Pero qué calor hace…

Por Marta Perruca

Humor gráfico sobre la ola de calor.

Humor gráfico sobre la ola de calor.

Pero qué calor hace. Llevo toda la semana recibiendo fotos por WhatsApp de termómetros cercanos a los 50 grados y chistes gráficos del tipo “Sólo me asomé a ver si hacía calor afuera” sobre la foto de un hombre con media cara achicharrada.

Cuado llega la tarde del miércoles me suelen suceder varias cosas: Me ocurre que hay días en los que sé de qué hablar, pero no sé muy bien qué decir. Otras veces, sé qué decir, pero no tengo claro de qué hablar y muchas otras me siento frente al ordenador sabiendo de qué voy a hablar y qué voy a decir pero, sin embargo, acabo avanzando por derroteros que jamás me habría imaginado.

Hoy no sabría decir exactamente en qué escenario me encuentro. De momento sé que asumo este artículo, como el común de los mortales, con mucho calor, pero al mismo tiempo, presa de una profunda decepción. La verdad es que no sé muy bien si estos últimos años nos han cambiado o, simplemente, me estoy haciendo mayor, pero hoy por hoy no me siento capaz de confiar en la condición humana.

El otro día veía de nuevo la película “Avatar”, esta vez en inglés con subtítulos también en inglés, porque estoy tratando de ponerme al día con los idiomas, mientras recordaba y me reafirmaba en lo que me dijo un día mi hermana Mamen: “Es la única película que he visto en la que se enfrentan alienígenas y humanos y me encuentro defendiendo a los alienígenas y despreciando a la raza humana” (o algo parecido). La verdad es que últimamente me siento un poco así. No termino de confiar en el ser humano, porque no soy capaz de tener fe en que detrás de sus actos exista una voluntad real de hacer las cosas de la mejor manera posible, en definitiva, de servir al bien común. Creo que llevamos demasiado tiempo mirándonos el ombligo como para albergar alguna esperanza en que alguien, allí arriba o aquí abajo, pueda pensar más allá que en sí mismo, o en los intereses de los suyos.

El delegado sindical de CC.OO. en Geacam, Iñaki Bñanco, durante la rueda de prensa. // Foto: www.guadalajaradiario.es

El delegado sindical de CC.OO. en Geacam, Iñaki Bñanco, durante la rueda de prensa. // Foto: http://www.guadalajaradiario.es

El pasado martes acudía invitada a una rueda de prensa, convocada por los delegados sindicales de Comisiones Obreras (CC.OO.) en Geacam, en la que denunciaban un traslado de la base que tenían en el Silo de Guadalajara, junto al Banco de Alimentos, a la finca del Serranillo, en la CM-101 (Carretera de Humanes). Afirman que en esta nueva sede no cuentan con una salida directa, sino que tienen que llegar hasta el puente de la R-2, para hacer allí el cambio de sentido, con una demora de unos 8 minutos, lo que para los delegados sindicales puede marcar la diferencia entre llegar al incendio cuando sólo es un conato y hacerlo cuando ya ha alcanzado ciertas dimensiones. En este sentido, afirman que de haberse ahorrado estos  minutos en el incendio acaecido en los aledaños del Hospital de Guadalajara podrían haber salvado un mayor número de coches.

Imagen del incendio declarado en las inmediaciones del hospital subida a la página de Facebook de los bomberos de Guadalajara.

Imagen del incendio declarado en las inmediaciones del hospital subida a la página de Facebook de los bomberos de Guadalajara.

Desde CC.OO aseguran que se presentó un escrito a la empresa pública “Geacam” denunciando la situación y que, verbalmente, ésta les respondió que asumían esa demora de 8 minutos, circunstancia que califican de “muy grave”.

Los motivos que alude la empresa para llevar a cabo el traslado de la base no son de bulto, pues se están produciendo serios robos en la zona. Es lógico que, tras una cadena de incidentes  serios como el robo del transformador, que dejó a la zona sin luz, la empresa se decida a tomar cartas en el asunto y adoptar una solución, pero supongo que es mucho esperar que Geacam, en la búsqueda de esa solución, tenga en cuenta posibles consecuencias tan graves e importantes como la pérdida de efectividad de un servicio de emergencias.

Supongo que es mucho pedir, cuando todavía no se les ha pasado por la cabeza hacer las gestiones oportunas para que los vehículos de los retenes sean considerados prioritarios con el fin de que puedan incumplir determinadas normas en virtud de una mayor rapidez y libertad de acción durante una emergencia, como por ejemplo, saltarse una línea continua para evitar tener que ir hasta la Conchinchina a hacer el cambio de sentido, o con normativas internas tan absurdas como que el primer avituallamiento de sus efectivos tenga que correr por cuenta del trabajador, llegando a permitir que personas se encuentren luchando contra el fuego durante más nueve horas seguidas sin llevarse nada a la boca y con sólo 1,5 litros de agua, tal y como denunciaban también en dicha rueda de prensa.

Los delegados sindicales hablaron de pérdidas materiales, pero pensemos por un momento en la posibilidad de que los efectivos hubieran podido llegar al área recreativa de la Cueva de Los Casares cuando el incendio que se declaró en La Riba de Saelices aquel 15 de julio de 2005 y que costó la vida a 11 trabajadores de un retén, era sólo un conato… Como he dicho otras veces, los periodistas somos muy dados a mentar al diablo cuando se trata de incendios, pero lo ciertos es que en un servicio de emergencias 8 minutos pueden suponer la diferencia entre la vida y la muerte y no deben despreciarse jamás ¿O es que acaso esos responsables de Geacam que tan ligeramente  asumen la demora, si se diera el caso, estarían dispuestos a sentarse en el banquillo como lo hicieron entonces otros responsables técnicos y políticos?

Sí, hubo un tiempo en el que realmente creí en que eran mayoría los mortales que obraban con la voluntad de hacer las cosas bien, aunque a menudo las personas nos equivoquemos, pero hoy en día me asaltan las dudas.

En Facebook un trabajador del Servicio de Bomberos de Guadalajara especulaba con la posibilidad de que el incendio se hubiera declarado uno de esos días en los que sólo cuentan con tres efectivos en el parque. Quizá en el Ayuntamiento de Guadalajara todavía no estén dispuestos a ceder a lo que parece que entienden como un “chantaje”. A veces creo que, como tantos otros, nuestros dirigentes en el Consistorio capitalino están más preocupados en ganar esta especie de demostración de fuerza que en hacer lo más conveniente por sus vecinos. Sé de primera mano, por mi condición de periodista, que los bomberos de la capital llevan años quejándose de las carencias de medios, personal y también de salario, aunque en estos tiempos sea impopular pedir aumentos de sueldo. Pareciera que estos trabajadores son unos niños caprichosos, egoístas y malcriados cuando sólo están pidiendo que se equiparen sus condiciones a las de otros compañeros, porque como ellos, también se juegan el cuello para garantizar nuestra seguridad física y material.

Y una diría que quizá tenga que pasar algo “gordo” para que los que se encuentran en esos lugares donde se toman este tipo de decisiones se den cuenta de que tienen que cambiar su modo de hacer las cosas, pero ni siquiera tengo fe en ello. Ya se las apañarán ellos para escurrir el bulto. Ahora parece que cuando las cosas vienen mal dadas ya no se trata de buscar la mejor solución, sino de acallar las quejas y colocar mordazas, como si el hecho de no ver a los ciudadanos protestar o de silenciar a los medios de comunicación de masas hiciera que los problemas desapareciesen, cuando todos sabemos que no basta con mirar hacia otro lado.

El cóctel le estallaba al Gobierno regional y a Geacam en las narices el año pasado con los incendios de Aleas y Bustares y, lejos de corregir los errores, los vendieron como aciertos en una demostración que más tenía que ver con el marketing político que con una buena gestión de la campaña estival de incendios y no me detengo más aquí porque ya he hablado suficiente de ello.

Pero qué calor hace. Esperemos que esta ola de calor no tenga mayores consecuencias y no tengamos que ser conscientes del valor que pueden llegar a tener ocho minutos o unos cuantos efectivos de menos.

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