El voto de Hércules

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Los residentes en el extranjero critican la complejidad del trámite del voto rogado. /Foto: Archivo

Por Míriam Pindado

Las elecciones nacionales están a la vuelta de la esquina , y aunque a algunos todavía nos queda tiempo para decidir si ejercer o no nuestro derecho a voto, a otros se les está pasando el plazo para poder participar en las elecciones del 20D. Una fecha que muchos ya señalan como “el comienzo de una segunda transición”, “el inicio del cambio” o “el momento de la esperanza”, pero un día del que muchos ya no podrán participar, por unos u otros motivos.

Es ‘la gran fiesta de la democracia’ a la que algunos no podrán asistir. Y es que aunque los que vivimos en España estamos recibiendo nuestras correspondientes invitaciones, muchos de los que hoy residen en el extranjero se han quedado (o probablemente se quedarán) sin invitación al convite.  Uno de los motivos es la aplicación del llamado voto rogado que, desde hace cuatro años, exige a todos los que deseen votar desde el extranjero que lo comuniquen con suficiente antelación a su respectiva oficina del censo.

El asunto es arduo. Sinceramente, como residente en España y votante a la vieja usanza, no estaba muy familiarizada con esta cuestión y, por ello, he tenido que informarme y preguntar a varios amigos de Guadalajara y de otros puntos de España que viven en el extranjero (la mayoría jóvenes) sobre este proceso herculiano que ha conseguido “robar las ganas y el voto” -según ellos mismos dicen- a muchos emigrantes españoles.

Lo cierto es que votar desde el extranjero no es tarea fácil. Muchas de las personas consultadas coinciden en que parece mentira que en el siglo XXI – el siglo de las comunicaciones y de la tecnología- no se haya podido ingeniar un sistema de voto más eficaz y eficiente.

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Infografía del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación.

“La era de Internet y aquí estamos, utilizándola solo para buscar las instrucciones de cómo poder votar, la única fase del proceso para la que sirven las nuevas tecnologías”, comenta uno de los guadalajareños residentes en el extranjero que finalmente podrá votar desde Gran Bretaña. “Parece que a alguien no le conviene el resultado de los votos por correo y ponen muchísimas trabas y dificultades a los que vivimos fuera de España y queremos participar en las elecciones”, comenta otro de los jóvenes consultados.

Para entrar en materia, podemos partir de que en España, y según el censo electoral elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), podrán votar en las elecciones a Cortes Generales un total de 36.510.952 españoles, de los que 34.635.680 residen en España y 1.875.272 en el extranjero.  El número de españoles en el extranjero con derecho a voto ha aumentado un 20,4% con respecto a los comicios generales de 2011 y un 35,72% más que en los de 2008. En el caso de Guadalajara, por ejemplo, hay censadas un total de 182.316 personas, de las que 3.538 residen en el extranjero.

Antes de nada, hay que tener en cuenta que existe parte de este electorado residente en el extranjero que directa y voluntariamente ha decidido no votar; otros que no han podido por complicaciones de última hora; y otros tantos que se han despistado y entonan el “mea culpa”. A todo ello, debemos sumar además la peculiaridad de esta convocatoria que, prácticamente, coincide con las vacaciones de Navidad. De hecho, la mayoría de las personas consultadas, han confirmado que votarán en España porque por esas fechas estarán en nuestro país pasando unos días y aprovecharán su estancia para votar por la vía tradicional. Es más, algunos de ellos aseguran que cuando se compraron el vuelo lo hicieron pensando en el 20D.

Por todo ello, hay que ser prudentes con las cifras y las conjeturas a priori pues no es tan fácil cuantificar el efecto del tan polémico y tedioso voto rogado (algunos lo llaman robado).  Sin embargo, y dados los múltiples problemas con los que se están encontrando los españoles interesados en votar desde unos y otros puntos del mundo, hay que admitir que algo no está funcionando bien. La desinformación, las prisas, los plazos erráticos, las distancias, los errores administrativos, los retrasos con el correo…todo ello hace de este derecho fundamental una auténtica carrera de obstáculos. Incluso muchos de los Hércules que han conseguido ir avanzando el tramite en tiempo y forma siguen sin recibir en sus domicilios la documentación electoral para, “de una vez por todas”, votar por correo (antes del día 15) o en las oficinas consulares (del 16 al 18 de diciembre).

Para hacerse una idea de lo farragoso que es todo este proceso, les invito a que visiten la página web de la Junta Electoral Central o a que consulten la revisión que en 2011 se hizo de la Ley Orgánica 5/1985 del Régimen Electoral. El Ministerio de Exteriores y plataformas ciudadanas como Marea Granate han intentado ilustrar este soporífero manual de instrucciones con infografías y vídeos pero poco se puede hacer para digerir este proceso enlatado en el calendario que además se duplica con diferentes modalidades de electores.

El caso es que la complejidad del proceso ha acabado por fatigar a muchos de los residentes en el extranjero que o bien se han armado de valor para concluir Los doce trabajos de Hércules o bien han sucumbido en alguno de los mismos. “Lo que tenía que ser fácil nos lo han puesto realmente difícil”, comenta un alcarreño residente en Ecuador.

Desde Australia, otro guadalajareño comenta que “no hay mucha información, pero todo el que quiere hacer algo a día de hoy se entera y lo hace”. “Quien ha querido (y podido) ha ido al consulado, se ha informado in situ, ha recibido la información y lo ha hecho. Luego están los que se fían de lo que les cuentan o lo que leen en las redes y acaban sin enterarse”, añade. Algo parecido opina Mario que, desde Suiza, reconoce que “te informan bien y no es muy complicado, pero le tienes que dedicar mucho más tiempo que al voto normal”. En su caso la inversión de tiempo para el papeleo burocrático se duplica (y se dosifica) pues le ha tocado ser vocal de mesa y su familia, desde Guadalajara, está realizando los trámites para justificar su ausencia.

Según la mayoría, es precisamente el tiempo que hay dedicarle al trámite lo que acaba por agotar al elector que, presionado por los plazos, acaba desistiendo. Un tiempo que muchas veces no es suficiente para realizar los trámites en plazo. Itziar, una alcarreña residente en Alemania desde hace tres años, revela un problema añadido en todo este asunto: que tu oficina consular esté a kilómetros de tu residencia. Ella vive en Trier y la oficina que le corresponde está en Frankfurt, lo que se traduce en “dos horas y media de viaje y un horario muy poco conveniente para los trabajadores que no residimos en esa ciudad”. Algo parecido les ocurre a Nacho y Cristina. Estos dos alcarreños viven en Irapuato, del estado de Guanajuato, pero la oficina consular en la que están inscritos está en México DF. Más complicado es el caso de Diego, residente en Montenegro desde hace pocas semanas, quien cuenta que aunque el calendario se lo hubiese permitido, el proceso se habría complicado más que en otros países porque en Montenegro no hay oficina consular. “Aquí directamente no hay Embajada de España y debería ir a Serbia para realizar el papeleo. Y aunque hubiera vivido en Serbia habría tenido que realizar mil y una gestiones para poder ejercer mi derecho al voto”, concluye.

Estos testimonios de españoles residentes en el extranjero evidencian que el proceso no es ni eficaz ni eficiente. La complejidad del trámite y el errático calendario de plazos han conseguido que muchos españoles no puedan votar este 20D.  La propia Junta Electoral Central (JEC) reconoció hace unos días que existen “dificultades” para el ejercicio del derecho de voto desde el extranjero que atribuían al procedimiento establecido en la reforma electoral de 2011.  El problema, según explicaba, es que “en la mayor parte de las ocasiones la viabilidad de la recepción del voto emitido en plazo para poder ser escrutado por las Juntas Electorales competentes depende de servicios ajenos al ámbito de competencia de las autoridades españolas”, tales como los servicios de correos de los países de residencia o la distancia del elector con las representaciones diplomáticas españolas. El JEC daba a entender que la solución llegaría con la ley: “En tanto no se lleve a cabo la oportuna reforma legislativa, la función de la Administración electoral debe ceñirse a su aplicación, procurando que se lleve a cabo con la máxima diligencia y eficacia posibles”.

Esperemos que los parlamentario elegidos el 20D dediquen parte de ese tiempo, de esa voluntad y de esa paciencia que hoy están rogando y robando a los españoles en el extranjero para llevar a cabo las reformas de ley pertinentes. Porque toda democracia debe facilitar a sus ciudadanos ejercer su derecho a voto.

 

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