Planes a todo tren

La ministra Ana Pastor, en el Foro Cinco Días, la pasada semana. // Foto: Cinco Días

La ministra Ana Pastor, en el Foro Cinco Días, la pasada semana. // Foto: Cinco Días

Por Concha Balenzategui

La ministra de Fomento, Ana Pastor, anunciaba la semana pasada un Plan de Mejora de Cercanías, dotado con 1.257’7 millones de euros que se invertirían entre 2015 y 2018, tanto en infraestructuras como en nuevos trenes. Lo exponía en el transcurso del Foro Cinco Días, detallando que algo más de 1.000 millones de euros serán aportados por Adif, el gestor de las infraestructuras ferroviarias, y los 257 millones restantes por Renfe, que presta el servicio. La dependencia de muchos trabajadores y estudiantes de Guadalajara de las líneas de Cercanías con Madrid hace que estos planes tengan una gran trascendencia para nuestra provincia. Porque cuando dos horas de cada día transcurren montados en un vagón, los oídos se abren ante cualquier anuncio que huela a mejora.

El plan presentado incluye la supresión de pasos a nivel, la modernización de trenes, sistemas de pago más eficaces y mejora de infraestructuras. Se prometen inversiones en infraestructuras, vías, electrificación y eficiencia energética, señalización y comunicaciones, arreglo de estaciones, atención al cliente y extensión de nuevas tecnologías. Un objetivo del plan es la mejora de la información a los viajeros, y una de las primeras cosas que veremos, y que más ha llamado la atención a la prensa, es la dotación de conexión wi-fi en las estaciones.

Cuando el Ministerio ofrece un plan unas horas antes de la pegada de carteles, se arriesga a que lo tachen de electoralista, así que no vamos a abundar mucho más en esa reflexión. Si la presentación se acompaña de frases como que la prevista “es la inversión más importante que se ha hecho en Cercanías desde el comienzo de este servicio hace dos décadas”, empieza a despertar algunas dudas más. Dejemos de lado eso de que el Cercanías lleva funcionando dos décadas, porque solo se explica como desliz, pronunciado por Pastor y replicado por la prensa sin pararse a pensar. Que se lo digan a los que iban y venían a Madrid antes incluso de que existiera la línea de autobuses, entonces Continental Auto.

Si la inversión es inédita, que no tengo datos para rebatirlo, hay poco de nuevo en un anuncio de mejora de nuestro transporte ferroviario en vísperas electorales. Muchos recordarán los 24 civis prometidos por Renfe en tiempos de Jesús Alique, o el proyecto de soterrar las vías a la altura de Francisco Aritio, del mismo autor. Y aquel otro fantástico proyecto, anunciado por Rodríguez Zapatero, que incluía una conexión directa desde el Corredor del Henares hasta el centro de Madrid, sin el bucle que hacen los Cercanías por el rosario de paradas en la zona de Vallecas, ni la desviación que toma el Civis para entrar por Chamartin. Cómo me hubiera gustado descubrir bajo los titulares del anuncio de Pastor, que se repescaba aquella idea, con los vientos favorables de la recuperación económica. Pero nada de eso.

Fragmento del mapa del PITVI de 2011, con la nueva vía (en rojo) que conectaría el Corredor del Henares con el centro de Madrid. // Foto: Adif

Fragmento del mapa del PITVI de 2011, con la nueva vía (en rojo) que conectaría el Corredor del Henares con el centro de Madrid. // Foto: Adif

Aquel PITVI, Plan de Infraestructuras de Transporte y Vivienda planificado en el año 2011, aún permanece colgado de la página web de Adif. Afortunadamente lo está, para comprobar que no nos falla tanto la memoria y que no lo soñamos. ¿Podría pensarse que aquellos estudios no están arrinconados del todo, y que pueden retomarse cuando los tiempos sean verdaderamente más favorables? Parece que no.

Lo que está claro es que no hay comparación posible. Aquel plan, con una inversión de 4.777 millones solo para Madrid, era mucho más ambicioso, y seguramente irrealizable a aquellas alturas de la recesión. El PP ya advirtió, una vez en el Gobierno, que “desde el rigor y la austeridad a que obliga la crisis, los programas de actuaciones en infraestructuras, transporte y vivienda se ponen al servicio de la recuperación económica y de la mejora de nuestra competitividad”. Lo hacía en 2012, en la redacción de su Plan Estratégico para el Ministerio de Fomento. Y tres años después, nos avanza esta “mini-inversión” de 1.257 millones para los 18 planes de cercanías.

Entre unas fechas y otras, el PP elaboró un nuevo PITVI 2012-2014, un extenso documento en el que las declaraciones de intenciones son muchas, la redefinición de los papeles de Renfe, Adif y la cooperación público-privada se llevan buena parte, pero las concreciones sobre actuaciones escasean. Figura un vago principio de “racionalizar la oferta ferroviaria”, y un cálculo de que el ferrocarril suponga el 40 por ciento de los recursos de inversión en este periodo. Hay también una relación de actuaciones, sin la consiguiente dotación presupuestaria ni fechas de ejecución, pues queda supeditada a la evolución de la economía nacional, incluyendo un estudio de las perspectivas más optimistas y más pesimistas. Y menciona, por fin, un plan global de cercanías, sin mapas, pero con unas directrices: la especialización, la mejora de frecuencias y aumento de la regularidad, así como la mejora de la conexión con otras redes de transporte, incuso de un posible estudio de nuevos servicios ferroviarios de proximidad.

Pero ni siquiera vemos esos mismos postulados en el plan que trae Ana Pastor. Ahora se habla de mejorar las estaciones, de suprimir pasos a nivel, y de crear paneles de información más claros. Son cosas necesarias, claro está, sobre todo en el terreno de la seguridad. Si quedan pasos a nivel, que deben ser pocos, es prioritario eliminarlos. Pero las estaciones también se han ido remodelando, y como último ejemplo tenemos la de Torrejón de Ardoz. Y los trenes están en buenas condiciones, al menos a la vista de los viajeros; hay que reconocerlo. Y colarse, tal y como están dispuestos los tornos, parece imposible. Pero eso tampoco le quita el sueño al 99 por ciento de los usuarios, que paga religiosamente por un servicio que deja que desear, en frecuencias y sobre todo en horarios.

Hay mucho margen de mejora, es verdad. A la estación de Guadalajara bien le vendrían unos metros más de techumbre que evitaran que los pasajeros se mojaran cuando llueve y cogen el tren en las vías 8 y 6. Y sobre todo rampas o ascensores que salvaran las barreras arquitectónicas que dificultan (o impiden) acceder a algunas vías a personas con movilidad reducida, o simplemente portando una maleta. Pero ni puñetera falta que le haría una wi-fi para navegar por internet si el tren llegara a su hora. Con los paneles que hay, de sobra tenemos para comprobar que los civis nunca son puntuales.

No es que vayamos a pedir que se desempolve un proyecto que probablemente sea a día de hoy tan irrealizable como hace cuatro años. Pero pensar que, dentro de otros cuatro años más viajaremos en trenes más modernos, con los mismos recorridos y las mismas frecuencias, los mismos retrasos y las mismas paradas, eso sí, hiperconectadas y señalizadas, se nos hace pobre. Para promesa electoral, desde luego, se nos queda enormemente corta.

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