Teatro Mendocino, popular y entrañable

José Lus Matienzo, actor y director de la Escuela Municipal de Teatro

José Lus Matienzo, actor y director de la Escuela Municipal de Teatro

Por José Luis Matienzo*

En el año 1998 interpretaba el Tenorio Joven en el Mendocino mi primera vez, y mi suegra pidió a mi mujer venir a verlo. No me había visto representar en teatro nunca hasta esa noche. Al preguntarle qué le había parecido, con la mirada perdida en el recuerdo y un amago de sonrisa, me dijo: “Entrañable, muy entrañable”. Atrás quedaban las elucubraciones sobre el recitado del verso, la conveniencia del libro y del escudo, sobre si empezar en Lucena o en la concatedral… Se había conseguido el objetivo: llegar al espectador. Habíamos conseguido llegar al corazón. Aunque técnicamente fuera perfeccionable, y artísticamente mejorable, logramos transmitir, comunicar.

Entonces, ¿qué mecanismos hacen que un espectáculo como el Tenorio Mendocino sea atractivo al público? El ser popular, pero no en el sentido de espectáculo hecho para abarcar a mucho público, sino en el sentido de iniciativa nacida del pueblo para disfrute del pueblo. Un disfrute que continúa una vieja tradición muy integrada en el imaginario popular y que se estaba perdiendo: la representación de don Juan Tenorio en la noche de Todos los Santos. Se gestó de una hermosa locura privada de los Amigos de la Capa, y se sacó a la calle. ¿Dónde si no? En una provincia con sólo un teatro comercial abierto y esperando su cierre (el mítico Luengo) y con algunos centros culturales menos que poco dotados. Había que hacerlo en la calle, aprovechando espacios históricos como escenografía. Una necesidad, pero su gran acierto: los edificios rutinarios de la vida ordinaria tomaban vida y resplandor nuevo, la calle de los coches se transformaban en la de los personajes y era tomada por el público, el compañero o familiar se convertía en el artista en muestra de una segunda vida.

Matienzo, en el papel de escultor, en la representación del pasado viernes. // Foto: Culturaenguada.es

Matienzo, en el papel de escultor, en la representación del pasado viernes. // Foto: Culturaenguada.es

En la Guadalajara del “de lo que se dice por la noche, por la mañana no hay nada”, unos loquillos nos empeñamos en que no se quedase todo en un sueño, y se dio forma a la locura en mesas de bares donde Boro, Josepe, Josefina, Borlán y Matienzo (y a veces Carmen) dejábamos volar la imaginación, y los ATA la mañana nos bajaban de los cielos para conseguir las condiciones que nos permitieran llevar a cabo los sueños. Los mismos que contribuimos en esa época a que el enfermo festival Medieval de Hita no fuera enterrado, nos empeñamos en el proyecto como un desafío personal con el teatro y la cultura alcarreña, y seguramente más por cabezotas que por lógica. Se empezó con un radiocasete portátil tras un árbol y se consiguió con el tiempo mejorar la dotación técnica y artística. Ese esfuerzo artesanal y el amor utópico que proyectábamos personas cercanas, lo percibe el público y le hace no sentirse espectador. Consigue que se convierta en “su” espectáculo, que se le haga “entrañable”. Así el teatro pasa de ser representación a convertirse en un espectáculo popular, en el buen sentido de la palabra.

Pero como toda en la vida, el Mendocino evolucionaba, y vinieron las “cenas clandestinas”, las distintas visiones de cómo evolucionar, los conflictos con los que querían sacar provecho (egos sociales y/o económicos), … Las crisis de crecimiento. Ahí empezó la auténtica evolución hasta lo que es ahora, donde ha incrementado su espíritu popular y entrañable. Comenzó con cambios en la Asociación, que pasó de ser un instrumento para conseguir ayudas, a ser un imán que atrae a personas con el objetivo de desarrollar su activo cultural y las integra en su estructura. Se pasó de del voluntarismo y compromiso personal, a la distribución de responsabilidades y estructuración real como asociación cultural. Este compromiso de personas y agrupaciones, reforzaron el concepto popular, tanto del proceso como de la representación.

Aquí estamos en el 25 aniversario. El desafío es seguir profundizando en este doble concepto de popular y entrañable para el público, pero es fundamental que lo siga siendo también para los participantes, tanto actores, como directivos, productores, comunicadores y los demás miembros del proceso productivo, donde cada uno se considere parte de la familia mendocina, donde su colaboración sea fundamental, pero sin caer en creerse imprescindible. Así conseguiremos que en las bodas de oro siga siendo entrañable para todos, que siga siendo Mendocino.

Matienzo2*José Luis Matienzo (1954) es licenciado en Arte Dramático por la R.E.S.A.D. de Madrid, con una larga trayectoria en el mundo de la interpretación, la dirección artística e incluso la adapación teatral. Ha intervenido en series de televisión, cortos y largometrajes, y especialmente en obras de teatro. Actor y director de la compañía Escarramán Teatro desde su fundación en 1985, ha participado en más de 40 festivales de teatro por toda América. En Guadalajara, ha dirigido, producido e interpretado el Festival Medieval de Hita (1993-2000) y ha sido director del Festival Ducal de Pastrana (2013). Ha colaborado con el Tenorio Mendocino desde sus inicios y en sucesivas ediciones, como actor, coordinador y director. Tiene larga experiencia como docente, en colegios, institutos, cursos y talleres, además de haber dirigido varias escuelas de teatro. En la actualidad, es el director de la Escuela Municipal de Teatro de Guadalajara.

 

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