Las Fiestas del “todo dicho”

Concierto gratuito de David Bustamente. // Foto: Elena Clemente, culturaenguada.es

Concierto gratuito de David Bustamente. // Foto: Elena Clemente, culturaenguada.es

Por Concha Balenzategui

Proponía el compañero Juan Solo desde el balcón del Ayuntamiento, al despedir las Fiestas 2015 el pasado domingo, que se prorrogaran una semana más. Aunque sin el alborozo con que recibían la idea los peñistas, yo me sumaba inmediatamente a la propuesta. Se queda una con la sensación de que, entre el trabajo y las obligaciones familiares, no ha aprovechado todo lo que le gustaría estos días. De que las Ferias pasaron como un vendaval desde que el propio Juan (que ha estirado su papel de pregonero al de mantenedor de actos casi durante toda la semana) dio el saludo inicial el pasado viernes 4.

Pero me temo que han sido muchos los que tienen una sensación de que las Ferias de este año no han dado de sí todo lo que deberían; de que con estos “mimbres” se podrían haber hecho unos “cestos” algo más lucidos. Como dice mi compañero Álvaro Nuño, la fiesta va por barrios, por lo que partamos de la base de que todo balance será subjetivo. Aun así, el triunfalismo con el que el Equipo de Gobierno ha hecho el repaso de lo ocurrido en los últimos diez días en la capital obliga a la articulista que suscribe a aportar algún apunte más a esa visión tan satisfactoria.

Es lamentable que las Ferias, con sus claros y sus oscuros, se cierren con este baño de autocomplacencia. Es peligroso, porque hacer un repaso de bondades supone que hay poco margen de mejora, que no hay actividades que encauzar, horarios que cambiar, o lugares -¡ay, los espacios!- que replantear. Pero, por encima de todo, el triunfalismo demuestra que el Equipo de Gobierno hace oídos sordos a lo que los vecinos tengan que decir sobre unas Fiestas que, ya saben, eran, o debían haber sido, “para todos”.

Y vamos ya con el repertorio de lugares comunes. El primero es que las Fiestas 2015 han sido masivas, multitudinarias y participativas. Evidente: es fiesta, hace buen tiempo, y la gente se echa a la calle. Pero que luego el personal vaya a uno u otro acto, o deambule sin un reclamo concreto, por el mero hecho de que la gente llama a la gente, no es exactamente un acierto que deba apuntarse el Ayuntamiento. Por ejemplo, pueden asistir a una procesión religiosa, al macrofestival de música que organiza una empresa, o hacer botellón en la verbena de alguna peña, por citar tres actividades con gran éxito de público que no promueve directamente el Consistorio.

Desfile de carrozas sobre los dioses y la mitología. // Foto: Elena Clemente, culturaenguada.es

Desfile de carrozas sobre los dioses y la mitología. // Foto: Elena Clemente, culturaenguada.es

Otra expresión manida es esa de que las peñas son “el alma” -últimamente también se dice que son “el motor”- de las Fiestas de Guadalajara. Y ciertamente, unas más que otras, contribuyen a la animación general con sus charangas, sus verbenas y sus “garitos” nocturnos. Pero ya que se ha delegado de forma tácita la animación en estas agrupaciones festivas, debería prestarse un poco de atención a lo que en ellas sucede. El alcalde y los concejales deberían, por ejemplo, escuchar la protesta respecto al emplazamiento de algunas de ellas en el recinto Ferial. Un malestar que existía en años anteriores, pero que no ha dejado de ir a más, y que este año ha cristalizado en gritos, tanto durante las corridas de toros, como en la traca de despedida. El domingo, desde el Ayuntamiento optaron por enchufar música grabada a todo volumen para ahogar las reivindicaciones de las peñas en el acto de la traca final, sin importar que así también acallaban a sus charangas. Una actitud, no por conocida, menos incomprensible.

Que hay unas peñas “exiliadas”, que pierden ambiente y miembros, y que no hacen “cantera” por estar en “tierra hostil”, es algo que ya expuso acertadamente Miriam Pindado hace unos días, en un artículo que ya se ha convertido (por algo será) en el más leído de la historia de este blog a lo largo de los últimos tres años. No abundo, por tanto, en sus argumentos, pero sí diré que esperaba una respuesta más clara por parte de Jaime Carnicero. Después de la sentencia del vicealcalde –“el recinto Ferial está funcionando bien”- no me queda clara cuál es la idea del Ayuntamiento para que la situación mejore, ya que, entendemos -entienden ellos- que no hay nada que corregir.

No sé si el camino será llevarse más peñas al Ferial para atraer allí al personal y “dar gusto” a los feriantes, o seguir autorizando su ubicación en el casco, como ha hecho este año con una peña nueva. No sé si el futuro pasa por mantener el esperpento del doble toro de fuego, duplicando gastos y riesgos, o si es sostenible la cantidad de agentes municipales que vigilan la pasarela y regulan el tráfico en horas punta. Reconozcamos que las actividades extraordinarias han llevado este año más gente allende la A-2. Pero también está certificado que al terminar los “tributos” musicales y el toro de fuego, aquello volvía a ser un páramo.

Otro tema recurrente es subrayar lo que ha ganado la “feria de día” y la actividad en el centro de la ciudad. Y ciertamente, hay vecinos en todos los rincones y a lo largo de toda la jornada. Pero eso no quiere decir que haya un “gancho” claro urdido por el Ayuntamiento. De unos años a esta parte, se echan de menos los magos, las estatuas humanas o una actividad dedicada a los chavales más mayores, esos que están en un tramo de edad difícil, en el que ya no se divierten como niños, pero tampoco les está permitido lo que a los jóvenes. Con “Festititiriguada” ya me despaché a gusto el año de su imposición, y sigo pensando que no es lo mismo (es más, que no tiene punto de comparación) que el original y añorado “Titiriguada”. Apunto solo que, este año, el “estamos recogiendo” de los monitores no se pronunciaba a las ocho, sino a las ocho y media de la tarde. Algo hemos ganado, sí. Media hora.

Dulzainada por las calles del casco. // Foto: Óscar Cuevas

Dulzainada por las calles del casco. // Foto: Óscar Cuevas

Pero además de los actos que faltan, veo también ciertos vacíos en los días más grandes. Me extrañó la escasez de actividades en el Día de la Antigua cuando, quizá por aquello de ser más “virgencistas que la virgen”, se borró del programa hasta la paella, que fue trasladada al miércoles. Sorprende que no se anime a las peñas a volcarse en esa jornada del 8 de septiembre, sino todo lo contrario, ya que se les impuso, incluso, que ese día no hubiera verbenas propias. Una actitud que recuerda a tiempos muy pasados.

Me volvió a extrañar, también, lo que sucedió el domingo final, un día en el que había mucha gente paseando por las calles tanto de mañana como por la tarde, pero con muy pocos alicientes festivos. Mientras, otras fechas están sobrecargadas de actos. Claro que, si el Ayuntamiento no hubiera “acertado en todo”, como dice, me atrevería a sugerir el traslado de la Dulzainada a este domingo, en el que las charangas están agotadas y dejan de sonar por las calles.

Si las Ferias no hubieran resultado “tan estupendas”, insisto, me preguntaría si el lleno de público es suficiente motivo para mantener ese teatro vespertino en un lugar tan incómodo para verlo y escucharlo como la plaza Mayor, o si se puede arriesgar un poco en el repertorio, y sacudirse la caspa que desprenden algunos títulos elegidos. Quizá, si lo anunciamos convenientemente y sigue siendo gratis, el teatro pueda llevarse al teatro, y ofrecer otro tipo de actuaciones en una plaza donde importe menos el continuo trasiego de gente y músicas arriba y abajo.

Si tuviera ocasión de hacerlo, también preguntaría si el Equipo de Gobierno está “plenamente satisfecho” con la entrada que han tenido las actuaciones musicales de la Fuente de la Niña, o si la satisfacción se queda en el Festival Gigante y en la “fantástica” acogida (gratuita) del afónico Bustamante. En fin, si la Feria fuera mejorable, y no “tan maravillosa” como ha sido, también me plantearía si la plaza de Santa María es el lugar más adecuado para un concurso de dibujo en el que asamos niños al sol, o si es mejor buscar un poquito de sombra para evitar que se nos achicharren.

Pero todas estas cuestiones las plantearía, claro, solo si se considerara abierto el debate, solo si hubiera una actitud autocrítica, solo si hubiera algún munícipe con ganas de escuchar. Entonces, en ese caso, también diría cosas positivas, como lo maravillosa que es siempre la comparsa de gigantes y cabezudos, la brillantez del desfile de carrozas, o lo muchísimo que han ganado los encierros desde que tenemos en ellos los toros de lidia. Seguro que, en ese caso, encontraría muchas luces en la Feria Taurina que ha culminado la nueva empresa (Coso de las Cruces), empezando por la reforma de la propia plaza, siguiendo por unos carteles más completos que los de años anteriores, y terminando con el buen resultado artístico que se presenta como balance. Mucho a destacar, sin limitarme a hacer recuento de orejas, puertas grandes y el aclamado indulto, sin entrar a matices.

Pero estas cosas, las positivas, no hace falta que las digamos los periodistas, porque para eso ya se basta solo Jaime Carnicero, que está tan encantado de escucharse, que para ello no le importa hurtarle el protagonismo al que se supone que es concejal de Festejos, Armengol Engonga, o al propio alcalde, Antonio Román. Que esa es otra tela que cortar.

En fin, con unas Ferias y Fiestas tan fantásticas, está todo dicho. ¿O no?

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