Franco no volverá

Por Francisco Palero*

Francisco Palero

Francisco Palero

Se decía en aquel 1975 y en aquella Guadalajara, que había cambiado social, económica y culturalmente, que un viejo republicano, escaso de recursos, llevaba años yendo todas las mañanas al quiosco de prensa de Santo Domingo y cogía el periódico ABC, sin comprarlo, aún indicando el quiosquero que podía mirar en su interior, a lo que respondía no ser necesario, porque la noticia que él esperaba iba a aparecer en primera página. Y un día la primera página reseñaba un lacónico “Franco ha muerto” junto a la imagen del dictador metido en el féretro y Arias Navarro llorando. Y ese día, el único en su vida desde que terminó su condena en Cuelgamuros, allá por el año 1956, ese hombre compró el periódico.

Esa fue la foto que sintetiza los hechos que recuerdo y que recorrió todas las agencias internacionales: fue tan importante que ha perdurado en todas las hemerotecas.

Y como afortunadamente tengo una memoria selectiva, poco más puedo destacar de ese día, salvo que me refugié con Chari y mis hijos a esperar los acontecimientos y hablé con dos personas que jugaron un importante papel en la política de Guadalajara: Antonio Rico, que fue primero camarada y después amigo y Juan Ignacio Begoña (ausente) que fue primero amigo y después también camarada.

Señalo que, a diferencia del sentir de otras gentes de la izquierda, que brindaron por la muerte, yo no tuve sentimiento alguno por la muerte del hombre Francisco Franco.

Franco muerto ABC

Portada del diario ABC informando de la muerte del dictador, el 21 de noviembre de 1975. // Foto: Hemroteca ABC

Sólo alteran mis sentimientos íntimos, las muertes de los cercanos y ese señor, aun siendo omnipresente en mi vida, nunca fue más que un lamentable anacronismo histórico. Tampoco quería matarle, porque llevaba y llevo toda una vida repudiando la pena de muerte, y cuando se hablaba de este tema siempre afirmé que no quería que fuese aplicada, ni al mismo Franco.

Pero sí me produjo satisfacción su desaparición y lamenté que se producía tarde, por el tiempo perdido para un país dirigido 40 años interminables por un personaje sanguinario, anacrónico y hasta esperpéntico.

Después de su muerte hemos conocido que su mayor actividad cultural era ver en TV a los payasos, que cenaba con Fanta de naranja fuese cual fuese el plato que degustaba, que cuando se puso enfermo e intentaron operarle en el Pardo, saltaron los plomos eléctricos por no tener suficiente energía contratada, que hubieron de trasladarle de una habitación a otra del Palacio, porque no cabía la camilla por las puertas, tirando los fantoches carpetovetónicos que le acompañaban de un capote militar, y otro largo etcétera que debía ser destacado al mostrar la auténtica identidad del sujeto. En definitiva, todo un personaje que, si no fuera por su adición trágica a matar, solo produciría hilaridad.

Y ese dictador que había estado  al frente de España como Jefe de Estado (que nunca debió ser) nos hizo perder demasiados años sumidos en la ignominia, el atraso y el oscurantismo, que hoy siguen notándose.

En esa fecha ya se conocía Europa, su evolución y su desarrollo, y aun siendo cierto que las políticas de los tecnócratas aplicadas en los años sesenta nos habían acercado a la entonces denominada CEE, no era menos cierto que en lo cultural, en las vivencias más íntimas de los hombres y mujeres de esta España nuestra, estábamos sumidos en el pozo negro de la historia por empeño personal del dictador: y casi lo consigue al practicar e impulsar una de las más sangrientas etapas de nuestra historia, aplicando una venganza siempre injustificada, pues aun reconociendo, como señalaba Azaña en sus escritos, que en la República se cometieron desmanes, nada semejante a los protagonizados por el dictador y la saña de su actuación contra el vencido, que fue ley hasta su muerte.

Recordemos que unos días antes de morir, sin duda ya agónico, el 27 de septiembre del 1975, negó su clemencia a cinco condenados políticos, que fueron fusilados. Ese fue su último acto como jefe de estado.

Por ello reitero que el dictador murió tarde, pues dadas las circunstancias históricas que llevaron a su entronización como caudillo, solo con su muerte podía abrirse una nueva etapa para España, como así fue.

Recuerdo el Tedeum celebrado en nuestra ciudad – como en todas las ciudades de España – como últimas exequias para el difunto, al que asistieron todas las “fuerzas vivas”: todos los que  de una u otra forma, habían vivido o crecido con su régimen y derramaron lágrimas, más o menos sentidas, lo que no fue óbice para que muchos de ellos, a los pocos días, se sumaran a la construcción de la democracia.

El Ayuntamiento de Guadalajara no retiró la estatua de Franco hasta 2005. // Foto: EFE

A partir  de ese noviembre del 75 los acontecimientos fueron precipitándose en su ágil caminar hacia la democracia: no sin avatares, muertes y sufrimientos: recordemos los asesinatos de los Abogados de Atocha, que ya en esa época habían/habíamos abierto despacho en Guadalajara,  y recordemos los asesinatos y secuestros de aquellos “grapos” desestabilizadores desde una supuesta ideología de izquierda.

Pero la vida corrió muy deprisa: la manifestación por la Amnistía: la salida a la realidad del movimiento obrero y sus acciones reivindicativas: la salida a la luz de partidos y sindicatos: la Junta Democrática: la Platajunta, y demás inventos que también se hicieron sentir en Guadalajara, y que con el partido de Suárez, nos condujeron a las elecciones generales.

Pues he de señalar que una parte importante de los actores que asistieron al Tedeum, comenzaron de inmediato a hablar, reflexionar y trabajar para la democracia: fundaron UCD y  abrieron el diálogo: con ellos – con nombres concretos de nuestra provincia – mantuve, ya en mi condición de Secretario del PCE, múltiples reuniones y quiero dejar constancia, porque esa es mi convicción mas íntima, que sin ellos la transición no hubiera sido posible y menos la proclamación de nuestra Constitución, la más importante y más fructífera de nuestra historia.

Y poco más quiero recordar de esos días y de ese momento histórico, pues las hazañas o aventuras personales, que también las hubo, poco aportan a la historia que hoy festejamos: el fin de la dictadura por la muerte del dictador, desde la certeza de que Franco y lo que representó no volverá a irrumpir en nuestra historia.

*Francisco Palero nació en Tendilla en 1948, estudio bachiller en el “Brianda de Mendoza” y trabajó en la fábrica Pinturas Duraval de Azuqueca hasta que fue despedido.  Perteneció a los movimientos de cristianos por el socialismo, al sindicato CCOO desde los primeros momentos de su actividad en Guadalajara y al PCE en toda la etapa de la clandestinidad, donde ostentó el cargo de secretario provincial. Candidato en varias elecciones desde 1977, llegó a secretario de Organización siendo Gerardo Iglesias secretario general, y fundador de IU estatal, miembro de su dirección desde su nacimiento y responsable de Internacional de IU y del PCE siendo secretario general Julio Anguita. En 1990, dejó voluntariamente todas las responsabilidades del PCE y de IU por sus diferencias con Anguita y no he estado posteriormente afiliado a ninguna otra organización política. En la actualidad ejerce de abogado en Las Palmas de Gran Canaria, donde forma parte de la dirección de la Confederación Canaria de Empresarios y coordina una asociación de Consumidores especializada en reclamaciones a las entidades bancarias.

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