El turrón de los encierros

Collage con imágenes de César García en plena labor de recorte // Foto: PueblosTaurinos

Collage con imágenes de César García en plena labor de recorte // Foto: PueblosTaurinos

Por César García Navarro*

¡Ya estamos de nuevo al turrón! No es que vaya a llegar la Navidad, sino que empieza la temporada taurina, algo que los aficionados a los festejos populares de Guadalajara esperamos con ansiedad. En estos meses ya hemos podido disfrutar de algunos encierros, como los de Ciudad Rodrigo, Chiloeches, Soria o Yunquera; pero es ahora, en los meses de julio, agosto y septiembre, cuando realmente saboreamos “el turrón de los encierros”. Así, llega ya San Fermín, los encierros más famosos del mundo, los de Pamplona, en los que multitud de guadalajareños y alcarreños disfrutamos desde hace muchos años. Para algunos -es mi caso- es una fecha muy marcada en el calendario, casi como una religión, como la peregrinación a la Meca: cita obligada. Pero no una vez en la vida, sino todos los años. Los aficionados a los sanfermines invertimos unos días de nuestras vacaciones en poder sentir de nuevo el “subidón” de adrenalina de las 8 de la mañana en las calles del encierro. Es un minuto tan intenso que no se puede explicar con palabras, hay que vivirlo. Pero lo voy a intentar…

Imagen del encierro de San Fermín, con César García

Imagen del encierro de San Fermín, con César García “cogiendo toro”

El encierro de Pamplona es una droga sana cuya dosis necesitamos recibir por lo menos una vez al año. El ambiente que se vive en los momentos previos al cohete es muy especial, con las calles abarrotadas de gente, andando entre la multitud hasta conseguir ubicarte en tu sitio, con todos los “guiris” cantando y gritando, saludando y deseando suerte a todos los compañeros, haciendo que calientas o estiras para realmente relajar los nervios, hasta que de repente… “pum”. Suena el cohete, y sientes algo. Zas, una inyección, un subidón. Empieza la gente a moverse y a correr (algunos no saben ni por qué), empiezas a mirar a los balcones para fijarte a dónde mira el público, e intentar adivinar por dónde va la manada, ya que es imposible verla desde lejos. Luego todo se acelera, y es que ya están encima. Empiezas a saltar para intentar ver por dónde vienen, buscas un hueco para colocarte en el centro de la calle, el lugar donde se cogen los toros. Un empujón, otro; un golpe, otro. Hasta que ya lo ves. ¿Es un toro? No, un buey. Lo dejas pasar, e intentas meterte de nuevo. Ahora ya vienen, intentas pasar al medio, te haces hueco, te pones delante, corres unos metros, tienes delante gente que no se aparta, ves que casi te tocan los toros con el pitón, y entonces tienes que salirte. Pero, de repente, observas que queda todavía alguno por detrás, te ayudas de algún buey para retomar la carrera y coger la referencia, te vuelves a meter, ya estás cerca, casi lo tienes en el culo… y plas: Planchazo que te das contra el suelo porque te has comido a uno delante que ni habías visto todavía. 😉

Te levantas, te limpias un poco, vas al punto de encuentro con todos los compañeros (en Telefónica), ves que todo el mundo está bien, y en este momento empieza “el otro San Fermín”. Acabado el encierro, te vas al piso alquilado. Una ducha. Te pones los pantalones y camisa blancos y el fajín y el pañuelo rojos. Sales con los amigos a pegarte un buen almuerzo con chistorra, huevos, patatas, jamón, lomo, tomate y pimientos, acompañado de una buen “katxi”. Después, un paseo, un buen vermú. Por la tarde, a los toros, o a lo que se tercie. Pamplona está lleno de amigos de Guadalajara, con los que alternas durante todo el día. Y amigos de otras provincias de España. Allí conoces a mucha gente nueva, charlas, comentas y compartes experiencias. Taurinas y no taurinas. Ahora supongo que algunos entenderéis porque algunos no fallamos ningún año. Y después de este intenso inicio de temporada en Pamplona, empieza lo bueno por Guadalajara: los encierros por el campo.

Recorte de César García en pleno encierro campero

Recorte de César García, recortando un burel en pleno encierro campero, bajo la mirada de varios caballistas

Los encierros camperos mueven más gente que ningún otro evento en la provincia, aunque les pese a algunos. Sea donde sea, hasta en el pueblo más perdido de Guadalajara, si se suelta un toro por el campo, acuden miles de personas. Es increíble ver la cantidad de aficionados que se mueven durante todo el verano para participar en ellos. Y destaco lo de “participar”, porque todo el mundo es partícipe de un encierro de campo: Desde el que está en el cerro con unos prismáticos, pasando por el que está en un coche viéndolo de lejos, el que permanece en el balcón de casa, en una ventana, una farola o en una hacina de paja, hasta el que está más cerca, a caballo, a pie o en coche, pero siempre respetando. Y es que, quien no respeta al toro y el correcto desarrollo del encierro, no está participando, sino que lo está fastidiando. ¡Bastantes enemigos tiene la “fiesta nacional” como para que sean los propios aficionados los que nos lo carguemos! Al tiempo… No hay casi ningún pueblo en Guadalajara que no tenga al menos un festejo taurino al año, aunque, repito, eso les pese a algunos. Y entre ellos, hay fechas y encierros muy señalados, esos que ningún aficionado nos queremos perder. La lista sería interminable, seguro que me olvidaría alguno, aunque sí me gustaría mencionar en especial uno por el que yo tengo especial devoción: el Encierro de Brihuega, fiesta declarada “De Interés Turístico Regional”.

Encierro Brihuega

Vista del encierro de Brihuega // Foto: Fernando Toquero

El de Brihuega, el 16 de agosto, es un encierro especial al que asisten decenas de miles de personas. Su desarrollo es muy particular, y diferente del resto. Empezando porque lo componen cuatro toros, normalmente con trapío. Se inicia en el centro del pueblo, en la plaza de toros de La Muralla. Recorre las calles de la localidad, pasando por la preciosa Plaza del Coso. Sube la empinada cuesta hasta la Alameda, donde hay cientos de personas viendo el espectáculo, y finalmente sale al campo. Durante toda la tarde, infinidad de aficionados están cerca de los toros, sintiendo la multitud de escenas de riesgo que se producen por sus embestidas y arrancadas, y en algunos casos, por las imprudencias de algunos. Es un encierro que tiene un fin: bajar los toros a un determinado paraje de la Alcarria llamado “La Boquilla”, para después, por la noche, meterlos de nuevo al pueblo por el lado opuesto a su salida. El encierro de la noche para mí es el más especial, bonito y espectacular de todo el año. Es cuando se puede sentir la grandeza y la nobleza del toro, donde se viven imágenes y sonidos irrepetibles, a la sola luz de la luna y acompañado únicamente de caballos y gente andando. La subida, a oscuras, de toros, bueyes y caballos por la carretera, con los cascos sonando en un completo silencio, es algo que te deja marcado para siempre. Espero que el pueblo de Brihuega sepa y pueda gestionar este encierro. Que lo adecue a los nuevos tiempos y a las nuevas normativas, pero que mantenga la tradición del mismo; con la emoción, riesgo y espectacularidad que merecen sus buenos aficionados y todos los que vamos a apoyarlo.

Imagen del encierro de Guadalajara del año 2014 // Foto: Blog Rozando Asta

Imagen del encierro de Guadalajara del año 2014 // Foto: Blog Rozando Asta

Además de los encierros por el campo, también hay encierros urbanos y sueltas de reses por muchos pueblos. A destacar es el caso de Guadalajara capital. Después de haber conseguido correr todos los encierros en puntas de las corridas de la tarde y que fuera un encierro reconocido, en el que participaban aficionados corredores de muchos lugares de España y Francia, se perdió esta categoría y reconocimiento al volver a los toros de capea, mal presentados. Ahora, de nuevo podemos volver a disfrutar de los toros que se lidian por la tarde, toros que en principio deben tener el trapío necesario para generar la expectación y emoción digna de un encierro como debe ser el de una capital. Ahora ya sólo falta que hagan caso a los aficionados que realmente tienen experiencia en los encierros, y que modifiquen ciertos detalles. Como, por ejemplo, el vallado de la acera de Capitán Arenas, que aunque avisado hace mucho tiempo de que iba a pasar, el año pasado provocó la cogida y cornada de un corredor por una innecesaria aglomeración de público. También habría que trasladar el lanzamiento del cohete a los corrales donde está la manada, para provocar el despertar de los animales y hacer que salgan con más viveza, un detalle para algunos insignificante, pero que es muy importante. Sin embargo, por cabezonería -o protagonismo- no lo quieren modificar.

Y con esto me despido. Sólo me queda decirles que, ante las continuas amenazas que sufrimos los aficionados de personas que no comparten nuestra pasión, y que en muchas ocasiones la desconocen y la malinterpretan, nosotros no debemos darles ni una sola razón para que puedan terminar con nuestra fiesta. Lo primero es el toro, su respeto, y el respeto al resto de los aficionados al mundo del toro. Así que, ¡al turrón!

Cesar Garcia* César García Navarro nació en Madrid, pero su tradición taurina es de Yunquera de Henares. Casado y con un niño de 2 años, es ingeniero informático, y trabaja en la multinacional española Indra. Es aficionado taurino, recortador y corredor de encierros. Ha sido recortador en infinidad de concursos nacionales, hasta que hace un par de años decidió dar paso a los más jóvenes. Ahora sigue corriendo encierros, porque le gusta el toro y le pica la afición.

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4 pensamientos en “El turrón de los encierros

  1. Querido amigo César, estupendo artículo sobre los encierros taurinos. Es cierto que estas fechas nos traen uno de los espectáculos taurinos populares por excelencia: los encierros, donde te has mostrado como un verdadero maestro. He tenido la fortuna de verte frente a muchos toros, mandarlos, acercarte a ellos, sacarlos de matorrales y hasta del canal del Henares con una soga.
    ¡Qué espectáculo verte en la Plaza de Yunquera de Henares corriendo a los toros y haciéndoles recortes! ¡Qué magnífica estampa, citando al toro, corriendo a su encuentro, arrimándote a sus astas, ofreciendo la espalda, el cuerpo y la vida!
    No quiero dejar pasar la oportunidad de mencionarte como campeón de concurso de recortes. Tú, José y tantos otros, sois auténticos toreros. Unos artistas del quiebro, el salto y el recorte. Aunque tú también te manejas con el capote y la muleta. ¡Qué valor demostráis en esos espeluznantes segundos que transcurren cuando esperáis la embestida del toro y como lo aguantáis y con un pequeño giro, lo engañáis!, ¡madre mía, ese tren de mercancías pasando a vuestro lado!
    ¡Qué no pare la fiesta nacional y que no paren los encierros! En la retina guardo tu imagen corriendo por las calles, ofreciendo minutos de emoción inigualables. ¿A quién no se le ponen los pelos de punta viendo el vídeo de tú famosa suerte de la silla?
    Que la Virgen de la Granja te proteja. ¡Suerte torero!

  2. Por mi juventud me he perdido tu arte recortando pero gracias a mi padre se que eres un grande en el recorte. He oído millones de veces tu nombre, y tu arte recortando con la silla y he de decirte que en este articulo me has puesto los pelos de punta, gracias a ti y a grandes como tu seguirá viva nuestra afición. 😉

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