El bipartidismo va por barrios

La más que posible candidata de Ahora Madrid, Manuela Carmena, con sus dos colegas de Guadalajara, Susana Martínez y José Morales. // Foto: Ahora Guadalajara.

La más que posible alcaldesa de Ahora Madrid, Manuela Carmena, con sus dos colegas de Guadalajara, Susana Martínez y José Morales. // Foto: Ahora Guadalajara.

Por Rubén Madrid

La resistencia y el desplome del bipartidismo van por barrios. Y no es un decir. Lo confirman los datos por colegios electorales en las últimas Elecciones Municipales de Guadalajara, pero también el vistazo a los escrutinios en las principales localidades del Corredor. Chiloeches, Loranca o Villanueva de la Torre pueden tener alcaldías de Ahora; Ciudadanos ha obtenido sus mejores resultados en las mesas de los nuevos desarrollos de la capital; y la confluencia de izquierdas pisa los talones al bipartidismo en El Fuerte o Aguas Vivas, aunque no en los tradicionales ‘barrios obreros’ como Los Manantiales y El Alamín.

Las elecciones del 24M han demostrado un cierto derrumbe en dos tiempos para la posición hasta hace nada hegemónica de los partidos turnistas. El PSOE tropezó hace cuatro años en Guadalajara capital, y no se ha recuperado (incluso ha perdido 1.148 sufragios) y el PP lo ha hecho esta vez, con la pérdida de nada menos que 7.476 papeletas, una de cada tres que obtuvo Román en 2011. Es un desgaste considerable, pero no un desplome: entre ambos siguen sumando el 65,51% de los votos. Pero es que en la última convocatoria fueron más de ocho de cada diez. El bipartidismo está tocado, pero ni mucho menos hundido.

Así que la caída es relativa y tiene sus tiempos, pero tampoco es homogénea, y es aquí donde surgen algunos datos muy interesantes. Los resultados de las votaciones desgranados por colegios electorales demuestran que Guadalajara también se suma a otra tendencia generalizada en todo el país: las dos velocidades del desgaste del bipartidismo, más significativo en zonas urbanas que rurales; más poderoso en capitales como Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza y A Coruña que en La Mancha o en Andalucía, más que constatable al ver cómo quedarán parlamentos como el aragonés o el valenciano en comparación con nuestras Cortes o las extremeñas.

En el conjunto de la provincia, el bipartidismo sigue acaparando el voto.

En el conjunto de la provincia, el bipartidismo sigue acaparando el voto.

Guadalajara, que siempre mantiene una relación de amor y odio con Madrid, con un magnetismo que a veces atrae y otras veces repele con igual intensidad, también experimenta esta doble velocidad en su muy matizable desmoronamiento del bipartidismo. Esto no va ya de izquierdas y derechas. Enfrenta, más bien, a generaciones y a procedencias. Con todos los reparos que tienen las generalizaciones y a falta de estudios más concienzudos, la vista gorda nos permite afirmar que los barrios más GTV (de Guadalajara de toda la vida) sostienen al bipartidismo; mientras que los nuevos lo amenazan.

Los datos. Ciudadanos no gana en ninguna de las 101 mesas. Aunque sus dos concejales le permitirán conceder el bastón de mando al PP, no ha superado la barrera del 10%, muy por debajo de las grandes expectativas que a escala nacional dan las encuestas para los de Albert Rivera. No obstante, su aportación al desgaste del bipartidismo en la ciudad, con casi 4.000 votos, resulta más significativa en los nuevos desarrollos: Aguas Vivas, Las Lomas o el Remate de las Cañas. Sus mejores resultados están en las mesas del instituto de Aguas Vivas y del colegio de La Muñeca.

El candidato a la Presidencia de la Junta, Ángel Ligero, votó en Galápagos. // Foto: Efe.

El candidato a la Presidencia de la Junta, Ángel Ligero, votó en Galápagos. // Foto: Efe.

El mismo fenómeno se aprecia todavía mejor con el análisis de los resultados de Ahora Guadalajara. Aunque en la teoría y en la práctica esta candidatura se sitúa a la izquierda del PSOE, no le recorta votos en barrios que tradicionalmente han podido ser definidos como de clase obrera como Manantiales o El Alamín, donde los socialistas todavía barren. Es cierto que IU mantiene su granero de votos en el colegio Río Tajo (zona de Escritores), donde incluso se impone en una de las mesas, pero su candidatura de confluencia con Equo, Más de un Ciudadano, Podemos y movimientos sociales obtiene también sus mejores resultados en proporción en los colegios de Adoratrices, Cardenal Mendoza y Las Lomas, con buenos resultados también en La Muñeca. Es decir, donde Ahora Guadalajara recorta distancias con el bipartidismo, en general, y con el PSOE en particular, es en los nuevos desarrollos de la ciudad, entre ellos El Fuerte, cuyos vecinos votan en Adoratrices.

Mientras, la hegemonía electoral de PP y PSOE sigue siendo indiscutible en colegios como Rufino Blanco, Alcarria, Badiel, Alvarfáñez, Buero Vallejo, Pedro Sanz Vázquez o la Escuela de Arte, lo que se corresponde con los barrios antiguos y consolidados desde hace décadas.

Queda trazada, incluso, una frontera clara entre barrios próximos geográficamente pero ocupados en diferentes generaciones de vecinos, como ocurre con Bejanque y los colindantes El Fuerte y Aguas Vivas. A menudo serán padres e hijos de una misma familia los que optan por opciones diferentes.

Por cierto, en el centro, que ha estado muy presente en la campaña electoral, también ganan con cierta holgura PP y PSOE, aunque aquí el voto está proporcionalmente más equilibrado con el balance que arroja el escrutinio general.

Y también en el Corredor. En la provincia no podemos decir que el bipartidismo va por barrios, pero sí por localidades, y el fenómeno salta también a la vista. Villanueva de la Torre, uno de los municipios más ‘jóvenes’ no sólo de Guadalajara sino de toda España –con una media de edad inferior a los 30 años–, podría tener alcaldesa de Ahora si el PSOE la apoyase. Allí la actual regidora Marta Valdenebro (PP) ha perdido uno de cada tres apoyos, pero es que la subida en más de 130 votos de los socialistas no resiste la comparación con la que se ha producido a su izquierda, donde la confluencia se ha posicionado por delante.

El número 3 de Ahora Guadalajara, José María Gil, colocando un cartel de su candidatura. // Foto: Ahora Guadalajara.

El número 3 de Ahora Guadalajara, José María Gil, colocando un cartel de su candidatura. // Foto: Ahora Guadalajara.

Lejos de ser un caso aislado, llama la atención que los pueblos donde la distancia con el bipardisimo más se ha recortado o directamente volatilizado sean también aquellos en los que la llegada de familias jóvenes, muchas de ellas desde la Comunidad de Madrid, ha sido más frecuente en los últimos tiempos. En Chiloeches, Ahora empata a cinco concejales con el PP y espera el apoyo de un único del PSOE. La candidatura en Loranca de Tajuña también ha ganado y sólo necesita para gobernar los tres concejales del PSOE, y en Pioz, con cuatro ediles frente a los tres del PP, pueden hacerse con el mando si logran apoyos en el Pleno de investidura. En Torija, la candidatura de izquierdas suma tres ediles, a la misma altura que los otros dos partidos; y cerca de allí, en Trijueque, ha obtenido otros tres, los mismos que la lista más votada (independiente), y superando entre ambas a los dos del PP y al único acta de concejal socialista.

El bipartidismo cae también en El Casar, donde los dos partidos mayoritarios suman 9 concejales frente al bloque de ocho del resto de partidos; y lo mismo sucede en Galápagos (seis frente a cinco) y en Torrejón del Rey (ocho frente a cinco). El fenómeno electoral es más expresivo cuando comprobamos lo que ocurre, en cambio, al alejarnos de las áreas más próximas a Madrid, donde resisten las tradicionales y aplastantes mayorías de la suma PSOE-PP en Sigüenza, Jadraque, Atienza, Cogolludo, Hita, Brihuega, Pastrana, Sacedón, Yebra, Almoguera, Albalate o Trillo.

Por supuesto que hay casos tan excepcionales como el de Almonacid, donde gana la candidatura independiente (ha obtenido la mitad de los votos); Molina, con un reparto más equilibrado entre cinco fuerzas, o Alovera, donde la alternativa al bipartidismo desde hace ya tiempo, la candidatura independiente que encabeza Purificación Tortuero, vuelve a ganar con el 25% de todos los votos. Allí el PP y el PSOE copan siete concejales frente a los diez que suman Alternativa Alovera (5), Ahora (3) y C’s (2).

Entre las contadas excepciones a la regla está Yebes: allí la ausencia de más candidaturas de izquierdas ha dejado al PSOE en tan buena posición que ha ganado las elecciones y gobernará con el apoyo anunciado ayer de UPyD, la nueva marca del hasta ahora regidor Joaquín Ormazábal. Pero el resultado más honroso para el PSOE en el Corredor es el de Marchamalo. Allí los socialistas liderados por Rafael Esteban han revalidado la mayoría absoluta. Ya habíamos tenido pistas de la singularidad de esta localidad campiñera: en todo este año de brotes morados no se ha constituido ningún círculo de Podemos. Aunque, a decir verdad, lo que ocurre en territorio gallardo más bien parece la excepción que confirma la regla.

Lecturas. Todas estas estadísticas facilitan muchas lecturas sobre la muy cambiante realidad sociopolítica de la ciudad y de los municipios del Corredor. Sorprende que este comportamiento desigual de las alternativas al bipartidismo en unas zonas y otras esté quedando fuera de la mayor parte de los análisis, cuando marca -y seguramente seguirá marcando- no sólo la configuración de nuevos gobiernos sino las próximas estrategias de campaña.

Quienes analizamos lo que ocurre ahí fuera también haríamos bien en ser conscientes de que nada sigue igual. El periódico Nueva Alcarria, por ejemplo, no lo ha comprendido aún. No sólo ha tenido una cobertura de la campaña totalmente desequilibrada, sino que este mismo lunes, ya a toro pasado, dedicaba una doble página de apertura al Día de Castilla-La Mancha y sólo reservaba uno de los 21 párrafos de su información para el acto de Podemos en la Plaza de Zocodover de Toledo. Los otros veinte seguían dedicados a las declaraciones de Cospedal y Page. La lógica del bipartidismo sigue presente en un tipo de prensa que difícilmente podrá recuperar lectores si no se sincroniza con los nuevos tiempos.

Pero hay otras consideraciones aún más interesantes. Lo es la brecha generacional que parece señalar el voto en estas últimas elecciones. Y lo es que esta suerte de escoramiento a la izquierda en algunos electores no se dé precisamente en barrios de clase obrera, sino que responden más bien a otro tipo de identidad, esa que algunos han dado ya en calificar como precariado y que está formado por jóvenes con una alta formación pero enfrentados a la inseguridad laboral y castigados por las medidas de ajuste en respuesta de esta crisis. Convencidos muchos de ellos de la cultura del esfuerzo y confiados hasta hace poco en las promesas de la meritocracia, han comprobado durante estos ocho años que las dos fuerzas políticas hegemónicas han sido incapaces de poner la política al servicio de las mayorías, justo cuando más se necesitaba, y han observado, en cambio, un juego sucio por parte de los actores principales de la escena política.

Probablemente el CIS haga un desglose en breve del voto por edades hacia las formaciones nuevas y viejas que refuerce, como ya asomó en las Europeas, esta brecha generacional. Seguramente será la manera más evidente de dar por buena esta impresión que nos sirve el vistazo barrio a barrio y pueblo a pueblo.

De momento, el fenómeno, con sus reservas, ya plantea retos para todos: a las fuerzas emergentes, para seguir creciendo si son capaces de seguir apropiándose del voto de esos jóvenes que en cada cita con las urnas se vayan incorporando al censo; pero sin descuidar al electorado que ya ha depositado en ellas una confianza casi ciega, pues todo han sido promesas. Las negociaciones para las investiduras serán las principales pinceladas de un retrato que tendrá que hacer cada nuevo grupo municipal en una legislatura en la que tendrán que hablar, y a menudo decidir, sobre presupuestos, alianzas más o menos estables, acuerdos puntuales o pactos de gobierno, cuando no mociones de censura.

El candidato socialista Daniel Jiménez, con miembros de la Asociación de Vecinos de La Amistad. // Foto: PSOE de Guadalajara.

El candidato socialista Daniel Jiménez, con miembros de la Asociación de Vecinos de La Amistad. // Foto: PSOE de Guadalajara.

Por otro lado, PP y PSOE tienen el reto de recuperar la credibilidad perdida. Los socialistas no parecen haberlo logrado en los últimos cuatro años. No basta decir que resisten el golpe a su izquierda, porque estarán confundiendo esta explicación autocomplaciente con lo que, en realidad, debería ser su verdadero motivo de preocupación: la existencia de una alternativa sólida que, en el mejor de los casos, ya les ha comido bastante trozo de tostada. Si los socialistas quieren contar para muchos de estos jóvenes, deben hacer una apuesta menos conservadora que mantener el estado del bienestar en formol (ya lo advertimos en su día: “¿Hay algún socialista en la sala?”), recuperar un discurso comprometido con el precariado y con todo género de víctimas del sistema y no permanecer, en un futuro, como meros testigos de lo que sucede en las calles, sea una asamblea de indignados, el cierre de un teatro o la protesta en un banco por un desahucio.

Para las nuevas fuerzas y para las de siempre, queda también un mensaje claro: hay un nuevo tipo de electorado que ya no responde al viejo estímulo del candidato conocido. C’s y Ahora Guadalajara han sido las únicas formaciones que han ganado concejales en los últimos comicios y lo han hecho con candidatos nuevos, frente a las más conocidas caras de Román y Jiménez. También es más que probable -deberán estudiarlo- la inmunidad de estos nuevos electores ante las viejas y pesadas maquinarias de campaña, con sus repartos de folletos en el mercadillo, sus banderolas con fotos sonrientes y sus grandes pancartas en el Paseo de San Roque y sus panfletos de partido disfrazados de periódico.

Hay quien la noche del 24M dijo a las puertas del Espacio Karaba, donde Ahora Guadalajara celebró sus resultados, que este escrutinio demostraba que Guadalajara es hoy un poco menos rancia que ayer. No era sino una forma algo gruesa de decir que hay una ciudadanía que quiere a Guadalajara sin necesidad de reivindicarse GTV, con un núcleo de jóvenes inquietos que ya no se marchan a Madrid para desarrollar sus proyectos laborales o vitales, y, muy al contrario, con una transfusión de madrileños a la ciudad que incorporan una mentalidad más abierta a los cambios. Algo se mueve y proyectos del calado de El Rincón Lento lo demuestran a las claras. José Ramón Paramio y los Econoplastas lo expican con mucha agudeza y gracejo cuando hablan de Guadalajara como el Berlín del Henares. Aunque esto, de momento, sólo va por barrios.

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