Hace mucho tiempo, en una Guadalajara muy, muy cercana…

Por Julio Molina Robledo*

JULIO_MOLINA

Julio Molina, aficionado a la ciencia ficción, en especial a la saga “Star Wars”

El titular no podía ser otro, y tan idóneo, que nos permite prescindir de su inspirador original pero cansino “En un lugar de La Mancha”, para iniciar la historieta que os quiero contar. Además, nuestro querido planeta Alcarria no se encuentra en La Mancha de la galaxia precisamente. Ese otro “mucho tiempo” hace referencia a la friolera de los 38 años, mes arriba o mes abajo, que han transcurrido desde aquel especial acontecimiento que supuso el estreno cinematográfico en nuestra ciudad de “La Guerra de las Galaxias”, y que en su día originó parecida expectación a la que podremos vivir dentro de una semana, con el estreno de la séptima entrega de esta “enealogía”, que tanto ha transformado al cine.

La cantina del Coliseo Luengo

Transcurría el año 1977, el Coliseo Luengo era el teatro con mayor aforo de la ciudad, su nombre hacía gala de ello y por lógica fue el elegido para el acontecimiento. Estaba situado en el centro de Guadalajara, entre colegios, pastelerías, recreativos (Ju-Ju), castañeras y quioscos de tebeos y chuches, perfecto para una ciudad pequeña y un lugar de referencia para los que éramos niños que curioseábamos los carteles de las películas a proyectar.

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Entrada del antiguo “Coliseo Luengo” // Foto: familia Luengo.

La entrada del cine, bajo un bloque de pisos, no decía mucho de lo que dentro atesoraba. Tenía una boca generosa donde estaba la taquilla y el acceso con una gran cristalera y dos puertas que se abrían de par en par; no se podía comparar con lo que te esperaba una vez la rebasabas. Un enorme recibidor, del que se podría sacar una sala de multicine actual, situado en rampa, con suelo de goma para garantizar el agarre en su tránsito y que te lanzaba y tragaba hasta la puerta de entrada al patio de butacas como si del mismísimo “rayo tractor de la estrella de la muerte” se tratase cuando atrapa al Halcón Milenario. A cada lado, en la paredes, se encontraban unas curiosas vitrinas de forma hexagonal iluminadas en su interior que servían para exhibir los “afiches” de cine de la películas. Eran fotogramas impresos en A4 que eran de inmensa utilidad para saber mínimamente algo sobre la peli, en una época en que ni existían los trailers en la tele, ni spoilers, ni youtubes. Ni qué decir tiene que estos fotogramas en concreto pintaban impresionantes y decían mucho de lo especial que te aguardaba dentro.

Una vez en el patio de butacas, este cine te atrapaba, era una sala descomunal en sus dimensiones -sobre todo a los ojos de un niño-, algo de lo que se beneficiaba el escenario y por lo tanto la superpantalla de cine que albergaba. Las butacas estaban situadas en una rampa algo cóncava que te ayudaban a hundirte en ellas ante escenas de tensión, hasta que venía uno de los acomodadores con su linterna de petaca diciendo “No pise el respaldo”. Y es que alguno se asemejaba a Lord Vader que por aquel entonces daba mucho miedo; para eso se esforzaron en diseñar el mejor villano de la historia del cine y que curiosamente con los años se ha tornado hasta simpático. Pero eso es otra historia.

linterna

“Linterna Láser”, probablemente usada por los acomodadores, recuperada del derribo del teatro. Obsérvese que el desgaste de la pintura producida por el uso tan exagerado que no sería de extrañar que llevase toda la vida en el cine y, por tanto, se usase en el estreno. // Foto: JMR

Tío y sobrino

Varios meses estuvo esta película en la cartelera del Teatro, apareciendo y desapareciendo de la programación según convenía. Daba la impresión de ser el talismán de todos los cines del país. En el 77 yo tenía nueve años y unas ganas inmensas de ver aquella peli como cualquier niño. Por supuesto que ganaba el boca a boca del colegio a la publicidad y a las dos cadenas de televisión que había, así que, aunque no recuerdo el día exacto, preparé el plan para ir al cine, todo pasaba con que un adulto me acompañase y con suerte acerté seleccionando a mi tío Antonio, que “casualmente” era aficionado a las matemáticas y al fenómeno ovni por igual. Puedo decir que fue el compañero ideal y no sólo por cuidarme y comprarme las palomitas, sino también por poder compartir una peli de ciencia ficción con una persona abierta de miras y disfrutar juntos como niños discutiendo de si una nave planea en el espacio o de si los rayos láser se pueden ver. También confesaré que por lo especial de la vida me sentí muy identificado con un Luke que vive cuidado por sus tíos…

La hiper-cola

Eran otros tiempos, un ejemplo es que en aquellas colas todo el mundo presumía del acierto de no haber estado en la cola del día del estreno que, según decían, había llegado hasta la calle Topete; no se presumía de ir a un estreno como hoy en día, más bien se sufría…. Ya decía Obi Wan, “Una entrada para tiempos más civilizados”.

En la susodicha, las conversaciones solían versar sobre temas como la competición existente entre las ciudades del mundo donde se batían récords de longitud en las esperas. En el fondo interesaba hablar de cosas vanales para eludir el peligro acechante de que a alguien que hubiese visto ya la película o se la hubiesen contado, se le ocurriese destriparla allí, en la misma calle.

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Cartel anunciador de “La Guerra de las Galaxias (Star Wars)”. Restauración compuesta con la tipografía utilizada por el “Teatro Coliseo Luengo”. // Foto: Lucas film

La película

Posiblemente, este sea el comentario más corto dedicado nunca a “La Guerra de las Galaxias”, pero, ¿qué se puede decir de esta peli que no se haya dicho ya?, ¿tal vez que cambió el mundo del cine de entretenimiento para los restos? Creo que sí y sin lugar a dudas. Seguro que nadie quedó impasible ante tal ejemplo de la grandiosidad de la magia del cine cumpliéndose lo de “ver para creer”. Creo que todos ampliamos nuestra parcela de la imaginación.

Más estrenos

En los años posteriores aparecieron el resto de capítulos y cómo no, el estreno de mi preferida “El Imperio contraataca” también fue en el Coliseo y con hiper-cola de nuevo. En esta ocasión, gracias a mis 12 añazos, pude ir con mis amigos, aunque precisamente lo de papa Vader lo destripó alguno de ellos en la cola en plena calle… otra cosa era creerte tal fantasía, claro.

Más curioso fue el estreno arriacense de “El Retorno del Jedi” que no fue en un cine sino en el pub “Ábaco”, que era aquella cueva-refugio de Bardales donde también estuvo el “Pí” y un mes antes de que se proyectara en los cines, en una sesión pirata en 16 mm. y en una pequeña pantalla, a la que asistí un día de diario entre cubatas y humo de tabaco. Cosas de los ochenta, supongo. Realmente se notaba el pirateo porque a mi tampoco nadie me echó del bar por ser menor, una verdadera “cantina” de Mos Eisly.

Y qué decir de la siguiente trilogía, la digital, ya sin Coliseo, sin la ingenuidad de los 70, soportando la demora a la que nos sometieron a los seguidores de la saga y, lo peor de todo, con nefastas novedades en el argumento dónde decidieron que la fuerza sólo te acompañase si la composición de tu rh sanguíneo era “apropiada”, desastroso…

Aprovecho estas líneas también para aconsejarles a Lucasfilm de que no presuman tanto de fechas de estreno simultáneo a nivel mundial porque la realidad demuestra que la entrega de las nueve pelis planeada inicialmente por el productor Gary Kurtz no respeta ni de lejos la programación que comunicaron en su día, La mejor prueba es que hicimos cálculos en mi pandilla de amigos preadolescentes para saber qué años tendríamos en la última, y según las cuentas, hay un pequeño desfase de 15 años, ni el Coliseo aguantó.

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Beltrán y Julio, hijo y padre, preparados para disfrutar del estreno posando junto con uno de los “hexágonos” expositores de los afiches en el cine y que se cita en este texto. Mueble recuperado del derribo del teatro y restaurado. // Foto: JMR

Otra nueva esperanza

Así me gustaría considerar este nuevo episodio que está a puntito. A ver si cumplen acertadamente las expectativas el 18D con ”El renacer
de la fuerza”. ¡Bueno, casi mejor que cumplan los que estrenen el 20D! Esperemos que de esta manera renazca aquel primer amor al cine que, en mi caso, experimenté en aquel estreno del 77.

Independientemente de la peli, espero que muchos disfrutéis ante este acontecimiento tanto como yo lo pienso hacer a mis 47 años pero con la misma ilusión que cuando tenía 9, y todo gracias a que acompañaré a mi hijo de 7 años a ver por primera vez SW en la pantalla grande con posterior cinefórum entre expertos, parecido al que tuve yo en su día con mi tío.

Os animo a la infinidad de padres “jedis alcarrianos” de este planeta y cuarentones como yo, algo marcados por esta historia, que experimentéis lo mismo con la nueva entrega. Y es que hay que recordar el dato curioso de que la última que estrenaron; “La rebelión de los Sith”, fue en el año 2005, por lo tanto, haciendo cuentas y suponiendo que hasta los 5 años no vas a ver una peli de este tipo, concluimos que todos los niños menores de 15 años nunca han ido a un estreno de SW al cine.

¡Qué la fuerza nos acompañe… al cine!

*Julio Molina Robledo es profesional del sector editorial, la preimpresión y el diseño gráfico. Fundador de Cromart Comunicación, S.L. Rebelde con causa. El autor quiere agradecer a Xulio García Bilbao y a El Hexágono por disfrutar juntos recordando este episodio tan tan lejano.

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