Plan de choque para el casco

Uno de las numerosas "caries" que han ido horadando el casco estos años. // Foto: culturaenguada.es

Uno de las numerosas “caries” que han ido horadando el casco estos años. // Foto: culturaenguada.es

Por Concha Balenzategui

Uno de los primeros proyectos de calado que encara el Equipo de Gobierno de la capital en este mandato es la elaboración de un “plan de dinamización” del casco histórico. Por lo visto, lo de “plan” es una denominación más usada en los medios de comunicación que empleada en primer término por el vicealcalde Jaime Carnicero, que anunció la puesta en marcha de “medidas” y de “estrategias integrales” para la reactivación de la zona. No se trata tanto de buscar tres pies a la nomenclatura -confieso que me pierden estas cuestiones- como de valorar la envergadura que tendrán estas medidas, y que más pronto que tarde empezaremos a saber. Por ejemplo: cuando comprobemos qué cantidad de dinero se ha destinado a este cometido en los presupuestos municipales para 2016, estaremos más cerca de entender si estamos ante acciones estratégicas y contundentes. O no.

El vicealcalde Carnicero anuncia las medidas estratégicas para el casco, a mediados de septiembre. // Foto: Jesús Ropero / Ayuntamiento de Guadalajara

El vicealcalde Carnicero anuncia las medidas estratégicas para el casco, a mediados de septiembre. // Foto: Jesús Ropero / Ayuntamiento de Guadalajara

Para empezar por lo positivo, la mera noticia ya lo es: el Equipo de Gobierno se propone actuar. Lo ha anunciado en el arranque de este cuatrienio, nada más pasar el verano y las Ferias, sin esperar a cumplir los 100 primeros días del nuevo equipo.

No vamos a gastar líneas en corroborar el hambre que este este casco histórico tiene de medidas urgentes, de un “plan de choque” para evitar su desaparición, porque es algo que se concluye con un mero paseo por nuestro Mordor guadalajareño. Hemos perdido casonas, palacios, administraciones, comercio, animación… hasta el entramado de las calles se desdibuja cuando los solares rompen su continuidad con su “piel de poliuretano”, como decía Ricardo Clemente en aquel celebrado artículo de meses atrás. Carnicero ya se despachó sin paños calientes con la situación que presenta el casco, algo que se agradece y se agradecería más si fuera acompañado de una dosis de autocrítica.

Hay que añadir que la necesidad de actuar en el casco no se justifica solo en su estado comatoso. Ese argumento es válido, por tomar un ejemplo reciente, para decidir actuar en varias calles de la colonia de San Vázquez o Eras del Canario. Pero el casco es otra cosa. Es el salón de la casa común que es la ciudad, el lugar donde nos reunimos, al que acudimos todos. Realmente, nuestros barrios no se diferencian de las zonas residenciales de otras ciudades, y nuestros centros comerciales son iguales aquí que en Rivas Vaciamadrid o en Alcalá de Henares, incluso con las mismas firmas de comida rápida y de ropa basura (o viceversa). El casco es el que retiene a duras penas nuestras señas de identidad. Donde las administraciones tienen que estar presentes en lugar de abandonar un señorial edificio para mudarse al sótano de un centro comercial; donde los edificios nobles deberían resistir a la piqueta; donde el comercio tendría ser exquisito y boyante; donde las empresas importantes aspiraran a tener sus oficinas principales; o donde cualquier hostelero querría plantar su barra. En fin, un lugar donde a los vecinos les gustara pasear, comprar y consumir, y no solo hacer gestiones.

Hace muchos años que se produjo el divorcio de los vecinos con su centro histórico, tanto como lugar para vivir, como para frecuentarlo. Aquí todos tenemos nuestra parte de culpa. La ruptura se produjo hace lustros, y quizá no sea este el momentos de las lamentaciones. Pero sin duda, la responsabilidad mayor recae en el Ayuntamiento, que tenía que haber puesto en marcha medidas hace mucho tiempo. Y la primera certeza de este plan es que llega muy tarde. Tarde para recuperar edificios que serán sustituidos por solares más o menos útiles, o en el el menor de los casos por nuevas construcciones sin el mismo valor histórico ni artístico. Tarde para muchos negocios que han cerrado sus puertas. Tarde para quienes han optado por mudarse al extrarradio.

Participantes en la "Ruta de las Eras" de 2013. // Foto: culturaenguada.es

Participantes en la “Ruta de las Eras” de 2013. // Foto: culturaenguada.es

En este punto no se puede olvidar que el PP paralizó y echó por tierra el Plan Estratégico para el Casco Histórico (PECH) elaborado por la empresa “Arquitectura, Urbanismo y Cooperación”, bajo a dirección de la prestigiosa urbanista María Luisa Cerrillos. Un plan que proponía ambiciosas medidas, y que se quedaron en el tintero. Un plan que, paradojas de los plenos, el mismo PP había apoyado cuando era oposición. En aquel año 2007 de la llegada de Román, los populares explicaron que era imposible seguir adelante dado el alto número de alegaciones recibidas. Y prefirieron aparcarlo, en lugar de estudiarlas y tomar decisiones. Recuerden también que es el mismo partido que, en el caso de los autobuses, acometió una importante reforma contra la que se levantaron miles de quejas, y que decidió empecinarse durante dos años en su “invento”, para acabar haciendo los cambios en la última curva del pasado mandato.

Ocho años después de la llegada de Antonio Román a la Alcaldía, los hechos vienen a demostrar que el PP no abandonó aquel PECH por falta de acuerdo sobre su contenido, ni por pereza para dirimir entre los intereses de unos y otros. Estoy convencida de que lo hizo, lisa y llanamente, porque era el plan promovido por el socialista Jesús Alique, que lo lanzó con tanta artillería propagandística que iba a hacer difícil anular la sombra de su impulsor. Y lo digo, sobre todo, porque algunas de las medidas que los populares no quisieron asumir las terminaron llevando a cabo años después. La más notable, la propuesta de aquel Plan Estratégico de convertir Ingeniero Mariño y Ramón y Cajal en calles de un solo sentido, ensanchando las aceras. Eso que años después renació de la mano del PP con el rebautizo del “Eje Cultural”.

Dicho lo anterior, tampoco cabe concluir que los ayuntamientos del PP hayan abandonado el casco. Hay que reconocer que han acometido una importante remodelación en su aspecto. A veces con más, y a veces con menos acierto, se han adecentado la calle Mayor, Dávalos, el mencionado “Eje Cultural”, Benito Hernando, Miguel Fluiters… y aún hay prometida una reforma más para la plaza del Concejo. También favoreció la aparición de terrazas con una ordenanza y unas tasas más amigables.

Pero al cabo de los años, y con una crisis económica por medio, habremos de concluir que la situación del casco no era únicamente cuestión de pavimento. Han faltado ordenanzas urbanísticas, incentivos económicos, prohibiciones y voluntad de defensa. Ha faltado estrategia, en suma.

Decía al principio que probablemente no sea este el momento de las lamentaciones, sino del plan de choque. Pero habrá que analizar qué falló en el Plan Estratégico, en el el Plan del Comercio Abierto, o en otras medidas anteriores, para no caer en los mismos errores. Y habrá que aprovechar las oportunidades, como la que se presenta con el posible reconocimiento universal para el Palacio del Infantado, o la ampliación del Campus Universitario.

Hay algunas cuestiones en marcha, como una comisión técnica y una llamada a la participación. Pero hacen falta muchas otras, como el dinero para reformar, incentivar, indemnizar o expropiar, que de todo habrá que hacer si se tiene verdadera voluntad de lograr resultados. Medidas imaginativas, decisivas y, en algunos casos, contundentes.

Los programas electorales de los partidos presentados en mayo estaban llenos de propuestas para el casco que deberían ser estudiadas, debatidas y consensuadas, o rechazadas si son meras ocurrencias. Además de a los partidos, hay que abrir bien las orejas otros muchos colectivos: vecinos, comerciantes, hosteleros, profesionales, propietarios, consumidores, constructores, conductores… sabiendo que forzosamente los intereses de unos chocarán con los de otros. No podemos quedar paralizados de nuevo porque un sector inunde de alegaciones la casa consistorial. No se podrá dar gusto a todos, y sobre todo no se debe dar gusto a los de siempre.

Habrá que priorizar. Pero, hoy, la prioridad no es otra que el casco.

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Un pensamiento en “Plan de choque para el casco

  1. Muy interesante el artículo, pero siempre cuando se habla de la ruina del casco histórico nos olvidamos de otros perjudicados, que sobre todo lo son por el terrible momento que vivimos para el sector inmobiliario: los propietarios. Debe haber un montón de motivos por los que los propietarios no se han desprendido de estos inmuebles, ya sea porque las familias no se pusieron de acuerdo para vender o rehabilitar antes de la crisis, o porque durante la crisis todavía había inquilinos que residían ahí. Pero el caso es que vender, ahora mismo, es ardua tarea y casi imposible. A mi me hace mucha gracia que ahora todos nos echemos las manos a la cabeza cuando durante una década hemos dejado que se hundan las cosas. ¿Quien va a querer rehabilitar una ruina? Ahora mismo lo único que se va a poder hacer, creo yo, es derribar y edificar. Si hace unos años, no tantos, cuando todavía había dinero y todo el mundo estaba anunciando que se aproximaba una crisis brutal, los ayuntamientos hubiesen tomado medidas y se hubiese hecho un plan como el que nuestro ayuntamiento anuncia para 2016, poniéndose de acuerdo con los dueños de los inmuebles, ahora no estaríamos así. No es por lamentarme, pero sobre todo lo digo porque en esta ciudad a veces parece que las cosas dan igual, se va dejando y se va dejando hasta que no queda mas remedio que tomar medidas dentro del peor contexto posible: la crisis. Espero que si se hace este plan de dinamización se haga intentando crear el menor perjuicio posible a la gente que me consta que está intentando vender sus inmuebles y no puede. Espero que ahora el Ayuntamiento no venga con la vara metiendo prisa, poniendo fechas y soluciones injustas para algunos, solamente porque no hubo luces para hacerlo antes. Espero que sobre todo haya beneficios para los que compran y edifican, y no perjuicios para los que venden. Este problema ha sido de todos. Al fin y al cabo los propietarios son también ciudadanos de Guadalajara.

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