La fiesta va por barrios

El Recinto Ferial tendrá conciertos y toros de fuego este año // Foto: Martín Martínez (YouTube)

El Recinto Ferial tendrá conciertos y toros de fuego este año // Foto: Martín Martínez (YouTube)

Por Álvaro Nuño

¡Cómo escribir en un blog de Guadalajara hoy, viernes 4 de septiembre, de otro tema que no sean las fiestas de la capital! ¡Imposible! Con el programa de Ferias en la mano, precisamente hoy comienza  lo que muchos denominan la “Semana Grande” (una semana que realmente dura diez días) con la apertura oficial del Recinto Ferial y el pregón (también oficial) que dará nuestro buen amigo Juan Solo  en el Teatro Buero Vallejo (19:00). Para los que no sean tan oficialistas, también hay Fiesta del Agua en la piscina para los niños por la mañana (11:00) y para los perros la tarde (16:00), baile deportivo en la Plaza Mayor (18:30) y abre el telón el Festival Gigante por la noche en la Fuente de La Niña (21:00).

Mi compañera Maria José Establés, ya les dio el sábado pasado un pormenorizado repaso al completo programa que el Ayuntamiento ha preparado para la ocasión el pasado sábado, como siempre extenso y variado. No sé si me gustaría estar en la piel del Alcalde o del concejal de Festejos en ocasiones como estas. Preparar actividades que contenten a todos los públicos debe ser harto complicado. Es cierto que para ello cuentan con los magníficos funcionarios del departamento de Festejos y Protocolo, -encabezados por los veteranos Paco Olmeda y Luis Barra-, pero es evidente que las fiestas no son lo mismo para un joven peñista que para un matrimonio con niños pequeños; para las personas mayores que para los aficionados taurinos; para el que se reserva las vacaciones para esta semana y para el que, sin embargo, debe seguir levantándose todas las mañanas temprano para ir a trabajar y se encuentra con las calles cerradas por el recorrido del encierro; por no hablar de los diferentes barrios de una ciudad que cada vez se extiende más. Lo dicho, debe ser muy complicado mantener un modelo de fiesta de pueblo (o de pequeña capital de provincias), intentado hacer partícipes de la alegría a todos los vecinos), en una ciudad que puede rozar ya los 100.000 habitantes, cada uno de su padre y de su madre.

Y es que ahora la fiesta también aquí va por barrios. Sin duda, el mayor cambio sufrido por el modelo de las fiestas lo dio el actual equipo de Gobierno al trasladar el recinto ferial desde el hoy parque de Adoratrices hasta su actual enclave al otro lado de la autovía. A pesar de una primera y tibia oposición, sobre todo por parte de los peñistas, el modelo dual se ha consolidado y desde hace años hay dos focos relativamente distantes y bien definidos para pasar estos días: por un lado, ese recinto ferial, donde se encuentran las atracciones, los chiringuitos y la mitad de las peñas; y, por otro, la Fuente de la Niña, donde se celebran los grandes conciertos nocturnos y están el resto de los “empañuelados”. Así, cuando las peñas desfilan tras el chupinazo hasta el final del Amparo, según donde tengan su carpa, se separan y siguen caminos opuestos en el cruce con la avenida de Castilla y unas cruzan por Adoratrices y San Roque, y otras siguen a sus charangas por esta calle hasta el túnel bajo la A2. Prácticamente el mismo camino, pero en dirección contraria, realizan todas las tardes en el pasacalles para ir a la plaza de toros, reencontrándose solo en los tendidos.

Esta división parece no gustar a las peñas, sobre todo a las ubicadas en el Recinto Ferial. Es lógico. Cuando las luces de los caballitos se van apagando y cierran los puestos de las morcillas, allí sólo quedan ellos y sus carpas. Por el contrario, a esas horas de la noche es cuando más bullicio se registra en la Fuente de La Niña, coincidiendo con la salida de los conciertos. Por eso, el Ayuntamiento ha introducido este año -y yo creo que con buen criterio- actividades nocturnas en el entorno del Recinto Ferial, con sus propios conciertos, verbenas y toros de fuego para intentar alargar la noche hasta el chupinazo del encierro. Este es el precio inevitable que una ciudad moderna tiene que pagar para intentar conciliar el derecho al descanso de unos (los sufridos vecinos), con el derecho a la fiesta de otros (los bulliciosos peñistas), concentrándose en zonas de la ciudad lo más lejos posibles de las viviendas.

El pregón y chupinazo en la Plaza Mayor tendrá lugar el domingo 6 a las 20 horas.

El pregón y chupinazo en la Plaza Mayor tendrá lugar el domingo 6 a las 20 horas.

Pero no es la única división que se produce en nuestras fiestas. Los más viejos (y no tan viejos) del lugar recordarán como durante muchos años -desde que en los ochenta, el alcalde Javiér Irízar adoptara el “modelo pamplonica” de fiestas, basado en los pasacalles de las peñas y la celebración de encierros urbanos por las mañanas- las fiestas no comenzaban como hoy con el pregonero en un teatro para días después encender el chupizanazo en el balcón del Ayuntamiento. Ambas cosas se celebraban a la vez, hasta que se decidió separar el pregón “literario” (en sus comienzos así se definía, porque tiene lugar en el teatro, con el público sentado y aderezado con una actuación musical), del pregón “festivo”, que cada año da una peña. Todo tiene sus pros y contras. Realmente, en una Plaza Mayor abarrotada de peñistas cantando al ritmo de sus charangas, al pregonero no le oía ni el alcalde que estaba a su lado. Sin embargo, el chupinazo desde el balcón del Ayuntamiento, para mi, no deja de ser el que tiene auténtico sabor festivo.

Y, al igual que tenemos dos pregones, también tenemos dos desfiles diferentes. Por un lado, el de carrozas, digámoslo así, el “bonito”, donde el Ayuntamiento intenta lucirse ante los ciudadanos más mayores y más pequeños (no sé si los monstruos de este año darán miedo a más de uno). Confieso que, independientemente de lo acertado o no de la temática o vistosidad de las carrozas, a mí me parece un poco frío. Podría ser el desfile de Ferias, como el de Carnaval o el de cualquier otra fecha -incluso la Cabalgata de Reyes sin Sus Majestades-. Las carrozas son alquiladas y no tienen el alma que las de otros municipios como Azuqueca de Henares (declarada de Interés Turístico Regional) o El Pozo de Guadalajara. En ambas localidades, cada peña construye su propia carroza de manera artesanal para lucirla delante de sus vecinos y del resto de peñas, pero el resultado es igual de espectacular o más que las de la capital, además, de tener el corazón que aquí nos falta. Días después se produce el segundo desfile, el de las peñas, que suben con sus charangas desde la Plaza Mayor después del pregón y que, realmente, no deja de ser como la “procesión de los borrachos”, donde a la alegría incontenida de muchos peñistas se une el estado completamente ebrio de otros tantos, en un espectáculo nada edificante, la verdad sea dicha, para abrir las fiestas de una ciudad.

La charanga alcarreña

La charanga alcarreña “Los Klandestinos” en uno de sus bailes vermut en San Roque // Foto: ANP

Lo que sí se ha unido -y felicito también al Ayuntamiento por esta decisión- son las dos fiestas que teníamos hasta hace un par de años: la cristiana y la pagana. La festividad en honor a la Virgen de la Antigua, patrona de la ciudad, tienen fecha fija, el 8 de septiembre, precedida siempre por la procesión del traslado desde su santuario (antes a Santa María y ahora a la iglesia de del Fuerte de San Francisco) y la novena para los más fieles y devotos. Sin embargo, la fiesta pagana ha ido variando a lo largo de los años. Hasta la década de los sesenta se celebraba en el mes de octubre, siguiendo el calendario que marcaba el trabajo en el campo; en la década de los setenta pasó a celebrarse la última semana de septiembre, y ya con la democracia, en los años ochenta, se instauró como festiva la tercera semana de septiembre y el tercer viernes como fiesta local. Fue el equipo de Antonio Román quien decidió pasar las fiestas a la segunda semana de mes y que coincidieran, por tanto, con La Antigua, un calendario a mi entender lleno de ventajas porque asegura mejor tiempo y permite despedir el verano antes de que los estudiantes vuelvan definitivamente a sus aulas y al resto a nuestra actividad cotidiana. He oído decir al alcalde que el año que viene volverán a separarse de nuevo por no se qué coincidencias y la verdad es que no lo entiendo porque los actos religiosos y paganos no creo que se solapen en ningún caso. Es más, se podrían compatibilizar como ocurre ya muchos días con muchas actividades.

En cualquier caso, amigo lector, sea cualquiera de las fiestas que viva, que las disfrute con alegría.

¡Felices fiestas para todos!

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