Sextorsion

acoso internet

La Policía Nacional cuenta con una unidad policial dedicada a las nuevas formas de delincuencia tecnológica. /Foto: EuropaPress

Por Míriam Pindado

Los medios de comunicación se hacían eco este lunes de un lamentable hecho ocurrido en Guadalajara capital. El suceso quedaba resumido en el  propio titular de la nota de prensa enviada por la Policía Nacional: ‘Cuatro agentes evitan la muerte de una menor víctima de sextorsion tras un intento de suicido’.

El trágico acontecimiento tuvo lugar hace aproximadamente dos semanas cuando, gracias a una llamada al 091, los agentes hallaron a una joven de 17 años en un establecimiento comercial, instantes después de que intentara ahorcarse. Los policías le practicaron maniobras de RCP durante varios minutos hasta que consiguieron estabilizarla a la espera de la llegada de los servicios médicos.

Detrás de este intento de suicidio se escondía un caso que la Policía ha tipificado como sextorsion.  Al parecer, la decisión de la joven habría estado provocada por “el acoso de un antiguo novio, que la coaccionaba amenazándola con publicar vídeos y fotos”. Finalmente, un hombre de 27 años ha sido arrestado por acosar sexualmente a la menor y exigirle relaciones sexuales a cambio de no publicar fotos íntimas.

El caso, afortunadamente, ha tenido un final (más o menos) feliz: la menor pudo salvar su vida y un joven de 27 años ha sido detenido. Y todo gracias a la Policía que de nuevo invitaba a las víctimas a denunciar.Captura

Pero hechos como este deberían hacernos reflexionar sobre las dimensiones de algunas conductas delictivas y las innumerables variantes de acoso  –sexual o no- que se proyectan  en el siglo XXI. Las cosas están cambiando a un ritmo vertiginoso. Y si las oportunidades crecen en el  panorama de las nuevas tecnologías, también lo hacen las amenazas.  Internet, y más en concreto las redes sociales, se convierten ahora en medio y fin de intimidaciones y coacciones. El acoso y la presión a los que puede verse sometida la víctima no entiende de límites, como de límites no entiende la Red. Esa Red que, a veces, atrapa como una tela de araña… pero en la que siempre queda un rastro. Internet no está fuera de control, pero las amenazas surten un efecto intimidatorio más grave cuando se realizan a través de ella, bien sea por la viralidad y publicidad sin límites de la acción delictiva, por la permanencia en el espacio y en el tiempo de la misma o por  la enorme vulnerabilidad que siente la víctima en el desconocido ciberespacio.

Entre los abusos y delitos cometidos en Internet se encuentran algunos tan graves como la pedofilia, el acoso o las amenazas, además de injurias, estafas, etc. Esto en el mundo de los adultos es grave, pero si las víctimas son menores de edad, entonces el hecho se torna  perverso. Y aunque muchas de estas infracciones legales de tipo delictivo ya estaban penadas, el nuevo Código Penal que entró en vigor el 1 de julio de este año incluye matices y algunas novedades que debían tenerse en cuenta.

Así, el Código Penal castiga el uso o adquisición de pornografía infantil y sanciona ahora a quien acceda a la misma por medio de las tecnologías de la información y comunicación. La protección de los menores frente a los abusos cometidos a través de Internet se completa con un nuevo apartado en el artículo 183 que sanciona  al que a través de medios tecnológicos contacte con un menor de quince años y realice actos dirigidos a convencerle para que le facilite material pornográfico o le muestre imágenes pornográficas.

Además de este, el fenómeno conocido como revenge porn -mediante el cual las parejas despechadas publican en internet fotos íntimas de sus ex –  también tiene su espacio en el nuevo Código Penal.  En concreto, el artículo 197.7 establece que: “Será castigado con una pena de prisión de tres meses a un año o multa de seis a doce meses el que, sin autorización de la persona afectada, difunda, revele o ceda a terceros imágenes o grabaciones audiovisuales de aquélla que hubiera obtenido con su anuencia en un domicilio o en cualquier otro lugar fuera del alcance de la mirada de terceros, cuando la divulgación menoscabe gravemente la intimidad personal de esa persona”.

 

Nuevos términos

  • Sexting: envío de contenidos eróticos o pornográficos por medio de teléfonos móviles. Comenzó haciendo referencia al envío de SMS de naturaleza sexual, pero con las nuevas aplicaciones móviles han aumentado los envíos de fotografías y vídeos. Según la Policía Nacional, esta es una práctica común entre jóvenes, y cada vez más entre adolescentes.

  • Sextorsion: es una forma de explotación sexual en la cual una persona es chantajeada con una imagen o vídeo de sí misma desnuda o realizado actos sexuales, que generalmente ha sido previamente compartida mediante sexting. La víctima es coaccionada para tener relaciones sexuales con alguien, entregar más imágenes eróticas o pornográficas, dinero o alguna otra contrapartida, bajo la amenaza de difundir las imágenes originales si no accede a las exigencias del chantajista.

  • Grooming: consisten en acciones deliberadas por parte de un/a adulto/a de cara a establecer lazos de amistad con un niño/a en Internet, con el objetivo de obtener una satisfacción sexual mediante imágenes eróticas o pornográficas del menor o incluso como preparación para un encuentro sexual, posiblemente por medio de abusos contra los niños.

  • Bubbling: técnica basada en áreas que dibujan círculos en las zonas donde la silueta no posee ropa e invertir la selección, de esta forma se superponen las partes en las que el cuerpo lleva alguna prenda y la mente dibuja el resto. Esta práctica realizada con menores de edad no supone ningún ilícito penal al no exhibir las partes íntimas explícitamente de los niños.

  • Stalking: acoso o acecho que describe un cuadro psicológico conocido como síndrome del acoso apremiante. El afectado, que puede ser hombre o mujer, persigue de forma obsesiva a la víctima: la espía, la sigue por la calle, la llama por teléfono constantemente, le manda mensajes al móvil, la persigue en las redes, etc., y, en casos extremos, llega a amenazarla y a cometer actos violentos contra ella.

  • Ciberbullying: acoso entre iguales en el entorno TIC, e incluye actuaciones de chantaje, vejaciones e insultos de niños a otros niños. Tiene que haber menores en ambos extremos del ataque para que se considere ciberbullying: si hay algún adulto, entonces estamos ante un caso de ciberacoso.

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