Un sistema ideal para elegir colegio

El colegio Diocesano es el que más solicitudes ha recibido. // Foto: diocesano.com

El colegio Diocesano es el que más solicitudes ha recibido. // Foto: diocesano.com

Por Marta Perruca

De momento no tengo hijos. Puede que algún día -quién sabe- pero hoy por hoy, ni se ven, ni se esperan y, aunque haya quien insista en que se me está pasando el arroz, si se diera el caso, no sé si me sentiría preparada para ser madre. Sin embargo, no me resulta difícil comprender que cualquier padre o madre quiera lo mejor para sus hijos y que cada decisión que se presente a lo largo del camino se convierta en la más importante.

Mi sobrina solo tiene dos añitos, por lo que todavía tendrá que esperar un año más para incorporarse al colegio. Sin embargo, sus padres ya están recabando información sobre los distintos centros de Guadalajara para llegar convencidos de realizar la mejor elección para la pequeña. Supongo que  debe ser algo así lo que se siente cuando traes a alguien al mundo que depende absolutamente de ti y  te conviertes, en cierta medida, en responsable de su destino.

Desde luego, no hace falta ser padre para ponerse en la piel de quien tiene que escolarizar por primera vez a su hijo. Cualquiera querría poder elegir el centro que considere mejor o el que se adapte de la manera más adecuada a sus necesidades. Cualquiera desearía poder aspirar al centro que estimara oportuno, independientemente del barrio o la ciudad en la que resida.

En un sistema teórico utópico todos los padres deberían tener derecho a elegir el centro en el que se educará a su hijo y en ese estadio ideal paralelo, esto sería posible porque todos los centros tendrían unos estándares similares de calidad y, por lo tanto, una valoración parecida por parte de las familias.

Pero la realidad es muy distinta, en la medida en la que existen importantes diferencias entre si el centro es público, concertado o privado; si se encuentra en un barrio céntrico, obrero, o de la periferia; o dependiendo de la motivación de su claustro, la existencia de programas educativos complementarios o la oferta de actividades extraescolares, entre otras muchas cosas. Cuestiones que determinan la valoración de los respectivos centros por parte de las familias demandantes y el número de solicitudes en cada uno de ellos a la hora de llevar a cabo el proceso de admisión de nuevos alumnos.

Sonaba realmente bien cuando nos explicaron que a partir de ahora existiría un único distrito y que se tendrían en cuenta otros factores distintos a la cercanía del centro con el domicilio familiar –siempre que ambos se encuentren en la misma localidad-.

Nos hicieron pensar que este nuevo sistema, mucho más ventajoso, era posible, porque la realidad de las ciudades y la habitación de los distintos barrios habían cambiado con la crisis, lo que hacía posible y necesario un cambio en el modelo. Sin embargo, a la hora de llevarlo a la práctica se ha evidenciado lo que cabía esperar: que 110 alumnos se han quedado fuera, sin plaza y a la espera de que se les designe una de oficio.

Los criterios  establecidos para otorgar los puntos que a la postre servirían para diseñar las listas – Existencia de hermanos matriculados o padres o tutores legales trabajando como docentes en el mismo (hasta diez puntos); proximidad del centro (10 puntos si se reside en la misma localidad; 8 si se trabaja en la misma; 3 si el domicilio se encuentra en la misma provincia; 2 si está en la misma comunidad autónoma); rentas anuales de la unidad familiar que no superen los 14.910,28 € ( un punto); concurrencia de discapacidad en el alumno o en alguno de sus padres o hermanos (dos puntos); familia numerosa (dos puntos)- no han resultado ser eficaces en 110 casos, a los que no se les ha podido designar una plaza que se ciña a los seis centros que habían elegido por orden de preferencia, por lo que han iniciado una campaña de recogida de firmas en Change.org que hasta el momento suma más de 2.200 apoyos.

No era difícil de prever lo que podía suceder y los datos referentes a las solicitudes realizadas son bastante elocuentes y esclarecedores de lo que finalmente ha ocurrido. He podido tener acceso a los referentes a Educación Infantil y Primaria y, en lo que respecta a la capital, los resultados son los siguientes:

  1. Existen sólo tres centros que se sitúan por encima de las cien solicitudes, de los que los dos primeros son concertados: El colegio diocesano “Cardenal Cisneros” con 131 solicitudes y los Salesianos con 109; y  les seguiría el colegio público “Las Lomas” con 102 solicitudes, de lejos el colegio público con mejor valoración.
  2. De los 22 centros existentes en la capital, tan sólo nueve –contando los anteriores- ha recibido más de 50 solicitudes: C.C. Niña María (98 solicitudes);  C.C. Sagrado Corazón (94 solicitudes); C.C. Santa Ana (92 solicitudes); C.P. Ocejón (84 solicitudes); C.P. Parque de la Muñeca (84 solicitudes) y C.C. de la Santa Cruz (59 solicitudes).
  3. De estos nueve centros, sólo tres son públicos (El Ocejón; el Parque de la Muñeca y Las Lomas).
  4. Todos los centros que han recibido por debajo de las 20 solicitudes son públicos: Río Tajo (5 solicitudes); Rufino Blanco (15 solicitudes); Badiel (16 solicitudes) y Balconcillo (17 solicitudes).

Con estos datos sobre la mesa nos encontramos con que unos seis centros acaparan la mayor parte de la demanda. A ello hay que sumar, según los padres afectados, que la ratio en los centros se ha reducido hasta los 25 alumnos por línea, es decir, entre 3 y 6 plazas menos por centro. Teniendo en cuenta que hay 7 centros educativos con 1 línea y 15 centros con 2 líneas, nos encontramos con que han eliminado 111 plazas respecto a años anteriores.

Asimismo, esta situación hace que se cuestione la efectividad, ecuanimidad y puede que incluso la transparencia  del procedimiento a la hora de adjudicarse las plazas, porque ¿quién me dice a mí que todas las plazas se han adjudicado siguiendo los criterios establecidos y que los 110 niños que se han quedado fuera no tienen los mismos derechos que los que sí han logrado el colegio que esperaban?

Además, pone de manifiesto las marcadas diferencias entre los distintos centros, que definen una trayectoria marcadamente descendente desde las 131 solicitudes del colegio diocesano a las cinco del Río Tajo, lo que también podría hacer que nos cuestionáramos si estamos priorizando la inyección de dinero público en el modelo concertado en lugar de invertir para mejorar la educación pública, con el fin de apuntar hacia la equiparación de ambos modelos.

No me cabe la menor duda de que a cualquier padre si se le pusieran delante ambos modelos siempre optará por el que otorgue mayores libertades a la hora de poder elegir el colegio al que acudirán sus hijos, con independencia de su capacidad económica y del barrio en el que se viva. Sería ideal ¿verdad?

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