Las Ferias en “tierra hostil”

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La Autovía se convierte en un importante obstáculo que divide las Ferias y Fiestas de Guadalajara en dos. // Foto: M.P

Por Miriam Pindado

Esta semana no podía escribir de otra cosa que no fueran las Ferias y Fiestas de Guadalajara. Una fecha muy señalada para esta ciudad que -como cada mes de septiembre- se coge vacaciones, se anuda la pañoleta morada al cuello y deja sus complejos en casa. Guadalajara se hace grande en estos día, aunque he de decir, que menos grande que antes.

Y es que las Ferias y Fiestas de ahora ya no son ni tan Ferias ni tan Fiestas como hace unos años. Los más jóvenes no podrán disfrutar –al menos de momento- de lo que en su día disfrutamos los mayores y los menos mayores. Unas fiestas de todos y para todos, accesibles y cómodas. Unas fiestas de día y de noche donde todo pillaba a mano y en las que todos coincidíamos en un sitio o en otro. Donde podíamos incluso permitirnos el lujo de perder a nuestros amigos y encontrarles en una verbena más abajo. Pero eso quedó atrás.  Y es que los guadalajareños alardeamos de vivir en una ciudad cómoda durante todas las semanas del año…todas las semanas excepto una: la de fiestas.

Todo cambió en 2008. Una “maravillosa idea” – que llevaba ya un tiempo paseándose por los pasillos del consistorio- creyó haber encontrado la respuesta a algunas quejas vecinales y la solución a todos los problemas de la Semana Grande de la ciudad. Un par de movimientos y otros pares de promesas incumplidas cambiaron el mapa de las Ferias y Fiestas de Guadalajara que desde ese año quedaron divididas en dos. A un lado de la Nacional se quedaron los árboles, las peñas más afortunadas, la música, los toros, y la gente. Al otro lado,  el hormigón, un recinto ferial sobre las cuadrículas de un parking, los feriantes, la comida y las peñas damnificadas. Nos intentaron convencer de que era un “año de transición”…siete años después, me pregunto hacia donde estamos transitando.

Soy consciente de que muchas localidades de España han cambiado el mapa de sus fiestas. Han sacado el ruido de sus cascos urbanos y han habilitado llanuras de cemento a las afueras llamadas “recinto ferial”. Entiendo estos cambios y concibo el esfuerzo presupuestario que han supuesto. Hay cambios que son inevitables y otros simplemente intentan “ir a mejor”.  Los tiempos cambian, las ciudades cambian, las modas cambian…todo cambia y es necesario adaptarse a las nuevas necesidades en pro de la mayoría. Hasta aquí todo bien. El problema llega cuando esas novedades  llegan impuestas, rodeadas de humo y beneficiando a unos en detrimento de otros. No creo que haya malas intenciones en este asunto, simplemente creo que el margen de improvisación es demasiado elevado y que los que deciden no son capaces de reconocer que las cosas no han salido como se esperaba.

Algunos vecinos han sucumbido al cambio, han aceptado este nuevo concepto de Ferias y han acabado convenciéndose de que esto no está tan mal. Totalmente respetable. Sin embargo, otros -entre los que me incluyo- seguimos lamentando la decisión que hace años se tomó y que ha apagado unas fiestas que ya solo iluminan las luces de los coches de la A-2 (al menos en el nuevo recinto ferial, que a partir de ahora denominaré “tierra hostil”). Nuestros políticos intentan remendar un error al que no encuentran solución. Ni los focos de las verbenas ni los toros de fuego encenderán lo que ya está apagado. Esto es así. Y lo digo sin ánimo de ofender a nadie. No busco responsables, busco soluciones.  Y no creo que estas pasen por  duplicar los festejos. Más bien todo lo contrario. Organizar dos toros de fuego en una ciudad como Guadalajara no es una idea brillante. Es simplemente la más fácil. Quizá la más valiente habría sido organizar un solo toro de fuego en tierra hostil…pero todos tenemos miedo al fracaso, ¿no? Los feriantes, los dueños de los puestos de comida y los peñistas de las ocho peñas del otro lado de la A-2 también temen al fracaso, pero ahí siguen…porque no les queda otra. Porque no nos queda otra. Hay festejos que evidentemente son inamovibles –véase los taurinos o los religiosos, por ejemplo- pero otros podrían cambiar su ubicación. Por ejemplo, ¿por qué no subir al nuevo recinto ferial la paella de peñas? Quizá porque no hay sombra. O ¿por qué no mover a las peñas a tierra hostil? Quizá porque no hay hueco, porque el centro de la ciudad se quedaría un poco triste o porque, simplemente, ellas no quieren (y con toda la razón).

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Varias peñas están instaladas en el nuevo recinto ferial. // Foto: N.S

Pero ante estas preguntas se corre una cortina de humo y se habla de “unas fiestas en dos ambientes” cuando lo que en realidad tenemos es una con ambiente y otra sin él. Los vecinos de Guadalajara somos conocedores de este nuevo mapa y podemos pasar la mañana haciendo cálculos de nuestros movimientos: “Si hoy voy a un concierto me quedo en la zona de ambiente…si hoy voy a comer una patata asada, me quedo en tierra hostil”.  ¿Pero qué hay de los que vienen de fuera? Antes podían ir de los conciertos a los puestos de comida, de la noria a los toros de fuego,  de ahí a las peñas y verbenas de La Concordia-San Roque-Fuente de la Niña, y así hasta que al amanecer aparecía alguna charanga con la que llegar a los encierros. Ahora ya no se puede. O al menos no es tan fácil. Pueden hacerlo si están dispuestos a pasearse por la ciudad –que no es tan grande-pero atravesando un obstáculo tan importante como lo es una Autovía; o pueden resignarse a no montar en la noria. Lo más habitual, sobre todo si hablamos de gente joven que viene de fuera, es que decidan pasar la tarde-noche cerca del césped sin saber que al otro lado de la A-2 hay vida a la sombra de un enorme centro comercial.

Desde mi punto de vista –como vecina de Guadalajara y peñista en tierra hostil- este nuevo concepto de Ferias y Fiestas no es ni cómodo ni accesible. No es cómodo para muchos vecinos del centro a los que les siguen molestando las verbenas y algunas peñas; no es accesible para los que vienen de fuera y se quedan sin ver todo lo que esta ciudad les ofrece; no es cómodo para los paseantes que ahora tienen que elegir itinerario; y no es accesible para los padres que llevan a los niños a la feria y van después a los conciertos en La Fuente de la Niña. Pero sobre todo, no es justo para las peñas que tuvieron que trasladarse y que hoy , siete años después, siguen preguntándose qué hacen allí. Y no se trata de buscar la peor de la soluciones para compartir frustraciones. No. De lo que se trata es de encontrar la mejor de las soluciones para todos, sin abandonar a nadie en un parking de hormigón al otro lado de la A-2. En tierra hostil.

Pero de momento, disfrutemos de lo que tenemos. Que pasen buenas Fiestas.

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4 pensamientos en “Las Ferias en “tierra hostil”

  1. La solución pasa p volver todo al centro. En pamplona o en Teruel como en otras ciudades se sigue apostando p unas fiestas en la ciudad. Da dinero a los restaurantes, se conoce la ciudad y si es molesto para quien trabaja, PERO ES SOLO UNA SEMANA AL AÑO!!!. Pero claro guadalajara es una ciudad dormitorio, todos los q se quejaron no son d aquí, nunca han vivido ese pedazo d recinto q teníamos. Mi peña en la cárcel, bajábamos he íbamos a otras verbenas, si la nuestra era un rollo. Pero esto no cambiara hasta q tanto los peñistas y feriantes d tierra hostil nos Plantemos y digamos NOOOO SUBIMOS ALLI.

    • El recinto Ferial en Pamplona está en las afueras de la ciudad (barrio Rochapea) y la gente no se queja. El Ferial en Guadalajara lleva desde el martes lleno de gente desde las 6 de la tarde; que a las 4 de la mañana apenas hay gente… normal en el antiguo emplazamiento eran 4 gatos los que estaban a esas horas. Yo defiendo que las peñas estén en el recinto Ferial, pero TODAS LAS PEÑAS. No es jusificable el destrozo de los parques en las que se ubican algunas peñas.
      El centro está repleto de actividades, negarlos es de necios o de que gente aburrida que sólo se sabe divertir bebiendo y de noche. Hoy mismo: encierrín abarrotado, concurso de pintura infantil en santa María lleno, Cabezudos no cabía un alma Festitriguada a reventar, la Feria, recortadores lleno completo……Las ferias son de todos y para todos (ahí se incluye desde niños hasta ancianos) no sólo para los peñistas.
      Es de tristes el estar queándose todo el día por todo en vez de disfrutar de la vida.

  2. Pingback: Desmontando el “lo que pasa en ferias, se queda en ferias” | b r e n d a v a l v e r d e

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