Manca finezza

Antonio Román toma el bastón de mando por tercera vez. // Foto: Nueva Alcarria

Antonio Román toma el bastón de mando por tercera vez. // Foto: Nueva Alcarria

Por Concha Balenzategui

El pasado sábado culminó una etapa más en esta nueva era política del post bipartidismo, con la constitución de los ayuntamientos. Común a las tomas de posesión fueron las llamadas al diálogo. El “diálogo” es la nueva religión de moda, en la que, como en todas las creencias, hay interpretaciones, creyentes, beatos, agnósticos, fariseos y hasta herejes. La novedad, no obstante, irrumpe con fuerza y hace temblar algunos mandamientos de la anterior etapa. Es pues, tiempo de cuestionar algunos dogmas que definitivamente se han quedado caducos.

Han pasado solo tres semanas desde que recontamos las papeletas, y eso explica que algunos aún no se hayan enterado de qué va el juego. Todavía hay quien se sorprende de ver rastas y piercings en los salones de plenos mezclados con las corbatas. Aún resulta curioso que los que se sientan en los escaños se abracen con los que alzan las pancartas y gritan en la puerta. Y llama la atención que hayan sido tantos los que esta vez hayan prometido su cargo con apostillas a esa Constitución y esa Monarquía que no han -no hemos- tenido la oportunidad de votar.

No parece necesario decir a estas alturas que la representación en los ayuntamientos es el fruto de la voluntad de los ciudadanos. Ya sea la indignación, el hastío o la ilusión la que ha llevado a las agrupaciones vecinales y a los partidos emergentes a los consistorios, nadie ha usurpado nada que no le corresponda.

Pero a algunos “agnósticos” habrá que recordarles todavía que tan legítimo es el pacto, sumando las voluntades de varios, como el gobierno monocolor. Que la lista más votada gobierna si consigue la mayoría absoluta, en primera instancia, o si ningún otro candidato a alcalde consigue la mitad más uno de los apoyos de los concejales. Es respetable que algunos partidos tengan en sus estatutos el principio de “la fuerza más votada”. Pero para imponerlo como norma todavía hay que cambiar una legislación que, hoy por hoy, no lo recoge. Tenemos un sistema electoral proporcional: asúmanlo los que lo quieren convertir en mayoritario por la vía de su conveniencia.

También habrá que recordar que apoyar una investidura no significa lo mismo que un acuerdo de legislatura. Esto aún no ha quedado claro en algunos consistorios donde la vara de mando se ha determinado por ediles de distinto signo, y que ahora van a negociar si entran o no a formar gobierno.

Asimismo, hay que tener cuidado con algunas nuevas creencias, como esa de que el poder “mancha” y que, por eso, inmediatamente después de investir un alcalde, hay que ponerle contra las cuerdas. Porque eso tampoco parece muy responsable. Quienes han obtenido un respaldo minoritario tienen que admitir que su condición de bisagra no les da derecho a imponer. Y que, a veces, deberían asumir responsabilidades. Es un momento donde los papeles de oposición y gobierno tienen las fronteras muy difusas, y pueden tener que definirse en cada sesión, casi en cada acuerdo. Y esto no es algo necesariamente negativo.

Muchos vamos a ir aprendiendo -lo estamos haciendo ya- de esta etapa que se adivina apasionante. El tiempo nos irá enseñando que gobernar en minoría no es sinónimo de inestabilidad, sino de estabilidades a tiempo parcial. Los agoreros anuncian decenas de mociones de censura durante este mandato. Habremos de acostumbrarnos, digo yo, a no observarlas como la peste. Si hemos asumido que que los contratos laborales ya no son fijos, tampoco lo serán los de los alcaldes. Si tenemos la precariedad calada en nuestras casas y en nuestras economías particulares, también la tendremos en nuestras corporaciones.

Habrá que aprender muchas cosas, y habrá que desechar otras. No todo lo nuevo será bueno, y no caerán todas las barreras sin negociación. También habremos de poner a prueba la operatividad de esas eternas asambleas para decidir cada paso, y buscar fórmulas para que las decisiones puedan adoptarse en los tiempos adecuados a cada reforma. Pero quien no empiece ya a leer la realidad, se quedará fuera de lugar. Y yo en estos días estoy viendo muchos ejemplos que parecen estarlo, como afirmaba al principio.

Por ejemplo, la loa de Antonio Román en su discurso de investidura a los “gobiernos fuertes” me resulta caduca. “Los gobiernos fuertes dan estabilidad política y la estabilidad política da más prosperidad y mejora el bienestar de las personas (…) Cuando se constituyen gobiernos débiles se debilita la estabilidad, se debilita la sociedad y sus avances”, dijo. 

El concejal de Ciudadanos, seguido e insultado por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. // Foto: Guadaqué

El concejal de Ciudadanos, seguido e insultado por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. // Foto: Guadaqué

Fuera de tono, de momento y de lugar me parecieron las increpaciones de los representantes de la PAH a los concejales de Ciudadanos, también en la capital. Entiendo la protesta ante el banco o la casa hipotecada, fundamentada en la emergencia social y apuntalada en la libertad de de expresión. Entiendo la presión que se hizo a los diputados nacionales cuando tuvieron que votar la famosa ILP que pedía algo tan justo como la dación en pago. Pero de ahí a pedir cuentas por los desahucios a unos concejales investidos ese mismo día, y que además han incluido el problema -ya veremos en qué se concreta- en su acuerdo de investidura, va un trecho. Estuvo fuera de lugar. Eso sí: Es el momento de pedir que PSOE y Ahora, que han recogido en sus programas algunos postulados de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, hagan hacer valer sus propuestas en este campo, en virtud de los apoyos obtenidos en las urnas.

Caducas me resultan también las recientes palabras de Encarnación Jiménez, concejala y diputada nacional, quien aprovechó la crítica a este incidente para atizar a su tradicional rival, porque lo que le “escuece” es el pacto PSOE-Podemos en Castilla-La Mancha. Los socialistas, según dice, se han “echado en brazos de los radicales de extrema izquierda para impedir que el PP consiga las alcaldías o comunidades autónomas como la de Castilla-La Mancha, donde hemos sido la fuerza más votada por los ciudadanos”. Encarna Jiménez despierta los fantasmas bolivarianos, mezcla churras con merinas, y advierte que lo sucedido el sábado “es una muestra de lo que nos espera a los españoles, es decir, un PSOE entregado al radicalismo más extremista de izquierdas”. Qué miedo da. Ella.

Julio García, "aclamado" portavoz del PSOE en la Diputación. // Foto: PSOE

Julio García, “aclamado” portavoz del PSOE en la Diputación. // Foto: PSOE

También me suena a viejo, por mucho que la legislación lo permita, la designación de las diputaciones, que permanecen en el lado oscuro de la Democracia. Que sean comités y comisiones las que elijan en los partidos a los representantes que acuden al palacio de Moreno no es de rigor en una formación, el PSOE, que presume de primarias y critica los “dedazos”.

En fin, muchos soplos de aire fresco y muchas cosas que aún chirrían tendrán que acompasarse en estos cuatro años para los que, me temo, aún nos “manca finezza”, como dijera Giulio Andreotti de la política española de la sacrosanta Transición. Por el momento, convendrán conmigo en que en estas primeras semanas, en las que se imponía el diálogo, ha quedado demostrado quién ha jugado mejor sus cartas. Entre los municipios de más de 1.000 habitantes, los que tienen más posibilidades de incorporar terceras, cuartas y hasta quintas fuerzas políticas en las corporaciones, las cuentas están claras. El PP resultó ser el más votado en 16 municipios, y sin embargo ha obtenido solo 8 alcaldías. El PSOE, que partía como primera fuerza en 13 ayuntamientos, ha logrado 19 bastones de mando. Y “Ahora”, que fue mayoritariamente votado en 2 pueblos, ha investido 4 alcaldes. Las peculiaridades de Molina, Galápagos, Trijueque o Loranca las dejaremos para más adelante, porque merecen capítulo aparte.

Pero no me despido sin reconocer la habilidad negociadora Alejandro Ruiz, portavoz de Ciudadanos, que ha sido capaz de introducir unos importantes puntos de su programa en el Ayuntamiento de la capital, y mantener en vilo al alcalde, el más votado, a cambio de comprometer únicamente su abstención. Ni tampoco cierro sin afear la ausencia, excusada en estas reuniones, de Antonio Román en la inauguración de un evento internacional como el Maratón de los Cuentos. Un error, alcalde. Ahí sí que “manca finezza”.

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3 pensamientos en “Manca finezza

  1. Cojonudo el artículo, muy fino. Ahora, se puede criticar el formato de designación del portavoz del PSOE en Diputación sin decir “que presume de primarias” (¿A caso no las está haciendo?) o que “critica los dedazos” (por supuesto, ¿a caso es un dedazo que se elija por aclamación de todos los delegados de un congreso provincial a un candidato? ¿No cabe el que a todos les parezca el mejor?).
    Seamos justos, que no pasa nada, sobre todo cuando ponemos al mismo nivel cosas que no son ni parecidas al mezclarlas y tratarlas juntas..

    • Gracias por las aportaciones.
      Matizaré que no trato de poner al mismo nivel cosas diferentes. Enumero una serie de cuestiones que “chirrían” de estos días. Por ejemplo, no están al mismo nivel el discurso de investidura de Román, que muestra libremente su pensamiento sobre las formas de gobierno, aunque yo no lo comparta, que los insultos y gritos a un concejal, que rechazo de plano en estas circunstancias.
      En cuanto a la elección de representantes en las diputaciones, el sistema vigente me parece oscuro y poco democrático, pero de eso no tiene la culpa el PSOE. Ya sé que la Ley permite hacer esta elección así. Pero nada impide poner una urna y dar participación a todos los concejales electos de cada partido judicial. Más transparente y más participativo, ¿no cree?

      Concha Balenzategui

  2. Yo también creo que los concejales electos tienen que dejar la barricada y defender sus posturas en los “escaños” que les han otorgado los ciudadanos. “Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa”

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