¿Borrón y cuenta nueva?

García Page, en su balance de los 100 primeros días de su gobierno // Foto: castillalamancha.es

Por Álvaro Nuño.

El pasado lunes, el ejecutivo regional del Partido Socialista cumplía sus primeros cien días de gobierno, una ocasión que aprovechó el presidente, Emiliano García Page, para reunir a sus huestes en El Cigarral de Toledo y hacer un primer balance de la era pos Cospedal en Castilla-La Mancha. “Permeabilidad”, “sensibilidad” “transparencia” y “honestidad”, fueron algunas de las características que dijo tener este ejecutivo frente al “sectarismo” y la “soberbia” de la que acusó al Partido Popular, asegurando estar convencido del “cumplimiento total del programa electoral, pase lo que pase en las próximas elecciones generales”. Lo visto en diversos medios de comunicación sobre su comparecencia me recordó el despliegue y la parafernalia – diseñada exprofeso- que rodeaba a sus antecesores en el cargo en situaciones como esta, con atril personalizado incluido. 

Formas aparte, García Page habló de “recuperar el tiempo perdido” y del “compromiso con los temas de esta tierra”, citando dos de sus primeras grandes batallas: su oposición al almacén nuclear de Villar de Cañas y los tres recursos presentados contra los últimos trasvases hacía el Segura. Haciendo un guiño a Podemos, su sostén político, el presidente resaltó su “prioridad social” en las próximas acciones de gobierno que le llevarán a poner en marcha un Plan de Empleo para 60.000 parados, una Oficina Antideshaucios y la lucha contra la pobreza energética, además de la supresión de tasas a las personas dependientes. “Prefiero que lleguemos todos juntos a la meta de la mano, aunque vayamos más despacio” dijo Page, mostrándose razonablemente optimista: “Hay muchas posibilidades de que la región vuelva  ponerse en pie”, apostilló.

Lo cierto es que, además del evidente cambio de caras, la forma de hacer política entre Cospedal y Page son bien diferentes. Históricamente, los socialistas siempre se han aferrado a la bandera de “nuejtra tierra” en batallas por defender el terruño frente al Gobierno Central. Lo comenzó haciendo Bono con Cabañeros como Page lo hace ahora defendiendo la permanencia de la empresa Elcogas en Puertollano, o como también lo hizo Barreda con la eterna “batalla del agua”. El socialista también aludió al ADN y dejó claro que todos sus consejeros pagan sus impuestos en Castilla-La Mancha, frente a algunos de los del PP, que como la propia Cospedal, vinieron de Madrid un día a hacerse cargo de la situación. “Enfrentamientos y guerras”, justamente es lo único que aprecian en los populares en estos tres primeros meses de gobierno del PSOE, un tiempo para ellos perdido “en los que no se ha tratado de resolver ningún problema” según su portavoz en el parlamento regional, Francisco Cañizares.

Parece que las intenciones son buenas, pero hechos, lo que se dice hechos, no han sido muchos los que ha llevado a cabo este nuevo gobierno, amén de los cambios en las estrategias. Poco se ha movido hasta ahora en lo que a Educación se refiere, más allá de la apertura de algunos colegios rurales y de unas ayudas para adquisición de libros que no han dejado a casi nadie contento por su exigua cuantía, más en un curso en que la entrada de la Lomce ha obligado a cambiar libros de texto en muchos cursos por completo.

Por lo que a Sanidad se refiere, lo más destacado es el anuncio unilateral por parte de Castilla-La Mancha de romper el convenio con la vecina Comunidad de Madrid, un asunto que a los guadalajareños nos pone los pelos de punta de nuevo, recordando esas tournes de enfermos trasladados en ambulancia a hospitales de Albacete y Ciudad Real seguidos por los familiares, en el mejor de los casos en coche, atravesando Madrid. Qué quieren que les diga, entre un convenio malo y no tener convenio, yo me quedaría con el malo, aunque, incomprensiblemente, no nos permita utilizar a los alcarreños el Hospital del Alcalá, que es el que más cerca tenemos. Esa política de borrón y cuenta nueva no es buena para nadie y más cuando la Comunidad de Madrid -no hay que olvidar que para poner en marcha estas cosas o para anularlas siempre hay que oír a las dos partes- ya ha declarado que el convenio es único y que Page no puede decidir que se rompa sólo para los pacientes de Toledo pero que se mantenga para los de Guadalajara. De hecho, la Comunidad de Madrid no considera procedente mantener un convenio con la oposición de una de las partes –en este caso la nuestra-. Aunque el planteamiento castellanomanchego a priori parezca justo y se apele a que pagamos la Sanidad dos veces por poder ser atendidos en una comunidad distinta y que de eso se debería hacer cargo el Estado a través de los Fondos de Cohesión, mientras lo discuten, no toquen el convenio ni amenacen con romper la baraja, no sea que se rompa de verdad.

Page no confirmó su apoyo al proyecto del campus en Las Cristinas en su reunión con Román // Foto: guadalajaradiario.es

Otro de los asuntos que también me tienen preocupado del gobierno que esta semana ha cumplido cien días es su falta de apoyo al proyecto del campus universitario de Guadalajara en el antiguo Colegio de Las Cristinas, otro de los nexos que nos unen todavía con Madrid y que desde el resto de la región deben comprender y mimar con esmero. Antonio Román fue a pedírselo al presidente regional explícitamente en una reunión en Toledo, pero se volvió sin una respuesta concreta por parte de Page, quien sigue mareando la perdiz en este asunto que parecía ya de nuevo encarrilado. Sería un grave error por parte de la Junta también hacer como si los cuatro años que han pasado los socialistas sin pisar Fuensalida fueran un paréntesis que se puede borrar para retomar el asunto donde se quedó en 2011, con un proyecto de campus abierto en el polígono del Ruiseñor completamente paralizado y la Universidad de Alcalá amenazando con llevarse sus titulaciones a la ciudad cervantina si la Junta no pagaba sus compromisos. Bien es cierto que en cuatro años no se ha avanzado mucho que digamos y que el protocolo firmado por Junta, Ayuntamiento, Universidad y Ministerio de Defensa no tiene ni la categoría de convenio, pero es un nuevo punto de partida que adecua el proyecto de una manera mucho más racional, acercándolo a la ciudad, utilizando unos edificios públicos actualmente en desuso y además, justo al lado de Magisterio, donde la UAH imparte ya tres grados. Lo dicho, volver a los idílicos sueños de un campus modelo americano con edificios desperdigados separados por praderas de césped donde los alumnos alcarreños y madrileños jueguen al béísbol sería un error y un nuevo retraso injustificable. Por no quedar, poco rastro queda ya de lo que iba a ser el gran Parque Científico y Tecnológico de Guadalajara, ahora rebautizado “de Castilla-La Mancha” fusionado con el de Albacete.

Deseamos, por tanto, que Emiliano García Page y su equipo pasen de los buenos deseos a las buenas obras. Cuatro años tienen por delante para hacerlo pero reconociendo como punto de partida lo mucho o poco que ya tenemos y, si puede ser, reconstruyendo lo que haga falta sin destruir lo demás.

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