómica que menos se ve, también según otro estudio servido por la misma empresa de contabilizar audiencias. Los trabajadores de la televisión de autonómica, estos últimos meses a la gresca, tienen su propia explicación del bajón de audiencia y de la pérdida de credibilidad de la cadena que no podemos obviar.

Trabajadores de la televisión regional, durante una protesta. // Foto:trabajadorescmt.com

Trabajadores de la televisión regional, durante una protesta. // Foto:trabajadorescmt.com

Pero lo cierto es que ahí está la televisión -ahora hablo en general-, con su inmenso influjo de cuatro horas de consumo diario por español, por contribuyente, por consumidor o por votante, como cada uno lo quiera entender de acuerdo a sus intereses. Y así se entiende que esa caja tonta regional que Cospedal prometía vender en 2011, y que aún en 2013 esperaba hacer viable para poderla privatizar, siga a día de hoy emitiendo.

No voy a abundar en los argumentos que mi compañera Ana María Ruiz les ofreció hace menos de un mes sobre la televisión autonómica, o los que Raúl Conde nos ofreció hace algo más de tiempo. Ahí están las sentencias judiciales, los datos de audiencia y las protestas de los trabajadores para corroborar que este medio no se está utilizando de la forma correcta, sino más bien “en la buena dirección”. Ni la información más cercana -¿a qué tanta atención a equipos de fútbol que no son castellano-manchegos, por ejemplo?- ni la pluralidad, ni la mínima objetividad son sus máximas.

Por eso quizá les sorprenda ver en esa pantalla a personajes y partidos que hasta ahora habían tenido poco hueco para sus mensajes. Y es que, llegada la campaña, el cronómetro se pone en marcha para dividir esos “infumables” espacios electorales gratuitos, obligados por Ley. La Junta Electoral ya ha dictado el reparto, que se resume en un total de una hora, 40 minutos y siete segundos de información electoral para el PP; una hora, 30 minutos y 14 segundos, para el PSOE; Izquierda Unida con 18 minutos y dos segundos; mientras Podemos tendrá 13 minutos y 12 segundos en toda la campaña; pero Ciudadanos absolutamente nada. ¿Y por qué? Pues porque el criterio que se tiene en cuenta es el resultado de las Elecciones Europeas, quedando fuera las organizaciones como la de Albert Rivera, que no llegaron al 5 por ciento de los votos. Es una norma que puede ser tan defendible o tan perniciosa como uno la entienda, pero que unas veces beneficiará a unos y otras a los rivales.

Ciertamente, cualquier reparto puede considerarse injusto, y más en las actuales circunstancias, en las que fuerzas extraparlamentarias emergentes van a tomar gran protagonismo, según advierten también las encuestas, pero también es cierto que ese peso está cambiando de un mes para otro. Lo que habrá que comprobar, además de que se cumple el minutado previsto -que ya estarán los partidos controlándolo- es qué pasa con el resto del contenido del informativo. Y mucho más allá, qué ha pasado con la información política hasta ahora, fuera de esos 15 días en que todo va medido y calculado. Y es que esos cuatro minutos diarios de televisión computada en los espacios electorales son una minucia frente a las cuatro horas en que la televisión ha llenado -o vaciado, según se mire- las mentes de los espectadores durante su ración diaria en las diversas cadenas y programas que escogen.

Yo esta semana he sumado cerca de media hora más a mi pobre contribución a la estadística, atendiendo a la aparición estelar de Juan Pablo Sánchez Sánchez-Seco en el programa “El Cascabel”, de 13 TV. Vaya por delante que, como no se paga con mis impuestos, lo que haga esta televisión para apuntalar su línea editorial o captar audiencia ni me va ni me viene. Pero lo que he visto -porque lo he buscado tras el revuelo levantado– me ha llenado de estupor. Primero, por ver un programa de carácter nacional y unos comentaristas de información general interesados por lo que ocurre en un pueblo de 30.000 habitantes como Azuqueca de Henares, cuya existencia probablemente ni conocían el día anterior al programa. Pero ahí se ve a los contertulios, muy sueltos nombrando a su alcalde y a su candidato a la Alcaldía, como si fueran personajes de interés nacional a los que siguieran durante meses, y escuchando con devoción las explicaciones e insinuaciones de nuestro subdelegado de Gobierno, que pocas veces se habrá visto en circunstancia semejante. Y allí estaba el programa, devanándose los sesos por el paradero de 470.000 euros, que no niego que no deba ser un asunto que hay que esclarecer -y sí así lo determinan los tribunales, así será-, pero que en comparación con las tramas de corrupción que se están ventilando en las últimas semanas parece pecata minuta.

Reconozco que me faltan datos y claridad de miras para entrar en el fondo de la cuestión sobre el uso del presupuesto de construcción del Centro Joven de Azuqueca. Por eso mismo me sorprende que comentaristas de este calado se pronuncien con tanta contundencia sobre un asunto del que parecen aún tan poco documentados como yo. Al menos, yo hubiera necesitado, antes de abrir la boca, que alguno de esos 28 minutos de debate se utilizara para la réplica de quienes estaban siendo acusados.

Por mi manera de entender las cosas, creo que podemos estar ante tres supuestos. El primero, que como dicen Pablo Bellido y los suyos (no en este programa, sino en otros medios), que las modificaciones del presupuesto están debidamente justificadas. El segundo, que estemos ante un caso de mala gestión del dinero público, es decir, que no se ha controlado debidamente el gasto y su resultado. Y tercero, que hay un enriquecimiento ilícito, o sea, que alguien se haya beneficiado de ese medio millón de euros que aparentemente no cuadra en las cuentas.

Pero en el debate no se considera ni por un momento la primera opción, y prácticamente no se ve posible ni siquiera la segunda. Porque las insinuaciones de Sánchez-Seco, jaleado por algunos comentaristas, apuntan solo en esa tercera dirección. Una acusación que, por cierto, se hace en televisión a humo de pajas, pero que ni siquiera está entre los delitos que se imputan en este caso. Porque el secretario del PP guadalajareño fue más lejos que la propia denuncia y habló, sin dolerle prendas, de “la presunta estafa más grande que hemos tenido en la provincia” y de “una presunta financiación ilegal”. ¿Para que esperar a una sentencia, si ya está todo dicho? El resto de comentarios, ya por boca de los contertulios, siguió en esa onda: hablaron de “panorama siciliano”, de “posible contubernio” y de que “algún tipo de beneficio obtendrá” la empresa constructora. Que, por cierto, es la misma que contrató el Ayuntamiento de la capital (y con cuyos representantes se fotografiaban Román y Cospedal, los mismos a los que denuncian en Azuqueca) para terminar el Museo Sobrino, con un fantástico resultado, y parabienes generalizados.

Inauguración del museo Sobrino, cuyas obras remató la misma constructora que el Centro Joven de Azuqueca. // Foto: Jesús Ropero

Inauguración del museo Sobrino, cuyas obras remató la misma constructora que el Centro Joven de Azuqueca. // Foto: Jesús Ropero

Ya he dicho que llama mi atención el inusitado interés por Azuqueca, a pesar de que se usó como coartada el hecho de que había estado allí Pedro Sánchez, tratando de salpicar al secretario general del PSOE por codearse con imputados. Pero especialmente me escama que la persona designada para aportar los argumentos a este debate sea Sánchez Sánchez-Seco. ¿No había otro más apropiado en las filas del Partido Popular? Para empezar, porque Sánchez es otro imputado, y lo es por un asunto urbanístico (le acusan de prevaricación permitiendo unas licencias de construcción) en la etapa en la que fue alcalde de Pastrana, otro tema que no me atrevo a juzgar porque me faltan datos, y porque los tribunales lo resolverán. Pero además, porque es el subdelegado del Gobierno, el encargado de velar por la limpieza del proceso electoral, y no precisamente de enfangarlo hasta esos niveles. Y es que nuestro protagonista es además el secretario provincial del PP.

Siempre he entendido que hay grandes incompatibilidades entre los dos puestos que ostenta Sánchez, por más que la Ley no las defina. Verlo una noche ofrecer los resultados oficiales de voto, y a la mañana siguiente dar su valoración desde la sede del PP, chirría. Pero verlo comportarse como un auténtico hooligan en la televisión, eso sí que acrecienta mis convicciones.

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2 pensamientos en “Insidias en la caja tonta

  1. “mala gestión del dinero público, es decir, que no se ha controlado debidamente el gasto y su resultado” JJAAJAJAJAAJJAAJJAAJAJAJAJAJAJAJA.
    Igualito que lo de Andalucía, “mala gestión”. Hay que tener cara dura.

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