Adiós a la paralela

Por Evaristo Olcina*

Evaristo Olcina, periodista.

Evaristo Olcina, periodista.

Las noches electorales están siempre vinculadas a buena parte de la vida de los periodistas. Predecir antes del recuento de la última papeleta, en ocasiones, tiene riesgos. Los votos por correo vuelcan el resultado de las urnas e incluso producen empates; es difícil, pero los hay. Unas fichas de colores o unas pelotas de ping-pong dirimen quién procesionará detrás del patrón con la vara de alcalde. Así sucedió en Cifuentes en 2011. Una mano inocente de la Junta Electoral determinó que José Luis Tenorio accediera a la Alcaldía cifontina.

Peor fue lo de Antonio Zahonero, el hoy todavía presidente de la APAG. En 1982, el recuento de las urnas le concedió acta de senador. Sin embargo, la suma de las papeletas del voto por correo llevaron hasta la plaza de la Marina a José Ruiz. Hoy eso no pasaría, manda el partido y te ponen donde quieren. Entonces los candidatos a la Cámara Alta se ordenaban por el gen alfabético del apellido paterno.

El primer recuento electoral al que asistí fue en Agullent (Valencia), tanto tiempo hace que no recuerdo la convocatoria. La memoria sí la tengo fresca del 28 de octubre de 1982. Ese día, oficialmente, SER Guadalajara inició sus emisiones. Horas antes del recuento, apadrinado por Luis Miguel Martínez, fui recibido en Gran Vía por Fernando Ónega, jefe de informativos de la Cadena, para asistir como “observador” a una noche electoral radiofónica inolvidable. Si memorable fue la noche, maravillosa fue la madrugada. Al concluir la programación, la redacción se convirtió en un carrusel de anécdotas de las jornadas especiales en la Ser con cuyos protagonistas compartía churros y chocolate.

Tres minutos

Quien se atreve, hoy, a recuperar una parte de la historia electoral arriacense vivió su tercera noche en el CDS, con Luis Suárez de Puga. Era candidato a la Alcaldía de Guadalajara por segunda vez. La primera lo hizo con UCD en 1979 y, tres malditos minutos, por los enjuagues de las cúpulas e intrigadores del partido, impidieron que su candidatura se presentara en hora ante la Junta Electoral. Aquello supuso que UCD no tuviera representación en el Ayuntamiento capitalino.

En 1983, Juan de Dios Rodríguez, director de SER Guadalajara, Enrique Martínez de la Casa y Olga Flórez, auténticos baluartes de un nuevo periodismo en Guadalajara, decidieron que el “meritorio” fuera testigo del derrumbe personal y emocional de un candidato de máxima reputación personal y profesional. Cada acta que llegaba de un colegio propiciaba un carrusel de excusas ante la falta de apoyos. ¡Siempre quedaba el Alamín!, el barrio humilde donde había repartido favores personales y medicinas, en su calidad de médico. Allí tampoco alcanzó los votos necesarios para sentarse en el salón de plenos. Nunca olvidaré cómo se desmoronó aquella excelente persona; nadie se atrevió a descorchar las escasas botellas de cava que tenían en una nevera. Solo aspiraba a un concejal, quien hubiera sido alcalde cuatro años antes y seguro que en 1983. De no haberse torcido la historia por aquellos tres minutos, mis buenos amigos Pariente, de la Casa y Flórez no me hubieran encomendado vivir tan nostálgica ocasión.

Nostálgicas son este día las noches y madrugadas electorales en el periódico Guadalajara Dos Mil. La incompatibilidad de programas entre el Ministerio del Interior y nuestros ordenadores para volcar los resultados llenaban de incertidumbre la hora de cierre. Sin embargo, los desayunos, con el periódico entre las manos de Antonio del Abril, Ricardo Clemente, Nines Oliver, Blanca Corrales, Isabel Sánchez, Sonia Jodra, Pedro Aguilar, Mayte Madariaga o Pepe Zamora para escuchar los comentarios de los lectores ante los resultados electorales en la capital y en sus pueblos reconfortaban la jornada interminable, en la que a los candidatos les da por ir pronto a depositar el voto. Con ellos, los periodistas y, por supuesto, los gráficos. ¡Qué sería un voto de un candidato sin su foto!

A estas alturas del año, el vocablo “paralela”, irremediablemente, nos induce a pensar en Hacienda. Y eran, precisamente, sus ordenadores, en Guadalajara, los que permitían transferir los datos de las actas electorales hasta el Ministerio del Interior para recapitular los resultados y ofrecer el veredicto ciudadano. En otras provincias, tengo entendido, eran los servicios informáticos de la Tesorería y Seguridad Social o Tráfico donde se procesaba la información de las actas. Estos tres departamentos de la Administración del Estado han gozado siempre de más y mejores medios que el resto. Sospecho que hoy será igual, por el elevado número de datos que manejan de la ciudadanía y lo codiciados y cotizados que puede ser alcanzarlos.

Para situarse en la relevancia de una noche electoral de “la paralela” hay que realizar un ejercicio memorístico. ¿Qué ordenador o móvil teníamos en 1991? ¿Cómo podía conocer los resultados electorales de su ciudad o comunidad autónoma? Algunos, por la radio; los menos, en televisión; y al día siguiente, en los periódicos locales. Sin embargo, a lo largo de la noche podía conocerse el número de votos de cada candidatura en Cantalojas, Almoguera o en El Pedregal.

Talante y talento

José Herrero Arcas, que fue gobernador civil de Guadalajara

José Herrero Arcas, que fue gobernador civil de Guadalajara. // Foto: laverdad.es

El salón de juntas del Gobierno Civil se convertía en el ágora. Un espacio público donde los presentes eran de todo color y condición. José Herrero Arcas, gobernador civil en 1991, un tipo con talante y talento, cursaba invitación oficial, sin que fuera necesaria su presentación para acceder, a instituciones, agentes sociales, partidos políticos y medios de comunicación, hasta que el exceso de concurrencia obligaba a la oportuna criba a los agentes de la Policía Nacional que prestaban servicio a las puertas del edificio.

La noche del 26 de mayo de 1991 los agentes tuvieron que esmerar su celo profesional. A los habituales, candidatos y acompañantes y el elenco de periodistas acreditados -allí siempre anduvieron los veteranos; los becarios, a los partidos minoritarios-, hubo otra mucha gente que quiso acercarse a conocer si el dato que estaban ofreciendo las emisoras de radio era cierto: el Partido Popular perdía la mayoría absoluta en la Diputación Provincial.

La especulación que se produce en función de los porcentajes del recuento acabaron aquella noche con la comparecencia de Pepe Bono en televisión: confirmaba su victoria en Castilla-La Mancha y la pérdida de la mayoría absoluta del PP en la Diputación de Guadalajara. La explosión de júbilo de algunos socialistas y acompañantes en la sala de juntas obligó a reconvenirles por estar en institución pública.

Hasta Fernández Iparraguirre mandó Francisco Tomey (presidente de la Diputación y del PP) una delegación. Quiero recordar que José María Bris y Luis de Grandes acudieron a conocer cómo los datos oficiales ofrecían unos resultados diferentes a los suyos.

La “paralela” se venía a denominar el procesamiento simultáneo de los datos oficiales. La finalidad era evitar el atasco informático que suponía, después de tenerlos en las manos, recibir a través de un solo ordenador, y solo uno, los datos de cada pueblo de la provincia, con sus periódicos colapsos y consiguientes reinicios.

Crónica de la "noche de los sobresaltos" de las Elecciones Municipales y Autonómicas de 1991, en El Decano de Guadalajara

Crónica de la “noche de los sobresaltos” de las Elecciones Municipales y Autonómicas de 1991, en El Decano de Guadalajara.

¿Qué pasó aquella noche para tanto revuelo? El desarrollador del programa informático del Ministerio decidió, por agilizar el recuento provisional, no introducir los resultados de los municipios de menos de 100 habitantes. Consideraba que no influirían en el avance electoral. En el resultado, no; pero en el avance hay testimonios gráficos y crónicas de aquella noche que llevaron a más de uno al borde de la taquicardia.

En España hay 1.220 municipios que no alcanzan el centenar de habitantes empadronados; 148 pertenecen a nuestra provincia. Es decir, más de la mitad de nuestros municipios pertenecen a ese grupo, de ahí que su peso sea de elevada importancia en las zonas electorales y de manera relevante en las demarcaciones de Sigüenza y Molina de Aragón. La “paralela” ayudó, de manera manual, a deshacer el entuerto informático oficial.

Con los censos se sospecha que se han hecho muchas trampas, pero nunca he sabido de tejemanejes con las urnas y sus votos. España goza de un proceso electoral transparente y rápido en su recuento; solo hay que observar las horas que pasan los británicos contando papeletas.

Esta noche, el ágora de la Subdelegación estará vacía. La tecnología le resta relevancia. Tampoco ayuda el talante y el talento. Escucharé la radio esta noche; veré la televisión y, mañana, desayunaré con los periódicos para conocer las razones del éxito electoral del PP en Almoguera y Cantalojas.

De los pueblos con menos de 100 empadronados ya me busco solo el resultado.

*Evaristo Olcina es periodista. En la actualidad es el responsable de Comunicación de CaixaBank en Andalucía Oriental. Ha trabajado en la Ser, en Guadalajara 2000, en el Gobierno Civil, en Caja de Guadalajara, Cajasol y Banca Cívica. Incluso llegó a escribir algunas líneas en el Ya y en El Independiente.

 

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