De Celestino a Quini: Cuestión de organigrama

Manolo Cano posa con la bufanda morada. // Foto: CD Guadalajara.

Manolo Cano posa con la bufanda morada, el pasado mes de julio. // Foto: CD Guadalajara.

Por Roberto del Barrio*

Y de confianza. El proyecto deportivo e instucional del C.D. Guadalajara inicia un nuevo viraje. Paradójicamente con un viejo conocido al frente del equipo, aunque con la sensación reinante de que la sustitución de Manolo Cano en el banquillo implica algo mucho más profundo. Confianza, decía, porque es la palabra clave que define la toma decisiones en el fútbol. También en el Depor, un club con un sello familiar -en consecuencia marcadamente presidencialista- y que ha moldeado su forma de actuar, su organigrama y su funcionamiento interno atendiendo a la fe depositada por Germán Retuerta en cada momento y en cada protagonista.

Desde el ascenso a Segunda B en Las Palmas, allá por el año 2007, el Depor ha experimentado cambios muy significativos en su estructura deportiva; y me atrevería a decir que la fe y la confianza plena de Retuerta desde entonces sólo ha recaído de forma absoluta en dos hombres: Celestino Vallejo y Carlos Terrazas.

El primero encarnaba a la perfección el diseño del organigrama. Un director deportivo con experiencia, mando y toma de decisiones en la parcela deportiva, muy cuestionado por la masa social en diversas ocasiones pero siempre defendido a ultranza por el presidente. Retuerta llevó al Depor a Segunda División absolutamente convencido del sistema establecido y de la valía de Celestino. La línea marcada era evidente e incuestionable, tanto como los resultados que coronaron el ascenso.

El presidente Retuerta, en una conversación con Carlos Terrazas. // Foto: www.deportivoguadalajara.es

El presidente Retuerta con Carlos Terrazas. // Foto: http://www.deportivoguadalajara.es

Fue en ese punto, precisamente, en el que se produjo el primer viraje de Retuerta. La historia es bien sabida, Terrazas culminó la gesta en Anduva y se convirtió en el gran ídolo del Deportivismo, al mismo tiempo que convenció al presidente de que la parcela deportiva debía unificarse en su persona. El vasco ganó el pulso y Celestino Vallejo pasó a la historia. Organigrama nuevo.

Solía decir el después mánager general, que se levantaba cada día pensando que sería el entrenador del Depor durante los siguientes 20 años, pero el descenso administrativo desembocó en su marcha y en el fin de una idea que tenía visos de hacer historia -aún más- en el Pedro Escartín. Aquel verano convulso en el que se certificó la caída de la élite obligó a un nuevo cambio. Carlos Pérez Salvachúa, alumno aventajado de Terrazas en los años previos, asumió la responsabilidad junto a Jorge Martín. También la de manejar la secretaría técnica con el respaldo de Retuerta. Un cambio brusco, un nuevo escenario, en esta ocasión casi obligado por las circunstancias, pero seguramente la opción más inteligente en aquel momento extremo.

Salvachúa, curiosamente una apuesta de Celestino Vallejo años atrás, tampoco gozó nunca del beneplácito pleno del Escartín. Quizá por el sentimiento de orfandad por la marcha de Terrazas, no existió la comunión necesaria, pese a unos resultados más que aceptables en dos temporadas repletas de dificultades y bajo el mazazo psicológico del descenso.

Pérez Salvachúa en la banda de Escartín. // Foto: Mariano Viejo (Luis Polo).

Pérez Salvachúa en la banda de Escartín. // Foto: Mariano Viejo (Luis Polo).

El pasado verano, con el crédito de Salvachúa desgastado pese a jugar play-off, los despachos del Escartín diseñaron un nuevo viraje. Personalmente, el más sorprendente. Retuerta, apoyado por la formación deportiva de uno de sus hijos y su escalada en el nuevo organigrama, decidía rescatar del baúl de los recuerdos “la fórmula Celestino”. Quini aterrizaba en Guadalajara con su pedigrí de gran futbolista, su nuevo cargo de director deportivo y la misión de modernizar la parcela deportiva del club.

Manolo Cano fue la gran apuesta para el banquillo, junto a la llegada de fichajes claramente marcados por el nuevo responsable del área. Miguélez o Riki sirven como ejemplos del impulso con el que se trató de reenganchar a la hinchada morada. No fue una pretemporada fácil y cada movimiento, como es habitual en los últimos cursos y en la práctica totalidad de los equipos de la categoría, se completó con el lastre de las apreturas económicas.

Sin embargo, el nuevo Depor de Quini incrementó la fe del deportivismo, esperanzado en rememorar gestas pasadas. Pero en el fútbol, y más en época de urgencias, los resultados marcan absolutamente todo: desde el futuro inmediato al destino de sus protagonistas. Cano no dio con la tecla y los factores externos (lesiones, infortunios y algunos arbitrajes) hundieron al equipo hasta dejarlo en una más que preocupante situación clasificatoria.

El eterno debate sobre la paciencia con las apuestas en el fútbol podría ocupar las siguientes líneas, pero no tendría demasiado sentido. El Deportivo necesita un futuro mejor y lo va a buscar, de nuevo, con una decisión que cuestiona el organigrama. No hace falta tener especial olfato para testar que la llegada de Arnáiz Lucas lleva el sello presidencial y no el del director deportivo. Retuerta ha apostado por un técnico experto y al que tuvo que destituir una jornada antes de finalizar la fase regular después de 36 en posiciones de play-off. Después de aquello llegó el milagroso gol de Jacobo en Torrelavega y la primera fase de ascenso a Segunda.

Arnáiz Lucas se marchó entre lágrimas, pero dejando en futbolistas, directivos y aficionados una imagen de dedicación y honradez que el presidente, no demasiado partidario de segundas partes, ha valorado para encomendarle una nueva misión.

Una apuesta que debería salir bien y recuperar el ánimo perdido, pero que implica, como dibujaba al principio, algo mucho más profundo. El proyecto de Quini ha sufrido una remodelación presidencialista sólo tres meses después. El futuro dirá cuál es su papel en el Depor y, con toda seguridad, su repercusión en la tan variada estructura deportiva del club. Celestino, Terrazas, Salvachúa, Quini… Cuestión de organigrama. Cuestión de confianza.

Roberto del Barrio, periodista de RTV Castilla-La Mancha.

Roberto del Barrio, periodista.

*Tras la marcha de María José Establés y antes de estrenar una nueva firma permanente para los sábados, que muy pronto podrán disfrutar, rescatamos hoy la pluma de uno de los fundadores de El Hexágono. Roberto del Barrio se ocupó durante muchos meses de la parcela deportiva de este polígono de opinión. Nacido en Valladolid, trabajó en la sección de Deportes de El Día de Guadalajara y colaboró con la cadena SER, la Cope y Popular Televisión Guadalajara. En septiembre de 2013 pasó a formar parte del equipo de deportes de Radio Televisión Castila-La Mancha en la delegación de Cuenca, donde permaneció hasta el pasado verano.

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