Una joya sólo para VIP

El Monasterio de San Bartolomé está declarado Bien de Interés Cultural desde 1931.//Foto:zankyou.es

El Monasterio de San Bartolomé está declarado Bien de Interés Cultural desde 1931.//Foto:zankyou.es

Por Ana María Ruiz

Guadalajara posee numerosos encantos turísticos, tanto naturales como monumentales, que convierten a la provincia en un destino cada vez más demandado por visitantes de toda España. Sin desmerecer a ninguno, mi preferido es el Monasterio de San Bartolomé de la localidad de Lupiana, un espectacular monumento, cuna de la Orden de los Jerónimos, cuyo claustro del siglo XVI, obra de Alonso de Covarrubias, está considerado como una de las más importantes joyas del Renacimiento español. El conjunto arquitectónico goza de la declaración de Bien de Interés Cultural como Monumento Histórico Nacional desde el año 1931. Sin embargo, continúa siendo un gran desconocido tanto para los turistas como para los guadalajareños.

Reconozco que siento un cariño especial hacia este imponente edificio y, sobre todo, a su maravilloso y privilegiado entorno natural, ya que fue el escenario de los veranos de mi niñez y mi adolescencia en los que compartía risas, juegos, aventuras, trastadas y confidencias con mis hermanos y mis primos. Explorábamos aquel gran Monasterio, entonces abandonado y rodeado de enormes bosques de pinos y encinas, en los que olía a espliego, romero y tomillo. A campo, a vida. Recuerdo que en aquellos años la zona siempre estaba atestada de familias que acudían a sus praderas y a la Fuente de los Siete Caños pertrechadas con sus mantas y neveras para pasar los sábados y los domingos en un paisaje que parecía sacado de un cuento. El frondoso bosque que rodeaba al monumento ofrecía buena sombra y los arroyuelos ayudaban a sofocar el calor en verano. Había incluso una coqueta casa de guardeses al final de un pasaje cerrado por tupidos cipreses en la que grupos de scouts de Madrid solían organizar excursiones de fin de semana.

Hoy en día no queda rastro de esa casona, ni de las familias domingueras, ni de las praderas, ni del bullicio infantil. A pesar de que el bosque continúa allí, salvaje, está sumido en el más absoluto abandono.

Sin embargo, el Monasterio ha corrido mejor suerte y se ha convertido en escenario para el rodaje de numerosas series y películas, pero su principal uso es el de sala de bodas. Y no de cualquiera, sino que es el lugar de moda entre los privilegiados que pueden permitirse el lujo de pagar los más de 6.000 euros que cuesta el alquiler del recinto en temporada alta. “Celebre su boda o evento en uno de los sitios más exclusivos de España”, reza su web oficial y como tal aparece en las más prestigiosas páginas de organización de bodorrios pijos, coctails, reuniones de empresa, banquetes y eventos varios de la gente “guapa”. Sin ir más lejos, en julio de 2010, la plana mayor del Partido Popular, con Mariano Rajoy a la cabeza, asistió a la celebración del matrimonio entre Nacho Uriarte, presidente de Nuevas Generaciones, y Ana María Chico, hija del marqués de la Ahumada. Allí se pudo ver a todo el que es o era alguien en el PP. También fue sonada la boda de Diego Fernández Reyes y Elisabeth Horcher, hija del propietario del prestigioso restaurante Horcher, en la que estuvieron entre los invitados Alberto Ruiz-Gallardón, Jaime de Maricharlar, Gunilla Von Bismarck y Fernando Fernández Tapias. O la de Alejandra de Borbón, sobrina segunda del Rey Juan Carlos I, y Bosco Ussía, hijo del escritor y columnista Alfonso Ussía, a la que acudió “la crème de la crème” del papel couché.

Quién le iba a decir a Diego Martínez de la Cámara, fundador de la ermita que sería el origen del Monasterio, que aquellos primeros muros que levantó en 1330 para vivir aislado y hacer penitencia en honor a San Bartolomé, serían en el siglo XXI el escenario para las bodas más “cool”, especialmente entre la alta sociedad y las caras más conocidas de la noche madrileña, esas que copan las revistas del corazón.

El Monasterio fue la cuna de la Orden de los Jerónimos en España.//Foto: Antonio Ruiz

El Monasterio fue la cuna de la Orden de los Jerónimos en España.//Foto: Antonio Ruiz

Dos “peros”. Lógicamente, la propiedad del Monasterio -adquirido por la familia Páez Xaramillo en 1836 tras la Desamortización de Mendizábal y hoy en día en manos de sus sucesores, los marqueses de Barzanallana- ha optado por la explotación económica del mismo para compensar los gastos que supone su mantenimiento, conservación y custodia, así como para costear los trabajos de restauración que se han llevado a cabo, a los que están obligados por la Ley de Patrimonio Histórico Español. Legislación que también les concede una serie de beneficios y exenciones fiscales por ser titulares de este BIC. Hasta aquí nada que objetar.

El Monasterio sólo abre sus puertas al público los lunes, de 9 a 14 horas.//Foto: Antonio Ruiz

El Monasterio sólo abre sus puertas al público los lunes, de 9 a 14 horas.//Foto: Antonio Ruiz

Mi primer “pero” viene dado por la apertura al público del monumento. Al estar incluido en el catálogo del Tesoro Artístico Nacional, la Ley de Patrimonio obliga a los propietarios, entre otras muchas cuestiones, a su visita pública y gratuita al menos cuatro días al mes. Los marqueses, muy astutos, han escogido como día de apertura un laborable: los lunes, en horario de 9 a 14 horas. Me parece a mí que muy pocos turistas tendrán la suerte de acceder a su interior ya que el día y la hora son de todo menos “turísticos”. Los datos que proporciona anualmente la Consejería de Turismo, Comercio y Artesanía de Castilla-La Mancha reflejan que los visitantes que llegan a Guadalajara son en su mayoría de fin de semana, con lo que los propietarios se lo están poniendo muy difícil a la práctica totalidad de las personas interesadas en visitar el Monasterio de San Bartolomé. Así, además de ahorrarse el gasto de personal para realizar visitas guiadas –yo he estado en una con los amables guardeses de la finca y te despachan en menos de media hora-, se evitan el “desgaste” que supondría tener a numerosos turistas dando vueltas por unas instalaciones que, a su vez, han de quedar preparadas entre semana para los fiestorros de los viernes, sábados y domingos.

Estado de la "carretera" que da acceso al Monasterio.//Foto: Ana María Ruiz

Estado de la “carretera” que da acceso al Monasterio.//Foto: Ana María Ruiz

El otro “pero” y el más crítico se lo pongo a la conservación del entorno. El paisaje en esta zona es realmente privilegiado casi en cualquier época del año. Un precioso bosque de encinas y un camino escoltado por centenarios cipreses dan la bienvenida al visitante. El Monasterio tiene a sus pies un frondoso bosque poblado por innumerables especies vegetales y salpicado por numerosos arroyos de agua cristalina. Es un paisaje que enamora y transmite una agradable sensación de placidez, intensificada con el canto de las muchas aves que habitan en la zona. Sin embargo, el efecto de los autobuses y coches particulares que transitan por la carretera que da acceso al Monasterio (en un lamentable estado de conservación, llena de baches y socavones) y el poco civismo de las personas que llegan hasta allí han provocado un considerable deterioro del lugar. Las ramas de muchos árboles han sido arrancadas de cuajo por los autobuses, ya que las labores de mantenimiento de la carretera brillan por su ausencia. Puede encontrarse basura por todas partes: papeles, bolsas, paquetes de tabaco vacíos, botellas de plástico, clínex, servilletas, vasos rotos e incluso he llegado a encontrarme cajas de preservativos, pañales y demás artículos de higiene femenina esparcidos por el suelo.

Basura a las misma puerta de entrada al Monumento.//Foto: Ana María Ruiz

Basura a las misma puerta de entrada al Monumento.//Foto: Ana María Ruiz

Esta primavera observé a los pies del muro que rodea los jardines restos de alguna celebración que algún cabeza hueca arrojó desde el interior del Monasterio. Y lo que es peor, incluso se creó artificialmente un pequeño vertedero junto al camino de acceso en el que “reposaban” vasos y copas de cristal, confetti, bolsas de plástico, juguetes infantiles, botellas y un largo etcétera de desperdicios. Esta misma semana he podido comprobar que, afortunadamente, la naturaleza se ha encargado de “esconder” este desaguisado sobre el que ha crecido abundante maleza. Pero la basura sigue ahí, bajo el suelo. Una verdadera vergüenza.

Esta fotografía, en la que puede observarse el "miniverterdero" de restos de las celebraciones, fue tomada esta primavera. Hoy, la maleza cubre este desaguisado.//Foto: Antonio Ruiz

Esta fotografía, en la que puede observarse el “miniverterdero” de restos de las celebraciones, fue tomada esta primavera. Hoy, la maleza cubre este desaguisado.//Foto: Antonio Ruiz

La propiedad debería velar para que esto no sucediera. No es de recibo que ellos mismos contribuyan al deterioro del entorno. No sólo porque se lo exige la Ley, sino porque no se puede explotar económicamente un Bien de Interés Cultural únicamente de puertas para adentro. El Monasterio es un todo y su exterior le confiere esa exclusividad que se empeñan en vendernos en las webs más pijas.

Y aquí también tiene su parte de culpa el Ayuntamiento de Lupiana, ya que la Ley de Patrimonio obliga al municipio en el que se encuentra el BIC a redactar un Plan Especial de Protección del área afectada por la declaración o bien a dotarse de otro instrumento de planeamiento. “En la declaración de BIC deben considerarse sus relaciones con el área territorial a que pertenece, así como la protección de los accidentes geográficos y los parajes naturales que conformen su entorno”, reza la legislación.

Las administraciones estatal, local y autonómica, en colaboración con los propietarios, deberían ponerse a trabajar para recuperar el antiguo esplendor del paisaje, mantenerlo y conservarlo, así como para facilitar las visitas de los turistas. Quizá de este modo el Monasterio de San Bartolomé dejaría de ser ese gran desconocido y su belleza y la de su entorno podrían ser disfrutadas por todos. Seamos o no gente VIP.

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2 pensamientos en “Una joya sólo para VIP

  1. Hay otros monumentos BIC, como el castillo de Anguix, que no pueden ser visitados ningún día de la semana ni del año, y que se están cayendo lentamente pero inexorablemente, y sus dueños felices, porque al estar declarado en ruina no están obligados a dejar visitas, y el castillo se cae y nadie dice nada…

  2. Los propietarios han descubierto una línea de financiación para mantenerlo, echo que ya es de reconocer y admirar. En cuanto a la basura, eso es responsabilidad de las personas que no tienen educación y son unos marranos. Y lo de cuidar el entorno, tiene razón, pero creo que es prioritario consolidar y restaurar el edificio.

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