El Espíritu de Guadalajara

Plantilla BM Guadalajara, temporada 2014/15. // Foto: BM Guadalajara.

Plantilla BM Guadalajara, temporada 2014/15. // Foto: BM Guadalajara.

Por Ana G. Hernández

Corría el año 2007 cuando la Asociación Deportiva Ciudad de Guadalajara nacía como un ambicioso proyecto tomando el testigo del extinto Avirresa, que hizo las delicias de los aficionados alcarreños al balonmano en la época de los 90. Tres vertiginosos ascensos después y cinco temporadas permaneciendo en la Liga Asobal Bauhaus han consolidado al BM Guadalajara en la élite nacional. Fue precisamente este fin de semana en el que se puso fin a una quinta temporada en la que el equipo volvió a sufrir y, sobretodo, a echar mano de sus raíces para llegar a las dos últimas jornadas con la seguridad de que el próximo año competirá con los mejores.

Las raíces de las que hablo no son otras que las de un equipo guerrero y humilde, que nunca daba un partido por perdido y que siempre necesitaba dar todo de sí mismo para meter mano al rival. Y es que, esta temporada con un presupuesto mucho más ajustado a la realidad que la campaña pasada y sin grandes nombres en la plantilla, el BM Guadalajara recordó el espíritu que le hizo grande en su debut. Un espíritu caracterizado por hacer muy malas primeras partes, como si le diera pánico escénico aparecer ante los focos nacionales, pero que en las segundas resurgía de sus cenizas para hacer vibrar a los allí presentes.

Edu Reig consiguió el gol de empate mientras sonaba la bocina. // Foto: mforo.

Edu Reig consiguió el gol de empate mientras sonaba la bocina. // Foto: mforo.

El ave fénix morado, aunque en aquel 2010 vestía de blanco y verde, hizo una de sus grandes apariciones el 10 de diciembre sobrevolando el Palacio Multiusos. Después de llegar al descanso con un desfavorable 13-20 en el marcador tras una primera parte desastrosa, el alado se manifestó dejando al Cuadro Rayas Valladolid de Juan Carlos Pastor asombrado por su esplendorosa figura. De hecho, a los Gurbindo, Cutura, Ángel Romera, Sierra y compañía se les encogió el brazo ante la figura de un Jorge Oliva que a la postre entraría en el top-10 de mejores porteros. No solo el meta sevillano brilló en aquella media hora de ensueño, Sergio de la Salud tomó el mando de las operaciones y fue suya la asistencia del gol que supuso el empate. Fue una jugada que salió de la pizarra de Fernando Bolea, después de que su equipo perdiera dos posibilidades de poner las tablas en el marcador en los brazos de Mateo Garralda: De la Salud actuaría de portero-jugador, mientras que Edu Reig se desdoblaría desde el extremo hacia el pivote esperando un pase filtrado del primero. Pues el pase llegó y el catalán lo embocó mientras sonaba la bocina en el Palacio Multiusos de Guadalajara. Fue en ese preciso momento, cuando el BM Guadalajara creyó en que llegaba para quedarse.

El partido frente a los pucelanos fue el punto de inflexión que necesitaba un equipo recién ascendido. Lo fue por la forma de sacar aquel punto y también por el rival al que se enfrentaba. Con la manida crisis económica aun principiando, el Cuatro Rayas Valladolid era, además de un histórico, un intocable que disputaba la tercera plaza al Ademar León. Uno de esos equipos que no podía permitirse el lujo de perder puntos en la cancha del Guadalajara. Pero lo que no sabían los de Juan Carlos Pastor es que serían la víctima perfecta para forjar la leyenda. Una leyenda que no es otra que la del Espíritu del Guadalajara.

Después de lograr varias machadas semejantes y que los propios comentaristas deportivos de televisión la utilizaran en partidos de remontadas extremas, la leyenda se diluyó poco a poco. En parte por la marcha de Bolea, en parte porque el presupuesto aumentaba y la experiencia se acumulaba. Sin embargo, en esta temporada 2014/15, el fénix volvió a sobrevolar la cancha alcarreña enarbolando ese duende que tanto se echaba de menos en la ribera del Henares. Un espíritu caracterizado por la tenacidad, por el esfuerzo y por no dar por perdido un partido por muy atrás que se esté en el marcador.

Esa fue la clave para que un recién ascendido consiguiera la permanencia en aquel 2011, la misma clave que ha sido necesaria cuatro años después. Le pueden llamar como quieran, clave, duende, fénix o simplemente lucha, pero como comprenderán yo me quedo con su título original: El Espíritu de Guadalajara.

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