Castilla-La Mancha, la tele que no engancha

Una de las imágenes promocionales de la actual campaña de radio televisión de Castilla-La Mancha. // Foto: RTVCM

Por Álvaro Nuño

El sábado 12 de junio tomaban posesión todas las corporaciones municipales de España, incluidas -por supuesto- las de Castilla-La Mancha y las de Guadalajara. Los resultados de las elecciones locales del 24 de mayo habían dejado muchas alcaldías en el aire y  prácticamente hasta el último minuto no se sabía qué podían votar los concejales de nuevas formaciones políticas, si los acuerdos se respetarían o si algún díscolo estaría dispuesto a protagonizar un “tamayazo”. Total, que me puse delante de la tele con el refresco y las palomitas dispuesto a seguir la jornada con el máximo interés. Y, como en todas las ocasiones importantes, elegí verlo por la televisión pública, en este caso por nuestro canal autonómico. Pero cuál fue mi sorpresa cuando comprobé que Castilla-La Mancha Televisión, mientras se formaban todos sus ayuntamientos, decidió reemitir un programa de copla y después uno de toros. Como se suele decir “¡al pie de la noticia!”. Las palomitas se me cayeron sobre las zapatillas de andar por casa.

¿Cómo una televisión pública puede obviar un acontecimiento de este calado? “¡Cosas de política! -es lo primero que se les puede venir a la cabeza-. Los resultados para el PP fueron malos en general y no quisieron retransmitir las tomas de posesión de alcaldes y alcaldesas que no fueran de su partido”. Puede ser, pero cambio de canal y ¿adivinan que estaba emitiendo Telemadrid en directo?: la toma de posesión de Manuela Carmena como alcaldesa de la capital. Les recuerdo que la situación política en Madrid era similar a la de Castilla-La Manca. El PP controlaba (y controla, en su caso todavía) el ente público, pero los resultados electorales le fueron igual de adversos. ¿Cuál es la diferencia entonces?

Les cuento todo esto como ejemplo de lo que, para mí, no debe ser un medio de comunicación público que pagamos entre todos. Y de lo que, a día de hoy es, sin embargo, Castilla-La Mancha Televisión, un canal siempre polémico por sus contenidos informativos y un pelín casposillo, en el resto de la programación, que se puede resumir en dos palabras “toros y tiros”. La columna vertebral de su parrilla se asienta en las películas del oeste y la retransmisión de una corrida de toros diaria (sea temporada o no), además de los “informativos”, las películas españolas de los años sesenta y setenta y las muestras de folclore y tradiciones populares. Vamos, una televisión de lo más moderna y contemporánea.

Jordi García Candau, exdirector de CMT con el PSOE // Foto: eldigitalcastillalamancha.es

Los contenidos informativos de Castilla-La Mancha Televisión siempre han estado rodeados de polémica, una característica que, por otra parte, comparte con todos los medios de comunicación de titularidad pública, cuyos directivos están designados por los partidos políticos que gobiernan en cada caso. Cuando era oposición, el PP acusaba al PSOE y al director de CMT, Jordi García Candau, de partidismo a favor de quien le colocó al frente de la tele. No les faltaba razón. La parcialidad se comprobaba a simple vista. En época de José María Barreda, un equipo de televisión acompañaba al presidente socialista hasta al baño, haciéndose eco siempre de inauguraciones, visitas de ministros del PSOE, besos y manos de vecinos afines, etc. La verdad es que era empalagoso ver los telediarios porque la fórmula se repetía con el mismo patrón también en el caso de los consejeros. Al final, todas las noticias convertían a nuestra región en “La aldea del Arce”, donde todo era maravilloso, salvo los sucesos, otro de los filones fijos y clásicos de nuestra tele.

Nacho Villa, último director de RTVCM con el Partido Popular. Foto: // eldigitaldecastillalamancha.es

Pero en mayo de 2011, las urnas (y, concretamente las de Guadalajara), dieron la vuelta a la tortilla y fue el PP entonces el que gobernó y nombró a un director (evidentemente) de su cuerda, el ínclito Nacho Villa. A partir de entonces, la fórmula se retorció. En mi opinión, Cospedal y los miembros de su gobierno han salido menos que Barreda y los suyos en la tele, porque la línea editorial era otra creo que más perversa todavía que la anterior: el objetivo de la pasada legislatura era hundir al contrario, enfangarlo en directo hasta que se ahogara y, así, los telediarios de TeleCospedal (así la denominaba el PSOE) se dedicaron a hacer públicas todas las noticias malas que sucedieran en los municipios todavía gobernados por los socialistas, empezando por el de la capital regional, donde el alcalde entonces era el actual presidente, Emiliano García Page.

Uno tras otro, todos los días, los televidentes comíamos o cenábamos viendo “la noticia mala de Toledo”: obras inacabadas, calles cortadas, autobuses eliminados, averías de agua, nauseabundos (les recuerdo que se emitían a la hora de comer) primeros planos de excrementos caninos en los parques y un largo etcétera de críticas aderezadas por la opinión de vecinos cabreados y respaldados por los concejales del PP, siempre al frente de cada denuncia. La misma fórmula se aplicaba a todas las localidades gobernandas por el PSOE como Cuenca o, en el caso de nuestra provincia, Azuqueca, víctima también casi diaria de la mala noticia de CMT.

“No está mal que una televisión pública denuncie aquello que afecta negativamente a los vecinos” pensarán ustedes. Estoy de acuerdo si, en la mayoría de los casos, la cosa no oliera (nunca mejor dicho) a noticia cocinada en algún despacho con la gaviota clavada en la puerta más que a reuniones matutinas de redacción de los periodistas analizando cada jornada con su propio criterio profesional. O si esa misma línea editorial se hubiera extendido por igual a todos los lugares, independientemente del color político de sus alcaldes. Muy por el contrario, evidentemente, en los municipios gobernados por el PP las críticas brillaban por su ausencia (ni una imagen estos dos últimos años, por ejemplo, del desastre del cambio de las líneas de autobús en Guadalajara ni de las posteriores protestas). El resto de los telediarios se completaban con los consabidos sucesos (estos sí completamente apolíticos y contados en directo desde el lugar con todo lujo de detalles escabrosos y siempre con la opinión de los vecinos, en la mayoría de los casos, gente mayor que pasaba por allí y que no aportaban mucho, la verdad) y con la información deportiva que habitualmente se abre con la última hora de dos equipos de fuera de la región (los galácticos Real Madrid y Barcelona).

Creo, por tanto, que la nueva directora del ente regional, Carmen Amores, tiene mucho trabajo por delante, el de convertir la radio y la televisión de Castilla-La Mancha en un servicio público útil y fiable para los ciudadanos, en el que nos podamos informar de lo que ocurre en nuestra región, sin la sospecha de que están intentando manipular la realidad de manera tan grotesca delante de nuestras narices como se ha venido haciendo hasta ahora y en dirección ascendente. La cosa no ha empezado bien, porque como recordaba mi compañera Concha, el nombramiento ha sido realizado por decreto y a toda prisa, saltándose los cauces adecuados que marca la propia Junta: que las nuevas Cortes nombren con el mayor consenso y representatividad posibles un Consejo de Administración que eleve una propuesta y abra a la sociedad un Consejo Asesor dotado con más funciones ejecutivas y de control (incluida la participación de los profesionales de los medios de comunicación a través de las Federación de Asociaciones de la Prensa de Castilla-La Mancha). La vecina comunidad madrileña y su presidente, Cristina Cifuentes, también pueden ser un ejemplo en este caso, buscando “crear un modelo de televisión pública plural y despolitizada”.

No se puede decir tampoco que este modelo de televisión cuenta con el beneplácito de la población. CMT es la televisión regional con menos “share” de toda España. Con un muy discreto seis por ciento de audiencia y todas estas deficiencias, está claro que la televisión de Castilla-La Mancha contradice su actual eslogan y “no engancha”. Ni forma, ni informa, ni entretiene, que son los pilares que aprendí en la Facultad en que un medio de comunicación social debe asentar su oferta de contenidos.

Es una situación esta que obliga a replantearse el modelo de servicio público y de intentar cumplir los principios que enumera la propia Ley de Creación del Ente Público en su artículo 13:

A) El respeto a los principios que informan la Constitución Española y el Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha y a los derechos y libertades que en ellos se reconocen y garantizan.

B) La objetividad, la veracidad e imparcialidad de las informaciones.

C) El respeto a la libertad de expresión.

D) El respeto al pluralismo político, cultural y social.

E) El respeto y especial atención a la infancia y a la juventud.

F) El respeto a los principios de igualdad y de no discriminación.

G) La separación entre informaciones y opiniones, la identificación de quienes sustentan estas últimas, y su libre expresión con los límites del apartado 4 del artículo 20 de la Constitución.

H) El fomento y la promoción de la cultura e identidad de Castilla-La Mancha.

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