El palacio del Infantado, camino de la Unesco

El Palacio del Infantado de Guadalajara. Foto: Jesús Ropero.

El Palacio del Infantado de Guadalajara. Foto: Jesús Ropero.

Por María José Establés

Esta semana hemos conocido que el Ayuntamiento de Guadalajara ha participado en una reunión de trabajo en el Ministerio de Cultura para que el palacio del Infantado sea declarado Patrimonio Mundial de la Unesco. Este es el paso previo clave para a la reunión que mantendrán los representantes del Estado y de las Autonomías para decidir la Lista Indicativa española de los monumentos que optan a ser candidatos oficiales. De lo dicho en la reunión, no ha trascendido mucha información, si bien el alcalde Antonio Román ha mencionado que se ha reconocido la singularidad el edificio aunque también ha reconocido que hay dificultades en este largo proceso de selección. En caso de que el Infantado supere el proceso inicial, no se sabrá si el palacio de los Mendoza será candidato oficial en la lista de la Unesco hasta 2017.

No es la primera vez que Guadalajara intenta que el Infantado sea declarado Patrimonio Mundial de la Unesco. Hacia 2001 o 2002 se iniciaron los primeros trámites. Incluso se aprobó una moción en el Pleno, pero la candidatura fue frenada por la Junta de Castilla-La Mancha, ya que creyó que la Ruta del Quijote podría tener más posibilidades para conseguir la distinción, aunque finalmente no la consiguió. Hay que recordar que cada Comunidad Autónoma debe aprobar a sus candidatos. En la presente candidatura este escollo regional ha sido ya salvado.

Hace una década, se volvió a intentar pero en esa ocasión la Unesco frenó las aspiraciones de los monumentos que han sido sometidos a una gran restauración. El Infantado es un palacio muy restaurado, debido a los graves daños que sufrió durante la Guerra Civil. Sin embargo, parece que en esta ocasión, la Unesco ha relajado este requisito, por lo que la candidatura del Infantado tiene más posibilidades de poder tener éxito.

Además de a la corporación del Ayuntamiento de Guadalajara, la actual candidatura, que se inició hace dos años, debe agradecerle su impulso e entusiasmo tanto al cronista provincial Antonio Herrera Casado como al técnico de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento Pedro José Pradillo, por su estudio en profundidad del edificio y sus informes técnicos para defender esta candidatura.

La incursión del palacio en esta aventura en la Unesco me parece muy acertada. No sólo por la extraordinaria arquitectura del edificio que diseñó Juan Guas en el siglo XV, sino por la importancia que ha tenido el palacio en distintos momentos de la historia de la ciudad. Su valor cultural inmaterial es incalculable; es el hogar del Maratón de los Cuentos, que a su vez, merecería una mención también por parte de la Unesco.

Protegiendo unos edificios, descuidando otros

Palacio del Conde de Montemar, ubicado en la calle Mayor de Guadalajara. Foto: Guadaqué.com

Palacio del Conde de Montemar, ubicado en la calle Mayor de Guadalajara. Foto: Guadaqué.com

Resulta un tanto irónico que la protección que la ciudad le está brindando al palacio renacentista de los Mendoza, de la cual me enorgullezco, sea mucho más laxa cuando nos referimos a otros edificios históricos de la ciudad. Este verano conocimos que el palacio del Conde de Montemar, ubicado en plena Calle Mayor, cuenta con un expediente de ruina oficial. Si finalmente es tirado abajo, este palacio se sumaría al dudoso ranking de edificios históricos destruidos en nuestro centro urbano, donde a mi juicio, destaca el derribo del palacio del Vizconde de Palazuelos hace unos años. El comúnmente conocido como el edificio que en su día albergaba al extinto bar El Boquerón en la plaza San Esteban.

El extinto palacio de los Vizcondes de Palazuelos. Foto: blog Placeres y Más.

El extinto palacio de los Vizcondes de Palazuelos. Foto: blog Placeres y Más.

Tanto desde el Ayuntamiento como desde la Junta (la decisión del derribo del palacio de Montemar está ahora en los despachos regionales) se debería tener más en consideración no solo las alegaciones económicas de los propietarios de los edificios, sino el impacto arquitectónico que supone el derribo de tantos edificios emblemáticos en nuestra ciudad. Algunos tienen siglos de antigüedad aunque otros, aunque no tengan datación centenaria, forman parte de la memoria colectiva de la ciudad. Me estoy acordando ahora mismo del edificio del antiguo cine Imperio, que como saben, también sucumbió a los estragos de la piqueta en 2013.

Está muy bien encumbrar el palacio del Infantado a nivel nacional y mundial, pero si dejamos que el resto de nuestro casco histórico vaya cayendo cual fichas de dominó, ¿no estaremos perdiendo la esencia de nuestra ciudad? ¿De verdad no hay soluciones para que se evite el derribo de edificios? Defendamos a nuestro palacio del Infantado pero sin olvidarnos de otros lugares, porque de esta forma estaremos permitiendo que cada día muera un poquito más nuestra ciudad.

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