La magia del Tenorio

Una escena del Tenorio de la pasada edición // Foto: guadaque.com

Por Alvaro Nuño.

Me declaró un ferviente admirador del Tenorio Mendocino. Cuando llega el último fin de semana de noviembre, se me pone una cara muy parecida a la del tercer fin de semana de junio en que se celebra el otro gran acto cultural “de masas” (digamos que reúne a más de mil personas) que tiene lugar en Guadalajara, el Maratón de los Cuentos. Y es que ambos tienen muchas características comunes: surgen de la sociedad civil, de gente que tiene ganas de hacer cosas por los demás y con los demás sólo por el placer de hacerlas. Y creo que ahí está la magia de su éxito, el de atraer a muchos de sus convecinos y que a nuestra ciudad le cambie esa cara, muchas veces demasiado mustia, al menos dos fines de semana al año.

Esta noche de viernes y la de mañana sábado, asistiremos una vez más a esa extraña comunión entre público y actores. Miren que es difícil que cientos de personas sigan una representación teatral en unas condiciones en las que la comodidad no es precisamente un acicate. ¡Y aunque sea cómodamente sentado, calentito y gratis! dirán aquellos que piensan lo difícil que es hacer que a la gente le guste la cultura. Quizás sea por el amateurismo de los actores. ¿Quien no conoce en Guadalajara a alguna persona que ha intervenido en algún Tenorio? Guadalajara sigue siendo relativamente pequeña y es difícil no hacerlo, no ya a un actor principal, un don Juan o una doña Inés; simplemente uno de los muchos figurantes, alguien del coro de las monjas o quizás una de las decenas de personas que están entre bambalinas preparándolo todo para que cada escena salga como estaba prevista por la directora. ¿Quién no ha contado un cuento o conoce a alguien que lo haya hecho? Ocurre tres cuartos de lo mismo.

Otra de las conexiones que mantienen Tenorio y Maratón es que son eventos abiertos, donde se acepta de buen grado la colaboración de personas o colectivos con los que se enriquece el proyecto común. “Gentes de Guadalajara” -¡qué bonito nombre para la asociación que está detrás del Tenorio!-, en sus inicios (coincido con el autor del libro conmemoraivo del supuesto 25 aniversario, con su propia página web y con mi antecesor en este mismo blog, Óscar Cuevas, en que el Tenorio Mendocino comenzó en 1992), resulto de la unión de los veteranos Amigos de la capa con jóvenes estudiantes del Brianda de Mendoza con quienes prácticamente no tenían nada que ver salvo su amor por el teatro y por hacer cosas. A ellos se acercaron a echar una mano la gente de “Antorcha” y los miembros de la Agrupación Teatral Alcarreña. Algunos todavía aguantan ahí como jabatos y otros buscaron otros escenarios o bajaron el telón definitivamente. Pero esa confluencia hizo y hace que se lleve a cabo una representación teatral itinerante por las calles de Guadalajara y con los monumentos del casco antiguo como escenarios todos los años desde hace digamos que dos décadas y media, año arriba o abajo. Eso es suficiente motivo de celebración.

Numeroso público trasladándose de una escena a otra en la edición del pasado 2014 // Foto: guadaque.com

Justamente, el ser un espectáculo callejero me parece otro de los condimentos que enriquece la fórmula mágica. Si esto se hiciera en un lugar cerrado, con el público sentado y callado y los actores a dos metros por encima, estoy seguro de que no tendría tanto éxito como el que cosecha cada año este Tenorio tan nuestro y tan de todos. Entra dentro del rito, no sólo ver las escenas, seguir la trama, disfrutar de las actuaciones o admirar los trajes. El hecho de entrecruzarse con los actores, ver la escena de la reja en el Palacio de La Cotilla junto a un señor con barba y vestido de época que resulta cinco escenas más tarde ser uno de los intérpretes, andar por las callejuelas de Guadalajara de noche persiguiendo a don Juan y a doña Inés, que a su vez corren para llegar a su escenario, o pararse incluso a tomar una caña en algún bar mientras la obra sigue, y poder retomarla porque te conoces la historia es uno de los mayores encantos de este Tenorio, es toda una experiencia tan singular como mendocina. La verdad es que da gusto ver a tanta gente por las casi siempre desiertas calles de Guadalajara una noche de viernes o sábado disfrutando de su propia ciudad y de sus gentes. Eso mismo ocurre el fin de semana del Maratón, no en otoño pero sí en primavera, y el efecto es igual de gratificante. Esa sana algarabía hace que se me ponga una sonrisa boba en la cara y que me sienta bien siendo de esta ciudad y de formar parte, aunque sólo sea como mero espectador, de ambas actividades.

Y las piedras ponen la guinda a esta comunión de seres activos. Ese recorrido entre iglesias, conventos y palacios nos hace retrotraernos con la imaginación (es verdad que con mucha imaginación) a la Guadalajara mendocina, a esa sociedad de nobles e hidalgos, de clérigos y alcahuetas. La ciudad y sus monumentos lucen más, Mientras oímos recitar los versos de José Zorrilla, la mirada puede perderse entre los dinteles y las columnas del claustro del viejo instituto, o cruzarse con las pétreas y desafiantes miradas de los leones del Infantado, iluminadas para la ocasión. Nuestros monumentos cobran vida, mucha vida, como también ocurre con el Palacio durante el Maratón.

No es de extrañar que el Ayuntamiento de Guadalajara haya decidido erigir sendas esculturas a este Tenorio Mendocino -el modelo se puede ver expuesto en el Museo Sobrino, aunque el Consistorio no la ha tenido terminada para esta edición, como dijo el Alcalde el pasado martes, era su deseo- y al Maratón de los Cuentos (ademas de a la Semana Santa), con las que materializar el agradecimiento de una ciudad a aquellas personas que lo hacen posible año tras año.

Si con todo esto que les he contado no les he convencido, vayan esta noche o mañana a las siete de la tarde a la plaza de la concatedral de Santa María. Allí comienza el prólogo a la representación, el retablo renacentinsta donde podrán ir sumergiéndose en este Tenorio que según algunos cumple 24 años y según otros 25, pero que lo que sí ha cumplido durante todas estas ediciones es el hecho de convertirse en un verdadero dinamizador de la vida social y cultural de Guadalajara. ¡Disfrútenlo y mucha mierda!

Acto de presentación del libro “Crónicas del Tenorio Mendocino” el pasado martes 27 // Foto: ANP

Y no puedo dejar pasar por alto esta ocasión para recordar a las dos personas que hicieron posible el Tenorio Mendocino. Por un lado Javier Borobia y, por otro, Fernando Borlan, ambos agitadores y aglutinadores culturales de esta ciudad. La conjunción de ambos hizo posible que saltara la chispa ese año 1992, junto a la participación de un grupo de jóvenes alumnos del segundo, entre los que se encontraba el primer don Juan (Carlos Alba) y la que fuera doña Inés durante una década (la hoy actriz María Pedroviejo), además de otros muchos. La verdad es que en toda esta celebración les he echado en falta, a unos porque ya no pueden estar (el caso de Borlán por fallecimiento y de Borobia por enfermedad) y a otros porque nadie les ha invitado, un olvido inexplicable para los que comenzaron esta maravillosa aventura.

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