La Sierra de ayer, hoy y mañana

SERRANIA GU

Imagen del VIII Día de la Sierra, celebrado el 17 de octubre en Pálmaces de Jadraque. / FOTO: Asociación Serranía de Guadalajara

Por Míriam Pindado

De su Sierra, de sus pueblos, de sus campos, de sus jaras, hoy se desprende un lamento que nos desgarra hasta el alma. Para quien quiera escuchar, cantaremos alto y fuerte: Que si la Sierra se hundiese, Guadalajara también se muere”. Esta es parte de la Canción de La Sierra, compuesta por Isabel Nolasco e interpretada por el Grupo Folk Las Colmenas. Estas frases desvelan el sentir generalizado de una comarca que quiere hacerse oír sin que el eco de sus montañas, las más altas de la provincia,  interfiera en su mensaje.

El pasado fin de semana hablaron alto y claro y lo hicieron desde Pálmaces de Jadraque con motivo de la celebración del VIII Día de la Sierra. Los serranos (y los que les quieren) se dieron cita en este municipio de la Serranía de Guadalajara -uno de los más dinámicos de la zona a pesar de contar con menos de 50 vecinos- para celebrar su fiesta pero también para reivindicar que los serranos tienen voz (y que además cantan muy bien).

Aunque no procedo de esta zona, sí es cierto que le tengo un especial cariño a los pueblos y a las gentes de la Sierra de Guadalajara. Puede que sea por todos los años que he cubierto la actualidad de la provincia y por la hospitalidad de la que han hecho gala siempre en esta comarca. Puede que sea porque algunas de las personas más nobles que conozco están vinculadas a ella. O quizá sea porque mi familia vivió y sigue viviendo en un pequeño pueblo serrano  (aunque no de esta provincia, sino de Ávila) cuya realidad es bastante parecida a la aquí.  Será porque conozco ese sentir y ese carácter castellano, porque reconozco el esfuerzo diario de sus gentes y porque aplaudo esas ganas de mantener vivas las costumbres y tradiciones de una de las zonas con más historia y menos futuro, ya no solo de España, sino de Europa, a la que demográficamente, se refieren como la Laponia del Sur.

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La Sierra demostró la riqueza de su folclore a lo largo de toda la jornada. / FOTO: Asociación Serranía de Guadalajara.

En los pueblos de la Sierra se toca la dulzaina, se bailan jotas, se ronda en las fiestas, se bebe moscatel y se comen rosquillas y flores. Pero eso es solo lo que vemos los días festivos. El resto del año, sus vecinos luchan por sobrevivir negándose a echar el cierre a otro pueblo más. Los serranos quieren mantener viva su Sierra, la Sierra de todos. Y son ellos los que, a pesar de las hostilidades del día a día, hacen frente al frío en invierno y abren las puertas a sus jóvenes en verano. Como dijo este sábado el párroco de Pálmaces de Jadraque, don Juan Mínguez, “la gente de la Sierra es fuerte, es dura y trabajadora, pero sobre todo tiene un gran corazón y es hospitalaria y acogedora”. Además, son personas valientes, que siguen fieles a sus raíces y se atreven a reivindicar su pasado, su presente y su futuro.

Y así lo hicieron en su VIII Día de la Sierra: unidos por el folclore y las demandas comunes de todos los pueblos de esta comarca al amparo de la Asociación Serranía de Guadalajara, artífice de la iniciativa. Su ideario pasa por la defensa y la difusión de la cultura, patrimonio y medio ambiente de la zona y sus reivindicaciones se asientan en peticiones tan modestas como el acceso a los servicios básicos o la mejora de las vías de transporte y las telecomunicaciones. Porque aunque cada vez sean menos y más canos, siguen existiendo. Y quizá por esto -por estas ganas de hacer frente al abandono y de unir fuerzas por un mismo sentimiento-  los vecinos de la Sierra quisieron distinguir como ‘Serrano del año’ al catedrático de la Universidad de Zaragoza, Francisco Burillo, de la Asociación Serranía Celtibérica. Una organización, a la que mi compañera Marta Perruca hizo referencia la semana pasada, que intenta buscar soluciones al futuro de esta zona cada vez más despoblada y que afecta a diferentes comunidades autónomas.

La respuesta a los serranos

Representantes de las instituciones públicas, como el presidente de la Diputación, José Manuel Latre, o el delegado de la Junta, Alberto Rojo, se acercaron hasta Pálmaces de Jadraque para compartir con los serranos su festividad . Ambos se comprometieron con el desarrollo de la comarca y, sin importar colores, coincidieron en la necesidad de impulsar el progreso rural para evitar la desaparición del mismo. Latre, desde la apuesta de la Diputación y los Grupos de Acción Local, y Rojo, anunciando la nueva ley de Desarrollo Rural que el presidente Emiliano García-Page anunció hace pocos días cuando se atrevió a prometer que “la gente, viva donde viva, tenga el mismo acceso a los servicios”.

El sábado fue un día optimista, esperemos que el futuro también lo sea -a pesar de los malos augurios de las estadísticas- y que los hijos, los nietos y los bisnietos de los serranos de hoy sigan apostando por la tierra que les dio el apellido. Su tierra.

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