Indecisos

Según el CIS, entre un 30 y un 45% de la población aún no sabe qué va a votar mañana domingo.//Foto: Ana María Ruiz

Según el CIS, entre un 30 y un 45% de la población aún no sabe qué va a votar mañana domingo.//Foto: Ana María Ruiz

Por Ana María Ruiz

Hoy es jornada de reflexión, eso dice al menos la Ley Electoral. Atrás quedaron los ecos de una larga campaña en la que los candidatos se han pateado la ciudad y la provincia en busca de los votos que les aseguren un sillón –y un buen sueldo- para los próximos cuatro años. Por fin hemos dejado de escuchar esas musiquillas tan estridentes con las que los distintos partidos tratan de llamar la atención a golpe de megáfono–hasta las narices estoy de esas melodías tan ratoneras-, los mítines machacones, las entrevistas en los medios de comunicación día sí y día también, las visitas de líderes “ilustres”, las fotografías con niños y ancianos y la sarta de promesas con la que nos han regalado los oídos durante quince días, muchas de las cuales ya sabemos que se van a quedar en agua de borrajas.

El calendario nos recuerda, pues, que hoy toca pensárselo muy bien antes de acudir a la cita con las urnas mañana domingo porque en nuestras manos está decidir quiénes nos van a representar en nuestros ayuntamientos y en las Cortes regionales durante los próximos cuatro años. Está claro que los convencidos no tendrán ninguna duda cuando acudan con sus papeletas a los colegios electorales, pero son muchos y muchas los que, a estas alturas de la película, todavía no tienen decidido a quién darán su voto. Entre un 30 y un 45% por ciento de la población según el último estudio del CIS. Yo tengo que reconocer que me encuentro entre los que no tienen la más mínima idea de lo que van a hacer mañana.

Barajo varias opciones. La primera es no ir a votar y quedarme tranquilamente en casa o hacer una escapadita al campo para disfrutar de un domingo que se prevé soleado y con buenas temperaturas. Cuando comento esta posibilidad en mi entorno poco menos que me echan a los leones. “Si no votas estás beneficiando a tal o cual partido”, “Regalas el voto a fulanito o menganito”, “Cómo no vas a votar con lo que nos ha costado conseguir el derecho a elegir representantes” y así un rosario de reproches que me hacen sentir como una paria de la sociedad en caso de que decida finalmente no participar en la tan cacareada “Fiesta de la Democracia”.

Segunda opción: votar en blanco. No reproduzco los argumentos que escucho porque son los mismos que para mi primera opción. Tercera posibilidad –y una de las que más me convencen de momento-, voto nulo. Aquí he recibido un sinfín de ideas para incluir todo tipo de objetos a modo de papeleta dentro de mi sobre. La que más me han repetido es la del voto-chorizo. Es decir, que lo mismo me planto en la carnicería de mi barrio, pido 50 gramos de pamplonica envasados al vacío y me dirijo cual estudiante gamberrilla a mi colegio electoral, inserto mi “voto” y me quedo tan contenta por haber demostrado de este modo mi personal protesta contra la corrupción a la que tan acostumbrados nos tienen los políticos de este bendito país.

La cuarta y última posibilidad es la de votar a un partido político. A mí me gustaría más elegir a las PERSONAS que creo que son las más capacitadas para representarme en las instituciones, pero como la Ley no lo permite, ajo y agua. El caso es que todos tienen alguna propuesta que me gusta y también otras que no me cuelan ni “jartos” de vino. Por eso voy a hacer un ejercicio de reflexión sobre la ciudad que quiero. Y me voy a centrar en Guadalajara capital porque es la localidad en la que resido.

Quiero una ciudad en la que pueda trabajar. Cuatro años en las listas del desempleo, sin una sola oferta de trabajo y con muy pocas perspectivas de encontrarlo a corto o medio plazo, son más que suficientes para desmotivarme. Incluso he llegado a pensar que a mis 46 años soy un despojo laboral y voy a tener que conformarme con ejercer de ama de casa de por vida. Y no me da la gana resignarme.

Quiero una ciudad en la que mi hija reciba una enseñanza de calidad, pública y gratuita. Que vaya al instituto con la garantía de que habrá suficientes profesores y que no tendrá que compartir el aula con tropecientos compañeros. Quiero un campus universitario dotado y bien planificado que le permita completar su formación en el futuro sin tener que marcharse a vivir fuera.

Quiero una ciudad que cuente con un Hospital digno, limpio, dotado de material y de personal, con unas instalaciones renovadas, menos listas de espera para pruebas diagnósticas e intervenciones quirúrgicas, sin pacientes por los pasillos mendigando una cama y, sobre todo, quiero que se retomen las obras del nuevo recinto hospitalario que me prometieron hace cuatro años y que hoy es un esqueleto abandonado, una vergüenza para Guadalajara. Y también me gustaría que mi médico de Atención Primaria tuviese un mínimo de tiempo para atenderme en condiciones y que mi centro de salud contase con material y medios de calidad.

Quiero una ciudad en la que no me sangren a impuestos por servicios municipales privatizados y mediocres. Quiero que las tasas que me cobran sean realistas y ajustadas a los servicios que recibimos a cambio.

Quiero una ciudad con un transporte público bien planificado, digno y eficaz que cubra las necesidades de los usuarios.

Quiero una ciudad que me ofrezca una oferta cultural y de ocio que no me obligue a desplazarme a Madrid en busca de lo que aquí no encuentro. Necesito espacios para la cultura gestionados por la gente que entiende de cultura. Quiero que vuelvan la Feria del Libro y la Feria de Artesanía, necesito que se recuperen programas y citas culturales que la crisis y la falta de apoyos institucionales se han llevado por delante.

Quiero una ciudad en la que los servicios sociales no se basen en la beneficencia. Una ciudad limpia, segura, con un casco histórico atrayente. Una ciudad que sea capaz de ofrecer alternativas de ocio para los jóvenes.

Quiero un Ayuntamiento honesto, transparente, capaz, dialogante y cercano a los vecinos.

En fin, quiero tantas cosas para Guadalajara que la lista sería interminable. Pero lo que tengo muy claro es que no sólo quiero una buena ciudad para vivir, sino una excelente ciudad para vivirla.

Con respecto a la región, el estado actual de Castilla-La Mancha  –en coma profundo- no me convence en absoluto, por lo que lo único que tengo claro es a quién no voy a votar a la Presidencia regional.

Llevo escritas más de mil palabras y no me decido. Pensé que poner sobre el papel lo que deseo me despejaría la mente, pero veo que esto de la jornada de reflexión no ha variado un ápice mi elevado índice de indecisión. Lo consultaré con la almohada. Sólo espero que ningún candidato aparezca esta noche en mis sueños para apurar la campaña. Porque al despertarme el 24M no sabré si he tenido una pesadilla o una premonición.

Que ustedes lo reflexionen bien.

Estas elecciones serán unas de las más interesantes de los últimos años.//Foto: Internet

Estas elecciones serán unas de las más interesantes de los últimos años.//Foto: Internet

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Un pensamiento en “Indecisos

  1. Totalmente de acuero con tu artículo y, no me extraña que no quieras resignarte a ser ama de casa única y exclusivamente, con el talento que tienes para expresar tus ideas. Me siento totalmente identificada con tus palabras. Ah, por cierto, la idea del chorizo de pamplona, es la idea que más me convence…

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